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¿Qué es lo que peligra en Cuatrociénegas?

Francisco Valdés Perezgasga, Valeria Souza Saldívar, noviembre de 2002

 

 

Permítanos de entrada establecer algunos datos básicos que nos permitan aproximarnos a la maravilla que es Cuatrociénegas. El Bolsón de Cuatrociénegas es un Valle pequeño, intermontano, situado en el centro de Coahuila, en la orilla oriental del Desierto Chihuahuense.

Está situado a setecientos cuarenta metros sobre el nivel del mar y rodeado de altas cadenas montañosas que llegan a rebasar los tres mil metros de altura. El valle mide aproximadamente cuarenta kilómetros de este a oeste y treinta kilómetros de norte a sur seccionado aproximadamente a la mitad por la Sierra de San Marcos y la Sierra de Pinos. Le caen 200 milímetros de lluvia por año, un  poco menos de lo que nos cae sobre nuestras cabezas laguneras. Igual que en La Laguna, casi toda esta lluvia cae entre los meses de mayo y octubre, es decir, durante la época en que las fuertes tormentas estivales tienen la fuerza necesaria para remontar las alturas y descargar parte de su humedad sobre el reseco altiplano mexicano. Como en La Laguna, las lluvias de verano pueden ser torrenciales y las inundaciones súbitas son comunes. Las temperaturas son extremas pudiendo rebasar los cuarenta y cinco grados en verano y caer por debajo de los cero grados en invierno.

Aún cuando le llueve poco, el valle tiene agua subterránea en abundancia que aflora a la superficie por cientos de pozas alimentadas por manantiales que surgen del manto subterráneo. Un manto que es tan profundo como misterioso y que es objeto de las inquisiciones de equipos de científicos nacionales y extranjeros. La profundidad de las pozas va desde menos de un metro hasta más de diez metros. Sus diámetros abarcan un rango de unos cuantos centímetros hasta más de los doscientos metros. En el valle de Cuatrociénegas hay otros habitats acuáticos como pantanos, ríos, lagunas y canales. El agua tiene un alto contenido de minerales y un bajo contenido de nutrientes. La sal dominante es el sulfato de calcio y el sulfato de magnesio aunque también hay iones de sodio,  y cloruros. Notablemente, su agua carece de fósforo por lo cual no hay crecimiento de algas y el agua es totalmente transparente.

La confabulación de estas características geográficas, hidrológicas, orográficas, climáticas, físicas y químicas han dado como resultado un sitio con unas formas de vida únicas sobre nuestro planeta. Hagamos un recuento, necesariamente incompleto, de las maravillas biológicas de Cuatrociénegas. En este pequeño valle se encuentran setenta y siete especies endémicas de plantas y animales. Setenta y siete especies únicas es una frase que se enuncia fácil pero que revela un hecho que abotaga el entendimiento. Entre estas setenta y siete especies se encuentran veintitrés especies de plantas, cuatro especies de anfibios y reptiles, siete de crustáceos, ocho de peces, nueve de moluscos, una especie de insecto y cuatro especies de alacranes que no se encuentran en ningún otro sitio en el planeta.

Esta confabulación de múltiples factores de la que hablaba líneas arriba, aunado a un período inusualmente largo de estabilidad climática y la disponibilidad permanente de agua en un valle aislado, en un entorno árido ha hecho que estas pozas asuman la función de islas. En esas islas estables las plantas y los animales evolucionan a un ritmo muy diferente que si estuvieran en un mundo cambiante o comunicado.

Pero las maravillas de Cuatrociénegas no paran en sus endemismos. Las características químicas mencionadas definen que Cuatrociénegas sea un ecosistema complejo sostenido por comunidades de bacterias. Esta es una situación sumamente singular porque los ecosistemas acuáticos sostenidos por bacterias que existen en otras partes de la Tierra no son tan biodiversos como los de estas pozas coahuilenses y se encuentran en sitios inaccesibles como las ventilas hidrotermales en el fondo del mar, los géiseres, las aguas bajo el hielo antártico, etc. Es también casi seguro que estas condiciones únicas, si se llegaran a alterar, harían que las comunidades bacterianas primero, y el resto del ecosistema después, se colapsara.

Decíamos ya antes que el agua de las pozas de Cuatrociénegas y sus alrededores un bajísimo contenido de fósforo, lo que evoca las condiciones existentes en los ecosistemas terrestres primitivos en donde el agua estaba desprovista de este elemento. A medida que esta vida primitiva era dominada por las bacterias fotosintéticas, conocidas como cianobacterias formadoras de estromatolitos, la atmósfera fue cambiando de una sopa gaseosa de nitrógeno y bióxido de carbono a una mezcla de nitrógeno y oxígeno, como la conocemos hoy.  El oxígeno es un elemento reactivo, necesitado de electrones, que fue oxidando al fósforo rocoso y haciendo que aparecieran fosfatos erosionables y precipitables en el agua. Fue hasta entonces en la historia de la vida en la Tierra que apareció el fósforo en el agua y que se puso la mesa para la aparición de biomoléculas altamente energéticas como el trifosfato de adenosina (ATP) que permitió que aparecieran nuevas formas de vida, nuevos ensamblajes celulares y, eventualmente, nuevos organismos pluricelulares hasta llegar a ver el tipo de organismos que dominan hoy la faz de la tierra y el agua de los mares. Por ello, Cuatrociénegas nos brinda la enorme, única e irrepetible oportunidad de  estudiar un modelo de ecosistema antiguo que nos ayude a comprender mejor la evolución y la organización biológica de la Tierra primitiva.

Pero este catálogo de maravillas no termina aquí pues en Cuatro Ciénegas existen gran cantidad de estromatolitos vivos. Los estromatolitos son ecosistemas completos y autosuficientes formados únicamente por bacterias y comprenden el registro de la evolución de los ecosistemas marinos de la Tierra primitiva. Aunque en el Precámbrico se encontraban distribuidos amplia y abundantemente, con la aparición de competidores multicelulares los estromatolitos fueron  paulatinamente perdiendo importancia hasta convertirse en sumamente raros. En el mundo actual hay tan sólo unos cuantos sitios con estromatolitos vivos que son, hoy en día, una conexión viva directa con la vida terrestre de hace tres mil quinientos millones de años. Estos sistemas son, sin embargo, terriblemente frágiles y su preservación requiere que las condiciones ambientales en donde se encuentran no sean perturbadas. Desgraciadamente, a la fecha hay ya evidencias del impacto perjudicial del aumento de los niveles de fósforo en el agua. Este impacto ha sido medido directamente sobre la talla y sobrevivencia de caracoles (Mexythauma sp.  y  Mexypyrgus sp.) y peces (Cyclostoma minckleyi) y los resultados indican que al aumentar la concentración de fósforo en el agua producto por ejemplo del uso de fertilizantes, la mortalidad de estos organismos aumenta dramáticamente.

Las pozas, aisladas por un entorno árido, han asumido la función de islas. En Cuatrociénegas, el aislamiento del sitio, el ambiente bajo en nutrientes y rico en sales  (los organismos en estrés, tienen tasas de mutación mas altas) así como un agua sumamente antigua podría explicar la enorme diversidad de todo en este valle, ya que cada pequeña poza tiene una historia evolutiva particular donde se desarrolla una enorme diversidad biológica.

Estos datos son para embotar el entendimiento y agotar la maravilla. No en balde se ha comparado al valle de Cuatrociénegas con las islas Galápagos y con los lagos del Rift africano. Desgraciadamente, el conjunto de condiciones nos trajo hasta nuestros días las glorias de Cuatrociénegas, está hoy gravemente amenazado. Los lecheros-alfalferos de La Laguna le han puesto el ojo a esta zona para expandir allá sus plantaciones forrajeras. En fechas recientes, estos intereses arrasaron con la vegetación nativa del Valle del Hundido, contiguo al Valle de Cuatrociénegas y procedieron a la perforación de docenas de pozos para el cultivo de la alfalfa.

Un grupo notable de ciudadanos, investigadores y organismos civiles se ha movilizado en defensa de Cuatrociénegas denunciando ante la Procuraduría Federal de Protección Ambiental los desmontes ilegales hechos en el Valle del Hundido, contiguo a Cuatrociénegas, solicitando la aplicación de la ley a los infractores. El día 31 de octubre empezó a andar la maquinaria oficial que habrá de detener por ilegales las obras del Valle del Hundido. Las voces de alarma y de preocupación por nuestra naturaleza, entre las que debemos contar en primer lugar a las voces de la comunidad de Cuatrociénegas, hemos obtenido una victoria. Puede que sea pequeña y parcial, pero debe servirnos para reforzar nuestra confianza y para avanzar en la protección de una herencia natural que continúa en peligro. La muy probable clausura de las obras del Valle del Hundido no es una solución duradera, es apenas un alivio temporal. Asegurar el futuro de esta maravilla es, aún hoy, una asignatura pendiente.



Francisco Valdés Perezgasga es un ambientalista coahuilense

Valeria Souza Saldívar es investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México

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Cuatrociénegas

Francisco Valdés Perezgasga, agosto de 2004 

 

            Este verano he tenido la oportunidad de hacer viajes, de distinta duración a sitios de una riqueza escénica y biológica sin igual. Aquí he rendido cuenta de mi viaje a la Sierra Gorda de Querétaro y a la Sierra Madre Occidental de Durango, sitios tan distintos donde los hubiera a nuestro rincón del Desierto Chihuahuense. El pasado fin de semana, fui a Cuatrociénegas a un encuentro de científicos. Aunque mi actividad profesional, como investigador, no tiene relación con ese prodigioso Valle, lo organizadores pensaron que mi trabajo en pro de la protección de Cuatrociénegas y sus valles aledaños -El Hundido y Calaveras- podía proveer de puntos de vista provechosos para el resto de los participantes.

Rara vez lo he dicho en público, pero cuando llego a Cuatrociénegas mi emoción es parecida a la que debe sentir el peregrino llegando a Tierra Santa. En ese lugar la geología se confabuló para construir un lugar único y extraño. En el suelo del valle surgen aguas antiquísimas, cuyo origen pudiera remontarse a los tiempos en que empezaba la vida en nuestro planeta, aquellos tiempos lejanos en que la atmósfera de bióxido de carbono hacia de la Tierra un sitio inhóspito. Antes que seres unicelulares simplísimos empezaran a inhalar CO2, fijando el carbono y exhalando el oxígeno hasta darnos -molécula a molécula- la bendición que es nuestra atmósfera hoy en día.

Pero Cuatrociénegas es un sitio que me maravilla por más de una razón. Una de ellas es su gente. Si es cierto aquel arquetipo del norteño trabajador, franco y hospitalario, éste se cumple cabalmente en los habitantes de Cuatrociénegas. Es una bendición caminar por sus tranquilas calles e ir registrando los sonidos que van llegando a la calle desde las casas, ilustrando sonoramente la vida tranquila de esa ciudad. El ruido de tráfico es mínimo, no hay equipos de sonido contaminando el mediodía y puede uno escuchar, en pleno centro, el murmullo bendito del viento moviendo las hojas de algún nogal o de un pino.

El carácter de una colectividad siempre será un misterio, pero estoy convencido que el carácter participativo de los cieneguenses deriva en parte del sitio único en que les tocó vivir. Creo que tienen -quizá a un nivel intuitivo más que consciente- una noción muy precisa del suelo por el que se extienden sus raíces.

 

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