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Turquía/5

          

            También hay gente que ve en el destino, un blanco fácil de los grupos terroristas, pero no creo yo que ahora mismo, el riesgo de atentados sea mucho mayor en Estambul, que en Madrid, Londres o Roma.

 

            En cuanto a delitos relacionados con la seguridad ciudadana, Turquía siempre fue y todavía es, un destino bien seguro. Los robos

con fuerza y violencia son muy poco frecuentes y por descuido, pues los hay como en todas partes. Pero basta con mantener las precauciones habituales, que dicta el sentido común. Podéis leer en la Lonely Planet, el apartado que habla de los timos más habituales, sobre todo en Estambul, pero no son muy distintos a los de cualquier otra gran ciudad del mundo.

 

            En Turquía apenas se es incomodado por comisionistas de hoteles o por los dueños de las tiendas de los bazares (hace años y en el segundo caso, si que era bastante frecuente). La única molestia, la suponen los comisionistas de las terminales de transportes, donde la competencia entre compañías es feroz (por cierto, que la competencia lo será en lo que sea, porque de precios y para el mismo trayecto, suelen ir todas de la mano).

 Ankara

            Una pequeña molestia, que a veces resulta irritante –por su constante reiteración, más que por cualquier otra cosa-, es la mala educación generalizada de los turcos y turcas cuando van por la calle. Si bien en el trato cotidiano son afables y amistosos –más incluso con los extranjeros-, no lo son tanto, ni circulando un automóvil, ni cuando se desplazan caminando de un sitio a otro, así que te atropellarán  o te golpean sin piedad, con cualquier objeto que lleven (carro de transportar cosas, carro con la compra, carro de supermercado, bicicleta o moto cuando la llevan de la mano, coche de niño pequeño -aunque no hay muchos-…. Y sin inmutarse, te pisarán sin pedirte perdón o te llevarán puesto con el hombro o el brazo, porque no hacen la más mínima flexión o encogimiento del mismo, para evitar el choque (salvo cuando ya harto, sacas a pasear también tú los codos).

 

 

DINERO

 

            En términos generales y dado que –como acabo de indicar- la zona goza de una seguridad razonable, la recomendación no puede ser otra, que llevar tanto dinero en efectivo como se pueda, puesto que el cambio del euro suele ser bueno (a veces igual a la tasa oficial que se encuentra en los conversores de internet o incluso por encima) y se evitan las comisiones del cajero, que suelen oscilar entre el 2% y el 4%. No hay problema para obtener dinero por este último medio, porque casi todos los cajeros aceptan Visa y Mastercard y no suelen estar con la línea caída.

 

Por supuesto y por no poner todos los huevos en la misma cesta, siempre se debe llevar alguna tarjeta de débito y de crédito

(aunque estas ultimas y para un tipo de viaje económico, no las van a aceptar en casi ninguna parte, ni siquiera en la mayoría de las compañías de autobuses.). Pero si serán bienvenidas normalmente, en los hoteles de tipo medio, supermercados y tiendas de compras para turistas. También en los restaurantes de tipo medio/alto (no así en los más baratos).

 

            No es necesario llevar dólares estadounidenses, dado que el euro se acepta en todas partes. Antiguamente había que pagar el visado en esta divisa, pero hoy en día se puede pagar en euros –incluso era algo más favorable, al cambio de la época en que entramos-.

                                                                             Estambul

            Lo que causa algo de molestia y cierto desconcierto, son las bruscas oscilaciones de la lira turca, frente al resto de las monedas. En nuestra estancia en el país, por un euro nos llegaron a dar entre 1,85 y 2,15 liras turcas. Era fácil que un día estuviera a 2,13, al siguiente a 1,91 y al posterior, a 2,02.

 

           

PRESUPUESTO

 

              Hablar de un presupuesto aproximado  para viajar por Turquía –y en realidad, para cualquier otro lugar del mundo- no es nada fácil, dado que cada viajero tenemos unas necesidades distintas y buscamos niveles de comodidad y prestaciones diferentes, en alojamientos, transportes o a la hora de comer. Y como he dicho también en otras ocasiones, las tasas de cambio entre divisas, pueden ser muy diferentes en una época o en otra, haciendo el viaje más caro o barato. Por ejemplo, ir a Londres cuando escribo este párrafo -23 de diciembre de 2.008-, sale casi un 50% más barato para un español, que hace un par de años

 

            . No obstante, dejo aquí nuestras cifras, por si pueden ser de utilidad para alguien:

 

            -Gastos totales, incluyendo boletos aéreos: 1.296,5€

 

            -Gastos totales, excluyendo boletos aéreos: 844,5€

 

  

          -Media diaria de gasto, incluyendo boletos aéreos: 60,45€

 

            -Media diaria de gasto, excluyendo boletos aéreos: 40,21€.

 

            Tanto los gastos como la media de gasto, son para dos personas, llevando una línea moderada de desembolsos, que incluye alojamiento en habitaciones dobles normalmente con baño (económicas), un desayuno generalmente ligero, una comida caliente (en lugares también económicos) y una cena, a veces caliente, en otras ocasiones fría.

 Adana

También se integran los desplazamientos necesarios, los accesos a todas las visitas que son de pago (que en este caso, no han sido muchas, dado que en algunas nos colamos y las de Estambul –que son las más gravosas-, ya las habíamos visto) y los escasos caprichos que nos damos, porque no somos muy caprichosos, aunque si muy cerveceros y chocolateros.

 

No tendría sentido hacer una comparativa entre los gastos totales, que incluyen los boletos aéreos, de los viajes de Sudamérica y Centroamérica, Sudeste asiático y Turquía, porque no es lo mismo dividir los costes de los vuelos entre cuatro meses, que entre veinte días. Pero si  viene bastante a cuento, hacerlo descontando estos, lo que nos permite llegar a una conclusión demoledora: En Turquía, uno se gasta diariamente el doble, que en el sudeste asiático (40,21€ por 20,80€). La comparativa con el continente americano está más igualada, aunque se desembolsa algo menos –en torno a 12%-, en este último lugar (35,61 euros diarios).

 

            En realidad, casi las dos terceras partes del dinero invertido, fueron empleadas en transportarnos, dado que a partes casi iguales, el transporte aéreo y los desplazamientos por el interior del país –en autobús-, se comieron cada uno, una tercera parte del presupuesto. El alojamiento supuso, en torno al 20% y con el, aproximadamente 15% restante, hicimos todo lo demás.

 

            Como ya pusimos en marcha en los viajes por Sudamérica y Centroamérica y el Sudeste asiático, llevamos una doble contabilidad: Por un lado, los gastos totales diarios sumados por meses y por el otro, por conceptos, desglosando entre alojamiento, transporte, visitas y resto de gastos generales. Con un simple vistazo, ayuda a saber en que nos estamos gastando el dinero e indirectamente, a controlar los gastos. Como siempre digo, no se trata de ahorrar viajando, pero si de eliminar desembolsos superfluos o, al menos, reducirlos.

 

            En el capítulo de transporte, podemos decir que una hora de autobús, equivale más o menos, a entre 1,5-2,5€, si es en autobús

(será un poco más si se deben tomar microbuses y bastante menos, si se pretende viajar en tren). En general, cuanto más largo es el recorrido, el coste por hora se va reduciendo El alojamiento económico, lo podemos situar en la actualidad, en la horquilla de los 12-17 euros (en Estambul, puede oscilar entre los 20 y los treinta).

 

El precio de la comida puede ser muy variable: Si almorzamos a base de kebab en los puestos de la calle y algo de fruta, estaríamos hablando de 1-2€ por persona. Si se hace en restaurantes económicos, entre 2,5€-4€, mientras que en los restaurantes para turistas, no es infrecuente pagar 10 euros o más.

 

Los precios de las visitas turísticas son bastante elevados –diría incluso, desproporcionados- y si se va por primera vez al país, sobre todo en Estambul, habrá que rascarse muy mucho el bolsillo. La visita a Santa Sofía o el Palacio de Topkapi, cuesta 10€ cada una, al igual que por ejemplo, las piscinas de Pamukale. Entrar a la Cisterna o a la Torre de Galata, supone 5€

                                                                                                            Khutayha

 

IDIOMA

 

            Turquía, Como Praga, Estocolmo, Marruecos o Túnez, es uno de los destinos por excelencia del turismo español, de tal forma que cuando andas por las zonas turísticas, es el idioma –aparte del turco, claro- que más se escucha (bastante por encima, incluso del inglés). De eso tomaron buena nota ya hace muchos años, todos los que viven del sector turístico, así que en Estambul, es extremadamente fácil entenderse en nuestro idioma.

 

De hecho, en la mayoría de las tiendas del Gran Bazar, hay carteles indicando que se habla nuestra lengua y en algunos incluso, se hace referencia al catalán. Y es que tampoco deberéis extrañaros, de que haya personas que dominen este idioma y hasta os podrán sorprender, hablando algo de euskera. Es posible encontrar la carta en español, en la mayoría de restaurantes con pretensiones (de desplumarte, añadiría yo).

 

En el resto de las zonas turísticas, el español también se muestra con fortaleza, aunque aquí comparte la preponderancia con el inglés. Pero más o menos, el final de Capadocia, supone la frontera de la riqueza lingüística de Turquía, dado que hacia el este, pocos idiomas se hablan ya además del turco materno. Aún así y por esta zona, encontramos un par de personas que hablaban nuestro idioma y entenderse con un inglés básico, para cubrir las necesidades más habituales del viajero, no entraña dificultad, si con quien se entabla conversación es con comerciantes, hosteleros o del gremio de la restauración.

 

 

 

TURQUIZACIÓN Y ARABIZACIÓN

 

            Hay que empezar por diferenciar, a los turcos de los árabes. A pesar de que ambos pueblos compartan las mismas creencias religiosas basadas en el Islam, los turcos son sencillamente eso y no árabes. Algo similar ocurre con los iraníes, que a la vez de musulmanes, son persas y tampoco árabes. Y todo ello, a pesar de que puedan compartir, además de la religión, una cultura de características concomitantes y el mismo alfabeto.

 

  

          Aunque en lo relativo a este último, no es el caso de Turquía, dado que desde que Ataturk –ya hace unas cuantas décadas- occidentalizara el país, se cambio la escritura árabe por nuestro alfabeto.

 

            A pesar del exotismo y aire oriental, que dan las mezquitas –para mi, las más bonitas de los países islámicos que conozco, que no son pocos- o que algunas mujeres lleven el hijab, Estambul y las zonas más turísticas del país, se asemejan bastante a lo que puede ser cualquier otra capital europea cosmopolita. Al fin y al cabo en Londres, Madrid, París o Berlín, también hay musulmanes, que viven su religión y sus costumbres.

 Safranbolu

            Pero a medida que uno va yendo hacia el este, Turquía se va desoccidentalizando y desturqueizando, para irse paulatinamente arabizando, por lo que se convierte en uno de los países más heterogéneos que conozco. Es fácil imaginar a la Turquía occidental, conviviendo armónicamente dentro de la Unión Europea, pero, ¿cómo sería la integración del este del país, si esta se produjera?. A mi juicio, esta pregunta genera muy pocas respuestas y si, muchas dudas.

 

            Aunque las fronteras son difusas, tal vez sea la línea imaginaria que de note a sur trazan Amasya, Capadocia y Adana, la que divide occidente de oriente. Y a medida que se va hacia el este, los aromas puramente orientales y árabes, van invadiendo las creencias, las costumbres, la  vida cotidiana de la gente y también, al propio viajero. Por una parte, se trata de la Turquía más auténtica, donde ni los escasos turistas –se cuentan con los dedos de una mano-, ni las costumbres y los pensamientos occidentales, han conseguido abrir siquiera un solo resquicio en su modus vivendi; pero también, es la Turquía más conservadora e intransigente.

 

            Son como dos países antagónicos, dentro de la misma nación: En uno, es posible tomar el sol sin la parte de arriba del bikini en algunas playas del Mediterráneo. En el otro y en determinados sitios- caso de Sanliurfa, aunque también ocurre en otros muchos puntos del este-, un turista varón puede ser abroncado o ridiculizado por la población local, por el intrascendente hecho –para nosotros- de ir en pantalones cortos. Esto no ocurre siquiera, ni en las zonas más conservadoras de Marruecos, Egipto, ni en el mismísimo Hama –en el centro de Sitia-, donde todas las mujeres van cubiertas de negro hasta los pies.

 

            En el oeste de Turquía, el viajero encontrará una descafeinada Estambul, que parece guirilandia, bazares para turistas, ruinas, bellos parajes naturales y playas. En el este, también es posible encontrar las últimas cuatro cosas, pero además, se verán genuinos mercados llenos de autenticidad y destinados a los lugareños, una religión que lo puede todo y ejerce gran presión social –sobre las mujeres, fundamentalmente-, la tensión contenida que genera la convivencia –ahora pacífica- con los kurdos y sobre todo, una vida igual de activa, aunque mucho más sosegada.

 

Merece muy mucho la pena, traspasar esa línea imaginaria de la que hablaba antes y entrar en el paraíso de las esencias en estado puro, sin mezclar, sin haber sido adulteradas por el penetrante hedor, del que occidente impregna hasta casi los rincones más remotos de la tierra.

 

 

RELIGIÓN

 

            Tanto de forma implícita como explícita, ya se ha hecho bastante referencia a la religión y a la religiosidad en el apartado anterior y

a estas alturas nadie dudará, de que Turquía es un país de creencias mayoritariamente islamistas, aunque hay minorías. Pero al margen de unos principios comunes, la heterogeneidad es lo que predomina, a la hora de llevarlos a la práctica.

 

            En Estambul y las zonas más turísticas, se vive un islamismo relajado y apacible. El resto de las ciudades del oeste del país, son más o menos conservadoras o más o menos liberales, aunque no depende de su tamaño, sino de factores que a mi se me escapan. Tiene muchos más habitantes Bursa que Kuthaya, pero es mucho más conservadora la primera, como se observa claramente en la forma más recatada de vestir de las mujeres. En el caso del este del país y, como ya se ha dicho, el conservadurismo islamista, está tanto o más arraigado, que en muchos países árabes de férrea tradición musulmana.

                                                                                                 Bursa

            Un termómetro infalible del conservadurismo o liberalismo de una ciudad, viene siempre marcado por la vestimenta de las mujeres y por el número de establecimientos que se logren encontrar, donde se venda vino, cerveza y bebidas alcohólicas. Pero a pesar de lo que yo he leído en algunos foros, en Turquía –incluso en el este-, apenas hay mujeres con burka y en ciudades como Estambul, las féminas –sobre todo las jóvenes-apenas llevan hijab.

 

            Había leído también, que en los últimos años esta ciudad, inspirada por los islamistas más ortodoxos, se había vuelto más retrógrada. Yo la sigo viendo en este sentido, igual que entonces –la última visita la hicimos 11 años atrás- y si algo ha cambiado ahora, es más en la dirección de hacerla una ciudad más descafeinada, pero abierta, que en la otra dirección.


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