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Turquía/4


EL ALOJAMIENTO

 

            Nos servimos de 9 alojamientos, para las 21 noches que duró el viaje, lo que da una idea de nuestra frenética marcha, teniendo en cuenta que, siete las pasamos en autobuses –incluida la primera, rumbo a Madrid-y la última en un hotel de Roma, por los problemas con Alitalia. Así que, salimos a una media de menos de 1,5 noches, por cada establecimiento hotelero. Pero prometo que no competíamos con nadie, ni nos iban persiguiendo

 

            Y mucho mejor ir así de deprisa, porque los hoteles económicos en Turquía son tan básicos y sucios, que cuanto más se vaya

rotando, menos se encabrona uno con el sitio donde está durmiendo (solo cuatro del total, cumplían unas condiciones adecuadas de confortabilidad).

 

Y es que si en 2.008 hemos visitado 27 países, Turquía es donde encontramos los peores alojamientos de todos ellos, que no son tampoco muy baratos, para las prestaciones que ofrecen: De forma excepcional, pagamos 30 euros por un tres estrellas en Bartman –no lo había más barato-, 20 en Estambul -en un alojamiento bastante digno- y entre 12 y 15€ en el resto.

 

            Las habitaciones no siempre incluyen el baño y cuando lo hacen, suelen ser espartanos, deteriorados, pequeños y a veces, sin taza (a la turca) y sin agua corriente. Mirad bien, porque muchas veces es más recomendable un buen baño compartido, que una pocilga en la habitación, que además luego apesta por la noche.

                                                                                                                                                                                 Sanliurfa

            La limpieza también deja bastante que desear  en la mayoría de ocasiones y no suelen incluir ni papel higiénico, ni  otros productos de tocador como champú, jabón, peine o cepillo de dientes y a veces, ni siquiera toallas. No es infrecuente que tengan televisión, aunque raramente, esta será por cable o satélite, asi que ver canales que no sean turcos, es a menudo misión imposible.

 

            En los establecimientos económicos, el desayuno no está incluido. Y casi mejor, porque el día del hotel de tres estrellas, que si lo estaba y era bien rico y variado, los dos tuvimos posteriores desarreglos intestinales. Ya se sabe, como bien expone el dicho, que: “A la que no está acostumbrada a bragas, las costuras le hacen yagas”.

 

            En ningún caso, reservamos habitación por anticipado y solo tomamos las guías como referencia, para elegir las zonas donde nos convenía alojarnos, pero no para buscar los alojamientos que recomiendan, en concreto. Simplemente, escogíamos esa zona e iniciábamos la búsqueda al azar. En la mayor parte de lugares no hay dificultad en encontrar algo adecuado en menos de una hora, si la terminal está lejos y en menos de media, si está cercana. Aunque en Batman y por no resignarnos a pagar el establecimiento de tres estrellas desde el principio, nos tocó dar vueltas durante más de dos horas.

 

            En ninguno de los lugares que hemos visitado en nuestro periplo por Turquía, nos ha salido nadie a ofrecer alojamiento, en las terminales de autobuses o en cualquier otra parte.

 

 

           El regateo apenas se puede usar en los hoteles y cuando se utiliza, tampoco se logran grandes descuentos. Los hosteleros normalmente –no sé con otro tipo de turismo, pero si con el mochilero- ya suelen ajustar los precios al mercado y te cobrarán según sea temporada, alta o baja. Como mucho, se puede conseguir una pequeña rebaja si se van a pasar dos o más noches (así lo hicimos en Trabzon, en el tercer hotel más digno del viaje).

 

           Por otra parte, como ya he escrito en alguna otra ocasión, nosotros no solemos regatear en los hoteles casi nunca. Si el precio es muy elevado, nos vamos sin ni siquiera ver la habitación y si se ajusta a nuestras pretensiones o a lo que hemos pagado en otras partes de ese mismo país, aceptamos sin más (salvo, como he dicho, si vamos a estar más de una noche).

 Cenando en el hotel de Roma pagado por Alitalia, debido a la cancelación aérea

            Normalmente, el alojamiento más caro que se suele pagar es el primero, cada vez que se entra a un país, ya que no se cuenta con referencias. Y eso, que o nos sale de principio uno muy bueno, o nosotros al menos en la mayoría de destinos miramos al menos cuatro o cinco. En este caso, fue una excepción y lo nuestro nos costó, pero en Estambul encontramos el segundo mejor alojamiento del viaje, a un precio muy razonable

 

            En todos los alojamientos en los que tuvimos que dejar el equipaje hasta la tarde o la noche, después de haber hecho la salida de la habitación, nos lo guardaron gratis, sin ningún cobro adicional.

 

 

LA COMIDA

           

            El sustento básico del viajero en Turquía, será el kebab, tipo doner –el pincho que da vueltas para que la carne se vaya haciendo-, recortado en tiras y puesto sobre pan normal o de pita, junto a verduras diversas. O bien, estará emplatado, con o sin guarnición. Si te vas moviendo con cierta frecuencia de lugar, puedes ir degustando las distintas variedades locales. Suele ser de cordero, aunque también el pollo –y cada vez más, supongo que porque es más barato- es muy ofertado en los distintos establecimientos (en este caso, se llama, tavuk döner)

 

            La  especialidad que más nos gusta, sin lugar a dudas, es el kebab de Adana, pero está también muy rico el de Sanliurfa (ambos

se sirven con hortalizas frescas y en el primero, la guindilla es protagonista). Es muy afamado también el jebab de Bursa (hecho con yogurt y mantequilla), aunque en este último caso, no lo llegamos a probar.

 

Comerlo emplatado y sentado en un establecimiento, suele costar entre 4-12 liras turcas y hacerlo en los puestos –con o sin terraza- de la calle, entre 1 y 2. Cabría pensar que el de 2 es más grande, tiene más carne y está más rico que el de uno. Pues no. El precio muchas veces, depende más de la ambición de unos por ganar dinero, trabajando poco, que de la calidad. El secrero que no suele fallar, es ir donde hay más lugareños.

 

Normalmente, se acompaña de ayran, una especie de yogurt diluido, que puede o no estar incluido en el precio, a modo de menú.

 

Con la palabra kofta –que en otros países de la zona del norte de África y oriente medio, se puede llamar también köfte, kafta, kufta or kafteh-, se refieren a la misma carne, pero en este caso picada y en forma –normalmente- de albóndigas alargadas o redondas..

                                                                                                                      Kuthaya

            Las verduras se comen frecuentemente como acompañamiento de platos de carne, aunque es posible degustarlas en ensaladas o pistos. Algunas veces las sirven rellenas, caso de los pimientos, los tomates y las berenjenas. Estas,  tienen un protagonismo especial en la cocina turca: Se dice que tienen cerca de cuarenta formas de cocinar esta hortaliza. A mi, me encantan en forma de pisto, cocidas muy lentamente en la lumbre.

 

            También está muy rica, la pizza turca llamada Lahmacun, que contiene una base de pan y sobre ella, se pone carne picada, cebolla y algunas especias, junto a limón y perejil. Este sabroso tentempié, es más popular y tiene su origen en el  sudeste de Turquía.

 

            Por supuesto, la comida rápida está presente en todas partes, especialmente en Estambul y uno puede sobrevivir a base de sosislis, pide (pizza), hamburguesas, perritos calientes…. En la zona el puerto en esta ciudad y como tentempié de media mañana y para comer andando, son muy frecuentes los mejillones con limón y el rico pescado rebozado (se han subido a la parra en materia de precios, en los últimos tiempos). De todas formas y en la riquísima cocina otomana, el pescado no es tan protagonista y valorado como la carne.

 

            Dos elementos fundamentales, contribuyen a poner la guinda a la gastronomía turca: El excelente pan -para mi, sin lugar a dudas, el mejor del mundo que conozco- y la rica, variada y barata fruta fresca (en la época en que fuimos, especialmente uvas y mandarinas). Se encuentra en cualquier mercado.

 

            Los supermercados son frecuentes en las ciudades más grandes y en los núcleos más pequeños, al menos siempre hay un ultramarino, donde abastecerse de productos de primera necesidad. Estambul está lleno de supermercados Día y justo al lado de la “otogar” –palabra que designa en turco a las estaciones de autobuses-, hay un grande y bien surtido Carrefour (aunque no es nada barato). Se da la paradoja, de que siempre es más barato comer en los puestos de la calle –a veces incluso, en los restaurantes-, que de supermercado.

 

            Normalmente y en casi todas partes, incluyendo los tenderetes de la calle, la comida suele estar en buenas condiciones higiénicas y a pesar de que muchas especialidades de kebab, van siempre con hortalizas crudas, en ninguno de los tres viajes que hemos hecho al país, hemos padecido ninguna diarrea o enfermedad derivada de la alimentación inadecuada.

 Bursa

           

LA BEBIDAS

 

            No es recomendable beber el agua del grifo en Turquía. El agua embotellada tiene un precio razonable –tampoco barato-. Si se va a permanecer mucho tiempo en un sitio y no hay que trasladar los bártulos, sale mucho más a cuenta comprar una garrafa de cinco litros, que botellas de litro y medio. Las bebidas carbonatadas son bastante más económicas, que en nuestro país.

 

            El té es la bebida por excelencia y dar constantes y exasperantes golpecitos con la cucharilla en el vaso, el deporte nacional. El que ellos toman, es el te normal. Las baratas variedades químicas en polvo –de naranja o manzana-, que se vendían a los turistas hace años, han caído en decadencia y ahora –sobre todo en el Mercado de las Especias de Estambul-, lo que se llevan son las carísimas modalidades con flores –pétalos de rosas, por ejemplo-, frutos secos o cáscara de frutas

 

            A pesar de que el café turco, da nombre a una especialidad de este producto, su consumo no llega ni de lejos al del té.       

 

            La cerveza tiene un precio algo elevado, como suele ocurrir en todos los países donde predomina la religión musulmana, pero tampoco es desorbitado. La marca más famosa es la Efes Pilsen, que está bastante rica.

 

            En las zonas turísticas y en el oeste en general, no hay ningún problema para adquirir bebidas alcohólicas. En el este, al final se

acaba encontrando alguna tienda, pero a veces cuesta. Sirva como ejemplo, una ciudad bastante grande como es Sanliurfa, en cuyos supermercados no encontramos ni siquiera cerveza o vino y solo vimos una tienda pequeña de bebidas alcohólicas, que por cierto en Turquía, son bastante caras (el estado les pone elevadísimos impuestos).

 

            El alcohol nacional es el raki –llamdo arak, en otros países de oriente medio, como Siria o Jordania-. Es de sabor anisado y ronda los 43 grados, así que, ¡¡cuidado!!. No es nada del otro mundo y la botella no suele bajar de los 15€.

 

            En el catálogo de vinos, los hay bastante decentes, pero normalmente son realmente caros. En este país, al final lo que viene a salir más a cuenta de todo, es la cerveza, en formato de latas de medio litro (a veces de litro). 

                                                                                                                 Safranbolu

           

 

GUIÁS Y OFICINAS DE TURISMO

 

            La guía que hemos utilizado para este viaje, ha sido la Lonely Planet de Turquía, edición en castellano del año 2.006, con la que en términos generales, estamos bastante contentos. Es mucho más extensa de lo que nosotros pudimos abarcar, dado que empezamos los preparativos, apenas cinco días antes de hincar el viaje. Pero como en todo, más vale que sobre a que falte

 

            La información sobre transportes es bastante completa y fiable, sobre todo en el tiempo que se tarda en cubrir la distancia entre unos y otros puntos de interés. Siendo esto así, cualquier guía tiene mucho camino andado. En cuanto a la información monumental y de los a lugares de a visitar, es bastante completa.

 

            Y a pesar de que han pasado dos años desde su edición –que en la práctica serán más-, los precios solo están algo desactualizados –y no mucho- en el transporte, siendo los de los alojamientos casi clavados y a veces, supongo que por la fortaleza del euro frente a la lira, hasta más baratos.

 

            En esta ocasión, por no tener tiempo y porque ya tenemos bastantes folletos de otros viajes, no recurrimos a solicitar información previa a la Oficina de Turismo en España. Cuando así lo hemos hecho –o cuando nos hemos acercado hasta el stand de Turquía en Fitur- dan muy buena documentación, folletos, mapas y planos.

 

            Una vez en el país –desconozco si por que hemos viajado en temporada baja, porque la recuerdo mejor de otras veces, la atención turística es algo menos esmerada de lo esperado y no es tan frecuente encontrar oficinas abiertas en todas partes, como ocurre por ejemplo, en Túnez. Es recurrente, el hecho de que en varias ocasiones del relato, compare estos dos países, porque fueron visitados de forma consecutiva, con tan solo 36 horas transcurridas entre el final del primer viaje y el inicio del siguiente.

 

 

LA SEGURIDAD

 

  

          Poco hay que resaltar en este apartado y eso es bueno, porque cuantas menos líneas ocupe, significa que hay menos peligros y mejores condiciones de seguridad. Turquía llegó a tener fama de país inseguro, debido a la mala reputación que le dieron películas como “El expreso de medianoche”, que si bien hablan de las pésimas condiciones de las cárceles turcas y la constante vulneración de derechos fundamentales, también dejan claro, que en este caso, el protagonista comete un delito, que con más omenos gravamen, está penado en todos los estados del mundo.

 

            El viajero o el turista normal, no tendrá que visitar ninguna cárcel, si no actúa de forma ilegal y en ese caso, pocas son las cosas que tiene que temer. Ni siquiera en el este –al menos en las zonas por nosotros visitadas-, aunque la situación allí, es cambiante y lo que hoy es seguro, mañana puede no serlo.

 Amasya

            Pero hasta Diyarbakir, que fue la  capital de la resistencia kurda no hace mucho y en la que tras sus oscuras y siniestras murallas, se esconden numerosos actos de inestabilidad y violencia en el pasado, hoy es una balsa de aceite y rebosa tranquilidad. Estuvimos también relativamente cerca de la frontera con Irak y tampoco percibimos sensación de inseguridad alguna.

 

            No fuimos más al este de Mardin y Batman, pero tampoco en los noticiarios escuchamos noticias que relacionaran en la actualidad, esta parte del país con la inestabilidad. No sabemos sin embargo y si es conveniente consultarlo en la embajada, para aquellos que organicéis el viaje con más tiempo que nosotros, el grado de presencia del ejército en los límites con Armenia e Irán y si en alguna de estas zonas, el transito de viajeros está ahora restringido o limitado a unos horarios concretos (como era el caso de la visita a Ani, no hace mucho tiempo).

 

            En el resto de la zona este, hay controles de carretera, que son tan frecuentes, como poco molestos. Suelen pedir la documentación de forma muy  educada y solo en ocasiones, comprueban algunos datos a través del ordenador o por vía telefónica. Poco más.


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