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5. La Incorporación de la Fuerza

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Capítulo

CINCO

LA INCORPORACIÓN DE LA FUERZA

 

 

I

 

Estamos en víspera del tiempo señalado para la Gran Iniciación, la cual deberá llevarse a cabo en el preciso instante que el sol se oscurezca al ocultarse tras la luna.  Esto acontecerá al atardecer, cuando el sol y la luna se encuentren en una posición muy cerca del horizonte antes de hundirse en el poniente y desaparecer de la visión, justamente cuando queden, al mismo tiempo, ubicados en línea recta con el lucero del ocaso, una estrella distante llamada Luzárawa desde donde provienen los Hijos de la Luz.  Este lucero estará situado también en el horizonte, aunque justo en la dirección opuesta a la conjunción, en la zona del sol naciente, y el astro podrá apreciarse en toda su magnitud gracias a que la superposición impedirá que el brillo del sol anule su tenue resplandor como suele suceder en los días normales.

Este es un suceso extraordinario que ocurre una sola vez cada tres generaciones.

Por este motivo se dice que quienes reciban dicha iniciación tendrán que asumir una misión especial en la vida en cuanto a la difusión de los mensajes de nuestros antepasados para salvaguardar la sabiduría ancestral.

Este evento ha sido anunciado por uno de los Sabios Shamanes de nuestro pueblo cuyo nombre es Nieves, quien es un maestro en descifrar las claves del universo, sumamente capacitado para interpretar el idioma de la naturaleza.  El anciano Nieves desarrolla este don desde los primeros años de vida, y por eso es que desde niño traduce el lenguaje del cosmos, una ciencia mística que ha aprendido de los Guías Blancos en el Asentamiento Dorado.

Como dije, Nieves, es un Shamán, que además de hablar con las estrellas y conocer con precisión el movimiento que cada una tiene en el firmamento, también es diestro para invocar la Fuerza natural de los Elementos y encarnar el espíritu de los animales, expresando sus propias esencialidades potenciales con la finalidad de estimular los dones latentes de las personas.  Nieves, es muy hábil en predecir los principales acontecimientos que han ido sucediendo y sucederán a nuestro pueblo a nivel grupal.  Sin embargo, también sabe precisar las condiciones particulares más íntimas de cada individuo según el influjo celeste que ha predominado en el instante de su nacimiento, y con esta información consigue calcular una suma de factores favorables que pueden beneficiar profundamente al alma esencial de cada quien.

Muchos de nosotros le hemos consultado en distintas ocasiones importantes de nuestras vidas, y él siempre nos ha ensanchado un inmenso panorama con magníficas perspectivas y singulares interpretaciones que nos han ayudado sobremanera en la auto Realización.

Otro de los Sabios Shamanes del pueblo es el Anciano Cielo Abierto, quien tiene el don de leer nítidamente las imágenes individuales que se forman en las palmas de las manos y en las aureolas rutilantes que se extienden alrededor del cuerpo, y, por otro lado, a partir de estos registros puede develar las fuerzas imperantes que rigen el destino de las personas.  Además, también puede leer en las formas de las nubes distintos mensajes, que, según él, transmiten datos que indican el rumbo de las mejores acciones a efectuar durante los acontecimientos más trascendentes que a cada uno le toca vivir.

A su vez, Cielo Abierto es un canal altamente receptivo de las configuraciones astrales registradas en los libros psíquicos de la naturaleza;  él canaliza magistralmente estas configuraciones a partir del manejo experto de varios oráculos antiguos, que esgrime con diferentes cristales tomados de distintos lugares sagrados del mundo y con nudos de cañas de bambúes.

Él dice que a través de todas estas imágenes y figuras etéreas se expresan nuestros ancestros, y que con ellas nos transmiten sabias enseñanzas.  Asimismo, asegura que aunque haya un destino señalado, éste puede ser mejorado si se conoce el anagrama de las causas que lo fijan.

El Anciano Cielo Abierto tiene la facultad natural de entender el dialecto del fuego que se mueve con el viento, conforme a la sinuosidad de su respectiva danza.  No sé cómo hace, pero él puede decirnos lo que hemos soñado la noche anterior sin que nada le digamos al respecto.  A veces nos sorprende diciéndonos cosas de nosotros mismos que ni siquiera estábamos dándonos cuenta.  Desde luego que siempre nos habla con alegorías y representaciones simbólicas para ayudarnos a pensar por nosotros mismos a fin de crecer interiormente.  Claro que tales figuraciones no son tan fáciles de dilucidar en un primer momento, pero después de meditarlas resultan ser sumamente esclarecedoras.

 

Tanto Nieves como Cielo Abierto son dos Shamanes que pueden ver la misma radiación nuclear del campo astral humano, pero desde diferentes ángulos.  Ellos dos nos conducirán en esta Gran Iniciación, y nos llevarán hasta ese lugar místico, desconocido por quienes atravesaremos en esta ocasión semejante experiencia iniciática sumamente movilizadora.  Sitio que sólo es conocido por todos los que en el pasado han sido iniciados en otras ceremonias extáticas diferentes, según el plan de los Hijos de la Luz para cada acontecimiento de la naturaleza y del cosmos que suceda.  No obstante, si bien todos los adultos del pueblo conocen este lugar, se mantiene un rotundo silencio al respecto, y nadie que haya vivenciado una iniciación puede comentarla con quienes aun no han experimentado ninguna.

Hasta donde se extienden los registros de nuestra historia, todos nuestros antepasados han sido iniciados en algún rito iniciático.  Porque cada generación debe atravesar el conocimiento sublime de lo esencial para asimilar y nutrirse del Poder Positivo de la Naturaleza, y así estar preparado para contrarrestar o vencer las fuerzas negativas y autodestructivas que se yerguen sobre todo espíritu en el transcurso de su existencia.

Por ejemplo, la próxima iniciación se proyecta para dentro de siete años y cinco meses, con la llegada del cometa “aliento intersideral” que visitará el triángulo oriental de la bóveda estrellada que se aprecia desde aquí, y se llevará a cabo en este mismo lugar que estamos a punto de conocer.  Y aunque se trate de otro rito distinto al que viviremos en esta oportunidad, nosotros ya no podremos participar de ninguna iniciación más por el resto de nuestras vidas, puesto que se trata de una sola vez y de una única iniciación por cada persona.  Claro que, si bien cada ceremonia es diferente y está acompañada de distintos sucesos naturales, el propósito sigue siendo el mismo:  revelar la divinidad que acunamos en nuestro interior...  y esta divinidad involucra tomar conciencia de la totalidad, no de algo meramente parcial, de algo ilimitado, no condicionado a ningún esquema.

Todo ser humano debe desarrollar la comprensión más honda y abarcadora acerca del Bien y del Mal en términos generales, si es que pretende despertar todo su potencial latente de energía creativa y constructiva en función del automejoramiento personal y crecimiento interior.

Los Sabios nos dicen que las Fuerzas del Bien y del Mal se hallan armoniosamente balanceadas sólo cuando el Bien se encuentra por encima del Mal, es decir, cuando se expresa sin obstáculos ni resistencias.  Por el contrario, cada vez que el Mal se ubica en el mismo nivel del Bien, se rompe un equilibrio saludable y se inicia el caos en todos los órdenes, ya sea en cuanto a los valores humanos o en cuanto a la vida misma.  Y, cuanto peor aún, es lo que sucede cuando el Mal se coloca por encima del Bien, porque entonces se desata el fin de la integridad espiritual, incluso, el de la especie en sí, porque este es el nivel de la inexorable autodestrucción, individual y colectiva.

Por supuesto que en la época que vivimos, las Fuerzas del Bien todavía se hallan muy por encima de las Fuerzas del Mal, por eso los Guías Blancos de la Ciudad Dorada mencionan que esta es la Edad de Oro.  Sin embargo, tanto Nieves como Cielo Abierto coinciden en que esta Edad de Oro se encuentra gradualmente aproximando al fin de su ciclo, y por ello debemos prepararnos para la Gran Noche o Tiempos Oscuros que se avecinan.

De hecho, nos cuentan que en esta Iniciación tendremos que verle el verdadero rostro a la oscuridad para saber realmente de qué se trata;  y para ello debemos vernos cara a cara con el dolor, ubicándonos frente a las sombras siniestras que se le atribuyen a las Fuerzas del Mal.  De tal manera, que en un futuro cercano sepamos reconocerlas a tiempo, antes de que nos superen sin darnos cuentan y nos venzan fatalmente.

Creo entender el motivo de esta iniciación, pero no puedo imaginar cómo será.

 

Quienes vamos a ser iniciados en esta circunstancia, nos hemos separado en dos grupos.  Uno de los grupos está compuesto por Fragancia que Asciende, la Adivina, por Dulce Rocío, la Sacerdotisa, y por Nieves, el Shamán, quienes se adelantarán al segundo grupo.  Este segundo grupo está integrado por Soplo de Estrellas, el Sanador, por Trueno del Alba, el Constructor, por Cielo Abierto, el otro Shamán, y por mi.

En total sumamos siete personas las que estamos yendo hacia el sitio indicado, ese lugar sagrado, de las cuales sólo cinco seremos iniciados según la simbología numérica que representa la culminación de un ciclo y al ser humano, el siete y el cinco.

No tenemos mucho tiempo, puesto que, según los cálculos de Nieves, a mitad de la tarde se oscurecerá el sol, y el día se tornará noche cuando la luna oculte la luminosidad del astro radiante al superponérsele de manera completa.  Este es el día fijado en que lo Positivo y lo Negativo se encontrarán, y lo negativo superará a lo positivo, y de acuerdo a lo que nos han explicado, en ese momento tendremos que fortalecer y nutrir el Bien de cada uno de nosotros hasta multiplicar varias veces su Fuerza, y con este caudal poderoso extra, nos expondremos a las nefastas Fuerzas del Mal y las enfrentaremos para conocer sus mismas entrañas y prevenirnos a los tiempos difíciles que vendrán más adelante.

De esta manera, si logramos sobreponernos, el Bien prevalecerá;  por supuesto, siempre y cuando se haya preparado y fortalecido previamente lo suficiente como para mantenerse firme.  De lo contrario, el Mal imperará y vencerá a todo impulso altruista de superación constructiva.

Pero, a mi entender, es mucho lo que se nos pide.  El Shamán Cielo Abierto nos ha sugerido contrarrestar la influencia sombría de la luna según su posición superadora, y permitir emerger la luz del sol oculto, aun estando tapado.  No puedo siquiera imaginar en este momento o intentar al menos, aunque más no sea, fantasear con ello.  Ya no sé qué pensar.  A medida que nos acercamos me vienen algunas dudas que no tenía hace un instante atrás.  ¿Cómo haremos para disipar el manto de oscuridad y dejar pasar la luminosidad del sol en el momento de la conjunción?  Es evidente que ninguno de nosotros podrá hacerlo, a no ser que sea de un modo metafórico.

 

Los Shamanes nos han advertido de esta tremenda prueba, y nos han dado la posibilidad de rehusarnos a participar si creemos no estar en óptimas condiciones para hacerlo, pues, es éste un desafío enorme para el alma, semejante a otras experiencias de la cual algunos hermanos del pasado no han sobrevivido.  Supongo que nos están asustando al decirnos esto, porque no he sabido de nadie que haya muerto en alguna iniciación, al menos, nuestros libros no mencionan nada al respecto.  Por eso, a pesar de estas advertencias, los cinco aspirantes hemos decidido seguir adelante con la Iniciación, aún considerando la posibilidad de que al fracasar no volveríamos a ver a nuestros hijos ni a nuestra gente.

 

 

II

 

Ambos grupos hemos partido al amanecer siguiendo la dirección del sol.  Uno salió primero y el otro poco tiempo después, recorriendo el mismo camino hacia esta zona prohibida del lugar sagrado.

Vamos caminando con la conciencia de que esta vivencia nos dará una nueva comprensión, e incluso, hasta una nueva vida, según lo insinuaron quienes han atravesado otras iniciaciones.

 

Ya el sol ha pasado varios grados el punto más alto, y el mediodía ha quedado atrás.  Nos encontramos al borde de un lago.  Es un paisaje muy extraño.

Este no es un lago común, pues, nunca he visto algo parecido.  Al otro extremo del lago, en la orilla de enfrente, alcanzo a divisar al primer grupo que ha llegado antes que nosotros.  “¿Qué están haciendo allá enfrente?” – me pregunto.  Han rodeado el lago y se han ubicado en la margen oeste.

En medio del lago hay cinco enormes columnas de roca, muy altas, dispuestas de tal manera, que, a cierta distancia, rodean a una plataforma redonda de losa muy lisa y brillante.  Esta plataforma de losa circular ubicada justo en el centro del lago, apenas se eleva por encima del nivel del agua.  Y se supone que cada uno de nosotros tendrá que pararse sobre esta plataforma para ser Iniciado.

Comienzo a darme cuenta de que tendré que mojarme completamente para llegar hasta ella, y esto me resta estímulo puesto que el clima no es óptimo para nadar.

El Agua del lago se ve sumamente densa, y es de un tono verdoso intenso que por momentos, según las ráfagas de viento, se vuelve iridiscente y refracta los rayos del sol en un tono violáceo.

Por otro lado se observa una finísima bruma que se extiende por doquier, haciendo al lugar aún más misterioso, y por qué no, tenebroso.

A no ser por el estrecho pasadizo entre matorrales por donde accedimos, el lago esta rodeado por sierras de baja altura y espesas malezas.  Pero por lo que hemos venido ascendiendo paulatinamente desde que nos alejamos del bosque, este lago se encuentra en la cima de una montaña o sobre alguna base a mitad de una enorme ladera, y bien podría ser esto la hendidura de un viejo volcán ya extinto.  Estamos dentro de un gran pozo, enorme, pero elevado a gran altura, y el aire enrarecido nos dificulta la respiración.

 

El Shamán Cielo Abierto separa unas hierbas de su bolsa para confeccionar una pócima mágica que tendremos que beber antes de la Iniciación, y mientras la prepara, todos guardamos un mayúsculo silencio.

Mientras esperamos, aprovecho para dejar correr mi mente y pienso en el trayecto que hemos efectuado para llegar hasta aquí.  Pienso que jamás hubiéramos llegado a este lugar por nuestra propia cuenta con el grupo de exploradores de la aldea, pues tuvimos que atravesar el gran bosque y el cementerio de las bestias gigantes, una zona restringida para nuestro pueblo, a la que nunca nos acercamos.  Este cementerio es un lugar sumamente peligroso debido a que, aunque es el sitio donde vienen a morir, siempre se encuentra alguna de las más fornidas de estas bestias gigantescas consideradas guardianes o custodios, las que se turnan para resguardar los huesos de sus muertos.  Estas bestias gigantescas son capaces de engullirse a una persona de una sola vez, incluso sin masticarla.  Nadie está dispuesto a enfrentarlas al precio de su propia vida.  Afortunadamente no pueden llegar hasta el pueblo porque se hundirían en las ciénagas que habilitan el único corredor llano que lleva hasta allí, y estas bestias tampoco son capaces de atravesar las estructuras montañosas que resguardan a nuestro poblado.

Claro que nosotros tampoco solemos ir donde se encuentran ellas, porque, según dicen los Ancianos Sabios, las energías desencadenadas en sus ámbitos, como por ejemplo en la ruta del cementerio de las bestias gigantes, son toxicas para el ser humano;  o sea que se corre doblemente peligro, ya que aunque uno no se topara con una bestia estaría igualmente expuesto a estas emanaciones mortales.  De tal modo, si no fuera porque el Shamán Cielo Abierto nos condujo por una angostura oculta que atraviesa gran parte del cementerio de forma subterránea, en algunos trayectos a través de un túnel alejado de la superficie donde están depositadas las bestias que han muerto, no hubiéramos podido evitar ni el enfrentamiento con los guardianes ni los efectos nocivos de los tóxicos pululantes.

Asimismo, la entrada a este pasaje subterráneo ha sido muy bien camuflada con vegetación, rocas y troncos de árboles caídos, de tal modo que es completamente inaccesible a los jóvenes curiosos del pueblo.  Me maravillo pensando en todos aquellos que han estado trabajando detrás de este escenario misterioso, y entonces comprendo el alcance de las intensiones de los sabios de antaño.

 

Abandono los pensamientos ya que Cielo Abierto ha terminado de preparar las hierbas que mezcló pacientemente con el agua verde densa del lago.  Sentados en la orilla, bebemos uno a uno del mismo tazón el brebaje que preparó el Sabio Shamán.  Es un elixir bastante raro, sabe amargo y se siente áspero en la boca, y va calentándose en la medida que lo tragamos.  Se percibe frío en el primer sorbo, y caliente cuando llega al estómago.  Siento un ardor que no me animo a comentar con los demás.

Soplo de Estrellas, Trueno del Alba y yo, lo bebemos lentamente mientras esperamos la señal de Cielo Abierto que nos indique el comienzo de la Iniciación y nos diga lo que tendremos qué hacer.

Siento en mis entrañas cada vez más calor que sube por el pecho hasta el rostro haciéndolo enrojecer por la gran circulación de energía.  Y entonces miro a mis compañeros para ver si ellos sienten lo mismo.

Supongo que en la otra orilla el primer grupo estará haciendo lo mismo con la supervisión del Shamán Nieves.  Y al mirar en aquella dirección agudizando la vista, veo que Fragancia Que Asciende y Dulce Rocío ya están llegando a la plataforma redonda de losa lisa.  Caminan con el agua hasta la cintura, lo que me alivia el saber que no tendremos que sumergirnos de cuerpo entero ni nadar.  Basta con caminar hasta ese sitio y ya está hecho.  No obstante me acucia suma atención y me inquieta verlas alejarse y acercarse sucesivamente de manera repentina, y por momentos, todo se torna borroso.

Me pongo de pie para verlas mejor a la distancia, y noto que sucede lo mismo con la tierra que piso, todo se acerca y se aleja incesantemente, y todo a mi alrededor parece agrandarse y contraerse con cada respiración que efectúo.  Siento que se inflama mi cara, siento que todo mi cuerpo se hincha.  Estas sensaciones me causan un notable vértigo al punto de creer que voy a caerme, pero me encuentro suspendido y firmemente erguido.  Parece que me elevo sobre la orilla del lago.  Es raro porque tengo la sensación de tambalearme y caerme, pero me encuentro en perfecto equilibrio.

No salgo de mi asombro ante la percepción interna de recorrer grandes distancias hacia no se dónde, sin dar siquiera un mínimo paso.  Un remolino me envuelve y comienzo a girar vertiginosamente sin efectuar un solo movimiento.  Todo se mueve aunque nada deje de estar quieto.  Todo sucede adentro mío y parece que ocurre afuera.

Observo a mis compañeros recostados y desparramándose en el suelo.  Cielo Abierto me ayuda a sentarme nuevamente y me dice que cierre los ojos hasta que se asiente el efecto del preparado que bebimos y la mente vuelva a centrarse, pero en un nivel más elevado de captación.

Así lo hago, cierro los ojos mientras siento que todo da infinitamente vueltas sin cesar.  No puedo precisar qué sucede, sólo percibo que por momentos giro y giro sin detención;  en otro instante siento como si estuviera parado pero de cabeza mientras mis brazos y piernas se sacuden frenéticamente casi desprendidos del cuerpo.  He perdido completamente el dominio de mi mismo, de mi cuerpo, de mi ser, más no de la conciencia que la percibo mucho más dilatada y sensible.

De pronto, todo se detiene.  Se precipita una absoluta calma que me embarga profundamente;  ya no siento ningún malestar, por el contrario, me siento estupendamente bien, maravilloso.  Siento la plenitud de mi mente, de la energía y del espíritu que me llena de gran gozo.  Abro los ojos y observo que mis compañeros ya están llegando a la mitad del lago, muy próximos a la losa lisa, mientras que el grupo de Fragancia Que Asciende ya se encuentra sobre la plataforma.

Podría seguir quedándome recostado plácidamente en este estado tan especial que me permite ver ahora el ensueño mágico de esta orilla y el embrujo de este paisaje, disfrutando de esta sensación de bienestar incomparable, pero, de repente, me invade un sentimiento desesperado con la sola idea de que voy a perderme la Iniciación.

Me pongo de pie.  Parado al lado mío se encuentra Cielo Abierto y me indica que me apresure y que no me distancie de mis compañeros.  Veo que están muy lejos y me pongo a caminar inmediatamente.  Entro en el lago que me cubre hasta la cintura y me dirijo de manera diligente hacia los pilares y hacia la losa central donde supuestamente he de juntarme con los dos grupos.

Miro hacia arriba y me estremezco al ver el sol casi completamente cubierto por la luna.  “¡Es la conjunción!” – Grito.

Todo empieza a verse raramente, peor que si fuera un día densamente nublado con las nubes más grises.  El cielo es claro, pero todo está oscuro.  Se perdieron los colores de los cerros y del lago, todo se ha vuelto un gris intenso muy turbio.  Pienso abrumadamente que esta es la conjunción y que debería encontrarme sobre la losa.  No comprendo cómo ni cuándo me demoré tanto, si al fin de cuentas, hace un momento atrás cuando estaba en la orilla todavía faltaba bastante tiempo para producirse la conjunción, pues era media tarde y el sol estaba totalmente despejado.  Me invade un sentimiento de mayor desesperación al comprender mi retraso y comienzo a correr hacia mis amigos.

El agua del lago es muy espesa, más de lo que se apreciaba desde la orilla, y a pesar del mucho esfuerzo que invierto en correr no consigo adelantar ni un solo paso.  Mi desesperación crece cada vez más.  Sigo corriendo sin adelantar la más mínima distancia, y de pronto todo se oscurece definitivamente mucho más, es como una densa capa de niebla que ha descendido sobre el lago.  No puedo ver a mis amigos, ni puedo ver nada.  Trato de observar mis manos, mis brazos, mi cuerpo, y apenas puedo distinguirlos como tenues manchas, no veo nada.  La luna ha tapado completamente al sol.  La noche es total.  La bruma se ha tornado un grueso manto de niebla envolvente y aplastante.

Mi consternación es cada vez mayor.  Me pregunto cómo llegaré ahora a la plataforma circular si no la veo.  “¿En qué dirección se encuentra?” – me digo.  No sé si camino rumbo hacia el centro del lago o hacia la orilla.

La desesperación me atosiga con la idea de que no seré Iniciado.  Pero ahora presiento algo más que eso, parece peligrar mi vida.

Corro aun con más fuerzas, sin saber exactamente hacia donde, y entonces mi pie pisa el vacío y me caigo en una hondonada.  Me sumerjo en el agua sin poder llegar hacer pie.  Todo es agua a mi alrededor, por debajo, por encima, a los costados, y por más brazadas que efectúo no me es posible emerger.  La densidad del lago me traga irreversiblemente.  Caigo en las profundidades de un abismo acuoso espeluznante.

En vano sigo moviéndome desesperadamente, como intentando asirme a algo.  Trato de tomarme de cualquier cosa pero nada hay que me ayude a subir a la superficie.  Se me acaba el oxígeno, y ya no resisto más la tensión de mantener en los pulmones el aire agotado.  Voy a expeler el veneno del oxígeno quemado y a respirar aunque sé que absorberé sólo agua por mi boca y no aire.  Voy a inhalar y me voy a ahogar, lo sé, pero esta retención de la respiración me asfixia.  Ya no aguanto más.  Cuento uno... dos... tres...

En un arranque impulsivo inhalo profundamente por nariz y por boca al mismo tiempo, y entra aire en mis pulmones.  “¡Puedo respirar!” – grito otra vez – “¡no me ahogué!”.

Abro los ojos y me doy cuenta que me encuentro recostado sobre la gran losa circular aplanada en mitad del lago, tan lisa como pulida artesanalmente.  “¡Llegué!” – me digo.  Pero estoy solo, no distingo a ninguno de mis amigos.  No hay nadie más.

Supongo que todos estamos solos durante la Iniciación.  Todo es muy extraño.  Mi mente queda enmudecida ante lo inexplicable.

 

Lentamente me incorporo, y cuando estoy de pie, contemplo las cinco columnas alrededor de la losa que se yerguen imponentes hacia lo alto, y sobre cada una se refracta una gran luminosidad enceguecedora que no llego a definir si parten desde la mismas columnas o si son iluminadas desde algún otro ángulo, lo que me obliga a mantener los párpados entrecerrados con las manos cubriéndome parcialmente el rostro.

A través de la minúscula abertura entre los dedos casi apretados, alcanzo a divisar en una dirección del horizonte al contorno sombrío de la luna que cubre completamente al sol, y en la dirección opuesta veo a la imponente estrella Luzárawa desde donde se produce toda esta luz que refracta sobre las monumentales columnas.

El inmenso brillo se tiñe con los colores del arco iris, y un rayo multicolor se proyecta desde cada columna hacia el centro de la plataforma por encima de donde estoy parado.

Los destellos iridiscentes que me envuelven parecen configurar formas e imágenes extrañas, que por momentos parecen conocidas.  Los rayos de luces rutilantes se extienden hacia todas direcciones en forma de un cortinado parecido a una sutil llovizna luminosa que gira en torno mío, y poco a poco va recreando maravillosos paisajes de montañas con sus cristalinas cascadas juguetonas, frondosos bosques con aves multicolores que deleitan con sus vuelos, y mares azules con sus playas interminables.  Hermosos atardeceres y amaneceres se van superponiendo en la pantalla refulgente que me rodea.

Recupero la misma sensación de plenitud que había experimentado en la orilla del lago.  Siento un gran júbilo desbordante.  Me siento alborozado hasta el alma.

 

Fantásticamente puedo interactuar con cada uno de los paisajes y entrar en cada una de estas pinturas luminosas proyectadas sobre el aire, las que se ven más nítidas y con tonos más vívidos que la misma realidad.  Todo es luz, todo es color y luminosidad.

De improviso me llega un viento fuerte que me empuja hasta el borde de la plataforma, tan fuerte que parece atravesarme.  Me inclino hacia él para compensar su fuerza y mantenerme en equilibrio.  Sacude mis ropas y hace danzar mi cabello alocadamente.  Pero no es un viento común, sino que son ráfagas de luz, como vendavales de rayos.

¡Sí, es la misma materia de la luz en forma de viento arrasador!

Siento su tremenda fuerza.  Me hace estremecer.

Me llena.  Me alimenta.  Absorbo la Fuerza del Viento y el Poder del Elemento Aire.

Es extraño, pero me siento el viento.  Soy el Aire.  Soy oxígeno.

Ahora puedo recorrer las altas cumbres de las montañas, los picos nevados.  Llevo nubes en mi cuerpo.  También soy brisa en el prado y tempestad en el océano.  Soy el dióxido que procesan las plantas y el hálito vivificante que se transmuta con la respiración de los seres vivos.  Soy la esencia misma del oxígeno y soy éter, y siento que soy el mismo universo que respira, abriéndose a sí mismo.

Soy una insignificante ventisca en la inmensidad del todo, y parte inseparable de los grandes huracanes, soy viento cálido y tornado helado que corre detrás de las corrientes hirvientes de la temperatura planetaria.

El viento es parte de mi ser, siempre lo ha sido, pero recién ahora comprendo esta profunda relación existencial.

 

Inmediatamente las imágenes y formas luminosas se transforman y se convierten en lenguas de fuego abrasador.  Se me acercan chispeantes y parecen incinerarme, pero son configuraciones del mismo resplandor inofensivo de la luz, que se proyectan con tonos multicolores y crujientes a todo mi alrededor.

Siento el Fuego como una gran combustión de energía que palpita dentro de mí.  Y del mismo modo que sentí antes con el viento, ahora soy el Fuego.  Soy el latido de la tierra y el pulso de la vida.  Soy el sol, y la chispa primigenia que dio origen al Universo.  Soy fuego ardoroso de una reacción nuclear subliminal que trasciende al cosmos.

Siento el Poder de los volcanes, la Fuerza candente del desierto;  pero al mismo tiempo siento la tibieza reparadora de la primavera, y hasta el calor afectuoso que emana del sentimiento amoroso.  Soy el Fuego del amor y el Fuego de la pasión.  Creo poder abrazar todo lo que anhelo, y siento que puedo expresarlo hasta las últimas consecuencias.  Siento que la Vida es mía cómo nunca antes lo había sentido, siento que el Universo es mío.  Abrazo al mundo entero y doy amor a toda la humanidad.

Soy el fuego de la Alquimia que depura la materia prima, y el punzante fuego de la fragua que templa el espíritu.  Soy la fuerza para incinerar lo viejo y la combustión que da vida a lo nuevo.  Soy fuego cósmico reflejado en el fuego psíquico de la conciencia que arde con la chispa espiritual.

 

Entonces, abruptamente vuelven a modificarse tanto las imágenes como las formas luminosas con la misma rapidez con que se crearon, y ahora se transforman en las características de la Tierra, las que se presentan como la sólida base de los seres vivos.  Percibo el Poder de la Madre Tierra que aumenta en mi vientre como una Fuerza de Montaña que crece más y más y se eleva sobre sí misma, atravesando mi espina dorsal hacia la cumbre del cerebro.  Siento la pulsante vibración de la materia.  Siento la poderosa energía que se ha compuesto en átomos para darle forma concreta a la existencia.  Y Siento la Fuerza del espíritu contenido en la morada del cuerpo físico.

Soy el átomo que sintetiza la sustancia prima para dar forma al Cosmos entero.  Soy materia y la tierra donde se afirma el ser esencial.  Soy estructura física y organización de órganos fisiológicos para manifestar la evolución de los cuerpos y de la materia organizada.  Soy madre y la materia prima de toda manifestación, soy la esencia de las formas y de toda entidad existente.

Así, absorbo la fuerza incomparable de la base sólida para todo desarrollo y crecimiento interior, y me doy cuenta de que la tierra y yo somos uno solo, sin ninguna diferencia o distinción como alguna vez creí.  Ya no puedo separar de mi comprensión la materia del espíritu.

 

Repentinamente aparece otra nueva imagen que disuelve a la anterior.  Y se configura a partir de cientos de miles de reflejos luminosos que convergen en la forma de minúsculas gotitas, dando vida a un intenso chaparrón que vierte un caudaloso aluvión que cae sobre mí y se funde con el agua del lago sin aumentar su nivel.  Pero ésta es una forma de Agua que no me moja, más sí me ilumina.

Me transformo en la corriente del Agua y asimilo su naturaleza transformable.  Soy agua en su más pura esencia.

Soy marea y diluvio, hielo y vapor.  Me nutro con el Poder del Agua y participo de sus cualidades y capacidades, tomando la energía de su mansedumbre imperturbable y la fuerza irrefrenable de su docilidad que todo lo puede.  Me vuelvo alimento del alma sedienta y desgaste completo de la roca impenetrable del carácter.  Transformo la sólida roca en arena y polvo, los inmensos desiertos en oasis y los mares en glaciares, porque soy transformación y adaptación en su más amplia expresión.  Riego lo más bajo y humedezco lo más alto.  Soy cambio permanente y fluctuación espontánea que se adapta a la existencia esencial.

De esta manera, entro más y más en las imágenes que me muestran inmedibles extensiones de agua, y floto sobre las olas existenciales de una manifestación oceánica infinita.  Universos dentro de Universos, cielos sobre cielos.  Eternos mares de Vida.  Océanos de inconmensurable conciencia.

 

A partir de esto último, me percato de que he incorporado la Fuerza de los Elementos de la Naturaleza, y por ello me siento un ser humano distinto, un Hombre Nuevo.  Ahora soy capaz de comprender la esencialidad de la que estamos hechos los seres vivos.

Siento la Gran Fuerza de la Naturaleza y su Poder lo percibo en mí, y lo siento al alcance de mis manos.

Verifico la existencia del Aire y del Fuego, de la Tierra y del Agua como componentes esenciales de muchas otras fuerzas del universo, percatándome que a la vez, estas fuerzas se originan a partir de un Poder mayor, de una Ley superior, de una Fuente que establece sus propias naturalezas.

Es como un entretejido de energía sutil o trenzado psíquico de fuerzas y leyes subliminales y concretas, visibles e invisibles, que pueden ser asimiladas más allá de los patrones mecánicos y vegetativos para asumir conscientemente el Poder de la Vida y de la Existencia.

 

Y así, una vez percibido sensiblemente todo esto, nuevamente las imágenes configuradas por la luz se transforman otra vez, y se recrea la imagen luminosa del Tigre, y naturalmente, sin proponérmelo, me identifico con su postura, asimilando su destreza y rapidez.  A continuación me sucede lo mismo con el Venado y el Mono que van surgiendo resplandecientes a partir de luz eyectada desde las cinco columnas, de los cuales asimilo la gracia, la delicadeza y sus reflejos instintivos.  Me mimetizo con cada uno de sus dones latentes.  Me siento cada uno de estos animales, y comprendo que no hay ninguna diferencia entre ellos y yo.  Somos hermanos... somos uno.

Así van dibujándose sobre la pared de luz, distintos animales de los cuales estoy incorporando su espíritu y sus poderes naturales, su sabiduría innata y su estrecho vínculo con la naturaleza esencial.  De este modo estoy anexando las cualidades magistrales de cada especie, como la ductilidad de la Grulla y la elasticidad de la Serpiente, la firme atención del Jaguar y la vista agudizada del águila.

Me siento a mí mismo como jamás me había percibido antes;  por momento me siento manso como un Becerro, y al instante me brotan los bríos del Caballo salvaje.  Soy como el Pez que nada contra la corriente o el Ave que aprovecha el viento para acelerar su vuelo y planear a lo ancho y largo de los continentes.

Siento la Fuerza del Oso y el espíritu del León.  Y aunque al observarme contemplo que mis manos y mi cuerpo son los mismos de siempre, me siento muy diferente, con un cuerpo totalmente nuevo;  es que mi espíritu auténtico ha despertado.  Puedo reconocerme en mi verdadera naturaleza interior esencial, y, en base a ello, puedo captar de manera consciente el inmenso potencial subyacente en las profundidades del alma humana.

 

La gran Fuerza de la Existencia y del Universo se encuentra latente como esencia misma de todo ser humano.  Y su inmenso misterio y profundo secreto se encuentran condensados en lo más hondo de los pensamientos y sentimientos de toda persona.  El Poder de la Esencia palpita en la mente, en el espíritu y hasta en el cuerpo de los seres humanos, y el tomar conciencia de este enorme potencial permite su aplicación multidimensional para mejorar la calidad vital y espiritual que se procesa en la interacción energética y psíquica que fluctúa a lo largo de la vida.

 

Al redondear esta última visión y culminar esta percepción, el luminoso cortinado multicolor de luces y resplandores se reabsorbe y desaparece por completo, tan simplemente como había aparecido.  Y el día luminiscente que era dentro de esta esfera radiante, se transforma en noche cerrada otra vez.

Todo está oscuro y repleto de tinieblas como al principio.  El calor de la luz se disipa y surge un frío helado paralizante.

Las cinco columnas se convierten en gigantescos Dragones con sus ojos enrojecidos, muy parecidos a las bestias gigantes, y comienzan a contorsionarse y a sacudirse alrededor mío.

Intento no moverme en absoluto para pasar desapercibido, y trato ni siquiera de respirar para que no se den cuenta de mi presencia.  Pero poco lo consigo.  Me descubren y se vuelven más enardecidos mientras me acechan aterradoramente.  Sus ojos parecen salírseles de las órbitas y una maléfica ponzoña escupe sus bocas mientras emiten colosales alaridos ensordecedores.

Alternadamente estiran sus largos cuellos hacia mí, suben y bajan y me acercan sus rostros retorcidos mientras resoplan y expelen un aliento putrefacto que me provoca nauseas.

Uno de ellos me toca y me quedo adherido a una gran masa pegajosa que le brota por toda su piel.  Me quedo pegado a su cuerpo y entonces me apresa entre sus garras.  Intento vanamente escurrirme para saltar a la plataforma, no obstante, no consigo liberarme.

Estoy atrapado por sus fuertes garras que se clavan en una de mis piernas tenazmente, estrujándome la pantorrilla;  el Dragón comienza a elevarme cada vez más y poco a poco me arrastra hacia el abismo indescriptible de sus fauces.

En un intento demencial le lanzo un golpe, pero atravieso su rostro desencajado pasando de largo sin tocarlo, y con mi otra pierna suelta le aplico un fuerte puntapié al cuerpo, e igualmente lo atravieso sin tocarlo.  Mis golpes no lo tocan en absoluto.  Nada de lo que hago sirve en absoluto para liberarme.

Me estremezco al comprobar que es inmaterial;  tiene forma, se ve, pero es intangible.  El me toca, me agarra, me oprime, me sofoca e intenta devorarme, y yo no puedo tocarlo.  Me parece injusta y absurda esta forma de sucumbir sin la posibilidad de defenderme.  “¿Cómo puedo salvarme de algo que veo pero que es intangible?” – pienso.

Me sacude tan intensamente que parece que mis partes van a desmembrarse.  Siento un dolor agudo recorriéndome músculos y huesos, al punto que paralizan mi respiración, e inmediatamente concluyo que no podré resistirlo ni un instante más.

Entonces, antes de entregarme a la inminente muerte, giro sobre mi mismo para observarlo más de cerca, lo más cerca posible, y ver la imagen de la bestia que me quitará la vida;  y estando prácticamente cara con cara, contemplo su verdadero rostro encubierto tras esta aparente forma bestial.

Me horrorizo al descubrir quién es en realidad.  Tiemblo como una frágil hoja en la tempestad.  Todo mi ser se estremece y siento una enorme debilidad que se apodera de mi ser.

No es un Dragón... es... es el Deseo.  Sí, el deseo desmedido.  La verdadera naturaleza de esta bestia es el Deseo descontrolado.  Son los deseos humanos insatisfechos.  Es la Fuerza más burda que mueve a las personas a hacer y a deshacer, a cometer y a infringir, a violentar y a mancillar.  Todo por el deseo insaciable.

Es el deseo de la vida que lleva irónicamente a la guerra, a la destrucción y a la muerte.  Es el deseo que da vida, y que inexorablemente mata.

Es el deseo de lo bueno que conduce a lo malo.

Esta bestia que intenta engullirme es la forma del deseo avaricioso, del deseo desmedido, del deseo irrefrenable.  Y lentamente comienza a ahogarme.  Me asfixio de manera diferente a cuando estaba sumergido en el lago o cuando me estrujaba la bestia, porque ahora me ahogo dentro mío.  Es increíble, me ahogo a mí mismo.  Es una sensación horrible.  Siento que me devora el apetito voraz de un deseo excesivo, de mísero inconformismo e insatisfacción primitiva.  Quiero más y más, y no valoro lo que tengo.  Un círculo vicioso que se vuelve un encierro para el alma.  Y este mismo deseo me está llevando a perderlo todo.  Es insoportable.

Y este Dragón no me mastica de una vez por todas para terminar con esta agonía insufrible, por el contrario, me disuelve lentamente, agónicamente, como una duradera muerte en vida;  y lo peor de todo es, que no es la bestia la que me está matando, sino que soy yo el que estoy consumiéndome a mi mismo por mis propios deseos.

Y mientras me disuelvo en las entrañas de esta Fuerza nefasta, el Dragón va mostrándome todas las infinitas variantes del deseo, todas las máscaras de su manifestación, las vilezas que acarrea, y me pierdo completamente en esta enmarañada red de lazos anudados que encadenan al espíritu y esclavizan al alma.  Y aunque en vano sigo dando golpes con manos y pies, rodillas y codos, y aunque grito desgarradamente e imploro por la liberación, cada vez me siento más y más atado, más sumergido, más atrapado en la espantosa decadencia de mi propia naturaleza humana.

 

El segundo Dragón es quien sarcásticamente me saca de esta situación, pues me toma entre sus garras y me arranca del primero arrastrándome hacia él.  No se qué es peor, si morir con el primero o la “salvación” que me ofrece el segundo.  Ya no me quedan fuerzas para seguir peleando.  El primero terminó por derrotarme puesto que ha agotado toda mi energía.  Tantos deseos insatisfechos, incumplidos, aun sedientos, me han agotado tremendamente.  “¿Qué podré hacer con el segundo que no haya hecho con el primero?” – susurro interiormente en un último dejo de conciencia.

De este modo, me entrego sin oponer ninguna resistencia.  Es como que sigo sintiéndome asfixiado por la experiencia anterior, atado, cargado de innumerables deseos desmedidos que nunca se alcanzan, por eso, ya nada me importa.  Me siento arruinado definitivamente a causa de la ambición arrolladora proyectada en el deseo.  Mi vida se ha desmoronado.

Así que ha de ser fácil para este segundo Dragón desintegrarme.  Y tal cual predicho, sin ningún esfuerzo, este Dragón también me lleva hasta su boca para tragarme.  “¡Que me trague entonces!, poco me interesa” – murmuro imperceptiblemente.

Pero antes de ser engullido, en la aproximación a su boca, puedo verlo nítidamente y descubro de quien se trata, ahora sé quién es en verdad esta nueva bestia.

Lo contemplo desde muy cerca y presencio su rostro real.  Es la cara del Vicio.  Es la Fuerza imponente que se manifiesta como consecuencia del Deseo insaciable que se reviste de Vicio.  Es el vicio de los seres humanos.  Es mi propio vicio.  Y el Vicio no es otro que el lado visible del Apego desquiciado.

He deseado y me he apegado a los objetos de mi deseo.  Ahora sé que el deseo es implacable aun cuando se cumpla, porque entonces se generará apego por los resultados del deseo cumplido, y esto en si mismo, tarde o temprano declina en vicio.

Irónicamente, es el mismo apego al deseo cumplido o incumplido, lo que resulta un vicio.

Entonces, en definitiva, el desear es el vicio.

Y mientras este segundo dragón comienza a devorarme, me muestra las variantes del vicio en sus múltiples facetas, y mientras tanto, progresivamente me va desintegrando como individuo y como entidad consciente, porque me aliena el espíritu con pautas desvirtuadas y me socava el ser esencial con vivencias ajenas a la realidad existencial.

Ya no puedo pensar porque tantos deseos me han intoxicado.  Ya no sé quién soy porque el deseo me ha cambiado.  Me confundo porque estoy apegado a varias formas viciadas dentro de mí, pero que ahora, ni siquiera luchan entre sí como lo hacían antes con el deseo.  Ahora ni siquiera estoy en guerra conmigo mismo.  El vicio me ha vencido.  Se atrofia mi razonamiento y me extravío en un laberinto de autoengaño conformista que me separan de mi verdadera identidad esencial en el sentido primero y último de mi elevada humanidad.  Me dejo arrastrar sin ninguna resistencia a una decadencia aun mayor que la que sentía con el primer Dragón.

 

Así, consumido y desfalleciente, me arrebata el tercer Dragón de las garras del segundo.  “¿Qué más podrá sucederme?” – me pregunto sumamente desmoralizado, “si ya estoy completamente acabado”.  “¿Qué más podrá venir después del Deseo y del Vicio?” – me digo deduciendo en mis fueros más internos que ya nada más trágico podrá ocurrirme.

Pero no es así.  No es tan simple.  Al parecer, todavía es mucho más lo que puede acontecer y lo que puedo padecer a partir del deseo básico que me ha mostrado el primer Dragón.

Esta tercera bestia también intenta introducirme dentro de sus fauces nauseabundas, pero antes de que lo logre, débilmente me esfuerzo como puedo y lo miro desde tan cerca que logro distinguir su verdadero rostro.  Y una vez más, no se trata de ningún Dragón, sino, del Dolor y del Sufrimiento.  Ahora es cuando empiezo a sentir que realmente se acentúa mi autodestrucción.  Esta demolición interior es el resultado de la consecuencia del deseo.  Ahora siento un infinito pesar que hiende mi alma.

Con este Dragón del Dolor y del Sufrimiento, como resultante del Deseo y del Vicio, me hundo en una ciénaga de lodo estancado y repugnante fermentación.

Aquí es donde se inicia mi verdadero padecimiento.  No fue con el deseo que parecía darme vida, no fue con el vicio que parecía llenar mi vida, sino que es con el dolor de verme tal cual, en mi naturaleza más baja.

Paralizado, sin siquiera mover una pestaña.  Porque no puedo moverme.  Sumido en una terrible depresión, me dejo caer cada vez más profundamente en un pozo sin final, donde me consumo en la mayor aflicción de verme a mi mismo reducido a esta condición de tremendo sufrimiento y dolor, causado por mi mismo.  Es inaceptable, pero ya nada puedo hacer.  Me alimento del Dolor y me nutro con más Sufrimiento todavía;  como una necesidad enfermiza de sufrir aunque sufra en una reacción de reciprocidad agonizante, que por extraña razón deseo, pues, por ende, puedo justificar con ello y lucir la excusa de mi destino decadente.  Es que cuanto más dolor, más me nutro del sufrimiento en el que estoy.  Ahora ya es imposible liberarme.  Estoy a gusto en mi sufrimiento, me muero con placer, porque al menos este deseo de morir será totalmente cumplido.

Podría haberme liberado del deseo desmedido y del deseo insatisfecho, esto hubiera sido más fácil;  podría haberme liberado del apego hacia los objetos y del vicio del apego por las cosas, esto hubiera resultado más sencillo;  pero no puedo liberarme del dolor, porque el dolor es el sufrimiento de no haberme liberado del deseo y del vicio.

 

No obstante, después de pensar esto, como si nada, el cuarto Dragón que se estira desde su gran columna me arrebata de la tercera bestia.  Lo observo con la mirada acabada y perdida del último adiós, y aun así, en esta tribulación final, desde esta gran depresión, me surge el endeble último deseo de saber quién es.  Distingo empañadamente su verdadera cara.  Es el rostro de la Aniquilación.  Y entonces suspiro agónicamente.

“¡Al fin, llegó mi hora!”

Es la Aniquilación total de lo que alguna vez fui, la aniquilación de ese niño inocente que alguna vez me sentí, de todo lo que soñé y anhelé.  Es la Aniquilación de mi ser esencial, de mi ser puro;  es la aniquilación por la que se desvanece todo vestigio de frescura y candidez transformados en la imagen horrenda e inmunda de las falsas máscaras autocompasivas que presuponen aliviarnos de la propia inmolación.  Y así y todo, me digo a mi mismo, “sigo siendo un ser humano” como un intento estéril de escaparme de esta cruda realidad.  Pero no basta, porque se que en algún lugar está el ser humano, pero no lo veo.

Bienvenida entonces sea la aniquilación.

Pienso esto porque a causa de la gran corrosión interior que invade mi ser adueñándose de mí, ya a esta altura y en esta situación y condición, la aniquilación puede interpretarse como una bendición.

Y en la profundidad de esta inexorable autodestrucción, siento el goce macabro de ser por fin aniquilado, porque supongo que con esta destrucción, al menos me estoy salvando de mi mismo, de lo que podría llegar a seguir haciéndome.

Además, ¿cómo puede aniquilarse lo que ya está destruido?  Al fin de cuenta, no será necesariamente más doloroso de lo que ya es.

Y justo cuando estoy alucinando que esta aniquilación es la liberación de todos mis pesares, me sustrae el quinto Dragón, que por sus rugidos escalofriantes parece ser la peor de todas las bestias.

 

Lo miro con odio, porque aunque la aniquilación sea una elección horrible, él me privó de la liberación que tan cerca ya se encontraba.  Y este odio me da una fuerza inusitada, la cual había perdido desde un primer momento.

Llegué a este punto del que no me he liberado de nada, o bien, me he liberado de la aniquilación, y sigo prisionero en esta forma de vida oprimida y desvalida.  “¡Suéltame!, ¡Suéltame!” – vuelvo a gritar como al principio, pero esta vez con un gran odio.  “¡Déjame con la Bestia de la Aniquilación!”.

Entonces me doy cuenta de que el mismo Odio hacia este quinto Dragón no me deja ver nada.  Lo miro con odio, y quiero verlo desesperadamente para saber de quién se trata, y es como si no mirara nada.  No consigo verlo.  Mi odio me enceguece.

Tan sólo veo mi propio odio reflejado, veo el rostro de mi odio pero no puedo ver la cara del Dragón.  Lo odio con todas mis fuerzas, pero no sé quién es.

Quiero verlo, saber quién es en realidad, y el Odio que es ciego no me deja ver. 

No puedo verlo, ni siquiera alcanzo a distinguir una imagen imprecisa de quién podría ser.

No sé quién es esta bestia que ha despertado todo mi odio.

Hasta ahora no había sentido odio, sí desesperación, resignación, desconsuelo y aflicción, con cada Dragón en particular, pero no odio.  Y este odio creciente es la fuerza de la maldad, de la venganza y del crimen, de la deforestación de toda pureza esencial.

Y en el colmo de mi odio, incalculable, inmedible, que me carcome, me doy cuenta de que al ser este Dragón el quinto, el último, con él me he de quedar;  así que aquí ha terminado el agónico recorrido de pases de uno a otro, y en el colmo de mi desgracia, terminaré sin saber quién es la última bestia que me sentenciará al suplicio eterno.  Y en este último desconsuelo, mi última dubitación es acerca de lo que me deparará el destino, pues si esta bestia me arrebato la aniquilación, qué me sucederá ahora.  ¿Qué podría ser trágico que lo ocurrido?

Necesito saber de qué se trata este último estado al que he arribado con el quinto Dragón.

Quiero verle la cara, necesito conocerlo, no quiero sucumbir sin saber quién fue finalmente lo que me poseyó y se adueño de mi última esperanza.  He llegado a este punto, y ahora no voy a renunciar.  El odio ha despertado esta gran fuerza mí y debo aprovecharla.  Quiero verlo.  Quiero verlo.  Es como el punto de partida... vuelvo a desear intensamente.

Pero el mismo odio no me deja verlo.  Siento su aliento en mi rostro.  Siento su boca abierta muy cerca de mí.  Siento parte de mi cuerpo y mi ser dentro suyo.  Y sé que esta situación es concluyente, y no podré verlo si persisto en mi odio.

Y aun con todo el rencor y aborrecimiento, decido ir en contra de mi propio odio, sólo para verlo.  Nada más que para verlo.  Me cuesta mucho hacerlo.  Parece imposible, pero trato de no odiarlo con el afán de sanarme de la ceguera y poder ver quién me ha arrebatado mi última posibilidad de liberación.  Pero no puedo dejar de odiarlo y la bestia sigue siendo invisible.  Sólo veo mi propio odio.

Hago un esfuerzo sobrehumano y entonces consigo detectar la brecha interior para superar este gran odio, justo cuando estaba por desfallecer de odio;  justo cuando me estaba por entregar a esta última condición de resentimiento estancado, cuando no había ninguna posibilidad de odiar más de lo que odiaba, me percato del modo en que ha de ser posible superar el odio.  Una alquimia no buscada en el límite del Odio se produce en mi interior, justo cuando el aborrecimiento da la vuelta, justo cuando se retorna a ese punto límite en el que ya ni siquiera queda la posibilidad de odiar nada, porque se descubre que el odio sentido hacia todo no es más que el odio hacia uno mismo.

Esta misma comprensión es la transmutación del odio.

Sí, así es, el inmenso odio hacia este Dragón, hacia la vida, hacia los demás, hacia las cosas, no es otro que el profundo odio hacia uno mismo.

Descubrir esto, comprenderlo, me modifica substancialmente.

Es evidente que la causa de mi odio se encuentra en mí.  No estoy odiando otra cosa que aquello que desprecio en mí mismo.  Y al darme cuenta de esto se inicia la posibilidad de no sentir ningún odio por el Dragón o por la forma que éste representa.  Es algo que he creado yo mismo y lo he generado;  el Dragón y la circunstancia en sí no tienen relación alguna con mi odio, sólo existen como consecuencia y yo les permití alojarse en mí para encontrarse con mi odio que estaba desde mucho antes.

Se trata del odio encubierto, del odio que no se reconoce como odio, por eso pasa inadvertido por quienes se consideran buenas personas, hasta que en algún momento aflora odio revestido de motivos, aparentes, que desvirtúan la verdadera causa.  Y también está ese odio que no se expresa como odio, pero que se delata en actos y acciones muy simples, incluso aceptadas como naturales por una gran cantidad de personas dentro de la sociedad;  pues, se trata de ese odio en su estado de lactancia o semilla que reluce en el trato inadecuado, en la relación insensible e interacción desarmonizada con el medio, con las formas de la naturaleza, con las expresiones de la vida, con los tesoros del ser, con la conciencia existencial.  Estas son expresiones sutiles de un odio inexplicable...  quizás sea por la inaceptable muerte hacia la cual nos dirigimos.

 

La proyección de mi odio es exclusiva responsabilidad mía, y nada ni nada está involucrado en esto.

Me viene al recuerdo la imagen de Trueno Del Alba cuando había enfermado por propia decisión y voluntad, y también me llega la manera de cómo se sanó y en dónde estaba la clave.

De este mismo modo, algo tremendo sucede dentro de mí.  Algo se transmuta irreversiblemente.  Y mi existencia cambia definitivamente.  Entonces el odio comienza a transformase en compasión, aflorando la noble cualidad humana, y entonces sobreviene el sentimiento amoroso.

Sí, ya no siento ningún odio hacia el Dragón.

Y estirándome y asomando mi cabeza de entre sus mortíferas garras, logro verlo con toda claridad.  Desde mi aceptación total, desde mi corazón herido y amoroso, lo veo finalmente en toda su magnitud.

Y mis labios esbozan una enternecedora sonrisa al observar la naturaleza intrínseca de este Dragón y reconocer el rostro de la Ignorancia.

Sí, esta bestia es la Ignorancia, la ignorancia de los hombres que se encaminan a la autodestrucción de su ser esencial.  La ignorancia que pisotea la auténtica Naturaleza esencial y elevada de los seres humanos y mancilla el Alma evolucionada con la indiferencia y el desinterés por las cosas verdaderas.

Esta es la Ignorancia que alimenta al Deseo, que lleva al Vicio, que desemboca en el Dolor, en el Sufrimiento y en la Aniquilación de lo más sublime y esencial que tienen los seres humanos, desatando el odio por uno mismo, corrompiendo el sentido primordial del espíritu que palpita en cada persona, y que extirpa toda posibilidad de trascendencia psíquica hacia los planos más elevados de la conciencia.

La Ignorancia es la auténtica Oscuridad, es la noche más cerrada, es el abismo insondable que se abre ante la humanidad para que ésta se sumerja en las penumbras de la confusión y el desacierto mayúsculo, siendo la ignorancia, y únicamente ella, la calamidad más nefasta y terrible que se cierne sobre la civilización.

 

De este modo, en el preciso instante en que el quinto Dragón, la bestia de la Ignorancia, me acerca lentamente a su boca para tragarme, he logrado liberarme hasta del último indicio más ínfimo de odio;  y, no sólo eso, sino que además experimento una irrazonable comprensión que incentiva un sentimiento de amor incomparable, lo que, precisamente, me permite comprender ampliamente toda esta situación.  Y entonces alcanzo a ver la ignorancia en toda su dimensión, aun más allá de lo que alguna vez la había considerado.  La ignorancia no es analfabetismo, no es falta de conocimiento, sino que es ausencia de valores verdaderos, tosquedad en la percepción de lo esencial, barbarie hacia el ser psíquico espiritual cuando no recibe el debido cuidado y atención amorosa.

 

Entonces el deseo no es la primera causa, sino que la ignorancia lo es.  Por eso el quinto Dragón es en realidad el primero.

Al cerrar este círculo y unirlo a ambos, se descubre que no es incorrecto el deseo natural o el desear naturalmente, sino que lo que realmente es dañino es la inconsciencia del deseo y ser arrastrado por él mecánicamente.  Es decir, lo realmente perjudicial para la evolución del alma es cuando el deseo se torna patológico y entonces se desea desear por el deseo en sí, y de esta manera se desea inconteniblemente, se desea y se desea sin ninguna satisfacción verdadera por todo lo que la vida brinda indiscriminadamente de manera permanente.  O, por otro lado, lo trágico de desear es estar sumamente dependiente y sometido a los resultados del deseo, al punto de sentir la vida supeditada al logro de lo que se ambiciona y nada más, porque cuando los deseos no se cumplen, entonces surge un profundo vacío que generalmente termina llenándose con cosas insustanciales y triviales que pasan a conformarse en factores de vicio.

Y lo que sigue es bien conocido.

Primero están los deseos, y a ellos le sigue el apego enfermizo a los objetos del deseo que se han cumplido o la frustración por el recuerdo atormentador de los sueños incumplidos, lo que en todos los casos genera un campo propicio para el vicio en sus múltiples variantes.  Desde ya que orientarse por esta dirección resulta ser un camino inevitable hacia el dolor y el sufrimiento, lo cual, de modo irremediable, desemboca en el aniquilamiento de lo esencial y en la destrucción concreta de la persona cuando la disipación de lo real se convierte en odio hacia la vida en general, o, en el mejor de los casos, produce una indiferencia y apatía desoladora.  Y lo último que sobreviene, que no es lo último, sino lo primero, es el quinto Dragón, la ignorancia, la responsable de lo más nefasto que puede sucederle a los seres humanos.

Y la ignorancia es lo primero ya que desencadena todo el proceso destructivo de los hombres, pero aparece recién con el último Dragón, porque es a través de su reconocimiento que puede deshacerse todo el anterior proceso decadente anquilosado, para revertir el inexorable destino que fija la autodestrucción.  Y el reconocimiento en sí de la ignorancia ya es sabiduría, y es la base para proyectar y reestablecer un nuevo camino de construcción personal para la evolución del alma.

 

Conforme a estas impresiones, voy comprendiendo que la ignorancia no es una enemiga, sino un estado básico del cual todo ser humano debe surgir y sobreponerse;  un estado que en la medida que se sublimiza, cambia de nivel expandiendo la propia dimensión de ignorancia, abarcando niveles superiores de ignorancia;  es decir, que la ignorancia no se trasciende sino que se eleva, porque en la medida que se la puede asumir con la conciencia adecuada, se torna sabiduría, y más sabiduría.  Se trata de sabiduría de la ignorancia, pero nunca del conocimiento o de la razón y de la especulación intelectual.

Por eso, lo peligroso no es la ignorancia, sino que no haya conciencia de ella.

Es que, básicamente, la Ignorancia y la Sabiduría son exactamente lo mismo cuando se aprecian y se vivencian desde la condición potencial de la grandeza esencial de los seres humanos;  esa grandeza esencial que está latente en todos, pero sólo se expresa a partir de una mayor humildad asumida por los Seres Sabios que han despertado y están conscientes de su propia ignorancia, a la cual responden con una actitud de aceptación, tolerancia, respeto y amor por todo.

 

... De este modo, en este preciso momento, justo un poco antes de llegar a sucumbir a mi estado de ignorancia inconsciente, y sin saber quién era la última bestia debido a mi propio odio que me impedía reconocer su real naturaleza, empiezo a sentirme insignificante ante la mayúscula dimensión de lo esencial que acabo descubrir, y por ello asimilo naturalmente un sentimiento de profunda humildad.

He despertado a una nueva visión respecto de la realidad que no estaba consciente.  Ahora comprendo lo que antes no veía.  Porque al liberarme del odio, que en si es el mayor y último producto de la ignorancia, y al reconocer y aceptar mi condición de innata ignorancia, y, a su vez, comprender que no es verdad aquella condición que reniega de la ignorancia con la creencia errónea de saber, doy mi primer paso hacia la auténtica luz de la sabiduría.

Sí, así es, ésta es la sabiduría derivada de la misma humildad que permite el esclarecimiento de la ignorancia original, lo cual disuelve todo odio y revierte toda aniquilación, porque el dolor y el sufrimiento se vuelven insustanciales ante el desprendimiento de toda persecución de objetos ilusorios;  y al desaparece el apego también lo hace el vicio cuando cesa el deseo de desear por desear;  y simplemente se comienza a vivir celebrando cada instante, porque cada momento es único en la vida brindado como un regalo de la Existencia.  Con esta conciencia, ¿qué espacio queda para desear qué?

En esto ya no hay deseos ni apegos, porque la ignorancia se ha vuelto sabiduría.

Y sin más necesidad que vivir consciente de la inmensa esencialidad que nos atraviesa, que nos rodea y que nos llena, sensibles en todo momento hacia lo que la vida nos prodiga, tesoros exuberantes por doquier, ya no quedan motivos para aferrarse y seguir esclavizado a nada en absoluto.

 

Entonces, la real naturaleza de este Dragón se me revela en todo su despliegue.  Ya no hay más ocultamientos ni misterios, ni doble juego ni enredo alguno.  Ya no les temo a ninguno de ellos porque he conocido la causa de sus existencias.  Han dejado de ser las bestias creadas por mi ignorancia.

 

E irónicamente, el primer resplandor que vislumbro en toda esta oscuridad infectada por el aliento fétido de los Cinco Dragones, la primera chispa de luz que me llega y me alumbra en el ocaso de lo que fui, es un pequeñísimo brillo que destella desde uno de sus colmillos.  Paradójicamente, la luz que me salva y renueva mi vida interior, proviene del mismísimo mal que me sucumbe e intenta despedazar con sus afilados colmillos.  Tan cerca de su boca estoy, a punto de ser engullido y desmembrado por sus poderosas mandíbulas, y me resulta irónico que sean esas pavorosas fauces terriblemente siniestras las que me reflejan la luz.  Y es un rayo tan minúsculo pero que al atravesar mi pupila me encandila con inmenso resplandor de sabiduría.

De aquí el surgimiento de un estado de conciencia y de una gran tolerancia que siento hacia mí por lo que antes no entendía, y tolerancia hacia todo ser humano que no comprende el sentido esencial del Bien y del Mal como aspectos inseparables y complementarios de su propio ser y de su auto-Realización.

Y siento una inmensa tolerancia que en realidad es comprensión, y a su vez, una compasión que se transforma en amor, y es amor por mí y por todos los seres, por la naturaleza íntegra y por el universo entero.

 

Esta pequeñísima lucecilla emergida desde uno de los colmillos del quinto Dragón reactiva mi esencia subliminal dormida y comienzo a percatarme del Poder de la naturaleza y de sus leyes inteligentes, y además me doy cuenta de que ese gran conocimiento y sabiduría están en mí, que despuntan como resultante del reconocimiento de la ignorancia acerca de la existencia inconmensurable.

Poco a poco se acrecienta en mí la Fuerza de los Elementos y resurge el Espíritu de los Animales, y mientras voy tomando mayor conciencia de la Verdadera Naturaleza Original, otra luz mayor muy resplandeciente y cristalina despeja las tinieblas y disipa hasta la más mínima oscuridad que se ha generado en este lugar, barriendo todo vestigio de sombra, de confusión y dolor.

Entonces, todo se vuelve luminosidad y nítida claridad.

 

 

III

 

Es un hermoso atardecer.  La conjunción ya quedó atrás.

El sol brilla refulgente posado sobre la línea del horizonte.  La luna un poco más arriba aletargada, y la estrella del ocaso es otra vez un puntito desapercibido encaminado hacia el cenit.  Ni siquiera una sola nube pinta el firmamento.  Es un cielo nuevo, inmensamente profundo que siento reflejado en la humedad de mis ojos;  y no me pregunto ¿adónde ha ido a parar toda la oscuridad?, porque ahora sé muy bien dónde se encuentra.  Está dentro mío tanto como la luz.  Ya no podré engañarme más.  Ahora reconozco el Mal en toda su amplitud, incluso como gran colaborador del Bien cuando el alma se ha sensibilizado y el corazón se ha abierto.

 

Me encuentro recostado sobre la lisa losa circular con la ropa todavía mojada después de haberme caído mientras caminaba por el lago.  Levanto mi cabeza y observo en dirección de los Dragones, y sólo están las cinco columnas de piedra esculpidas y talladas por manos artistas con inscripciones en un lenguaje desconocido por mí;  quizás relate en la lengua de nuestros antepasados el misterio de la Gran Iniciación para la Incorporación de la Fuerza.  En cada columna, también están grabados un círculo dividido al medio con un trazo ondulante, una estrella de cinco puntas y un octógono en relieve, y en su base, un dibujo de un pequeño y simpático dragoncito, con grandes alas y un corazón prominente que se eyecta desde su frente.

Al costado de una de las columnas, contemplo nuevamente el sol a mitad de ocultarse, es la puesta, y es el crepúsculo más hermoso que he presenciado alguna vez.  Nunca lo olvidaré.  Entiendo que ha pasado bastante tiempo, y que el encuentro con los Dragones que me pareció un instante, en realidad se ha prolongado a lo largo de toda la tarde... de toda una vida, de varias si se quiere, considerando la nueva vida que ahora siento.

 

Entonces observo hacia la orilla y distingo a los dos grupos de mis amigos reunidos con los Shamanes Nieves y Cielo Abierto.  Ellos me aguardan pacientemente sentados alrededor de una pequeña fogata que encendieron.

Me dispongo a incorporarme y a caminar hacia ellos aun con lágrimas en los ojos.  Dejo atrás la plataforma de losa circular y, al llegar a la orilla, Fragancia que Asciende avanza y me abraza cálidamente.  Lo mismo hace el resto del grupo.  Nos abrazamos como quienes sobreviven a una tremenda batalla o a una catástrofe inconmensurable o como quienes han despertado a una nueva dimensión y en quienes ha amanecido un nuevo ser.  Y luego me acerco a Nieves y a Cielo Abierto, y los abrazo intensamente, compartiendo el inmenso amor que estoy experimentando.

 

Esta es la gran prueba que han superado, – dice Cielo Abierto dirigiéndose a los dos grupos –, y seguramente la recordarán por siempre a lo largo de sus vidas.

Guarden esta vivencia en lo profundo de sus corazones y atesoren la enseñanza que hayan captado – agrega Nieves –, no efectúen ningún comentario sobre lo acontecido con quienes aun no hayan recibido esta Iniciación, a fin de que cada miembro del pueblo, en el momento más indicado, pueda tener su propia vivencia personal.

Y sigue diciéndonos: – Las iniciaciones tienen como objeto brindar una experiencia directa de la simbología metafísica para traer al campo de la vivencia corriente las verdades esotéricas del mundo subliminal.  Cuando se atraviesa una iniciación un neófito se vuelve un sabio y así el aprendiz se torna el maestro;  es cuando el buscador no sólo encuentra su camino interno de vida, sino que además lo recorre íntegramente.  Porque la iniciación es el medio para despertar el inmenso potencial latente de conciencia expansiva que se encontraba adormecido.

Desde ya que el sentido iniciático y el aspecto primordial de la iniciación es precisamente, como bien lo expresa la raíz de la palabra, el de iniciar... iniciar una nueva etapa trascendente.  Y en esta circunstancia específica, tan particular, ustedes han iniciado el retorno a lo esencial, el viaje hacia lo sublime y magistral por el camino de regreso a ustedes mismos para el descubrimiento de la verdadera naturaleza substancial.

A partir de ahora – concluyó Cielo Abierto –, ya están plenamente preparados y capacitados para afrontar la Edad Ensombrecida que se avecina.  Transmitan esta confianza y esta Fuerza que ahora tienen a las futuras generaciones.

 

De este modo, ya iniciados en el mundo de los Cinco Dragones, emprendemos el camino de regreso sin decir palabra alguna, porque cada uno se encuentra sumido en sus propios sentimientos.  Y callados avanzamos a paso lento por lo que parecen ser caminos suspendidos en el aire, detenidos en el tiempo, como permitiendo que se asiente y madure la Iniciación que acabamos de atravesar y asimilar.

No sé cuál ha sido la vivencia de cada uno, no se si hemos experimentado lo mismo o algo totalmente diferente, pero lo que sí sé, porque lo veo en cada uno, es que ninguno de nosotros es lo que antes fue.  Pues, somos conciencias muy distintas a las de esta mañana, a las de ayer, porque hemos asumido a partir de ahora la responsabilidad de nuestra propia evolución.

 

 

 

 

Este relato intitulado “La Incorporación de la Fuerza” también podría llamarse:    

 “Los Poderes de la Naturaleza”, o bien, “el Principio del Bien y del Mal”.

 

Y a través de él se presenta el tercer Mensaje que afirma la posibilidad de despertar y desarrollar en uno mismo la Fuerza potencial de los Elementos e incorporar el Espíritu latente de los Animales para vencerse a si mismo;  es decir, con el propósito de trascender la naturaleza inferior que encubre la Verdadera Naturaleza Interior de los seres humanos, y así captar la Esencia subliminal de la Existencia.



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