La vertiente mediterránea de las costas españolas es la más conocida, lo que se debe a su magnífico clima, muy apreciado por los europeos. Toda ella se caracteriza por las continuas playas, en cuyas orillas se aposentan los edificios de apartamentos, y está adornada por la vegetación propia de las riberas de este mar, naranjos, olivos y palmeras, especies que le dan inconfundible aroma y carácter.
Cadaqués, en la costa de Gerona.
En esta costa son frecuentes los restos del pasado, un pasado que se remonta a miles de años atrás. En la foto se ve la muralla medieval de Peñíscola.
El delta del Ebro: uno de los brazos de este río en su salida hacia el mar.
Esta es tierra de huertas y verduras, y en los muchos restaurantes se complacen en hacerlas a la brasa.
El acueducto romano de Tarragona; obsérvese que la foto pudo haber sido hecha en la época imperial, pues hasta el color parece querer indicar aquella remota edad.
Restaurante al borde del mar.
Chiringuito playero: durante los meses de invierno permanecen desiertos y silenciosos.
La casa de los sueños de tanta gente en la costa catalana. (Concretamente, en Alcanar).
Costas sin fin con su acompañamiento de largas playas, edificios y palmerales.
El cerro amurallado y medieval de Peñíscola, histórica localidad de la costa de Castellón.
Peñíscola cuando sale la luna.
Ambiente mediterráneo: brillante luz, apartamentos y las omnipresentes palmeras.
Pórtico de la catedral de Morella, población del Maestrazgo de Castellón famosa por su ambiente medieval, pues está edificada en una cresta y cuenta con enormes murallas y un inexpugnable castillo que fue habitado por las órdenes militares.
Uno de los sorprendentes edificios de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, en la ciudad de Valencia.
El plato español por antonomasia, es decir, la paella valenciana, fotografiada en uno de sus templos: casa Pepica, en el puerto de Valencia.
Las sinuosas, blancas y empinadas calles de muchos lugares de la española costa mediterránea. La que aquí vemos parece solitaria, pero durante la estación turística es tal la concurrencia que las personas no dejan ver las piedras.
No podía faltar una mención a las islas Baleares: la Ibiza de los años setenta.
En la costa murciana se adentra en el mar Cabo Cope, que da resguardo a una multitud de paradisíacas playas y caletas.
Una de estas caletas de inmejorable agua.
... y allí donde se vaya, no hay que olvidar comer del renombrado y exquisito pescado frito de estas regiones.
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