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Turquía/9


Entrar en el interior de la mezquita, resulta decepcionante. No se ve la cueva, más que parcialmente, a través de un cristal y el recinto de la fuente es muy pequeño. Hombres y mujeres, entramos por accesos distintos, aunque anexos. En la parte de los hombres, hay una pequeña sala de oración. No deambula casi ningún turista por aquí.

 

Subimos al barrio deprimido de anoche y luego hasta la puerta de la Ciudadela, por cuya escalera, se ven bonitas vistas aéreas de la mezquita de Abraham, pero decidimos ahorrarnos las 3 liras que cuesta la fortificación, porque hemos leído en la guía, que por dentro tamp0co es muy interesante. En los estanques, hay muchísima gente dando de comer a las carpas (0,50 TR$, una bolsita de comida).

 

Volvemos al bazar a comer, primero un kebab en pan de pita y después otro –al final, el mejor del viaje- en pan normal, realmente delicioso, en el que destacan el pimentón y el pimiento, junto a otras verduras. Es el más típico, de las distintas especialidades de Sanliurfa. Lástima que no tenga guindillas, aunque si añaden limón, como el de Adana. Nos sentamos a degustarlos, al lado de un niño limpiabotas, que tendrá unos diez años. Hay muchos más aquí, ejerciendo esa profesión y todos, parecen muy trabajadores y responsables. Otros llevan básculas para que te peses, a cambio de unas monedas y van cargando con ellas debajo del brazo, como si fueran los libros de la escuela.

  Sanliurfa

Paseamos sin rumbo y cuando anochece, nos vamos a la terminal, a adquirir los billetes con destino a Mardin, para la mañana siguiente. El recorrido lo hacen muchas compañías, que van con horarios no competitivos y con el mismo y caro precio: 20 liras. Optamos por Mat-Tur, que sale a las ocho.

 

Y como ayer quedamos encantados, volvemos a hacer el mismo recorrido nocturno, por las mezquitas y los alrededores de la Ciudadela. Los cuervos ya se han ido y la temperatura ha bajado bastante, siendo la tarde, mucho más fresca que la de ayer. Así que nos metemos en un cíber, donde hace un calor asfixiante. Es una delicia poder trastear por internet, sin tener que estar pendiente de buscar boletos aéreos, como nos ocurrió tantas veces, a lo largo de los otros viajes.

 

Volvemos al hotel y casi al lado, han montado dos carpas y han rodeado la zona con cintas de colores, para que nadie pase. Hay también bastante policía, así que presuponemos, que mañana habrá aquí algún acto –luego nos enteramos, de que es el Día de la República-, para el que esperan algún pez gordo (más que las carpas de los estanques y ya es decir). En esta ciudad, se habla turco, árabe y dos dialectos del kurdo que sorprendentemente, no se entienden entre sí. A nosotros, todo el mundo nos habla en turco como si lo entendiéramos y cuando decimos que no, nos lo vuelven a repetir a la misma velocidad.

 

Hemos descartado ya hace un par de días, la visita a la ciudad de Herran, donde además de las Casas Colmena, hay un bonito

castillo. Si hubiera sido verano, con los días más largos, podríamos haber aprovechado la mañana aquí y haber ido por la tarde, pero en esta éoca no. Tampoco visitaremos –muy a nuestro pesar, aunque así, tendremos motivos para volver otra vez a Turquía-, al Parque Nacional de Nemrut. Y nos estamos planteando, que tampoco nos acercaremos a Ani, porque encontrar transporte para llegar allí en temporada baja no es fácil, desconocemos los datos actuales de seguridad en la zona, hace bastante frío ya –incluso por debajo de cero- y no sabemos si se puede pasar la noche allí (según la guía no, pero la información no es muy actual). Si no vamos a Ani, tampoco tiene mucho sentido que nos acerquemos a Van –con un castillo medio derruido y niños tirando piedras a los turistas, según la Lonely- y a Kars.

                                                                          Sanliurfa

 


MARDIN

 

 Cuando llegamos a la terminal, nos enteramos de que hemos sacado los boletos con una compañía que no tiene autobuses, sino que subcontrata, así que un empleado nos lleva andando hasta la cercana carretera principal, donde en diez minutos pasa uno. Lo para y tras una agria discusión con el conductor, en la que no entendemos nada, aunque sabemos que hablan de nosotros, subimos al incómodo vehículo. El ayudante, obliga a levantarse a dos pasajeros, para que podamos sentarnos nosotros. La carretera es irregular. En unos tramos está bien y en otros –la mayoría-, llena de baches. Me duermo, dos de las tres horas que dura el viaje.

 

Llegamos tras mil paradas. Como los alojamientos aquí son bastante caros, habíamos decidido de antemano, que no pasaremos la noche en Mardin. Veremos esta hermosa ciudad y luego tiraremos hasta Batman, pero el problema, es que solo hay un autobús y sale a la una de la tarde, así que solo tenemos dos horas, para realizar la visita. Durante todo el camino ha estado muy nublado y justo empieza a llover, cuando ponemos pie en tierra.

 

Mardin es una ciudad preciosa, enclavada en una ladera, que en su casco antiguo recuerda bastante a Jerusalén. Las casas color miel, las mezquitas y las madrazas, la hacen muy agradable para pasear y nos quedamos con la sensación, de que al menos otras tres o cuatro horas más aquí, no nos habrían sobrado. Lo que nos decepciona sin embargo, es su caótico, oscuro e insulso bazar. Ninguno como el de Gaziantep.

 

            Comemos dos flojos y caros kebabs, pero no hay elección, porque el minibús hacia Batman se va (10 TR$). El paisaje es igual de insulso que esta mañana –aunque en la zona de Hasankeyf mejora- y los coros de niños llorones, siguen atacando, como de costumbre.  

 

 

           Llegamos a Midyat. Es una pena que lo haya leído tarde, porque podíamos haber bajado aquí y haber hecho noche, para mañana llegar a Hasankeyf. Y es que este pueblo, también tiene casas color miel y nueve iglesias ortodoxas. Ahora, tendremos que llegar hasta Batman y mañana desanndar el camino a Kasankeif. Aunque tal vez y si ahora pasamos por esta localidad, podamos quedarnos en ella a dormir y mañana ir directamente a Diyarbakir, cambiando de bus en Batman, pero sin visitar la ciudad, que nada tiene que ver. En fin, que la improvisación es divertida, pero a veces genera algún contratiempo o te dejas algo bonito sin ver por el camino.

  Mardin

            Tras detenernos en un rápido control del ejército, en el que no son muy rigurosos, pasamos por Hasankeyf, en las orillas del río Tigris –la carretera se transforma aquí, en un camino de cabras, aunque vuelve a la normalidad, al pasar el pueblo- y ya desde el bus, nos damos cuenta de que es un lugar maravilloso. Dudamos en si bajar o no, porque no vemos ningún hotel y cajeros desde el vehículo y como no desciende nadie, cuando queremos tomar la decisión, ya hemos pasado el pueblo de largo. Al final pues, dormiremos en Batman.

 

 

BATMAN

 

            La terminal es bien fea y caótica. Tomamos un tentempié (en realidad, un kebab sin kebab) y un poco de fruta, en los numerosos puestos de alrededor y nos vamos a buscar hotel. Hay dos junto a la terminal, que tampoco parecen muy allá y cuestan 60 liras, así que nos dirigimos al centro.

 

Buscamos más de una hora y solo encontramos el Altinbasak –Cumhuriyet cadessi, 25-, donde nos piden el mismo precio –hemos regateado desde 85-, aunque tiene mucha mejor pinta. Aún buscamos a lo largo de otro cuarto de hora, por si hay algo más barato. Pero ni de más, ni de menos precio: Sencillamente, no hay un solo hotel más en esta ciudad. Así que no nos queda otra, que pagar las 60 liras y hacer el gran desembolso de este viaje en materia de alojamiento (al menos, aceptan tarjeta de crédito). ¡No sé de donde habrá sacado la Lonely, que aquí hay hoteles para todos los bolsillos!. Me molesta mucho que escriban cosas incorrectas. Si no conocen el dato, mejor omitirlo, que desinformar

 

            El hotel estaría a la altura de un tres estrellas de España, sino fuera porque el baño es un poco flojo. Pero para dos trotamundos como nosotros, esta habitación es un lujo y además incluyen, desayuno de buffet. La verdad es, que porque estamos disfrutando de un año sabático y no tenemos ingresos, pero viniendo en unas vacaciones normales, no merece la pena ir a hoteles más económicos que este. Es verdad que cuestan la mitad, pero lo que ofrecen, es menos de la cuarta parte.

 

            Batman es un lugar horrible, de altísimas aceras, donde parece que vas escalando, en vez de andando por la calle. Eso sí, hay

supermercados y cibers para aburrir. Es una ciudad impersonal, pero mucho menos conservadora que Sanliurfa y eso se ve nada más llegar, en la informal vestimenta que se usa –sobre todo, la femenina- y las numerosas tiendas donde venden alcohol. A las seis y media, se levanta un aire helador y todos los negocios empiezan a cerrar, así que nos vamos al hotel. Por lo menos y ya que la pagamos, disfrutaremos de la habitación. Ayer estábamos en pantalón corto y hoy casi necesitamos un traje de esquimal

 

            El desayuno que nos sirven, es el típico de oriente medio y está delicioso. Hay rico queso de feta, aceitunas, hummus –supone mi reconciliación con este plato, porque hasta hoy, no lo había probado, tan exquisitamente elaborado-, huevos, yogur, pan, dulces… Todo riquísimo, pero algo no nos sienta demasiado bien, porque nos pasamos toda la mañana con retortijones. Menos mal que nos pillan, en una zona al aire libre y es que hemos madrugado, para dirigirnos a Hasankeyf

                                                                                           Hasankeyf

 

HASAHKEYF

 

            Pagamos el hotel, dejamos los bultos en recepción, sacamos dinero del cajero y nos vamos a la terminal, donde enseguida, tomamos un microbús para nuestro destino (3 liras, que a la vuelta son 2, al retornar en un minibús), al que llegamos tras 40 minutos. Este lugar supone, una de las maravillas de Turquía y parece mentira, que aún no venga hasta aquí, casi un solo turista. Llevan largo tiempo, pretendiéndo inundarlo, para hacer una presa, pero afortunadamente, de momento no lo han conseguido. No voy a ser yo quien lo ponga a la altura de Capadocia, pero algunas guías así lo afirman. Yo misma haría la semejanza al menos, sino fuera, porque este último destino, da mucho más de sí.

 

            Nada más bajar, nos topamos de frente con un hotel, más barato que el que hemos dormido y de no muy mal aspecto. Debimos habernos bajado aquí ayer, pero ahora ya no tiene remedio. Pronto se nos olvida este asunto, nada más ver las maravillosas cuevas trogloditas escavadas en las rocas del escarpado paisaje, como las de Capadocia y la fantástica Fortaleza de calzada empedrada, constituida por unas bellísimas ruinas –mezquitas, palacios, casas…-, excelentemente conservadas. Y además de todo esto, ¡¡es gratis!!. Debe ser que como no viene casi nadie, no les sale rentable poner a un taquillero y una ventanilla de cobro.

 

            El pueblo es pequeño y tiene una mezquita con una bonita torre y las vistas del medio derruido puente romano de piedra, sobre el río Tigris, con las montañas peladas al fondo, son realmente espectaculares. Junto al río hay una especie de playa, En la guía dice que aquí hay garitos, donde los lugareños comen o beben con los pies en el agua. Pero la realidad es, que se trata de dos terrazas miserables, con planchas con costras de mierda –sobre las que se lee la palabra “cagalera”- y toldos viejos. Están además medio desmontadas, supongo que por el final del verano. Y el agua del río, está helada. Solo hay un bareto, enclavado en una de las rocas, que es bastante chulo, pero caro.

 

            Volvemos, comemos, recogemos los bultos y tomamos un microbús para Diyarbakir (7 TR$), donde ya hemos decidido, que haremos noche y en una hora y media, estamos en nuestro destino.

 Hasankeyf

 

DIYARBAKIR

 

            Nos paran en la terminal de dolmuts, que no está al lado de la otogar, pero casi mejor, porque esta está mucho más lejos. Caminamos, a través de barrios obreros y cruzamos también un Carrefour -a ver si mañana podemos llenar aquí, nuestra maltrecha bodega- y en media hora, estamos plantados delante de la impresionante muralla negra, que tantos acontecimientos históricos a contemplado –muchos de ellos sangrientos-, en esta ciudad, capital de la resistencia kurda, que vivió numerosos conflictos años atrás. Menos mal que ahora las cosas, están bastante tranquilas. Entramos por una puerta y tres más allá, esta la zona de hoteles y de agencias de autobuses.

 

            Encontramos una habitación con baño y desayuno en un hotel por 40 liras, pero nos vamos al de al lado, donde no tiene ninguna de ambas cosas, pero cuesta solo 30. Pero a los cinco minutos  y cuando vemos el baño, nos arrepentimos, ya cuando no hay remedio y hemos pagado. El hotel en cuestión, se llama Batman –en la Inonu caddesi-, como la insulsa ciudad que acabamos de dejar atrás.

 

            Salimos a dar una vuelta, en esta metrópoli, que es de las primeras en Turquía que ni en su parte nueva, tiene pinta de europea. La luz es escasa y hay bastantes bares, donde los lugareños hablan o juegan al backgammon, mientras apenas hay mujeres y las pocas que pasan van en grupo. Aquí casi todas llevan pañuelo y tupido faldamento. Se nota que hemos llegado, a uno de los reductos más conservadores de todo el país.

 

Tal es así, que por primera vez en todo el viaje, al entrar en una bonita mezquita del siglo XIII, me obligan a poner un pañuelo en

la cabeza. Hay mujeres gritando desaforadamente. ¿Estarán locas?. Probablemente, pero vamos, la causa de sus gritos es ahora, que aquí hay héroes islámicos enterrados y los jueves como hoy, les rinden homenaje. Estamos en la Ulu Camii. Volvemos a ver a los hombres, vestir pantalones de entrepierna larga, como ocurre en Sanliurfa y no en Batman o Mardin.

 

            Las murallas de basalto negro, con un perímetro de cinco kilómetros –dicen que las más largas del mundo, después de la de China-, rodean el casco histórico, que se divide en cuatro cuadrantes, segmentados por dos calles en forma de cruz, que los cortan. El mercado es bastante colorido y aunque no es tan bonito, en la cotidianeidad y en los productos que se comercian, nos recuerda bastante al de Gaziantep.

                                                                             Hasankeyf

Andamos por esas dos calles y por los entramados de callejuelas –con la excepción de una zona militar, a la que no se puede acceder-, hasta que deja de haber gente y luz en los negocios y prácticamente vemos, todos los atractivos de la ciudad: El precioso Caravasar Hasan Pasa –ahora reconvertido en centro de ocio y recreo, con muchos restaurantes, terrazas y tiendas-, la Deliler Hani –preciosa casa, que hoy es un hotel-, la madraza Mesudiye , las mezquitas de  Nebii y Safa y la iglesia armenia de la Virgen María.

 

En realidad, hay muchas más iglesias armenias, pero como es una religión minoritaria, la mayoría solo tienen un día de culto y el resto de la semana permanecen cerradas y enclaustradas detrás de sus gruesos muros, con lo que es imposible verlas, salvo en algún caso, que mediante una propina, se puede pedir a alguien que tenga la llave, que nos la enseñe.

 

Vamos con cuidado, porque hemos leído que aquí hay más pobreza –lo parece- y más robos. Son varios los niños, que en las oscuras calles del centro encienden hogueras. No sabemos si lo hacen por entretenimiento, para quemar la abundante basura o por frío, aunque por esto último me extraña, dado que hace bastante bueno.

 

La presencia del ejército en la calle es palpable, aunque discreta y también la policía está bastante presente, a veces con actitudes un tanto chulescas, como cuando circulan en moto por la acera o bajan de los coches como los hombres de Harrelson  También, cuando van a poca velocidad por la calle, de forma prepotente, dando instrucciones –suponemos, porque no entendemos nada-, a través del megáfono del coche

 

            Nuestro objetivo es ir desde aquí a Erzurum y luego a Trabzom y al monasterio de Sumela. Allí se nos abren dos posibilidades. Una sería ir hasta la capital de Armenia, aunque está casi descartada, porque aunque hay autobús directo, se tarda casi 20 horas y va a ser demasiada paliza, para un par de días. La otra es continuar hasta Amasya e ir volviendo por el norte, visitando Ankara, Sivas, Safranbolu y Bursa. ¡Ya veremos!.


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