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4.El Mundo Interior

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Capítulo

CUATRO

EL MUNDO INTERIOR

 

 

Ya con el sol durmiendo detrás de la Gran Montaña Anciana de Cabeza Blanca, todas las especies de la noche despiertan y comienzan a emitir sus respectivas sonoridades, y las variadas resonancias son infinitas e inmedibles.  Porque aquellas criaturas que no se animan a cantar de día para no quedar expuestas, por la noche empiezan a entonar los más extraños y a veces simpáticos ritmos, como coros ancestrales que intentan transmitirnos sin palabras las enseñanzas de nuestros antepasados.  Ellos hablan desde su posición tan minúscula, de la vida esplendorosa, de la naturaleza en su plenitud, y del ser palpitando vívidamente en la imponente existencia.

Me resulta muy poco tener solo dos oídos para escuchar estos incontables ecos y armoniosas reverberaciones acústicas que recorren el espacio de esta noche singular, ritmos y compases que jamás podrán igualar los excelentes músicos de mi pueblo con sus fantásticos instrumentos.  Queda claro el significado de lo que insinúan los sabios músicos cuando dicen que apenas son emuladores de la melodía intrínseca en la naturaleza.

Por otro lado, también contemplo con la mente absorta las innumerables diminutas fogatas que titilan en el amplio manto de la bóveda nocturna que simulan ser estrellas, y luego observo esta otra fogata que se encuentra a unos pasos de mí, que arde gracias al fuego que trajo la gente del Asentamiento Dorado.  Me embeleso mirando las chispas que se elevan por encima de las brazas hacia el cielo, y me pregunto si no serán las mismas que alumbran en el firmamento.

Fragancia Que Asciende está a mi lado.  Este es un momento de mucha tensión para mi pueblo, y hasta los niños están desvelados.  Ocurre que el muy querido Trueno Del Alba, se encuentra gravemente enfermo;  porque a pesar de su juventud contrajo un mal desconocido, el cual está apagando inexorablemente su vida.

Y mientras observo las lumbreras que ascienden del fuego, también reflexiono si esas chispas no serán un símbolo de nuestras propias efímeras vidas que se encienden y se apagan en su fugaz existencia.  Pero las chispas del cielo nocturno que nunca se apagan me transmiten la seguridad de que Trueno Del Alba se va a curar.  No sé cómo, pero lo presiento.  Ellas me dicen eso.  El canto de los seres nocturnos también me dicen eso.  Es un sentimiento contradictorio, que por un lado me hunde en la congoja y por otro me llena de confianza.

 

Sin embargo, a pesar de tener la certeza de que va a sanar, no se disipa la tristeza que sentimos todos.  Es que no encontramos respuestas a su dolor ni alivio a su profunda pena, y sólo acompañamos lo que parece ser su último momento, sin otra cosa que hacer más que presenciar al Guía Blanco de la Ciudad Dorada que intenta salvarlo, y que al mismo tiempo nos prepara diciendo que la muerte es ilusoria y que la vida es eterna.

 

El Guía, luego de conversar con Soplo De Estrellas, el Sanador del pueblo, y con la amada Dulce Rocío, la sacerdotisa, se acerca despacio hacia mí y me dice susurrando:

Tú eres un observador nato y siempre estás muy atento a todo lo que sucede a tu alrededor.  Tu actitud es la de un pensador comprometido, por eso mismo puedes ayudar a Trueno Del Alba a deshacerse de su enfermedad.  Es necesario que él también piense, vea y comprenda la raíz de su desequilibrio, porque justo allí se halla la causa del mal que lo aqueja.  Y tú puedes indicarle ese camino de auto observación esencial.

Dicho esto, me pregunta:

¿Aceptas colaborar?

, por supuesto – respondo, sin saber exactamente a lo que se refiere o de qué manera podría ayudarlo.

Estoy dispuesto a hacer lo que fuera con tal de que Trueno Del Alba se mejore y siga viviendo entre nosotros.  Porque de tener que marcharse hacia la dimensión de nuestros ancestros, grande va a ser la pérdida para todos nosotros y enorme nuestra tristeza aunque sepamos que allá será bien recibido para iniciar una nueva existencia.

 

Dice el Guía del Asentamiento Dorado que la vida es una prueba y cada persona se prueba a sí misma en el acontecer de su existencia.  Y que el camino de auto-Realización transitado a conciencia, es, justamente, la prueba del espíritu para reafirmar su alma esencial que se ilumina a través del mismo peregrinar, aún cuando la historia completa del universo no es más que un efímero e insignificante instante de la infinita eternidad.

Expresado esto, el Guía Blanco de la Ciudad Dorada comienza a efectuar algunos pases extraños con sus manos y arroja un polvillo amarillento por el aire que cae en parte sobre mi rostro.  Seguidamente repite varias veces una frase ininteligible, algo así como jai-dem-gun-kon, expresada en una lengua antigua derivada de la arcaica monosilábica, y entonces dirige su mirada hacia mí.  Muy lentamente cierra sus párpados y una fuerza mayor me impele a realizar lo mismo.  Así, cierro mis ojos y percibo que se abre el vasto horizonte de una visión superior.

Un torbellino de historias se precipita en mi interior, circunstancias de la vida momentos del existir, y las incontables experiencias de los seres humanos.  Los sueños, los temores, la esperanza y la resignación, la amargura y la felicidad, se combinan en infinitas situaciones que van delineando la vivencia particular de cada alma.

De pronto, inesperadamente, me encuentro frente a la entrada de una gruta que me parece familiar, ya conocida de antaño, o al menos, muy similar a un vago recuerdo conmovedor de algo que no puedo definir con precisión, pero me estremece hasta la médula, lo cual motiva mi andar más rápido para ingresar y ver qué hay adentro.

 

Supongo que ingreso en esta gruta buscando algún elixir curativo o alguna hierba mágica que sane a Trueno Del Alba.  El Guía Blanco mencionó una raíz, dijo que debía ver la raíz, pero ¿cuál será?  No sé con exactitud qué he de hacer aquí adentro pero aún así avanzo decididamente.

Ya en su interior me detengo a observar más detenidamente este espacio subterráneo, y me doy cuenta que pese a que hay un cierto resplandor, no ilumina el lugar que permanece en penumbras.  Veo una luz que no ilumina y me resulta lo más infrecuente que observé en mi vida.  Como si se tratara de una nube azabache, se condensa una sombra que me rodea, sin embargo, no es la sombra de nada.  Qué raro, pienso.

De hecho, puedo distinguir que este lugar ha sido alguna vez hermoso.  Hay muchos indicios que lo delatan.  Porque, como escondido detrás de las sombras puedo percibir cristales y piedras preciosas multicolores, pero sofocadas al extremo.

¿Cómo habrán llegado estas nubes sombrías hasta aquí?  ¿Cómo podría retirarlas a fin de que este lugar vuelva a brillar?

En el mismo instante que me formulo estas preguntas, por uno de los múltiples pasajes que desembocan a este sector del reducto, entra arremolinándose un vaho aun más oscuro mientras escucho una voz de ultratumba que murmura:

No pude hacer nada con mi propia vida.  Me he equivocado tanto, y tantas veces...  No sirvo para nada y me agobia el desconsuelo de ser tan imperfecto y de no haber logrado ninguna realización significativa.

 

Estas palabras me desconciertan y me golpean tremendamente, así que avanzo resuelto a investigar de qué se trata.  ¿Quién será que habla?, me pregunto.

Camino diligente por uno de los incontables corredores acercándome, según considero, hacia ese lugar desde donde provino dicha exigua voz, que, según estimo, podría tratarse del núcleo central de la gruta.

 

En este momento de mi andar apresurado y en el descuido de la prisa, golpeo el codo contra una saliente lateral del pasaje, y descubro que todas las paredes están recubiertas por una costra rugosa compuesta de no sé qué, que al rasparse deja al descubierto un brillo refulgente que ilumina los magníficos tesoros ocultos detrás.

 

Entonces, a toda velocidad descascaro la costra adherida, sacando grandes capas para que la luz aclare el lugar y los tesoros tenuemente perceptibles queden al total descubierto.

¡Es colosal!, me digo a mi mismo en la medida que voy viendo la pureza del resplandor y la belleza aquí atesorada.  Pero inmenso se torna mi asombro al darme cuenta que con la misma rapidez que retiro esas capas ensombrecidas, inmediatamente vuelven a formarse, creándose nuevamente, e incluso, más robustas todavía.

Exasperadamente trato de hacerlo mucho más rápido, y así quito las capas una y otra vez, de un costado, del otro, de la manera más veloz que puedo, pero todo este trabajo es en vano, porque con la misma rapidez que las arranco se vuelven a formar.

En el colmo de mi frustración supongo que ni con todo el pueblo realizando esta tarea al unísono podríamos superar la velocidad con la que vuelven a crearse.  Sin embargo, aun en mi desaliento, continúo intentándolo durante un largo rato hasta que extenuado, me doy por vencido.  Entonces, otra vez vuelvo a escuchar la misma voz acongojada que esta vez dice en un eco ahogado:

No lo merezco...  No lo merezco...  No lo intentes porque no lo merezco.

 

Pero, ¿qué significa esta voz y quién será el que me habla?, me pregunto a mi mismo otra vez.  Y sumido en una insoportable inquietud abandono el pasaje de las costras continuando en la dirección desde dónde creo que puede provenir la voz.

A unos cuantos pasos llego a un lugar tremendamente helado, congelado, que amenaza con paralizarme.  Al parecer, éste podría ser el espacio central donde convergen todos los pasajes de la gruta.  Un frío descomunal penetra mis huesos, y un olor de muerte nauseabunda me invade haciéndome encorvar.

¿Qué significa esto? – Pregunto esta vez en voz alta, como si la voz anterior fuera a responderme, y, sorprendentemente así lo hace.  Me contesta:

Tengo que morir – Murmura en el mismo tono de voz pesada y sufrida como antes.

¿Por qué?, – pregunto con un sentimiento extremadamente compasivo.

Porque no quiero vivir más, pues, ya no tengo por lo qué vivir, – dice lúgubremente.

– Pero, ¿por qué?, – vuelvo a preguntar lo mismo aunque con una expresión de mayor desconcierto.

Porque no logré lo que otros consiguieron.

Y, ¿qué es lo que otros consiguieron? – digo, haciendo mi cuarta pregunta.

Es todo aquello que las personas alcanzaron hacer con sus propias vidas mientras que yo no pude hacer nada con la mía;  todos hicieron algo especial de sus vidas, como darle un sentido de utilidad que las hace dignas de ser vividas;  todos han alcanzado sus metas y yo no he podido lograr ninguna;  todos se han desarrollado en alguna profesión, han formado una familia, son amados y han sabido conquistar el corazón de los demás, pero yo no he sabido hacer nada de eso.   Todo son felices, y yo no he podido serlo jamás.

¿No crees que esta comparación es justamente la causa que te impide hacer tu propia experiencia y gozar de tu propia vida?, – formulo mi quinta pregunta.

Es que yo no sé hacer nada, ni siquiera dejar de compararme con los demás, por esto mismo... todo lo hago mal, porque en realidad nada hice, y por esta causa, nada supe hacer.  Y hasta en este último momento sigo haciendo las cosas mal.

¿Con quién estoy hablando?, – pregunto no por curiosidad, sino por un pálpito que me alerta.

Soy el poder que se entroniza soberano en la Cámara del Pensamiento – responde.

Y entonces efectúo mi última pregunta:

¿Dónde se encuentran los sentimientos?

Más adentro, – me responde.  Más adentro, – repite.

 

Sin haberlo notado, me encuentro parado sobre una abertura circular que se ubica debajo de mis propios pies que lentamente comienza a dilatarse abriéndome la entrada hacia un pasaje aun más subterráneo todavía.  Agachándome hacia la abertura y deslizándome por ella de manera descendente, atravieso toda esa muerte y putrefacción.  Es horrible todo esto, pero me animo a hacerlo sin titubear.  Padezco nauseas que me hacen tambalear pero me sobrepongo enseguida cuando vibra en mi tamaña compasión y enorme sensibilidad amorosa por este ser sumido en tan inmensa autodestructiva resignación.

Después de empujar unos pliegues congelados que impiden mi paso, y luego de sortear unas prominencias que obstaculizan el acceso, logro ingresar a un ámbito diametralmente opuesto, muy cálido y acogedor, una dimensión tan singular que difícilmente pueda relatar con exactitud, algo único en todo este recorrido, que no puede ser definido cabalmente mediante ninguna explicación.  Este es un lugar en el cual ha desaparecido el intenso frío anterior que helaba la Cámara del Pensamiento.

Evidentemente, sin ninguna duda, ésta ha de ser la Cámara de los Sentimientos.  Y es tan concreta y tangible la fuerza que aquí impera, que puedo tocarla y acariciarla aun siendo invisible.  Entonces me abrazo a esta forma sin forma que late y se estremece a mi alrededor...  y al mismo tiempo, me conmueve sobremanera porque también la siento adentro mío.  Y así, juntos, palpitamos un mismo sentimiento amoroso inconmensurable.

Sin dialogo, porque no tengo nada que decir, me abrazo enérgicamente.

No me es posible expresar palabra alguna.

Sólo lloro tomado de este ser inmensamente tierno que vibra en la frecuencia más elevada del sentimiento, la cual me penetra por cada uno de los poros del cuerpo e inunda mis células y átomos hasta la misma esencia, recordándome el verdadero sentido de la existencia.

 

He venido a buscar algo, sin saber qué, y jamás hubiera llegado a imaginar que recibiría tanto.  Tal vez, esto sea lo que he venido a tomar.  Pero me pregunto cómo haré para llevar un poco de este sentimiento sanador a Trueno del Alba.

Al cabo de un buen rato de continuar abrazado a este ser de mayúsculo sentimiento elevado, una voz muy dulce y sumamente agradable me pregunta:

¿Me puedes amar?

Enjuago mi garganta tragando saliva y le digo sin soltarme de mi abrazo:

Te amo con todo mi corazón.

Y, ¿te puedo amar de la misma manera?  Acaso, ¿puedo ser capaz y puedes permitirlo? , – pregunta vivazmente.

Ya me estás amando del modo más trascendente que se puede amar, – respondo entre lágrimas y estrecho aun más mi abrazo a esta fuerza imponente.

Y entonces digo algo más, no razonado, sino sentido en el alma:

Y también puedes amarte a ti mismo con la misma intensidad.

– ¿Sí? – Parece ser su última pregunta, y yo sólo puedo asentir:

Sí, inmensamente, querido amigo – concluyo.

 

Ya sin palabras, sigo ceñido amorosamente porque no solo he comprendido la raíz de todos nuestros males, sino que, además, he reconocido fehacientemente la fuente de la máxima plenitud y dicha que enaltece a los seres humanos.

 

En este mismísimo momento, al darnos cuenta ambos de lo mismo, al percatarnos los dos, digo, esa voz y yo, de la esencia que trasciende las formas, cientos de ventanas comienzan a abrirse gradualmente alrededor nuestro, y el calor de este lugar comienza a irradiarse hacia afuera, desbordando en toda la gruta, cubriendo cada pasaje y llenando hasta el último recoveco.

Con el corazón henchido de felicidad me despido de esa forma sin forma para emprender el camino de regreso, sabiendo que algo grande ha despertado, y quizás, algo de todo esto pueda transmitirle a Trueno Del Alba para que pueda sanar.

Y al separarme del penetrable abrazo rebosante de amor, observo más nítidamente que todo el brillo del recinto es refractado por incontables cristales de cuarzo celeste de todos los tamaños, lo cual provoca el efecto visual de un cielo cristalino tan puro como nunca antes lo había visto en toda mi vida.  Y al mirar hacia arriba observo infinitas estrellas rutilantes como las chispas que había visto ascender del fuego, y, extrañamente, aunque todo es luz, ellas se distinguen claramente en esa inmensidad celeste de ese cielo cristalino.  Entonces me inclino reverencialmente y tomo varios fragmentos de los cuarzos celestes pensando que quizás esto es lo que finalmente he venido a buscar, y que tal vez, tales cristales curarán a Trueno del Alba de su enfermedad.  De este modo, con ellos en mi bolso inicio el regreso hacia la entrada de la gruta.

 

Al pasar por el lugar de los Pensamientos oigo que ellos se ríen con verdadera alegría, y su risa retumba en toda la Cámara y se expande más allá, como un sonido cósmico incomparable, sagrado por excelencia;  y al transitar por los otros pasajes me maravillo contemplando millares de especies de mariposas transparentes y multicolores revoloteando y disolviendo con sus delicadas alitas los nubarrones ensombrecidos que contaminaban el lugar, al tiempo que, millares de diferentes tipos de grillos cantando y saltando desmoronan definitivamente los cascarones y costras que ocultaban el tesoro de las piedras preciosas incrustadas en las paredes de la gruta.  Y un néctar refulgente comienza a emanar de ellas transmutando el aire en una fragancia sin igual.

Asimismo, un fulgor resplandeciente y una suave melodía angelical bañan ahora éste lugar, y el encanto de una sinfonía colosal cubre todo el espacio interior de cada uno de los recintos, otorgando paz y armonía al alma.

Me acerco hasta los umbrales de la gruta y salgo con muy pocas ganas de hacerlo, mirando hacia atrás el inmenso alcance de la luz emitida desde su interior, que se refracta sobre todo lo que se encuentra en el exterior, a tal punto de no poder distinguir las formas presentes aquí afuera.  Todo es luz, una gran luz que todo lo ilumina y envuelve...

 

Se ha hecho de día y me encuentro sentado entre mi gente.  Poco a poco mis ojos van recuperando la visión que tanto resplandor no me permitía ver, y observo que los niños están muy contentos, Fragancia Que Asciende y Dulce Rocío bailan de alegría.  El Guía de la Ciudad Dorada se sonríe;  y Trueno Del Alba, feliz, sentado en su lecho aplaude y canta sin cesar.

 

Él ha sido la gruta de mi incursión...  ¡estuve dentro de él!

Y fue con su más elevada conciencia que he podido hablar en el seno de su profundo sentimiento, y es él de quien he recibido tan supremo amor.  Él ha cambiado mi vida para siempre y ha hecho de mí una persona nueva, y misteriosamente, él se ha sanado.

Los dos hemos sido sanados.

 

Esta es una mañana maravillosamente fresca;  y por eso se disfruta la tibieza del sol.  Los pájaros cantan, y todos en el pueblo, una vez más, podemos conocer en la simpleza del momento presente la absoluta felicidad.

De pronto recuerdo los varios fragmentos de cuarzo celeste que había guardado en mi bolso.  Y entonces urgentemente reviso para comprobar si no fue parte de una ensoñación imaginada, pero no, aquí los tengo.  Son reales.  Esta es la prueba de lo que ha sucedido.  Los tomo y permanezco contemplándolos largamente, pensando cuál será la utilidad de estos cristales tan especiales, que al fin de cuenta, Trueno Del Alba me obsequió;  tal vez, me digo a mi mismo, estos sean un símbolo del Cielo que todos acunamos dentro.

Después de esta reflexión y otras más, vuelvo a guardar los cristales de cuarzo celeste pensando que algún día se los entregaré a alguien, y seguramente para entonces, tal vez llegue ha comprender su significado y finalidad.

 

 

 

 

Este relato intitulado “El Mundo Interior” también podría llamarse:   

 “El Sanador Interno”.

 

A través de él se presenta el segundo mensaje que señala nuestra propia responsabilidad  frente a las enfermedades y de qué manera los pensamientos destructivos anulan las defensas del sistema inmunológico y bloquean las altas vibraciones que posibilitan un estado de salud radiante.

Destacando a su vez, que el sentimiento amoroso, la autoestima y la confianza en la Existencia, es decir, que la elevada conciencia es en sí la verdadera alquimia y el remedio más eficaz para restablecer el equilibrio perdido, la salud y las ganas de vivir.

 



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