José Luis Rodríguez Pittí Meditaciones en torno al ensayo Poética, identidad y fundación de Gorka Lasa, chamán de la palabra. El poeta es el chamán de la palabra. Es el intermediario entre el mundo espiritual, el mundo del pasado, el mundo imaginado repleto de símbolos insólitos y éste, el del presente, el real, el que nos parece tan anodino, prólogo insulso de un futuro que la mayoría no percibe al alcance de la mente, de las manos, de las cosas que podemos hacer, construir, modelar a nuestro antojo. El poeta lo dice. El poeta lo advierte. El poeta lo señala. El poeta guía pero no obliga. El verdadero poeta es el viejo narrador. El que hemos olvidado entre novelas y bestsellers. Ese ser que en la caverna tenuemente iluminada convertía las sombras de terror en imágenes fantásticas, en un futuro imaginado, en batallas pasadas ganadas con sudor de sangre, en seres portentosos conquistados con ingenio. Es el poeta el que nos cuenta de la grandeza y nos señala el peligro. El que al nombrar en larga letanía a los antepasados, reviviendo sus hazañas, los une a la tribu que de otra forma se disgregaría en la nada. El poeta es el único que puede escupirle al viento. Es el único que puede conversar con las estrellas. Es el único que puede alterar la realidad usando solo símbolos y gestos de los que parte el futuro en la mente de los que lo escuchan. El poeta es el único que puede conducir a los ejércitos narrando su destino imaginario sin salir de su matriz. El poeta transmuta la palabra en sueños. Y de los sueños surgen los hechos. Pero eso es lo que le toca hacer a los otros.
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