Hace unos días colgué un mensaje con algunas observaciones sobre un cuento de mi estimado Julio Abelenda. Le recomendaba la relectura de un pequeño libro que él conocía muy bien y del que hablamos más de una vez hace algunos años. Se llama ‘Zen en el arte de escribir’. Pensé que por qué no insertarlo aquí, en las novedades de la factoría. Más que una reseña es una invitación. Está editado en Minotauro, como no podía ser de otra forma y son 12 refrescantes ensayos –que conforman uno sólo- de Ray Bradbury (Crónicas Marcianas, Fahrenheit 451…) gran maestro de la ciencia ficción, poeta y humanista. No contiene prácticamente aspectos técnicos. Es un librito que trata sobre la satisfacción en el simple acto de escribir, delicioso, fácil de leer, arrebatador, una ventana abierta al mar, un chute de energía. Desde la primera hasta la última línea notas que el texto fluye como un torrente.
Os dejo algunas muestras:
“Todas las mañanas salto de la cama y piso una mina. La mina soy yo. Después de la explosión me paso todo el día juntando los pedazos”.
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“Hoy por la tarde incendie usted la casa. Para cortar y reescribir ya habrá tiempo mañana. Hoy, ¡estalle, hágase pedazos, desintégrese! Las otras seis o siete versiones serán toda una tortura ¿Por qué no disfrutar pues de la primera con la esperanza de que su gozo busque y encuentre en el mundo otros que a leer su cuento también se incendien?”
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“Lea a los autores que escriben como espera escribir usted, que piensan como le gustaría pensar. Pero lea también a los que no piensan como usted ni escriben como le gustaría, y déjese estimular hacia rumbos que quizá no tome en muchos años (...) Vivimos en una cultura y una época tan inmensamente ricas en basura como en tesoros”
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“Lea usted poesía todos los días. Expande los sentidos y los mantiene en condiciones óptimas. Como el papel de las flores japonesas a veces las metáforas se abren a formas gigantescas.”
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“¿Ha leído algo de What’s new, una revistas publicada en el norte de Chicago por los laboratorios Abbot y que contiene artículos como ‘El Tubocurarene para cesáreas’ o ‘El Fenurone en la epilepsia’, pero que también incluye poemas de William Carlos Williams y Archibald McLeish… ¿Absurdo? Tal vez. Pero hay ideas en cualquier lugar como manzanas caídas en la hierba deshaciéndose por falta de caminantes con ojo.”
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“¿Dice que no entiende a Dylan Thomas? Bueno pero su ganglio sí lo entiende. Léalo con los ojos, como podría leer a un caballo libre que galopa por un prado verde e interminable en un día de viento”
Pues eso.
C. Vicente |