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Capítulo TRES ORÍGENESEsta es una mañana típica de la temporada que nos corteja, cuando los hielos retroceden y los ríos se acrecientan. Temporada a la que los ancianos llaman: “el ciclo de las largas lluvias y los vientos embravecidos". El cielo está casi completamente cubierto por densos nubarrones, gris en un lado, un poco más oscuro a la distancia, y algo más claro por encima de nuestro pueblo. Muy esporádicamente caen unas minúsculas gotitas que no son de lluvia sino de rocío, como señal de que las heladas van amainando. Es de madrugada, y ya están asomando los primeros resplandores del amanecer; una claridad que deja al descubierto la magnitud de las nubes que se pierden en la mayor parte del horizonte. Se encienden millares de minúsculas lucecitas que destellan en las gotas de agua anidadas en los cogollos de las ramas más altas. La gran caída de agua se produjo durante la oscuridad del último sol durmiente. Pero ahora sólo quedan la tierra empapada y el cielo recubierto como recuerdo del llanto de las estrellas que nos brindan vida con el preciado líquido. En este tiempo la naturaleza comienza a desperezarse de sus muchas lunas de sueño, y los niños están más tranquilos porque las bajas temperaturas y los bramidos del cielo y de los enormes árboles del bosque han calmado su furia repentina. Poco a poco, renace el maravilloso espectáculo propio del nuevo ciclo que se avecina en esta etapa anual extraordinaria, cuando se producen esas danzas multicolores que hermosean cada paisaje de la Madre Naturaleza, y que todos, absolutamente todos, tanto los seres humanos como las criaturas que vuelan y las que andan por tierra, festejamos y celebramos con gran alborozo.
Aquí sentado donde estoy, sobre esta plataforma de piedra caliza, contemplo hacia el minúsculo ángulo despejado del horizonte, y luego observo los grandes y elevados peñascos que rodean y protegen las moradas de nuestra aldea, aún humedecidos, manchados con extensos mantos de musgos verdosos y violáceos. Más allá, detrás del inmenso muro de rocas que se eleva imponente tras los peñascos, se muestra solemne y erguida "La Gigante", una Montaña Anciana de Cabeza Blanca. Parece estar vigilándonos desde muy cerca, sin embargo, lleva varias lunas llegar hasta sus pies siguiendo por el camino de las siete estrellas que señalan hacia donde el sol se acuesta. Nunca alcancé su cima, esa que pocas veces vemos emerger de entre las cortinas de eternas nieblas. Muchos de nosotros, por no decir todos los varones de mi pueblo y algunas de las mujeres más intrépidas, durante prolongados períodos estacionales intentamos trepar su ladera hasta su cumbre, pero, aun lo mucho que ascendimos, el más bajo de sus picos siguió estando inalcanzable. Siempre hablamos de cómo sería llegar a su cabeza blanca hundida en el firmamento, y sentarnos allí a contemplar el mundo desde aquella insólita altura donde ni siquiera el ave de cuello rasgado se atreve a volar. Hay tres teorías que cuentan lo que a nuestra gente cautiva en demasía; una de ellas dice que una vez que se alcanza su cima se entra en el cielo, otra dice que la conciencia del que asciende a su cúspide puede extenderse en todas las latitudes y dimensiones del universo, y la tercera, asegura que, quien llega a su pináculo ya no regresa, y si regresa, ya nunca más vuelve a ser el mismo, porque se ha vuelto inmortal. No obstante, este conocimiento resumido en tres teorías que heredamos de nuestros ancestros no es suficiente si nos conformamos simplemente con saberlo, porque eso no nos sirve de modo alguno a quienes anhelamos el sabor de la vivencia y experiencia directa, pues, creemos que es necesario llegar y estar uno mismo allí y sentirlo con el propio corazón interno, para recién entonces, entrar verdaderamente en la inmensidad de su misterio.
Muy próximo de donde estoy sentado ahora, también se encuentra el Río Transparente al que llamamos “El Eterno”, ya que desconocemos en dónde empieza y nada sabemos sobre en dónde termina. Cuál es su principio y su fin, constituye otro de los misterios que en el pueblo nadie puede aclarar. Desde esta enorme piedra y aquí sentado, no puedo verlo pero sí puedo oírlo. Y a igual que a “La Gigante”, también a él lo hemos seguido por el costado de uno de sus márgenes en ambas direcciones, es decir hacia donde sube y hacia donde baja; pero como dije, no hemos encontrado su fuente ni su destino. Vemos que viene con fuerza desde las alturas; creemos que brota desde la cumbre de la montaña anciana, pero no sabemos exactamente si es así ni sabemos tampoco hacia dónde se dirige. Fragancia Que Asciende, la adivina del pueblo, dice que el Río Transparente sigue avanzando, tomando cada vez más velocidad y fuerzas para volver a trepar nuevamente a la gran Montaña Anciana de Cabeza Blanca o quizás, a la porción del cielo que se halla sobre ella. Y asegura que cuando se producen los colosales vendavales, parte del Río que se acumula en la cima se dispersa para caer en forma de lluvia, por eso ella cree que el agua del cielo no se trata del llanto de las estrellas sino del mismo Río Transparente que vuelve a descender. Parecería que su análisis tiene algo de sentido, sin embargo, aunque hemos avanzado muchas veces por “El Eterno”, en su interminable pendiente ascendente y descendente, todavía no hemos verificado dónde es que gira, para volver sobre su flujo y retornar a la cumbre de la montaña enclavada en la bóveda del cielo. Aún no sabemos cómo lo hace, pero estoy seguro de que algún día lo descubriremos.
Por ahora, sólo sabemos que el Río trae el color del cielo. Porque cuando está el sol, se tiñe de un azul transparente y brilla refulgente, y cuando está la luna se torna oscuro profundo, aunque también se muestra plateado por donde ella se mira a si misma; debe ser muy especial lo que ocurre en la cima de la Montaña Anciana de Cabeza Blanca, ya que el Río viene desde allí y puede reflejar las nubes y el sol, la luna y las estrellas, y a su vez, puede mostrarnos a nosotros nuestra propia imagen; es evidente que tiene magníficos dotes mágicos. Para los ancianos del pueblo, el Río Transparente es en parte lo que sabemos de nosotros mismos y de nuestra tradición milenaria, puesto que es él quien nos sostiene la vida al mismo tiempo que nos enseña el arte de adaptación a la impermanencia del existir cotidiano. Justamente, este es uno de los motivos por el cual nos asentamos hace mucho tiempo aquí, casi a la vera de este Río Transparente, para obtener esta agua del cielo que calma nuestra sed. Por aquellos entonces, cuenta mi madre, cuando llegamos aquí yo era tan pequeño que todavía no sabía ni siquiera caminar. Pero, a pesar del tiempo transcurrido, y aunque “El eterno” es hermoso y lo llevemos hondamente en nuestros huesos y en nuestros sueños, lo más probable es que tengamos que dejarlo... tal vez, ya sea tiempo de partir y buscar nuevas tierras para las próximas generaciones que están por venir, tal como nos ha enseñado él en cada momento de su incesante fluir. Del mismo modo como nuestros mayores lo hicieron muchas veces por nosotros, ahora debemos hacerlo por los que nos sucederán. Porque en estas tierras ya escasea el alimento, y, el poco que hay, primero se reparte entre los más pequeños y las mujeres, y luego entre nuestros padres más ancianos, por último, lo que queda se comparte entre los varones más resistentes, y no es suficiente para calmar el hambre de todos.
Esta Naturaleza de tierras rocosas no son cultivables, y la Montaña Anciana no nos ofrece peces en su Río. Los muchos árboles con frutos de los cuales nos alimentábamos fueron arrasados por las últimas tempestades como jamás había ocurrido antes. Todo indica que esta estación estable que se avecina es una oportunidad para trasladar el asentamiento y emigrar la comunidad entera a un lugar con mayores posibilidades.
De esta manera, sentado aquí, sobre esta piedra, sigo pensando al tiempo que nuevamente estoy esperando, como tantas veces... siempre estoy esperando. Pero esta vez se trata de una espera diferente. Soplo De Estrellas, el sanador del pueblo, atiende a Fragancia Que Asciende; ella está por dar a luz una nueva vida. Según Soplo de Estrellas, lleva dos niños en su vientre. Son mis hijos. Todos en la comunidad los estamos esperando como esperamos a cada niño que llega a la vida. Son mis hijos pero también serán hijos de mi pueblo como los suyos son míos, porque la educación de los niños siempre ha sido un asunto de todos, y nuestro amor hacia ellos no hace ninguna distinción. Cada hijo, es hijo de todos.
Sé de cosas que una y otra vez comento a mi gente. Les digo abarcándolo en un sólo ademán a brazos extendidos: “Este puñado de personas, que somos nosotros, conforma un eslabón más en la progenie de cientos de miles de civilizaciones que vendrán, pero que alguna vez ya existieron, y aun así, volverán. Por nosotros, algún día la tierra se llenará otra vez con miles de pueblos y se colmará enteramente con incontables aldeas esparcidas por doquier, pero... nuevamente volverán a ser lo que hoy somos, una y otra vez, responsables de una nueva civilización, partícipes de una nueva humanidad, que aparece, desaparece, y vuelve a aparecer”.
Los Ancianos me han encomendado a mí la responsabilidad de transmitirles este conocimiento, pero, en cuanto a las enseñanzas, son ellos mis maestros. Mi pueblo y mi gente son los que verdaderamente me enseñan y me educan con el verdadero saber. Los Sabios y los "Guías Blancos" de la Ciudad Dorada que nos acompañaron durante varias generaciones, me indicaron el modo de apoyar espiritualmente al pueblo. Estos Guías me han transmitido todo lo que a su vez, hoy le transfiero a la gente de mi pueblo. Por eso no tengo derecho sobre la verdad ni a saber más por esta responsabilidad; todos y cada uno de los integrantes del pueblo tienen la verdad, y, cada uno cumple una función y misión esencial dentro del asentamiento. Es algo que tenemos que recordarnos con cada nuevo sol para vivir conforme a ello.
Por ejemplo, mi tarea es la de unir, conservar, dar ánimo y fortalecer el espíritu del pueblo. También organizo los grupos de exploración, aunque lamento que no me permitan hacer los viajes más largos. Me recuerdan que mi función es la de mantener la vitalidad de nuestro pueblo, y por eso tengo que permanecer con ellos sin alejarme demasiado; y en retribución a la responsabilidad que me han concedido, como tributo, esta mañana espero de manera diferente; espero a estos dos hijos solares que con Fragancia Que Asciende entregaremos a nuestro pueblo y al cuidado de los Guías Blancos del Asentamiento Dorado. Seres especiales, que como ya mencioné, nos vienen acompañando desde los orígenes del tiempo. Y cuando mis niños hayan crecido, será el momento de enseñarles junto a todos los demás pequeños del pueblo de la misma generación, también mis hijos, todo cuanto sé de nuestro pasado para que así también ellos puedan transmitírselos a sus propios hijos por muchas descendencias más, con el fin de que recuerden siempre nuestros Orígenes y procedencia, y no olviden nunca nuestras raíces esenciales.
Les contaré de esas otras tierras que fueron habitadas por generaciones anteriores, de los espacios siderales que han visitado y de los mundos que han elegido como morada. Les hablaré de nuestros antepasados, de los ancianos guías, de los Sabios y de nuestros comienzos en galaxias muy lejanas.
No sé exactamente cómo será el futuro, pero, con Fragancia Que Asciende, lo imaginamos más grande y poderoso que Montaña Anciana de Cabeza Blanca. Y al igual que ella, creemos que la gente del mañana también cubrirá la tierra, traspasará el cielo y conocerá otros mundos. Y lo que más presentimos, es que no importa cuán grandes lleguen a ser los seres humanos, también ellos volverán a las estrellas y retornarán a las tierras de nuestros antepasados. Nosotros venimos del lucero punto rojo ubicado justo al medio del doble sol que alguna civilización anterior definió como Alfa Centauri A y B; de las inmediaciones de ellos provenimos. Y dejamos nuestro más reciente planeta ya muy anciano y agonizante, abandonando un pasado tan grande y glorioso como el futuro que se avecina en este mundo. Ahora estamos volviéndonos a desarrollar en esta tierra nueva, bajo una nueva cultura, con un nuevo lenguaje, mediante una nueva forma de vida, por el impulso de este nuevo género denominado: Especie Conciencia o Raza de la Luz ...
Cuando los Guías Blancos llegaron aquí, escoltando a nuestros ancestros y a las distintas formas vivas, dijeron que esto mismo ya lo habían hecho antes, muchísimas veces más, en distintos tiempos y en diferentes lugares del universo.
Fragancia Que Asciende dice que esto lo seguiremos haciendo una y otra vez a lo largo de la eternidad, y, hoy lo presiento igual que ella; aquí, sentado sobre esta piedra, lo puedo confirmar: Observo todo lo que me rodea; percibo lo que está sucediendo ahora mismo dentro y fuera de mi, de un modo muy especial; y lo siento palpitar en lo más profundo de mi corazón... me traspasa como un rayo que me llega en una línea directa desde el Asentamiento Dorado de los Guías Blancos: “Es el Orden Inteligente que nos trasciende”... Es el Amor de la Existencia. Es la Conciencia Esencial de todo cuanto existe. Es la Esencia sublime de la vida.
Este relato intitulado “Orígenes” también podría llamarse:
“Cien millones de años atrás” pero, ¿atrás de dónde o atrás de qué? También podría ser: “Cien millones de años en el futuro”, o bien, simplemente, tan sólo el fugaz instante del momento presente, que a su vez es eterno, porque el Origen mismo se encuentra tanto en el pasado como en el futuro y en el presente, porque el Origen siempre está dentro de cada uno, y nuestras raíces se hunden en una Existencia eterna.
Asimismo, a través de esta narración se presenta el primer Mensaje a través del cual se expresa lo siguiente:
“Nuestra historia no comienza aquí en la Tierra, sino en otros mundos, en otros tiempos y espacios, y por qué no, en otra dimensión. Por consiguiente, la historia verdadera, que es circular, está comenzando a cada momento, aquí y en otros puntos del Cosmos al mismo tiempo, ahora... hacia adentro y hacia fuera a la vez, en dimensiones simultáneas y en múltiples direcciones... conformando universos paralelos”. ~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~ ~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~º~
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