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Turquía/10


            Nos levantamos tarde y compramos los billetes para Erzurum, con la empresa Bingol 1, para un autobús que parte a las 22,30.

Empleamos la mañana en volver a recorrer lo que vimos ayer de noche y en ampliarlo un poquito más. Nos ha ocurrido un hecho algo surrealista y es que en otra de las compañías que preguntamos ayer y donde nos habían asegurado que si prestan servicio a Erzurum, hoy juran y perjuran que no.           

 

            Paseando por fuera de las calles principales, la pobreza –visible en las formas de vestir, los exteriores, los interiores y los patios de las casas-, el abandono y la suciedad, son las notas dominantes. La verdad es que las calles no estarían nada mal, de estar un poco cuidadas, porque son estrechas y empedradas y algunas casas –también de piedra-, se ve que tuvieron un glorioso pasado.

                                                                                  Diyarbakir

Al contrario de lo que pensábamos, las murallas no se pueden recorrer por encima, dado que solo es posible subir por algunas partes, que no suelen estar precisamente, en muy buen estado y hay peligro, de poder tener un disgusto. Están muy dejadas y la vista desde arriba, no es nada espectacular. Nos vamos al Bazar del Queso y el Yogur. Es muy curioso y colorido, aunque está poco animado. Nos quedamos con ganas de probar el queso, pero lo vemos demasiado crudo y decidimos abstenernos.

 

            Callejeamos por el bazar y menos mal que se nos ocurre volver a la agencia de los autobuses, a preguntar cuantas horas hay hasta Erzurum, porque nos comunican que el autobús, para el que habíamos comprado los boletos tres horas antes, no va a salir y que si queremos irnos, tenemos que tomar el de las 5 de la tarde. Pero ese nos viene muy mal de horario, porque llegaríamos cerca de las 12 de la noche. Así que pedimos la devolución del dinero.

 

            Nos vamos a otra agencia que se llama también Bingol –ahora sin el 1, pero con un 2- y los adquirimos, para la misma hora que teníamos y con las mismas plazas (30 TR$, tras regatear, porque teníamos la referencia de los anteriores). ¡Lo de los autobuses aquí es rarísimo!. Esperamos no tener problemas. Nos han dicho, que estemos una hora entes, en la puerta de la agencia.

 

  

          Comemos en un sitio muy humilde a base, como casi siempre de kebab. Los dueños son un encanto, el precio es baratísimo y con muy generosos con la cantidad de carne. De los mejores, que probbmos a lo largo del viaje, aunque no tan bueno, como el de Sanliurfa. Y de postre, cacahuetes y mandarinas. Paseamos por los sitios cien veces ya recorridos. Y es que esta ciudad para un día y medio, se hace un poco larga. Basta con uno e incluso, con medio.

 

            Cuando anochece, nos vamos al Carrefour primero y después al cíber y una vez que salimos, algunas de las calles principales están llenas de humeantes planchas, donde se hacen fundamentalmente –aunque no de forma exclusiva-, los típicos higaditos en brochetas, que todavía no hemos probado, porque nos da algo de pereza. Ayer no estaban. Debe ser, que hoy es viernes.

  Diyarbakir

            Cuando llegamos a la puerta de la agencia, constatamos que el autobús es en realidad, un pequeño e incómodo microbús. ¿Es en esto en lo que vamos a pasar la noche, camino de Erzurum?. Parece ser que sí. Y hemos tenido suerte, porque cuando para en la terminal, nos damos cuenta de que esta es nueva y no es la que viene en la guía. Así que si hubiéramos tomado la otra compañía, que no tiene servis –servicio gratuito de traslado a la terminal- hasta aquí, nos habríamos equivocado y  hubiéramos perdido el autobús.  

 

 

ERZURUM

 

            Llegamos a las cinco de la mañana, después de haber pasado una noche horrible y para colmo, hace un frío casi extremo, provocado por un fuerte aire, que debe ser polar como mínimo. Nos tumbamos en el suelo de la estación, pero la baja temperatura nos impide dormir ni aún con una manta, así que a las siete, nos decidimos a caminar la aproximadamente media hora, que hay hasta el centro de la ciudad.

 

            Antes hemos sacado los boletos para Trabzom (25 TR$, empresa Ulusoy), para las dos de la tarde. En un principio, habíamos pensado viajar por la noche, pero dos en blanco y después de cómo hemos pasado esta, nos parecen demasiado. Creemos además que con siete horas, nos bastará para ver Erzurum. Y así mañana, no tendremos que madrugar y nos podremos tomar el día de descanso.

 

 

           Compramos pan recién hecho en una panadería, después de que en otra nos hayan tratado de engañar, intentando cobrarnos el triple de lo habitual. No quiero generalizar, pero en esta zona del país, es mucho más fácil que en oeste, de que en tiendas o lugares de comida, te traten de estafar, dado que hoy nos ha pasado una vez y ayer dos en Diyarbakir (un restaurante de kebabs y una tienda de artesanía). Así que como siempre, lo mejor es preguntar el precio, antes de comprar nada

 

            Esta ciudad es de costumbres más relajadas que la de ayer, de edificios más modernos y, desde luego, bastante más próspera. Sin embargo, no es fácil de encontrar bebidas alcohólicas. Todo lo que hay que ver, está casi a lo largo de la misma calle: La mezquita Ulu, la madraza de Cifte Minareli, los mausoleos Uc Kumbetler, la madraza de Yakutiye y el antiguo caravansar Tashan, donde se compran las joyas con la piedra negra, típicas del país. En muchos de los edificios, como la Fortaleza (3 TR$) y algunas mezquitas y museos, se estila la bonita torre cónica.

                                                                                            Erzurum

Nos vamos pegando a los muros de las construcciones, para taparnos del aire y absorber el sol, que desde la seis está en lo alto, pero que no termina de coger fuerza. Y por eso, pasamos también más tiempo del necesario en la mezquita principal, donde además, nos tiramos un buen rato charlando con su Imán, dado que a estas horas, somos los únicos visitantes. No conseguimos sin embargo encontrar, mercados animados o coloridos y tampoco un bazar (en el plano no viene ninguno). Sobre las 11, el sol comienza a coger fuerza y puede por fin con el frío.

 

Comemos y tomamos el camino de vuelta para la terminal. Nos subimos al autobús, que es bastante confortable y durante el viaje además, nos sirven dos rondas de bebida y un snack. El ayudante es muy simpático. Desde luego, esta es una de las mejores compañías, que hemos tomado hasta la fecha. Delante de nosotros viaja una madre con un niño pequeño. Ante de salir, va muy recatada con su pañuelo, pero en cuanto arrancamos, se lo quita y se suelta el pelo.

 

El paisaje es variable, aunque siempre muy seco. Unas veces es montañoso y divertido, otras liso y anodino. A ratos la carretera, es una auténtica pena. Somos víctimas de dos controles militares y desde luego el segundo, lo hacen bastante a fondo, aunque no hay consecuencias para ninguno de los pasajeros. A pesar del tiempo perdido, no llegamos con retraso y en cuatro horas y media, nos ponemos en nuestro destino. Lo primero que hacemos, es confirmar con alegría, que hay autobús directo a Amasya y no tendremos que hacer trasbordo en Sansum, como nosotros pensábamos.

 

 

TRBZOM

 

Tomamos un dolmut al animado centro y en menos de cinco minutos, encontramos un hotel bastante correcto, el Evin –al lado de Ataturkalawi-. Conseguimos bajar el precio de 35 a 30 liras, al quedarnos dos noches y nos entregan una muy correcta habitación con un baño grande y televisión. Nada más encenderla, ya están hablando de Luis Aragonés y Guiza. Aquí este futbolista, es casi más famoso que Beckhan y es posible que hasta Nuria Bermúdez, lo sea más que Victoria.

 

Trabzon es una ciudad moderna, totalmente accidentalizada y con algo de turismo. En la guía, ponen a su centro como si fuera casi un prostíbulo, al decir que está tomado por las “nathasas” rusas, pero aunque alguna hay –muy guapas, por cierto-, no es ni la cuarta parte de lo que cuenta la Lonely y no desarrollan ninguna actividad en la vía pública. Las calles on muy cuidadas y los comercios, elegantes. Hay muchas pastelerías con el dulce local, que aquí se llama telva.y muchos restaurantes de comida rápida.

 

Las mujeres van despechugadas, como en cualquier país de Europa y son frecuentes las minifaldas. Hay muchas tiendas de alcohol y de Efes Pilsen, además de baretos donde se fuma sisa, menos frecuente en general en Turquía, que en los países árabes. Existen también muchos puestos de castañas.

  Trabzon

A las siete está todo cerrado y a las ocho, ya no queda nadie por la calle y eso que es sábado. Aún así y teniendo en cuenta que hace menos de 24 horas estábamos en Diyarbakir, parece que en ese tiempo hubiéramos pasado, del lugar más recóndito de Irán, a Las Vegas. Aquí hay muchos comerciantes e inmigrantes rusos, de tal forma que en algunas tiendas, los rótulos están puestos solo en cirílico

 

Buena noticia: En contra de lo que dice la Lonely, que solo los circunscribe de mayo a agosto, hay servicios diarios que llevan hasta Sumela, a lo largo de todo el año. Salen a las diez y retornan tras unas pocas horas. Son caros, pero al menos existe la opción. Mañana miraremos la posibilidad, de ver si se puede hacer, combinando varios dolmuts, como sugiere la guía.

 

Nos levantamos cerca de las diez y cuando bajamos a la calle, nos damos cuenta de que casi hemos sido los primeros, porque no hay nadie. Vamos a la parada donde supuestamente, se toman los dolmuts que tras un trasbordo te acercan a Sumela, pero nos dicen que aquí no ofertan ese destino. Preguntamos en la oficina de turismo y nos indican, que la única forma que hay de ir, son las excursiones diarias, que hemos visto ayer. Aunque seguro que hay otra, desistimos y decidimos visitar el monasterio mañana, por ese mismo cauce. Hoy nos quedaremos en Trabzom a descansar, que falta nos hace, después del vertiginoso ritmo, que llevamos esta última semana.

 

Nos vamos al lejano Aya Sofia (3 TR$), a unos cuatro kilómetros y nos cuesta encontrarlo. Nos resulta algo decepcionante, aunque el entorno, cerca del mar, es agradable. Si no pagas no ves nada, porque hay que hacerlo antes de acceder a la puerta exterior y delante hay muchos árboles. Al lado se ubica una exitosa terraza, donde muchos lugareños desayunan, el típico almuerzo de oriente medio. Y es que este barrio, está mucho más animado que el centro.

 

Volvemos andando, por otro camino diferente. Hace un día estupendo, de manga y pantalones cortos. Nos vamos a pasear por el bazar, que es limpio, amplio, bien pavimentado, pero bastante impersonal. Algunas calles van en cuesta. Luego salimos a la zona de los puestos de fresquísimo pescado y al puerto. Y finalmente al mar, a través de un paso elevado. Las vistas nos son nada espectaculares.

 

Antes de comer –para cambiar, hoy lo hacemos de supermercado-, vemos un par de mezquitas, que no son muy bonitas y los restos de la muralla y un puente de piedra. Poco más tiene de interesante esta ciudad. Así que pasamos la tarde paseando por el centro, aunque muchos han tenido la misma idea y están las calles abarrotadas, sobre todo de familias con niños. Al contrario que en el resto de Turquía, aquí abundan los cochecitos para bebé.

 

Al final siempre nos sucede lo mismo: Pensamos en descansar un día y luego cuando llega este, nos aburrimos. Y es que

nosotros estamos hechos, para estarnos moviendo constantemente y disfrutando de novedades y emociones a cada rato. Algunos dirán que somos cazadores de postales. No lo creo. Nosotros de los que están mucho tiempo en un sitio o viajan despacio, decimos que son de absorción lenta

 

Como nada más tenemos que hacer, nos vamos hasta la terminal andando, para comprar los billetes a Amasya, para la noche de mañana, por 30 liras, con la empresa Tokat Yildizi. El camino es bastante oscuro de noche, pero no tenemos sensación de peligro.

                                                                                  Sumela

Nos vamos al hotel bien temprano y nos aburrimos como ostras, viendo en la tele como siguen dale que te pego, con Aragonés y Guiza. Menos mal que al menos, el Valladolid ha ganado 3-2 al Sevilla, después de remontar un 0-2. Onservamos reconfortados como en Kars, las máximas no llegan a cinco grados. Y en Van, por el estilo. ¡Menos mal que no hemos ido!.     



SUMELA

           

            Compramos la excursión a Sumela (empresas Metro y Ulusoy, conjuntamente, por 20 liras). De 17 plazas que tiene el microbús, son 14 las que van ocupadas y solo seis, somos extranjeros. En una hora escasa, estamos en nuestro destino. Si se va en coche particular, hay que abonar 8 liras, por entrar al Parque Nacional, aunque se puede dejar fuera, dado que el monasterio no está lejos. Yendo como nosotros, solo se paga la entrada al Monasterio, que son 8 liras. Tres horas es el tiempo, que te dan para completar la visita, de tal forma que a las 14, hay que estar en el vehículo, para iniciar la vuelta. ¡Es un margen suficiente!

 

            El Monasterio merece mucho la pena y el entorno, todavía más. Hay dos caminos para llegar hasta él y lo más conveniente es subir por uno y bajar por el otro, en forma de círculo. El más corto es algo escabroso y sube haciendo curvas (unos 20 minutos, a nuestro vertiginoso ritmo) y el otro va por la carretera. Es más suave, pero también más largo y a través de él, se tienen magníficas vistas del Monasterio y se atraviesan bellos riachuelos y cascadas. Menos de una hora resulta suficiente, para ir contemplando todas las capillas, donde no se puede usar flash, a la hora de tirar fotos (y el taquillero, que también es hace de vigilante, es muy cumplidor de su trabajo).

 

   

         Si lo que se quiere es hacer la visita de la forma más rápida posible, lo mejor es subir y bajar por el sendero corto y escarpado y luego tirar por la carretera hasta el segundo puente, desde donde se obtienen unas vistas extraordinarias. Es precisamente en este lugar, donde aprovechamos para sentarnos a comer. En Trabzon hacía bastante bueno, pero aquí se impone un clima fresco y más al estar en un valle, donde en esta época otoñal, el sol apenas penetra. Las abundantes ortigas, nos han dejado la piel bien irritada, al habernos rozado con ellas.

 Sumela

            A las tres de la tarde estamos de vuelta en Trabzon y matamos la tarde paseando por el bazar, que hoy está mucho más animado. Compramos vino y nos lo entregan, dentro de una bolsa negra y envuelto en una hoja de periódico, en la que aparece Luis Aragonés. A las siete de la tarde, nos vamos para la terminal, en la que afrontamos una larga y aburrida espera, hasta que parte el bus para Amasya. La compañía por la que nos hemos decantado es bastante buena y el autobús es muy cómodo, pero el conductor, va toda la noche con la radio puesta, a todo volumen. Menos mal que duermo como las marmotas.

 

 

AMASYA

 

            Llegamos a las 6,40 y continuamos durmiendo, en el suelo de la terminal, hasta las 8 de la mañana. Nuestra intención hoy, es ver esta maravillosa ciudad y por la tarde salir para Sivas, para mañana tomar una autobús a Divrigi (el lugar Patrimonio de la Humanidad, menos visto de Turquía). Pero como no hay autobús a la hora que nos conviene, es caro y se tarda más de lo que pensábamos, cambiamos nuestros planes: Renunciamos a estas dos visitas y nos iremos esta noche para Ankara (25 TR$, con Amasya Tours). Al fin y al cabo lo otra opción, iba a resultar demasiada paliza, para solo ver una mezquita y un hospital psiquiátrico, que no sabemos siquiera, si estará abierto para verlo por dentro, porque estamos en temporada baja.

 

            Recorremos andando, los dos kilómetros que hay desde la terminal al centro. El frío es penetrante, aunque el sol comienza a tener fuerza y a las diez se impone. Amasya es sencillamente espectacular, con la Ciudadela en todo lo alto y las tumbas pónticas (3 TR$) enclavadas en la roca. Junto al serpenteante río y a las decenas de casas otomanas enclavadas en la ribera, constituyen una postal inigualable e inolvidable (es la foto que ilustra la presentación de este relato, en la página principal de la Web). Se trata de uno de los lugares, que más nos gustan de Turquía. Además, hay bastantes mezquitas, que merecen mucho la pena.


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