La exposición “Flores de madera y metal” del artista costarricense Tony Jiménez consta de un grupo de esculturas de mediano y gran formato en madera, intervenidas con alambres de púas y cadenas. “Flores de madera y metal” instaura una vez más la necesidad de un diálogo permanente y respetuoso con la naturaleza, un diálogo fértil que permita la siembra de nuevas semillas. La naturaleza está necesariamente vinculada a la transformación. En sus piezas, la madera muestra a esta naturaleza en toda su dimensión contradictoria: fértil y deslumbrante, árida y herida. En cada veta encontramos el gesto de un capricho, y en sus oquedades y fracturas, la huella del tiempo. Los trozos de estos maderos negros y cocobolos han caído de forma natural, y en ellos la mano se funde con la técnica; la madera y el metal dialogan en armonía. La metamorfosis encarnada en algunas culturas por la imagen de la mariposa, se evidencia de nuevo acá en un símbolo femenino, y entre las púas afloran las semillas de tiempos sin memoria. La naturaleza se contiene y se expande en los cuerpos de estas mujeres: los alambres de púas y las cadenas se transforman para rebelarse y convertirse en aquello que pocas veces imaginamos. Al intentar cercar la naturaleza, el metal se ha hecho parte de ella, y al igual que en la historia mítica de Sansón, estos rizos se han convertido, gracias a la metamorfosis escultórica, en la fuente de su fuerza. Xiomara Zúñiga Curadora |
