Fundación Centro del Tao

Tercera Parte de “Vivir la Existencia” (Libro III)

 

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(01d)

Tercera Parte de “Vivir la Existencia” (Libro III)

 

 

 

Vivir la Existencia

(Tercera Parte)

 

 

“Hablar y escribir sobre la vida,

sobre la existencia y el propósito humano,

no hace más que distorsionar la verdadera esencialidad

que se encuentra incólume a las ideas, a las palabras y a toda letra.

Quizá,

los seres humanos lleguemos alguna vez a captar la substancialidad,

al punto de reconocer que ninguna mención le hace justicia.

Porque incluso lo maravilloso que pudiera ser dicho,

no expresará la postrema realidad.”

 

 

 

A partir de este abismo infranqueable,

desde mi inverosímil posición de ensayista,

intentaré reintegrar el espíritu de estos pasajes

a la inagotable inspiración de la conciencia latente

que predestina naturalmente el existir de todos los seres,

tan espontánea como inteligente, tan libre como ajustadamente

a las mismas leyes cósmicas de la naturaleza existencial

sin depender de argumentos o especulación limitada,

por lo que ninguno se extravía aunque parezca,

y todos se auto-realizan aunque no se note,

a causa del alma contenida en el átomo.

~ aon


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Indice de la tercera parte de Vivir la Existencia

 

Tercera INTRODUCCIÓN

A  VIVIR LA EXISTENCIA


1º)  Primer Capítulo:

EL CAMINO DEL AUTOCONOCIMIENTO...

 

2º)  Segundo Capítulo:

. . .  HACIA UNO MISMO

 

3º)  Tercer Capítulo:

EL VALOR DE LA FILOSOFÍA PARA COMPRENDER EL CAMINO DE VIDA ELEGIDO

 

4º)  Cuarto Capítulo:

LAS TRES EXPERIENCIAS BÁSICAS Y LA VIVENCIA DEL ESTADIO INTEGRADO

 

5º)  Quinto Capítulo:

UN PUNTO DE PARTIDA

 

6º)  Sexto Capítulo:

TRES ORACIONES BÁSICAS PARA LA COMPENETRACIÓN CON LO ESENCIAL DEL CUARTO ESTADIO INTEGRADO


7º)  Séptimo Capítulo:

LA RESPUESTA ESENCIAL


8º)  Octavo Capítulo:

LA SEGUNDA Y TERCERA PREGUNTA


9º)  Noveno Capítulo:

DEJAR DE ENGAÑARSE Y HACER UNA PROFUNDA AUTOCRÍTICA

 

10º)  Décimo Capítulo:

VIVIR LA EXISTENCIA


11º)  Décimo Primer Capítulo:

EL ARTE DE COMPARTIR LA VIDA

 

12º)  Décimo Segundo Capítulo:

ACERCÁNDOSE AL TEMPLO INTERIOR

 

13º)  Décimo Tercero Capítulo:

LA EXPRESIÓN ÚLTIMA DEL AMOR:   AMAR

 

14º)  Décimo Cuarto Capítulo:

LOS ROLES Y PAPELES JUGADOS EN LA VIDA

 

15º)  Décimo Quinto Capítulo:

LA PRÁCTICA SAGRADA

 

16º)  Décimo Sexto Capítulo:

SERES ÚNICOS ...  SERES ESPECIALES

 

17º)  Décimo Séptimo Capítulo:

EL DIOS DE LOS ARTISTAS

 

18º)  Décimo Octavo Capítulo de la 3ª parte

LA ACEPTACIÓN DE LO EFÍMERO DE LA VIDA

 

19º)  Décimo Noveno Capítulo:

CRECER EXISTENCIALMENTE MIENTRAS EXISTIMOS

 

20º)  Vigésimo Capítulo:

EL APEGO:  EL RESPONSABLE DE LOS VICIOS

 

21º)  Vigésimo Primer Capítulo:

EL DOLOR DE LA VIDA, EL DOLOR DE LA MUERTE Y LA FELICIDAD


22º)  Vigésimo Segundo:

MUERTE E IGNORANCIA Y EL MISTERIO DE LOS MISTERIOS

 

23º)  Vigésimo Tercero Capítulo:

LA DIMENSIÓN SUBLIME EN LA QUE ESTAMOS

 

24º)  Vigésimo Cuarto Capítulo:

EL TODO POR EL UNO:  LA REALIDAD MATERIAL

 

25º)  Vigésimo Quinto Capítulo:

UN MUNDO DE FICCIÓN Y LA VIDA VERDADERA

 

26º)  Vigésimo Sexto Capítulo:

LA VIBRACIÓN DE LA BELLEZA

 

27º)  Vigésimo Séptimo Capítulo:

ESTADO DE ARMONÍA Y EL DESPERTAR

 

28º)  Vigésimo Octavo Capítulo:

LO PRIMERO Y ULTIMO A SABER

 

29º)  Vigésimo Noveno Capítulo:

DOS ENFOQUES PARA LA INTEGRACIÓN

 

30º)  Trigésimo Capítulo:

PREGUNTANDO LO ESENCIAL:  ¿QUÉ ES LA CONCIENCIA?

 

31º)  Trigésimo Primer Capítulo:

LA VERDADERA NATURALEZA

 

32º)  Trigésimo Segundo Capítulo:

TRANSFORMAR LA EDUCACIÓN MUNDIAL POR UNA NUEVA CULTURA INTERNACIONAL

 

33º)  Trigésimo Tercero Capítulo:

HUMANIZÁNDONOS

 

34º)  Trigésimo Cuarto Capítulo:

TRASPASANDO EL UMBRAL DEL SIGLO XXI

 

35º)  Trigésimo Quinto Capítulo:

TECNOLOGÍA Y CONCIENCIA

 

36º)  Trigésimo Sexto Capítulo:

POR EL CAMINO INTEGRADOR HACIA LA REALIZACIÓN DE LA SÍNTESIS

 

37º)  Trigésimo Séptimo Capítulo:

LA PRIMERA Y ÚLTIMA SOCIEDAD


38º)  Trigésimo Octavo Capítulo:

LA EXPERIENCIA ESENCIAL:  “VIVIR LA EXISTENCIA”

 

39º)  Trigésimo Noveno Capítulo:

LA COSMOVISIÓN DE LA VIDA DIARIA DEL MAESTRO DE TAO HUA LIN CHIEN

 

EPÍLOGO:

EL PREÁMBULO QUE NUNCA FINALIZA ... LA CUARTA INTRODUCCIÓN

 

 

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Tercera INTRODUCCIÓN

A  VIVIR LA EXISTENCIA

 

Esta introducción al texto que prosigue, no es lo primero que escribo sobre el presente ensayo, ya que he escrito algunos capítulos antes de pasar a esta etapa introductoria.

Generalmente escribo un poco por aquí, otro poco por allá, y después lo armo como un rompecabezas de acuerdo a una motivación no tan conocida por mí,  y así es como se configura progresivamente el nacimiento de esta obra.  El proceso, más o menos siempre es el mismo:  Me llega una imagen, trato de verla lo más nítida posible, después trato de llegar a ella a través de las palabras.   Pero nunca sé bien de antemano cómo voy a hacerlo o cuál será el resultado final;   quizás sea por la confianza en que algo va a suceder o por la seguridad de que, a causa del orden intrínseco de la naturaleza, todo se va a acomodar de la mejor manera, lo que me inspira a continuar aunque no tenga proyectado desde un principio una idea definida al respecto, ni siquiera teniendo tan claro hacia adonde me dirijo.   Esto es algo que no puedo explicar sin sospechar que todo lo que sucede y ocurre tienen raíces a veces tan profundas como desconocidas;  quién sabe si proviene de algún remoto pasado de mi memoria o si tal vez mis funciones internas conectan con algún inconsciente colectivo.  No estoy muy seguro de cuál sea la causa.

Simplemente le llamo a eso:  Magia.

 

Lo que quiero decir es que aunque esta introducción no sea lo primero que he escrito relativo a este ensayo, tampoco será lo último que apuntaré en estos borradores para redondear el propósito que éste tenga más allá de mis pretensiones;  de esta manera, puede decirse que al menos las líneas que lees, es la introducción de algunos de los capítulos ya escritos anteriormente, pero también, es la introducción a algo vivo que está creciendo y desenvolviéndose a cada momento.  Tal vez en estos momentos vaya desarrollando el 40% del resultado final, no sé.

Ni siquiera sé si esta introducción coincidirá con el producto acabado y con el contexto en cuestión.  Tampoco sé si quedará finalmente esta introducción o si la cambiaré por otra, o bien, no pondré ninguna.  Lo único que sé en este preciso instante, es la vergüenza que siento al pensar en la parte del árbol que se habrá mutilado para obtener el papel donde escribo estas letras muertas que ni siquiera saben hacia dónde es que van ni de dónde es que vienen.  Más vale que sirvan para algo, me digo...   ¿servirán para algo?  Al menos, estas páginas podrán avivar el fuego de algún hogar;  pero, ¿no hubiera sido mejor usar directamente leñas?  ¿Para qué emplear tanta maquinaria, tecnología y tiempo dedicado a confeccionar hojas y escribirlas, si van a terminar siendo cenizas dispersadas al viento?   Porque, al fin y al cabo, éste es el inexorable e inevitable devenir de todas las cosas.  Sólo polvo que volverá a la tierra.

Este es mi profundo dilema en estos segundos de la introducción, (y eso que recién ensayo en borradores);  no quiero ni pensar en publicar todo este cúmulo de polvareda potencial.

 

Los libros desbordan el mercado.  Se escribe más de lo que se lee.  Hay notas de todos los tipos que caen como lluvia torrencial en cada ciudad del mundo todos los días del año, y así continúa año tras año.  Diarios, revistas, boletines barriales, gratuitos, caros, en colores y reciclados, son apenas una tenue sombra de todo lo que se escribe.  Tantos eruditos, filósofos, libres pensadores...  tantos que quieren decir algo y dejar asentado algo al respecto.

¿Pero qué clase de estúpidos somos en primer lugar los que escribimos, y en segundo, los que leemos?  ¿Es necesaria tanta información para vivir?  No sé si podría responder a estas preguntas, sólo puedo admitir que soy un estúpido doble, porque escribo y porque leo también.

 

De hecho, a esta altura y con este mensaje, parece que ningún sentido tiene seguir leyendo lo que sigue (o seguir escribiendo), no estoy dando ningún estímulo al lector para proseguir con la lectura;  en mi lugar de escritor debería dejar el resto de las páginas en blanco, pero cómo dije, algunas ya estaban escritas desde antes de iniciar esta introducción, lo cual sería más trabajoso borrarlas que ignorarlas.  De todos modos, si alguien leyera estas primeras páginas, puede proceder a quemarlas ahora mismo, avivar el fuego que mencionamos y salvarse la mente de esta lectura tóxica para la gran parte de la lógica establecida y para los condicionamientos a los que el hombre en general se aferra con desesperación.  O como dije antes, más simple aún todavía, pueden saltearse estas páginas e ignorarlas y abandonarlas en algún estante o dejarlas olvidadas en algún cajón, sin que ello ocasione ninguna consecuencia sobrenatural.

 

Alguien podría pensar que estoy haciendo una especie de autocrítica con lo que digo, pero no es así, no me animo a decir que esto sea una autocrítica porque las autocríticas están revestidas de sentido común, y esto parece haberlo perdido.  Por otro lado, si se tratara de una autocrítica lo que intento hacer, de verdad aseguro que lo que he mencionado hasta aquí apenas sería un grano de arena en un vasto desierto.

Tampoco se trata de una queja, aunque bien podría serlo.  Tan sólo estoy tratando de comentar aquello que no se quiere ver.  Y seguramente en eso también me equivoque, del mismo modo que me equivoco cuando callo y nada digo sobre lo que no quiero ver.

 

Alguien se podrá preguntar para qué escribo si pienso que hacerlo es estúpido.   Pues le recuerdo a quien se preguntara así, que al ir al baño y antes de presionar el desagüe, hay un olor inmundo, pero que igualmente aceptamos porque sabemos que es parte de algo necesario para sobrevivir.  Claro que la Naturaleza podría haber diseñado un tipo de fragancia parecido al jazmín para cuando evacuamos los intestinos, pero ella es muy inteligente, pues si esto hubiera ocurrido podría haber sido fatal para los seres humanos, porque seguro  hubiésemos usado los excrementos como perfume para ambientar nuestros hogares o como desodorante para usar bajo los brazos y perfumarnos la piel.   Es así, puede que el olor sea inmundo o nauseabundo, pero lo aceptamos igual, pues tal como somos los seres humanos nos conviene que sea así.  Algo similar me sucede con la escritura y con expresar lo que siento.

 

Claro que no creo que escribir sea tan importante para la vida como ir al baño y vaciar los intestinos mientras se despide ese olor tan particular, pero las letras se necesitan como una de las formas de comunicación, para decir a veces, cosas de la vida que nos involucran a todos tanto como el evacuar.  Lo que se escribe o se dice puede servir a veces para cuestionar aquellas cosas que algunos no se animan ni siquiera a pensar;  otras veces puede aprovecharse la escritura para recuperar quizás, una educación subterránea o poco difundida a través de los ámbitos corrientes.  Por eso lo hago, y también, por eso necesito leer tanto como escribir, aunque a veces, como los malos olores, me desagraden ciertos materiales que desbordan por doquier contaminando más que ofreciendo un estímulo para ampliar el pensamiento.

 

De hecho, no digo precisamente que escribir sea estúpido, sino que digo que escribir mucho es estúpido.  Y en este rubro me ubico;  allí yo me localizo.  Tantos libros, tantos diarios, tantas revistas, tantas páginas web., tantos canales de televisión, tantos autos por las calles, tanta gente...  ¡Ufff!  Y este es el punto, porque en esta gran cantidad de expresiones escritas y no escritas, es mayor la posibilidad de encontrarse con la estupidez, o elegantemente dicho:  con una pobre calidad de comunicación.

Debido a esto me inquieto en esta introducción, pensando en la vida de un árbol suprimida para poder efectuar esta escritura, porque, poniéndome en su lugar, a mí me gustaría, de morir por algo, que fuese por aquello que lo vale.  Y en cuanto a ese valor, aún no puedo juzgar si los pasajes de este ensayo valen algo...  ¿cómo saberlo hasta no completarlo?

De todos modos, si alguien estaría leyendo ahora esta introducción, será porque ya me he decidido a compartir los capítulos escritos y los que escribiré en el transcurso de la diagramación del mismo;  de tal manera que al lector le corresponde determinar si ha valido la muerte del árbol para editar este escrito, pero aunque alguien considere que ha servido para algo, igual merezco el repudio de todos los bosques del mundo.

 

Justamente esta sensación me ha llevado a corregir el hábito de escribir en papel y a comprometerme a no hacerlo nunca más (aunque la medida ha sido un poco tarde para los primeros capítulos de este ensayo), así que he optado de ahora en más recurrir al mundo virtual y a la escritura digital para exponer lo que pienso.

Pero esta determinación, y por la misma razón, me ha obligado a dejar de ser lector de libros de papel, de diarios y revistas confeccionados a partir de la muerte de los árboles, por eso voy en busca del papel reciclado, de la pulpa vegetal que no implique la muerte de la planta, o directamente, de los textos digitales.

 

A pesar de todas estas conjeturas, como podrán ver, no puedo dejar de escribir.  Escribo digitalmente, escribo en la tierra y en las paredes, escribo las mesas y puertas, escribo en las piedras y también escribo con el pensamiento en el aire... y ansío escribir con la tecnología que ha venido a reemplazar definitivamente al papel en todas las circunstancias del cotidiano vivir.

Y pensar que siempre me jacté de ser alguien moderado, sin pasiones, porque también creí que era capaz de contenerme;  pero escribiendo esta introducción declaro que no sólo soy un apasionado por compartir los sentimientos del alma, sino que también, acabo de descubrir que mis pasiones por la escritura son descontroladas.  Claro que nunca escuché que una pasión pueda ser controlada.  Creo que eso es algo imposible de llevar a cabo.  ¿Cómo va a poderse controlar lo que por naturaleza es incontrolable?

Asimismo, correspondiendo a este descontrol, transito cada parte de este ensayo por muchos de los pasajes del pensamiento y entro en cada puerta del sentimiento, y no mido las distancias de los puentes ni la profundidad de los abismos que el razonamiento construye,  sino que me veo recién cuando voy avanzando por ellos o cayendo en ellos.  Y al escribir de esta manera, no estoy seguro de quien escribe;  no sé si es mi mano, si es mi cabeza o mi espíritu el que escribe o si son los tres al mismo tiempo, también puede que no sea ninguno de ellos y que sean los ancestros o algún amigo o familiar desde el cielo los que realmente están escribiendo por mí.  Lo único que reconozco en ese preciso instante de la escritura, es que las letras, mi sentimiento y lo que soy, son uno solo.

No importa de dónde vienen las palabras...  no importa hacia dónde van...  lo importante es la tremenda conexión con el sentir, con el ser unido inseparablemente con la expresión.

Me sucede en el papel de escritor, pero igualmente me sucede como lector.

 

Por eso a veces siento como si el mismo universo y la vida se expresara a través de las letras que mi mano logra proyectar después de ser interpretado por la mente ya sea que vuelque sobre un árbol o en la computadora, y no lo digo con ninguna soberbia porque no es algo que depende objetivamente de mi o de algo que yo sea capaz de hacer, sino de algo interno que me trasciende totalmente como individuo.  Otras veces, desalentado y extraviado por no encontrar la palabra justa, recurro al diccionario sin encontrarla tampoco, y no es porque el diccionario no la tenga, sino porque mi profunda ignorancia no me permite descubrirla.  Son estados que se alternan y que evocan la confusión de los mares  tempestuosos, y a veces, la delicia de los frescos oasis de la sabana.

Y así es cómo esta pasión me lleva sin rumbo fijo de un extremo a otro del pensar y del sentir, que por momentos me hace creer que lo escrito es importante y algo especial, y en otros, me hace sentir menos que miserable;  porque hay horas de aliento que me digo:  “esto vale”, pero hay otras horas de desaliento en que pienso dejarlo todo y dedicarme definitivamente al absoluto silencio y a la mente vacía.

 

Sin embargo, no puedo dejarlo porque me puede...  hasta que se termine, seguiré.  Hasta el último de mis días continuaré.  Y no sé si es en este punto donde se mantiene un cierto dejo de equilibrio, ya que en ambos casos, más allá de mis acuerdos o desacuerdos,  siento profundo gozo al hacerlo.  Sí, es así:  es una fuerza impetuosa que me empuja de manera permanente a amigarme con los vicios y con las virtudes, porque en definitiva, esto no es un drama, sino que, como acabo de exponer, es algo que al aceptarse puede ser gozado hasta las entrañas.

Tampoco ha sido mi intención que estas palabras introductorias se tomen como parte de una autobiografía.  No son estos párrafos ni una autocrítica ni una autobiografía, sino que he tratado de reunir en una breve síntesis, algunos datos que quizás ayuden a entender un poco, cómo y por qué llegué a escribir algunos de los siguientes capítulos que se desordenarán a continuación.

Por último, cabe señalar, quizá, el por qué me he decidido a presentar este material al público, puesto que al parecer, sólo ésta es una de las razones más claras que siento al respecto...  Resulta que...  ocurrió mientras leía un poco por allí y otro poco por allá los distintos manuscritos que en todo momento desbordan los estantes de varias bibliotecas, cuando comprendí para quién escribo...

Entonces, todo se iluminó repentinamente, porque las muchísimas carillas borroneadas me lo respondieron claramente:  ¡le escribo al ser humano que se encuentra detrás del ser humano!

Le escribo ahondando su propia esencia, su conflicto y sueño existencial, esos que se construyen, se sostienen y se derrumban en la vida cotidiana, instante tras instante.

Le escribo al ser humano sensible, al indiferente, al despierto, al dormido, al religioso, al ateo, al buscador, al resignado, al que ha acertado en su elección de vida y a quien aún lo sigue intentando, al virtuoso y al vicioso, al fracasado y al exitoso, al que está de vuelta y se la creyó y al que sabe que no sabe nada.

 

Y por ser yo así, de estas múltiples maneras, también me escribo a mi mismo, lo que me facilita enormemente escribir para quienes hayan atravesado la misma experiencia.

 

Indudablemente, le escribo a quien ha apostado por la vida después de haber aceptado llanamente en su corazón:  la muerte inevitable.  Le escribo a quien sabe vivir felizmente a pesar de los conflictos reinantes;  le escribo a quien no vive como debiera, debido al sufrimiento por la muerte que tarde o temprano llegará, y también escribo a quien ha elegido negarse a reflexionar la situación inevitable de vida y muerte en la que nos hallamos, ignorándola, para no sufrir.  Le escribo al misterio y escribo acerca de ese misterio a todos los que quieran leer sobre él.

 

A todos ellos van estas palabras, que equivocadamente, a veces creo que son mías.

 

~ aon

< En el año de la Revolución Interior >

La que nunca finaliza

 

 

 

“Se dice:  varón y mujer ...

se dice:  masculino y femenino,

macho y hembra,

positivo y negativo,

siguiendo siempre este orden:

 primero los varones y luego las mujeres.

Y a la hora de definir al género humano,

se dice: hombre,

pero al decir: “un hombre”, se hace referencia al varón,

y la mujer aunque implícita, literalmente siempre está al margen.

Sin embargo, existe un orden diferente,

el de los taoístas que han dicho:

Yin y Yang.

Primero la mujer y después el varón.

 

Siguiendo la concepción de Lao Tse, es tiempo de que los

seres humanos del siglo veintiuno comencemos

a encontrar un equilibrio real,

porque aunque digamos:

señoras y señores,

damas y caballeros,

no significa que haya una verdadera conciencia de igualdad.

Es tiempo de que comencemos a pensar

y a decir:  Seres Humanos,

para actuar como tales.”



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Primer Capítulo de la 3ª parte:




ensayo en composición ...

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¿Qué es la Existencia?

Es aquello que estando subliminalmente como Esencia en la trascendencia del propio Ser, no se encuentra por ninguna parte;  es decir, que estando en todo no está en ningún lado.  Porque la Existencia es infinita y eterna en sí misma, mientras que el universo, la naturaleza y la vida son temporales, efímeros y finalmente desaparecen.

La Existencia se encuentra detrás de todo lo que aparece y desaparece y de todas las transformaciones, mientras que ella se mantiene inalterable e imperecedera por siempre.

Por lo tanto, la Existencia es eso intangible e inexplicable que se verifica únicamente en la expansión de la Conciencia.

¿Qué es la Conciencia?

Es un estado elevado de conexión con lo subliminal y de integración con lo esencial, por medio del cual se percibe una realidad metafísica incondicionada, independiente del cuerpo, de la mente y de la bioenergía psíquica.

La conciencia es la experiencia vivencial de unidad indivisible detrás de toda manifestación, y es la causa del sentimiento de plenitud y satisfacción completa cuando se expresa con intensidad.

¿Qué es Vivir la Existencia a Conciencia?

Bueno, de esto trata este Sitio Web., justamente, del intento escurridizo de esclarecer su significado más amplio.

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