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Turquía/8


            Salimos camuflados entre un grupo de alemanes, para pasar más desapercibidos, por el lugar opuesto al que hemos entrado –el otro boletero, nos conoce- y bajamos andando hasta el pueblo. Afortunadamente, no nos han pillado, gracias a que no controlan demasiado, una vez ya has ingresado. ¡Otra cosa bien distinta, habría sido colarse en los templos de Angkor, en Camboya!. Comemos de bocadillo, hacemos algunas fotos desde abajo y retornamos a Denizli.

 

            Denizli es una ciudad moderna, casi europea. La mayoría de las mujeres llevan el pelo al aire. Parece un lugar bastante aburrido, donde abundan las tiendas de zapatos, ropa de oferta –a dos o tres liras-, kebabs y pasteles. Conseguimos encontrar un cíber, para entretener la tarde, porque no hay más cosas que hacer aquí, que ver tres o cuatro mezquitas.

 

            El bus sale diez minutos tarde, mientras un niño llorón, viaja agazapado en la última fila. Es nuestra segunda noche consecutiva de autobús. Charlamos con dos chicos en inglés, que no están muy contentos con que Luis Aragonés, sea el entrenador de su equipo, el Ferenbahce. Este autobús, es mucho más confortable que en el que viajamos ayer.

 

 

ADANA

 

            Hace un día estupendo y ya desde primeras horas apetece ir en manga corta. Después del frío que pasamos en nuestra última

jornada en Estambul, se agradecen sitios como Pamukale o como este. En Adana nadie habla inglés, cosa que ya esperábamos, pero es que ni siquiera te entienden por gestos, asi que tenemos serios problemas de comprensión con la empleada de la empresa Ben Turizm, que es la que hemos elegido para viajar a Gaziantep, a primera hora de la tarde. Al final y por 18 liras cada uno, conseguimos comprar los dos billetes y dejarles el equipaje en la oficina. También logramos confirmar –no sin bastante esfuerzo-, que como en España, hoy aquí se cambia la hora, atrasándose sesenta minutos el reloj. Tenemos seis horas para ver la ciudad.

 

            El centro está a unos seis kilómetros, pero decidimos ir andando –una hora- por una avenida de anchas aceres, en lo que todo son talleres a los lados. Hay ruedas y parabrisas rotos, apoyados en los árboles. Llegamos al centro, aunque casi todo está cerrado y apenas hay gente.

                                                                                              Adana

            Nos acercamos a la mezquita de Sabanci Merkez, que mandó hacer un rico magnate hace unos años y que es la más grande, entre Estambul y Arabia. Por fuera es espectacular y por dentro impresionante, casi a la altura de la mezquita Azul de Estambul. Está rodeada de una explanada y un jardín y situada junto al río, lo que hace que se observe majestuosa, desde el bonito y cercano Puente de Piedra, que es nuestra próxima visita. Luego nos dirigimos a la Torre del Reloj. Muy fea. Sin ser muy monumental, Adana tiene un encanto especial y es que se nota, que cada vez estamos más al este del país, donde Turquía se va desturqueizando y empieza a arabizarse.

 

            Aquí hace tiempo que no ven a ningún turista, así que a unos les hacemos gracia y en otros, despertamos la curiosidad. Nos sentimos como en Surabaya (Indonesia), el centro de atención allá donde vamos y recordamos, lo duro que debe ser famoso y andar por la calle.

 

            Dejamos el cauce del río y retornamos por una paralela a la que nos había traído. Aquí la mayoría, son negocios de textil, que están cerrados al ser domingo. Parece que la gente se va desperezando y tomando las animadas calles del centro, donde ya hay algunos puestos que humean de color negro y en los están haciendo higaditos a la plancha. Pero la auténtica especialidad de esta ciudad, es el riquísimo Kebab Adana, hecho a base de –además de la carne, claro-, guindillas, perejil, tomate, cebolla morada y limón. Delicioso y ¡a estas horas, entra solo!.

 

            Vemos algunas mezquitas más, una de ellas en la plaza principal, donde hay unos curiosos Baños. Y luego, en un supermercado que hemos visto, adquirimos ricas y baratas uvas (sin titos) y nos abastecemos de vino, en previsión de que hacia el este, comprar alcohol nos pueda resultar más difícil.

 

 

           Volvemos a la terminal y tomamos el autobús a Gaziantep, adonde llegamos tras dos horas y media. Nos sirven dos rondas de3 bebidas, un snack y además, tiene baño, así que en esta ocasión, hemos acertado con la compañía –a pesar de las dificultades de comunicación-. El camino es tranquilo, porque vamos por autovía, aunque se alternan las subidas con las bajadas y no dejamos de cruzar túneles.

  Gaziantep

           

GAZIANTEP (ANTEP)

 

            Tenemos previsto aquí, pasar el resto de la tarde y también la mañana del lunes, así que lo primero que hacemos al llegar a la terminal, es obtener los billetes para Sanliurfa, para mañana a las 12,45 horas (12 liras, con la empresa Urfa Cesur). Son loas cinco y ya es de noche.

 

Luego tomamos el autobús urbano (1 TR$), porque el centro está bastante lejos y encontramos rápidamente habitación, en el hotel Bulvar Palace –que de palacio, tiene nien poco-, en la Istasyon caddesi. Nos sale por 30 liras, una discreta habitación doble, con televisión y con el baño compartido. Antes y al bajar de un paso elevado, me he tropezado y he caído al suelo desde cinco escaleras, con la mochila a cuestas. Tengo rasguños, pero nada ha pasado, en relación a lo que podía haber ocurrido.

 

            Al lado del hotel hay un enorme supermercado Migros. Nos llenamos, a base de ricos y baratos encurtidos primero y después de las especialidades del lugar: Los pistachos –dicen, aunque a mi no me lo parece, que son los mejores del hemisferio norte- y unos pasteles llamados baklava, algo caros y dulzones.

 

            La ciudad tiene fuste, amplias aceras y un bazar con muy buena pinta, aunque ahora todo está cerrado. Hay también bastantes cibers  y algunos bares para divertirse y hasta locales de chicas de alterne. ¡Menuda diferencia con Túnez!, donde a estas alturas todavía estábamos, tan solo una semana atrás. Los precios de casi todo, son aquí mucho más baratos que en Estambul, aunque estoy empezando a estar harta de los redondeos de las vueltas, que siempre son para ellos (sea un céntimo, cuatro y hasta nueve). No obstante, creo que le vamos a coger gustillo a esta zona del este de Turquía. Aún de noche, recorremos las cuatro calles fundamentales de Gaziantep

 

Para nuestra costumbre, nos recogemos prontos, pero aquí nada hay que hacer y menos, llegando la noche tan pronto. Esta zona de Turquía, debería tener una hora más. Tomamos una botella de vino y constatamos una vez más, que los caldos turcos no son una maravilla, pero al menos son más baratos en proporción, que la cerveza o el raki. Por nuestra experiencia, mejor el blanco que el tinto.

 

Después de dos noches seguidas de autobús, por fin tenemos una cama, una ducha caliente y una mesa donde escribir. ¡No

está nada mal!. Pareciera que la otogar, se hubiera convertido en nuestro hogar. Con lo que gastaremos aquí en 20 días, viviríamos 45 en el sudeste asiático, un mes en América y en Túnez 25 días. Así que no me extraña, que todo nos parezca caro.

 

            No había cambiado el teléfono móvil de hora, así que nos despierta sesenta minutos antes, hoy precisamente, que no habíamos oído ninguna mezquita. Pero hacemos oídos sordos y seguimos durmiendo. A las ocho ya estamos arriba, dado que hay que ver esta ciudad de día.

                                                                           Gaziantep

            Pasamos por un barrio pobre, pero digno y llegamos a la bonita Ciudadela, donde según la Lonely Planet, es gratis entrar. Pero la realidad actual es que la están arreglando y no se puede acceder –como favor, solo unos 20 metros, para hacer una foto-. Así que cuando la terminen de reconstruir, cobrarán entrada. Por fuera es bastante bonita. Al lado hay decenas de puestos con aceitunas crudas y otros, con trozos rectangulares o cuadrados de queso de feta.

 

            Lo que en la guía llaman bazar, es ahora un elegante centro comercial. El realmente interesante, está en las calles de los alrededores. Este si que es auténtico y no el de Estambul, porque está pensado para los lugareños y las cosas no están puestas por algo y para alguien, con el claro objetivo, de desplumar al turista. Aquí las tiendas, se limitan a satisfacer las demandas de sus clientes habituales y los artesanos del cobre, el estaño y el  latón, a trabajar su género en plena acera, sin más aspavientos.

 

            Hay puestos de te, de especias, de jabones, de numerosas hortalizas deshidratadas, colgadas en ristras -tipo pimientos choriceros y otras, desconocidas para nosotros-, dulces, esponjas, lanas, cordeles, objetos de cobre y latón… Aquí si hay repartidores de té callejeros, el ambiente es genuino y recuerda al Estambul de hace 15 años. Definitivamente, nos encanta Gaziantep.

 

            Además, las calles son bonitas, porque son estrechas y muchas de las fachadas de las tiendas, están hechas en piedra y madera, a franjas. Hay pequeños y bonitos patios, que agrupan a gremios. En uno encontramos, numerosas alfombras y felpudos, con la cara de personajes como el Che o Lady Di. En otro cobre y estaño. Y en el de más allá, un precioso bar subterráneo, en forma de cueva-bodega, decorado al estilo árabe y donde te sientas en la alfombra o en cojines… Y toda esta zona, está salpicada de bonitas mezquitas, en cuya piedra, predominan de forma alterna, las franjas blancas y negras

 

Las calles comerciales cercanas, están abarrotadas de gente, que viene y va. Hay un par de ellas, que son peatonales. Vemos dos guiris, ¿de dónde se habrán escapado?. Volvemos a comer kebab al estilo de Adana, recogemos el equipaje y nos vamos en el bus número 3 hasta la terminal (unos 25 minutos). Nos acosan los de las agencias, hablándonos en turco, con toda normalidad, hasta que se dan cuenta, de que ya tenemos los boletos comprados y entonces, no nos dicen ni adiós.

 

El bus que procede de Ankara, llega media hora tarde, así que en ese intervalo nos da tiempo a presenciar, una agria discusión entre dos empleados de distintas compañías y una larga despedida de un clan de faldamentos. Viajan seis y han venido más de veinte a despedirlas. Y eso que en términos generales, en Gaziantep las mujeres no llevan hijab.

 Gaziantep

               El recorrido es monótono, por terrenos mayormente despoblados y casi desérticos. Queremos quedarnos la tarde de hoy en Sanliurfa y mañana el día completo, para frenar un poco, nuestro vertiginoso ritmo de viaje.

 

 

SANLIURFA

           

            Hacemos andando los casi dos kilómetros, que hay hasta la zona de los hoteles, después de cruzar un río casi seco, atravesado por bonitos puentes. Preguntamos en varios establecimientos, hasta que conseguimos el nivel calidad-precio deseado, lo que en Turquía, es mucho decir.

 

            El personal del hotel Ugur –Koprubasi caddesi, 3- es muy amable y las habitaciones (30 TR$), aunque no muy grandes y con el baño compartido, son relativamente nuevas y tienen televisión. Hay además, café, té y agua mineral gratis, a discreción. Venden excursiones organizadas a las Casas Colmena de Herran y al Parque Nacional de Nemrut (el de las caras), pero no son muy pesados al ofrecerlas.

 

            Bajamos por la calle principal, que es de tipo europeo –aceras anchas y muy bien pavimentada-, que está salpicada de bonitas mezquitas. Llegamos al bazar, que con sus arquitos, calles estrechas y el bullicio, más bien parece una medina árabe. Son las cuatro y media de la tarde y es casi noche cerrada. Muchos puestos y tiendas están cerrados y el resto, están a punto de hacerlo (parece que el lema aquí es, conciliación e la vida familiar, con el trabajo en el bazar). ¡El cambio de hora, nos ha hecho la puñeta, estos últimos días!. En fin, que tendremos que especializarnos en ver las ciudades de noche.

 

 

           Descubrimos la Ciudadela, las dos mezquitas  -Halil Rahman y Meulio Halil, donde nació Abraham y que hoy es lugar de peregrinación-, el lago de Las Carpas Sagradas –todo el mundo les da de comer, hay muchas y están bastante gordas, dado que la leyenda dice, que quien coja una, se quedará ciego-. Quedamos maravillados, porque todos tienen la iluminación perfecta, para hacerlos casi más bonitos por la noche, que por el día. En este entorno, hay bastantes niños pedigüeños Luego subimos por una escalera, que conduce a un barrio humilde, pero digno, desde donde hay bonitas vistas, aunque ahora, casi solo se ven bombillas. A pesar de la escasa luz, no nos sentimos inseguros. En las casas están empezando a cocinar la cena y los olores, abren pronto el apetito.

                                                                                          Sanliurfa

            Tomamos contacto visual con esos típicos pantalones con la entrepierna larguísima, propios de esta parte del país, aunque ya solo los llevan los hombres mayores. Las chicas jóvenes van sin pañuelo mayoritariamente, aunque las mujeres mayores, lucen contundentes faldamentos y en ocasiones, chadores negros. En esta ciudad, cuna de peregrinaciones, se respira gran religiosidad.

 

            Luego subimos la otra escalera, la que conduce a lo lato de la Ciudadela. Se atisban buenas vistas, pero ahora no se ve casi nada. Mañana de día, volveremos a hacer este circuito con más calma. Retornamos dando la vuelta a la Mezquita, que está junto al Estanque de las Carpas, por una carretera subterránea primero y después salimos a una bonita zona peatonal, dominada por arquería y en la que hay muchas tiendas (especias, te, dulces locales…). Aquí si están abiertas, pero no hay clientes.

 

            Volvemos por donde hemos venido. Ya no hay casi nadie y casi todo está cerrado, aunque si se muestran en plena actividad, los puestos de brochetas de higaditos, servidas a la plancha sobre pan y en los que las acompañas de tomate, cebolla, pimiento y perejil, a discreción. Hay un gran supermercado cerca de nuestro hotel, donde no venden alcohol –aunque sí, yogures de Danone, de 2,5 kilos-, el cual solo lo hemos visto, en una desvencijada y pequeña tienda, no demasiado lejos de este. Caminamos hacia la otra parte de la calle principal y por esta zona, es aún más europea, con predominio de entidades bancarias -¡cuántos ING hay en Turquía!-, restaurantes, tiendas y establecimientos de comida rápida.

           

            Volvemos al hotel, donde hay un hombre rezando devotamente en mitad del pasillo. La clientela de este establecimiento – como ocurría ayer en Gaziantep-, es casi exclusivamente local. Aunque no tienen  aspecto ni de peregrinos, ni de negociantes. ¡Que acertada decisión, ha sido venir al este de Turquía!.

 

            Dormimos genial y nos levantamos a las 9,30, un lujo. Ha estado lloviendo casi toda la noche, pero cuando salimos a la calle, para y sale el sol. Hace tan bueno, que mi chico ha decidido ponerse el pantalón corto, lo que le va a convertir en el atractivo turístico de la ciudad, de tal modo que al mediodía y para pasar más desapercibido –también, porque baja la temperatura-, retorna al largo. Es que hemos tenido que observar con estoicismo, como los niños le señalan y se ríen, los hombres mayores lo desaprueban –¡serán más bonitos los suyos, los de la entrepierna larga!- y algunas mujeres, hasta se escandalizan. Están aquí las cosas, ¡como para enseñar una pierna femenina!.

 

            También estamos a punto de tener problemas, cuando fotografiamos despreocupadamente por el bazar. Parece que no están muy acostumbrados en este lugar, a la vida de luz y taquígrafos y algún radical, incluso nos acusa de ser periodistas o espías, que venimos a tomar fotos furtivas, a saber con que extraños fines. Hay muchos hombres y mujeres, que llevan pañuelos morados. Son iguales, pero con motivos diferentes y no logramos conocer, si esto tiene algún significado.

 

 

           Hacemos el mismo camino que ayer tarde, pero ampliándolo y añadiendo varias mezquitas y un precioso barrio otomano, aunque algunos de sus moradores al vernos pasar, nos miran con bastante recelo. Y es que nos estamos dando cuenta, de que nos hayamos en una ciudad muy conservadora. Paseamos nuevamente por el bazar, algo oscuro y cutre y con bastante menos encanto, que el de Gaziantep.

 

            Las dos mezquitas –sobre todo la de Abraham-, están llenas de peregrinos, de los que el 90% son mujeres, con enormes faldamentos de color negro, que hace que de lejos parezcan cuervos. Según dicen, el agua de la fuente de la mezquita de Abraham, cura las enfermedades y es por eso, que hay bastante gente achacosa por aquí (también traen a muchos niños). Es todo un espectáculo.

Sanliurfa

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