| De los Honorarios y otras yerbas por Fernando Casas: Sobre el asunto de honorarios y otras yerbas debo hacer unos comentarios.
Yo entré a los honorarios en 1973. En 1974 se disolvieron porque
ese grupo (Omar, Jorge F., Smoris, Luis Samniego, Jorge Biasotti,
Gustavo Marsellán gran lateral del fútbol parroquial) pasaron a los
juveniles (nueva división del grupo) y aparecieron los prejuveniles
conducidos por Ignacio Navarro (las prejuveniles ya
existían y las conducia si mal no recuerdo la mamá de María Inés
Resser quien junto a Fabiana participaban). Yo quedé en ese grupo por
ser mas chico que los antes nombrados. En ese grupo estaba Claudio
Llenas quien hacía terrible quilombo en las reuniones y nos cagabamos
de risa con sus delirios. Pablo Llenas no participaba. En 1975 pasé al
grupo de juveniles y se sumaron, además de las preju nombradas, entre
otros varones Pablo Araujo (quien aparece en las fotos del 75
seguramente llevado por su hermana Pilar ya que aún no participaba del
grupo), Julián Aufranc, Mariano Cáceres, Fernández Bustos y para
después de la mitad de año Juancho Navarro y seguramente Coque
esporádicamente ya que en esa época estaba enroscado con los
Marianistas El grupo era coordinado por Ignacio Navarro y Jorge
Fernández. Ese invierno nos fuimos (y nos congelamos) a Mardel una
semana de Retiro jódico un grupo de varones con Jorge F y con Ignacio.
Recuerdo que Mariano dormía en un placard porque no había espacio
suficiente y en una cama matrimonial dormian tres. Todo era muy
delirante. Omar, Ignacio, Julián, Mariano y yo fuimos a cenar a una
pizzeria y pedimos 5 pizzas. Comíamos poco feo y nos desquitamos.
Además rezábamos la liturgia de las horas y cantábamos mucho (con
Nacho se cantaba religioso y profano).
Cuando volvimos era sábado y esa noche fuimos a lo de Máximo
seguramente porque era su cumpleaños. Había un flor de baile típico de
la época. Podríamos decir un asalto (por qué carajo se le diría asalto
a esas fiestas?) Yo me sentía distinto, como celestial de tanto rezar y
tomar mate y fui con un poncho que me llegaba hasta las tobillos. Me
duró la santidad como 4 días. Después volví a la normalidad me saqué el
poncho y me tuve que confesar por eso que ahora ya no es pecado mortal.
(cuanta penitencia desperdiciada).
Lo bueno: nos divertíamos mucho sin alcohol (ó con muy poquito)
Lo malo: no quedarse solo con lo bueno Fernando Casas |
