En la obra de Tony Jiménez la naturaleza está necesariamente vinculada a la transformación. En sus piezas, la madera muestra a esta naturaleza en toda su dimensión contradictoria: fértil y deslumbrante, árida y herida. En cada veta encontramos el gesto de un capricho, y en sus oquedades y fracturas, la huella del tiempo. Este artista guanacasteco transforma trozos de maderas como cocobolos, cenízaros y maderos negros que han caído de forma natural, en cuerpos femeninos que semejan nuevos troncos de árboles, cuyo vínculo con la tierra se renueva a través de las cadenas y los alambres de púas, metáforas de una naturaleza que se transforma y fusiona con la técnica, para entablar un nuevo equilibrio. Xiomara Zúñiga Curadora Para mayor información, visite la página del artista AQUI Declaraciones del artista Nací en Liberia, me crié en la zona del volcán Miravalles, la naturaleza siempre estuvo conmigo, con ella jugué de niño, cultivé la tierra y vi sus frutos. La escuché y cantó para mí, la observé y me mostró sus formas. Desde pequeño en mis dibujos se notó esa conexión entre los animales, los árboles y las montañas, que las líneas de mi lápiz de carbón trazaron. A los 18 años me concentré en la forma y la naturaleza posó para mí, posó en la fuerza de una semilla en los brotes de la tierra, en la corriente de los ríos, en los partos de mis hijos, la fuerza de una madre y la belleza de una mujer. Con el tiempo mis manos apreciaron en la talla la forma y el detalle de estas cosas. He tenido la oportunidad de conocer a grandes hombres y mujeres de la escultura de este país, respeto con anhelo su sabiduría y aprecio en gran manera su tiempo, porque cuando hablaron yo aprendí, y esto forma parte de la concepción de mi trabajo. Tony Jiménez |