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Sudeste Asiático/2


            Formas de comunicación durante el viaje:

 

            Esta es una de las cuestiones más personales y pocos consejos se pueden dar, porque cada uno sabe mejor que nadie la intensidad y el tipo de relación que mantiene con los suyos. Así que me voy a limitar a explicar como lo hicimos nosotros.

 

            La cuestión era como conseguir mantenernos cerca de ellos, pero –como ya he dicho- tampoco demasiado, para no tenerlos presentes o estarlos recordando todo el día. Esto habría afectado constantemente al estado de ánimo.

 

            Por eso, tuvimos claro desde el principio que, salvo para asuntos de mucha urgencia, trascendencia o gravedad, prescindiríamos del teléfono o de cualquier posibilidad de contacto directo de las que hoy ofrecen las nuevas tecnologías (y mucho menos con cámaras, que permitieran un contacto visual).

 

              Todo sabemos lo preocupada y nerviosa que se puede poner la familia si te ve un poco mal, te escucha algo desanimado o si observa en tu cara que has perdido unos kilos. Imaginan lo peor: Que no comes, que estás enfermo, que estás deprimido…. Nunca que esa mañana te has cascado un trekking de 40 kilómetros. Así que ojos que no ven…

 

            Además, las conversaciones de larga distancia y cuando hay sentimientos fuertes por medio, siempre tienden a enredarse en los mismos términos. Que si cuídate, que si te echo de menos, que si hay como nos lo estáis haciendo pasar, que si quien os habrá mandando iros tan lejos…

 Atardecer en White Beach (Filipinas)

            Es por ello que optamos por una forma más distante, pero a la vez, más reposada y creo que acertamos. Me refiero al correo electrónico. Al principio resulta más fría e impersonal, pero cuando ellos y nosotros nos fuimos acostumbrando, nos dimos cuenta de que era la forma perfecta de estar cerca, pero no tanto como para que los sentimientos afloraran desbocados y nos pudieran atormentar a unos y a otros.

 

            Porque de nada sirve estarnos llamando todos los días para decir que nos echamos de menos (aunque sea verdad). En ese caso es mejor no irse o volver anticipadamente.

 

            Y al final y paradójicamente, el reposo hace que las comunicaciones sean más relajadas y fluidas. Ellos siempre tuvieron constante y completa información de todo lo que hacíamos y vivíamos, dado que solíamos enviar –en la medida de lo posible-, un par de mensajes por semana de tres o cuatro folios cada uno.

 

            Como todo va evolucionando, comenzamos con mensajes individualizados para cada uno de los que habíamos decidido comunicarnos (familia, amigos de todo la vida y un par de compañeros de trabajo cada uno). Eran de unas veinte o treinta líneas. Pero resultaba poco práctico, así que decidimos escribir crónicas más largas y enviar a todos la misma, con un PD al final para cada persona, con los asuntos particulares que le quisiéramos transmitir o preguntar

 

            ¿Hay que contarle a la familia todo lo que se está viviendo o los peligros que se corren?. Es otra cuestión muy personal. Si os apetece leer nuestra opinión, somos partidarios de contarlo casi todo. Eso sí, siempre con mucha ironía, suavizando la cosas y dando la sensación de que los hechos o sensaciones negativas no te están afectando más de lo conveniente. Eso además, es mucho más fácil de disimular por correo electrónico que por teléfono o por el skype.

 

            También creo que, por responsabilidad, la familia debe saber donde nos hemos metido. Las madres –todas- de lo único que

se preocupan cuando salimos de viaje es de si comemos  y dormimos bien, de que te notan un poquito resfriado y se inquietan, de si estamos más delgados o de haber si nos va a pasar algo (ese algo siempre resulta tan indefinido, que prácticamente lo engloba todo). Afortunadamente nuca piensan en si tienes riesgos de contraer malaria, dengue o encefalitis japonesa. Pero si los hay, creo que lo sensato es contarlo. Eso sí, quitándole hierro.

 

            Paradójicamente –y al menos en nuestro caso-, descubrimos que cuando vas con la verdad por delante ellos confían más en ti y se quedan más tranquilos. Es tan fácil como por ejemplo: “Hemos sacado el boleto para volar a Vietnam la semana que viene. Es un país bastante seguro. El mayor peligro que puedes correr allí es morir atropellado por una moto, porque conducen como locos y no respetan a nadie. Nos han contado que es muy colorido, muy auténtico, que tiene unos mercados alucinantes. Y que se come estupendamente. Menos mal, porque en aquí en Camboya no estamos comiendo del todo bien…”                     Espectacular derrumbe camino de Vang Vieng (Laos)

 

            Es recomendable dejar a una persona –y solo una, para que la casa no quede sin barrer-, que se encargue de nuestra correspondencia y nos mantenga informados sobre ella. Por supuesto, dejarle claro que no firme cartas o telegramas certificados y burofaxes sin consultarnos.

 

            No es mala idea dejarle también una copia del Documento Nacional de Identidad y una autorización por escrito para gestiones pequeñas. Lo de dar o no poderes para gestiones mayores, es cosa de las necesidades de cada uno. En nuestro caso no lo hicimos

 

 

            Que hacer con el trabajo y la vivienda:

 

            Si se tiene vivienda en propiedad, hay que decidir si se va a arrendar o no. En nuestro caso no la alquilamos, dado que los viajes iban a sumar solo un total de nueve meses, con una estancia de unos diez días en casa entre ambos. Poco tiempo en total para alquilar una casa, más si se estudia la Ley de Arrendamientos Urbanos..

 

            Si se va a abandonar temporalmente el trabajo (cosa bastante frecuente), hay que tramitar la correspondiente excedencia. No es necesario hacer los papeles con mucha antelación, basta con gestionarla un par de semanas antes de abandonar el trabajo. En la actualidad la ley permite tomar excedencia desde tan solo cuatro meses (consultar en internet el artículo 46 del Estatuto de los Trabajadores) y, como mínimo, tres años después de que se haya disfrutado de la última. Hay que tener en cuenta que la reincorporación hay que solicitarla con un mes de antelación a la fecha de expiración de la excedencia, porque sino, se pierde el puesto de trabajo.

 

 

            Que suministros dar de baja y cuales no:

 

  

          Se trata de estudiar si nos va a salir rentable o no, dar de baja los suministros habituales de nuestra vivienda, en relación a lo que puede costar volver a darlos de alta al regreso.

 

            En nuestro caso, dimos de baja el teléfono, internet y el seguro del coche y de  la casa y hemos mantenido el agua, la luz y el gas.

 

 

            Vacunas y enfermedades:

 

            Acudir al Centro de Vacunación para informarse de las vacunas necesarias para los destinos a visitar y si no se tienen puestas, solicitarlas (para algunas se necesitan dosis de confirmación o periodos mínimos, así que es necesario ir con bastante antelación). En dichos centros son algo alarmistas y suelen pretender ponerte el brazo como un acerico. Es libertad de cada uno seguir las recomendaciones a rajatabla o hacer una criba.           Hombre tirando de un carro en la ciudad sin ley de Poipet (Camboya).

 

            En nuestro caso, solo nos pusimos la de la fiebre amarilla (como mínimo, quince días antes de partir y puede dar reacciones), tétanos-difteria y fiebres tifoideas (en cápsulas). Renunciamos  a la de la hepatitis A, dado que nos comentaron que en el entrono de los cuarenta años ya no es necesaria, porque estás protegido y a la hepatitis B (creo que de volver atrás está última nos la habríamos puesto, pero en su momento no nos daba tiempo a ponernos las dosis de confirmación necesarias antes de partir),

 

            Dentro de las que nos recomendaron, tampoco nos administramos la de la encefalitis japonesa, ni tomamos pastillas contra la malaria, por los motivos que se explican a continuación.

 

 

            La malaria:

 

            He querido abrir un apartado exclusivo para referirme al coco de las enfermedades. Para algunos viajeros pareciera que es el único riesgo que se corre cuando se aborda un periplo por el mundo y de eso tienen también gran parte de culpa –aunque no exclusivamente- los centros de vacunación, que no saben explicar –o no quieren, dados los pingües beneficios que dan estas pastillas a los laboratorios- algunos factores de esta enfermedad y el riesgo real que se puede correr en cada zona del planeta.

 

            Para muchos viajeros hablarles de malaria es hacerlo de Satanás –y lo es-, pero apenas se inmutan si les mencionas el

dengue (que es tan peligroso o más), la encefalitis japonesa o la leismaniosis (también provocada por un mosquito, en este caso el de la arena). Tampoco parece muy razonable que alguien tome pastillas contra la malaria y luego se siente a devorar alimentos inciertos en mercados locales con pésimas condiciones de higiene, como hemos visto. Pero allá cada uno.

 

            La decisión de tomar la dichosa pastillita es algo muy personal y yo no voy a tratar de convencer o nadie en uno o en otro sentido. Simplemente voy a intentar exponer algunos argumentos, que son los que tras muchas indagaciones en la red o conversaciones con personas con conocimientos sobre el tema, nos ayudaron a nosotros a tomar la decisión de prescindir de dichoso medicamento.

                                                    Templos de Angkor (Camboya)

            -La malaria no tiene vacuna. Esta afirmación, que es tan evidente para muchos, no lo es para todos los viajeros –especialmente para los menos expertos-, que se piensan que la pastilla les da una protección total contra las consecuencias de la picadura del mosquito anofeles hembra infectado (los machos son vegetarianos).

 

            -Dado que la pastilla solo reduce el riesgo, pero no lo elimina, el factor más importante para evitar la enfermedad es la prevención y en eso fallamos tanto los viajeros, como los centros de vacunación.

 

            Estos últimos, porque no son realistas al editar sus folletos y tratan de cubrirse las espaldas con medidas irrealizables. Están condenados al fracaso cuando recomiendan taparse el cuerpo hasta los orejas al atardecer, fundamentalmente, con ropas claras de cierto grosor. Casi nadie va a hacer eso en una zona tropical, a 39 grados y con un 90% de humedad. Y es precisamente en las zonas tropicales donde prolifera con más fuerza esta enfermedad.

 

            Y fallamos los viajeros, porque lo de la prevención nos lo tomamos muy poquito en serio. Es el caso extremo, pero aún recuerdo en una zona de riesgo –aunque no muy elevado- a una madre francesa con su hijo de unos pocos meses casi desnudo al atardecer.

 

            -La posibilidad de contraer malaria no es la misma, dependiendo de la zona del planeta o que el área sea  de selva, rural o urbana. Esto que también parece tan evidente, tampoco lo suelen explicar muy bien en los centros de vacunación.

 

            El riesgo de contraer malaria en la zona central de África es elevadísimo y suicida sería el que no tomara prevenciones y alguna medicación anti malaria. Sin embargo en América latina –incluida Centroamérica- y el sudeste asiático, que son las que nosotros hemos visitado, el riesgo se limita bastante a las zonas muy poco civilizadas y se reduce notoriamente en las ciudades.

 

           

Quiero decir con ello, que uno debería plantearse tomar o no pastillas, dependiendo del tipo de viaje que piensa hacer. No es lo mismo programar un circuito de los más tradicionales por Tailandia, que irse a la selva amazónica una semana y tener el hospital más próximo a cinco días en canoa.

 

            -También es aconsejable conocer de antemano la altitud de las zonas a visitar, porque a partir de unos determinados metros –que pueden variar según la zona-, el mosquito causante de la malaria ya no tiene presencia. No es lo mismo viajar a 4.000 metros de altura al altiplano de Bolivia, que a a la provincia de Santa Cruz. Hablamos del mismo país, pero en el primer caso no existe riesgo y en el segundo sí, aunque sea mínimo. 

 

            -En países como Brasil, donde la malaria es un riesgo en muchas zonas, no se comercializa medicación contra la enfermedad. Cuando uno la contrae, se va al hospital y allí recibe tratamiento. Las consecuencias de la malaria suelen ser mucho menores cuando se trata a tiempo en su fase inicial  Por lo que como se ha descrito, el mayor peligro es encontrarse lejos de una zona donde se pueda recibir atención hospitalaria.                    Desfile multiétnico y multicultural en las calles de Yogakarta (Indonesia)

 

            -La medicación anti paludismo puede provocar bastantes efectos secundarios, tanto inmediatos como en el medio plazo. No todo el mundo sufre las mismas reacciones ante su administración.

 

            -No es recomendable tomarla durante periodos muy largos y en caso de viajes de una duración importante, habría que ir estudiando de forma concreta cuando se corre un riesgo real y cuando no, para tomarla. Y esto es una auténtica lata –casi imposible-, dado que esta medicación hay que empezarla a tomar con una cierta antelación y seguirla tomando durante un tiempo después de haber abandonado la zona de riesgo.

 

            -Es triste que el único interés de muchos médicos sin escrúpulos con los viajeros incautos, sea mejorar sus ingresos a consta de los caros tratamientos que proponen. Ahora no recuerdo nombres, pero seguro que alguien os puede asesorar sobre pastillas que son bien baratas y que sirven tanto o más como prevención que las más conocidas y caras. Lo grave es que en muchos casos, Sanidad Exterior ni siquiera las menciona   

 

            Creo que todos estos parámetros pueden ayudar, como sucedió en nuestro caso, a tomar decisiones sobre que hacer, dependiendo fundamentalmente del tipo de viaje, la duración y las zonas que se van a visitar. El hecho de que nosotros esta vez hayamos prescindido del Lariam, Malarone o sus versiones más baratas e  igual de efectivas, no significa que lo hagamos en ocasiones futuras, si así lo creemos necesario.

 

            Hemos interrogado sobre el tema a bastantes viajeros y hemos constatado que mayoritariamente, los que tomaban dicha medicación eran los menos expertos y más desinformados y tampoco sabían por lo general explicar muy bien el por qué de su decisión. A medida que el viajero es más experto, suele estar más informado y toma las decisiones de acuerdo a los parámetros anteriores.

 

            En los viajes por Sudamérica, Centroamérica y sudeste asiático, no son demasiados los viajeros expertos que toman la

pastilla de la malaria, salvo que estén realizando viajes muy alternativos, muy imprevisibles y/o muy alejados de la civilización. En las zonas centrales de África, la toma prácticamente todo el mundo. Pero se trata de simples valoraciones recogidas al azar entre viajeros y no de una encuesta científica con base alguna.

 

            En cualquier enciclopedia, incluida wikipedia ( www.wikipeida.org ) podéis encontrar información sobre esta y otras enfermedades que le pueden sobrevenir al viajero lejos de casa. Es bueno conocer los síntomas de las más habituales, pero tampoco hay que obsesionarse, porque podríamos amargarnos el viaje.

 

            De nada sirve que ante el más mínimo vómito, diarrea o síntoma de fiebre se os despierten las alarmas de que podéis haber contraído malaria. Tampoco tiene sentido estar contando todas las tardes las picaduras de mosquito que tenéis en el cuerpo, porque para contraer la enfermedad basta con una sola.                                                                                                            Boda en Hue (Vietnam)

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