De Viaje
El Regreso de Willians B. Arrensberg, de Eduardo Úrculo
Itinerarios
El Trascantábrico
Comenzó
su andadura en julio de 1983 como un viaje de ocho días con sus siete
noches sobre raíles entre León y Ferrol, en antiguos vagones con
literas rehabilitados. Hoy se ha convertido ya en uno de los trenes
turísticos de lujo que más pasajeros mueve del mundo (3.000 al año).
Tanto la decoración de los interiores como la selección del personal de
a bordo, el recorrido completo con sus excursiones anexas o la elección
de los restaurantes asociados, todo se ha ido mejorando hasta conseguir
ese nivel de calidad capaz de posicionar al Transcantábrico en la
mayoría de los mercados internacionales.
Hoy, el Transcantábrico cuenta ya con dos trenes históricos acondicionados al más puro estilo Agatha Christie –el segundo se inauguró en el año 2000–, dispuestos a efectuar el actual recorrido –siempre de ocho días y siete noches– entre Santiago de Compostela y León, tanto en un sentido como en el otro. El viaje estándar funciona regularmente desde Semana Santa hasta la última semana de octubre, con salidas garantizadas sea cual sea el número de reservas –algo que no todos los trenes turísticos pueden permitirse–, pero también están abiertos a viajes chárter para empresas –fuera de temporada o en alguna fecha intermedia–, adaptándose a cualquier demanda específica, incluyendo la duración y la posibilidad añadida de practicar actividades deportivas.
No Como cuenta uno de sus directivos, "hemos hecho desde cruzar en globo los Picos de Europa, presentar en España el Land Rover Discovery, también con los Picos de Europa como telón de fondo, multitud de acciones de turismo activo y, en fin, todo lo que nos pidan. sólo hacemos el viaje cultural de la temporada regular sino que nos adaptamos a todo. Trabajamos muchísimo con agencias extranjeras, incluso con grupos políticos". Se han suprimido las literas iniciales y ahora los pasajeros duermen en camas que podríamos llamar de matrimonio muy enamorado –pues son algo más estrechas que las corrientes–, en pequeñas suites revestidas de maderas nobles y cálidas tapicerías, y con todos los adelantos del siglo XXI: climatizador, hilo musical, telefonía inalámbrica, minibar, caja fuerte, armario ropero, escritorio y cuarto de baño completo, con una curiosa ducha que incorpora hidrosauna, turbomasaje y baño de vapor. Pero que nadie se lleve a engaño: los espacios permitidos por estos antiguos trenes métricos, es decir, de vía estrecha, no son comparables a los de ningún hotel, y si han llamado suite a estos acogedores cuartitos es por el orgullo que les produjo reemplazar las tradicionales literas que no dejaban más que 50 centímetros libres hasta la pared e incorporar el lujo del cuarto de baño privado –al principio había únicamente un baño común para cada tres habitaciones–. Sólo se ha prescindido de la televisión tras comprobar que los clientes utilizan sus compartimentos para dormir, aprovechando los momentos sobre raíles para disfrutar de los salones, tomando un café, leyendo la prensa –proporcionada junto con libros y revistas–, contemplando el paisaje, charlando o practicando algún juego de mesa o dormitando en los cómodos sillones.
Los desayunos también se sirven a bordo, en abundantes y surtidos bufés, mientras que las comidas y cenas forman parte de las excursiones programadas durante el viaje –en selectos restaurantes que basan su gastronomía en productos autóctonos y nueva cocina–, dejando para la noche la insólita fiesta del coche-discoteca, donde entablar amistades entre bailes y copas. Pero para evitar que el acusado traqueteo perturbe el sueño de los viajeros, los trenes se detienen en las estaciones para pasar la noche.
Aparte de un notable incremento de parejas celebrando su segunda luna de miel –normalmente como regalo de sus hijos–, el cliente tipo del Transcantábrico pasa de los 40 años, ha viajado por todo el mundo y quiere disfrutar de una experiencia en grupo. Esto es fundamental: los amantes del viaje individual deben escoger otras opciones.
Lo que el Transcantábrico propone es un viaje cultural y gastronómico, además de paisajístico, pero sobre todo en grupo. El programa se actualiza cada año con lo más novedoso, como la visita a la Villa Romana de la Olmeda –de reciente reapertura–, al Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, que acaba de ser inaugurado, e incluso con oportunidades exclusivas para sus pasajeros, como la visita a la colección privada más importante del mundo de Rolls Royce, con más de 280 coches de diferentes épocas, todos en pleno funcionamiento. Es importante destacar que el precio de un viaje regular en el Transcantábrico incluye todo: los desayunos bufé, las comidas y cenas en los restaurantes seleccionados, las visitas, los traslados, el asesoramiento de guías que dominan cuatro idiomas, y algo importante: la constante atención del personal de a bordo.
Uno de los puntos clave del viaje reside en el cariño que dispensa la tripulación, algo constatado en las frases que quedan escritas en el Libro de Firmas. El equipo del Transcantábrico se ha ido formando a lo largo de los años, en función de la necesidad de personalizar un servicio cuya consigna es "Aquí no existe un no por respuesta", porque, como comenta un directivo del tren, "sin ellos es verdad que el Transcantábrico no dejaría de ser un montón de hierros que circulan por la vía".











