Cuando cumplí los 60 años, celebré corriendo desde mi casa, en El Arrayán, hasta las canchas de esquí de Farellones, ida y vuelta. Un total de 70 kilómetros con un desnivel que va de los 800 a los 2.500 metros de altitud. Salí de mi casa a las 5 de la mañana; me encontré con el sol en la Loma del Viento; a mediodía estaba de regreso, almorzando, perfectamente descansado. Al día siguiente corrí 30 kilómetros. El recuerdo que tengo de esa carrera es de olvido de mí mismo: entregado a una experiencia de facilidad y goce. Es lo que los corredores de distancias largas conocemos como “entrar en la zona”: un estado de absoluta armonía, sin esfuerzo, en el que simplemente vas.
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Archivo adjunto:
Gonzalo Gutiérrez. La experiencia de lo óptimo. Notas acerca de los estados de flujo. Tunquelén, 1999.