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Sur de Marruecos

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Sur de Marruecos

 

África, en estado puro



odos los textos  y fotos de este relato son originales. Queda permitida su reproducción parcial en otros sitios webs, siempre que no se usen con fines comerciales, se cite la fuente  de procedencia y se me informe de ello a la dirección de correo electrónico que aparece en la página principal de esta Web


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          Casi cada vez que el objetivo de la cámara fotográfica sobresale y enfoca algo –sea lo que sea- en el sur de Marruecos, una

oronda mujer de amplios y tupidos faldamentos se pone a la defensiva o se enoja. Unas veces huyen despavoridas, mientras otras se encaran con el sufrido viajero, acusándole de quebrantar su privacidad y de no sé cuantas cosas más. ¿Se creerán Miss Mundo, para pensar  que andamos detrás de ellas todo el día con la intención de retratarlas?. ¿Tan importantes se sienten?. ¿Nadie les explicó alguna vez que no hay nada más parecido a una rechoncha mujer con faldamento, que otra rechoncha mujer con faldamento y que ambas poseen escaso interés para ser inmortalizadas?.

                                                                               Marrakech

            Paseábamos tranquilos por las calles de Tamegroute. Naturalmente, dentro de lo tranquilo que se puede estar en el área de los pueblos que componen el área de Zagora en el desierto del Sahara, donde a cada paso tienes un comisionista o vendedor de algo queriéndote llevar al huerto o a un niño/a pidiéndote dirhams.

 

            Justo al iniciar nuestra rutinaria sesión fotográfica en el patio de la bonita biblioteca coránica, una mujer de las características anteriormente señaladas irrumpe gritando en un entendible español, que con nuestras instantáneas estamos profanando un lugar privado y el anonimato de los que allí están, que no quieren ver su imagen atrapada en la tarjeta de la cámara de un foráneo.

 

            La realidad es, que no estábamos enfocando absolutamente a nadie. Solo tomábamos una imagen de la portada y de su coqueto techo verde. Pero momentos antes, habíamos rechazado por más de tres veces la compañía de un joven amigo suyo, que pretendía guiarnos por el lugar, a cambio de la correspondiente compensación económica. Ese era el motivo de su enojo y no otro.

 

            La sensación de que todo el mundo está pensando en tu cartera cuando visitas esta zona del país es constante. Y por otra parte, ellos tampoco hacen ningún esfuerzo por esconder sus intenciones de sacarte lo que puedan. Desplumar al turista en la medida de lo posible, no parece ilícito en una zona donde la pobreza –que no la miseria- asola con fuerza.

 

            Pero no solo son las graves carencias económicas las que han llevado a esta situación, sino la comodidad a la que se han, o los hemos acostumbrado. Han asumido con facilidad, que el turista es alguien más rico que ellos y que por tanto, tiene la obligación de contribuir a calmar su penosa existencia. Ni por asomo se lo exigirían a los gobernantes que mal rigen sus destinos, pero si se creen con el derecho a hacerlo a quines les visitan, con la única intención de conocer esos lugares, su cultura y sus gentes.

 

            Así. Cualquier señora de mediana o avanzada edad y vestida de negro hasta los dientes, se os acercará con gesto desairado y con la mano abierta pidiendo enérgicamente un donativo para su causa. Sentiréis el aliento del camarero del restaurante, justo un instante después de que os hayáis detenido a ojear la carta.

 

            Os sentiréis incomodados por el vendedor que os perseguirá para que visitéis (verbo que en el argot local significa”comprar todo lo posible”) su tienda. Y que decir de las jaurías de niños que os rodearán sin miramientos y no os dejarán en paz hasta obtener unos preciados dirhams.

 

            A pesar de que –salvo la señora de mediana o avanzada edad y vestida de negro- casi todos se manejan al menos un poco en español, de nada servirá que les expliquéis que eres un trabajador con contrato de seis meses, que se pasó dos años ahorrando para realizar ese viaje, que comes solo una comida caliente al día y que duermes en alojamientos de ocho euros. O que te has cogido una excedencia de un año y te estás dejando allí gota a gota los ahorros de tu vida. No. Sea cual sea tu posición, ellos no dejarán de verte como la mera fuente de financiación que tiene la obligación moral de aliviar sus vidas.

  Ouarzazate

            Pero los viajeros no solo somos víctimas de que se haya llegado a esta situación sin retorno, sino los máximos culpables. Si hay decenas de niños que te abordan en tropel y te rodean para reclamarte un insignificante dirham (menos de diez céntimos de euro), es porque la mayoría de los visitantes se lo dan (bajo los posibles pretextos de “pobrecito el negrito”, “hay que niño más rico” o “a ver si así el puto crío me deja en paz”. Y los pequeños no tardan en aprender erróneamente, que sale más rentable hacer la calle moneda a moneda, que esforzarse en la escuela.

 

            ¿Y que más habremos hecho los viajeros para que la señora de negro nos exija incluso con toquecitos en el hombro su parte, el del restaurante nos avasalle y nos quiera dar de comer aunque ya hayamos comido o los de las tiendas piensen –como de hecho piensan- que los occidentales somos esos ricos tontos tan fáciles de engañar?.

 

            Quizás este que he hecho, no sea el análisis más políticamente correcto que se puede hacer de situaciones que tienen como trasfondo la pobreza. Pero ningún viajero puede arreglar la economía de millones de desamparados y ni siquiera tiene la obligación de hacerlo o intentarlo.

 

            Tampoco nadie tiene derecho a faltar al respeto al viajero, molestarle, agobiarle o presionarle contra su voluntad, por pocos recursos que se tengan. En el mundo hay muchas sociedades –y personas- que atraviesan situaciones económicas complicadas y la mayoría, no son tan groseras como la que relato.

 

            Hasta para el viajero experto, algunas zonas del sur de Marruecos pueden ser por momentos desquiciantes (casi nunca

inseguras, salvo para mujeres jóvenes solas) y eso conviene saberlo antes de iniciar el viaje. Por lo demás, el destino es realmente recomendable.   

 

 

ASPECTOS GENERALES

 

            El viaje que acabamos de terminar es el segundo que realizamos a Marruecos. Dado que el primero lo hicimos hace solo tres años, la casi totalidad de los aspectos generales recogidos en el relato del mismo siguen vigentes, por lo que para la mayoría de ellos se remite al lector a esa información recogida en esta misma web, en el enlace correspondiente.

                                                                                        Amezrou

 

ESTUVIMOS ENCANTADOS CON…

 

            -La cercanía a la ciudad del aeropuerto de Marrakech

 

            -De que España ganara la Copa Davis estando otra vez de viaje. Así ocurrió con la Euro, el Tour, el Giro, Roland Garros, Wimblendon… Visto lo visto, el Consejo Superior de Deportes debería financiarnos otro periplo similar el año que viene.

 

            -Volver al calorcito y dejar atrás los fríos de Castilla.

 

            -Que en Marruecos hayan mejorado muchas cosas en tres años, sin que el país haya perdido autenticidad.  

 

            -No habernos olvidado de “medinear” sin perdernos (hasta de noche).

 

            -Que los hoteles hayan mejorado bastante desde nuestra última visita (también nuestra habilidad para encontrar una mejor relación calidad/precio ha evolucionado notablemente)

 

            -El rico pan

 

            -La enorme variedad de sabrosas aceitunas y las pequeñas, pero exquisitas mandarinas.

 

            -La cotidianeidad que reina en los pueblos del entorno de Zagora, en el desierto del Sahara.

 

           

ACABAMOS HARTOS DE…

 

           

-Que la prisa en Marruecos mate y sean tan lentos para todo (incluso cuando estás tú solo en un restaurante, tardan y tardan).

 

            -Los niños pedigüeños, especialmente en los pueblos colindantes con Zagora.

 

            -Que todos los que hacen o viven de algo en la plaza Jama el Fna de Marrakech vengan a pedirte dinero en cuanto ven el objetivo de tu cámara (aunque no los enfoques siquiera a ellos).

 

            -Encontrar una tienda de alcohol en Ouarzazate cuando no la necesitábamos (en dos semanas que duró el anterior viaje, solo vimos una el último día).

  Camino de Zagora

            -Madrugar (por culpa de los horarios de autobuses y nuestra ambición viajera sin límites).

 

            -De las agencias de tours en Ouarzazate y Zagora (como diría aquel, caras de cojones).

 

            -La Lonely Planet. Poco fiable, confusa y con escasa información sobre nuestros destinos en concreto.

 

            -Que casi todo el mundo y en todas partes hable español, lo que supone que te estén todo el día dando la lata y les entiendas.

 

            -Las oscilaciones noche/día de la temperatura en esta época del año.

 

            -Que se quiten de las fotos cuando tú quieres que salgan y de que se pongan cuando no quieres.  

 

 

ITINERARIO DEL VIAJE

 

            Como últimamente vamos tan sobrados –entiéndase esta frase como autocrítica y no como autocomplacencia-, no preparamos absolutamente nada. Compramos dos boletos aéreos a Marrakech con Easyjet y nos propusimos –además de volver a esta ciudad- recorrer las gargantas del Dades y del Tolera.

 

            Por razones que en su momento iré explicando, tuvimos que modificar nuestros planes y creo que acertamos. El resultado ha sido un viaje vertiginoso (es decir, a nuestro estilo) y muy variado, con ciudades y pueblos, naturaleza y desierto. Y todo ello en sólo seis días

 

            El itin

erario realizado fue el siguiente:

 

            Día 1.- Valladolid-Madrid-Marrakech (desde el mediodía en esta última ciudad)

            Día 2.- Ouarzazate.

            Día 3.- Garganta del Dades

            Día 4.- Zagora y Amezrou

            Día 5.- Tinfoú y Tamegroute

            Día 6.- Marrakech-Madrid-Valladolid (mañana completa en Marrakech).

                                                               Itinerario del Viaje

 

EL TRANSPORTE

 

            Aunque el capítulo dedicado a este tema en el otro relato sigue casi con total vigencia, no quiero dejar de señalar que la forma más barata de llegar a Marrakech, a pesar de que hay otras compañías de bajo coste como Atlas Blue, es comprar los vuelos con Easyjet. A nosotros nos salieron por unos 70€ cada uno, pero si se adquieren con más antelación, se pueden conseguir por poco más de 50€.

 

            En cuanto a las compañías de autobús, suelen racanear bastante la calefacción, por lo que hay que tener presente que si se viaja en épocas de otoño o de invierno, no es mala idea llevarse una mantita de avión o similar. Con dos forros polares, a veces he ido muerta de frío.

 

            Supratours me parece la empresa más recomendable y calurosa de todas. Tiene fama de ser más cara que la estatal CTM, pero no siempre es así y es mucho más recomendable.

 

            Para ir desde el aeropuerto de Marrakech hasta la ciudad hay tren, pero resulta más recomendable el autobús 19 (20 dirhams ida/30 ida y vuelta, válido dos semanas), que hace un recorrido circular con varias paradas (plaza Jama el Fna, estación de autobuses, de trenes). Se toma según se sale por llegadas y parte cada media hora desde las 6,15

 

 

ALOJAMIENTO

 

            También sigue vigente el capítulo que escribí en su día sobre este asunto. En tres años, los alojamientos han mejorado algo su calidad en líneas generales y no han subido mucho su precio. Nosotros hemos encontrado precios más baratos que entonces por ser una temporada más baja, por nuestra mayor habilidad fruto de la experiencia y porque de Marrakech hacia el sur, el alojamiento es sensiblemente más económico.

 

 

PRESUPUESTO

 

            320 euros han sido suficientes para completar esta aventura. Poco, ¿verdad?. 140 euros se fueron en los vuelos y el resto se los llevaron el transporte terrestre y los gastos generales.

  Tamegroute

           

CAMINO DE MARRAKECH

 

            Son las cuatro y media de la madrugada del domingo. Sin apenas haber dormido tomamos el Alsa (más cómodo que de costumbre), que en dos horas y cuarto nos conduce directamente al aeropuerto de Barajas. El conductor debía tener algo de prisa, porque tan solo en 120 minutos se había plantado ya en la calle Princesa.

 

            Bajamos en la T1 y nos dirigimos a Amena (abre las 24 horas y tiene mostrador en todas las terminales), con el fin de presentar la reclamación por la cancelación del vuelo de Alitalia, que nos debía haber traído desde Roma en el anterior viaje. Llevamos un escrito hecho, pero además tenemos que presentar un formulario, del que nos quedamos con copia. Dicen que nos contestarán entre 15 y 20 días. No tenemos mucha esperanza en que salga adelante, dada la situación de la compañía italiana, pero no nos vendrían nada mal los casi 1.000€ a los que tenemos derecho, después de tantos gastos en viajes.

 

            Nos tiramos en el suelo a la espera de que abran el check-in. En la T1 apenas hay sillas. ¡¡Madre mía. Las veces que habremos estado tumbados en este suelo durante estos últimos meses!!. No me duermo.

 

            Facturamos una sola mochila. Hubiéramos viajado solo con equipaje de mano para tampoco tiempo, pero en Marruecos cuesta conseguir alcohol, así que hay que llevarlo de casa y con la norma de los malditos líquidos, no puede ir en cabina.

 

            Ahora nos acomodamos en la zona de embarque y si conseguimos dormir un buen rato. Nos enteramos de  que el vuelo sale con 45 minutos de retraso, así que nada mejor que seguir con la siesta. El avión va bastante lleno. Detrás, dos argentinos y un boliviano, no dejan de animarnos el vuelo con sus jocosos comentarios e historias. Aún así, me duermo otra hora.