-De que en Laos muchas cosas no tengan el precio puesto y siempre haya que preguntar. -Las almorranas, que me tuvieron machacada en ese país. -Que Luang Prabang y su calle principalparezcan guirilandia, sobre todo desde la caída de l atardecer hasta casi media noche. -La muy mala relación calidad/servicio/precio en Laos. -Que los kips de este país no los cambien en ningún otr o país del mundo. Ni siquiera en la fronteriza Tailandia, por lo que si te sobran, te los comes con papas (nosotros nos hemos comido casi 10 euros, ñam, ñam). -La machacante frase por mil veces al día escuchada: “Tuk tuk, Sr.” -Lo agobiante que resulta la polvorienta y sucia Poipet (es curioso, pero a la vez engancha), en la frontera camboyana con Tailandia. Lo más parecido al lejano oeste sin ley y sin Clint Eastwood. -Los muy agresivos y desconsiderados tuktukeros y mototaxis de la costera Shianoukville Templos de Angkor, en Siem Reap (Camboya)-Que en el visado de Vietnam tengas que decir por anticipado de forma cerrada y concreta el periodo en que quieres visitar el país. -De las motos y los agobiantes y maleducados motoristas –que no moteros, a pesar de estar todo el día encima de ella- en Camboya y Vietnam. -Los funcionarios asiáticos, bastante cuadriculados y altamente ineficaces, sobre todo cuando les sacas de las dos cosas que medio saben o intentar hacer. -De los países donde no hay monedas y solo circulan billetes, donde además un euro puede equivaler a quince mil o veinticinco mil unidades de dicha divisa -Los largos recorridos diurnos en bus. -Tener que pelear en todos los hoteles de Vietnam para que no nos retuvieran los pasaportes, a pesar de pagar la habitación por adelantado en la mayoría de ellos. -La desconsideración de mucha gente en Vietnam y de que solo te vean como un euro con patas y poca cabeza. Y también de que sean tan extraordinariamente pesados. -De que en este país, por ser occidentales, se crean de entrada que somos gilipollas. -De que haya tan pocas neveras en un país tan caluroso. A veces conseguir una coca cola o una cerveza fresca resulta tarea imposible. Algo así ocurre también en Indonesia. -El personal del aeropuerto de Hanoi y en general, de dicho aeropuerto, donde casi tienes que adivinar al estilo de una gincana, el mostrador en que hay que hacer la facturación de equipajes. -Las habitaciones de hotel en Malasia. -Las Lonely Planet que escriben de oído.
-El precio de la cerveza y de las bebidas alcohólicas en general en Malasia e Indonesia. Terrazas del Arroz, en Banaue (Filipinas)-Qque en muchas partes de Asia casi toda la comida tenga un toque dulce (tanto la que lo parece, como la que no). -Nuestra entidad bancaria, Caja Madrid y de su inoperancia para resolver nuestros problemas con las tarjetas de crédito. El eslogan de esta entidad en su campaña navideña podría ser: “Somos el único banco que te deja tirado a 15.000 kilómetros de casa. ¿Alguien da más?” -Que en Air Asia nunca te den el formulario de inmigración del país al que vas, por lo que lo tienes que rellenar a la llegada, con la consiguiente pérdida de tiempo. -La única medalla -en Bádminton- que ganó Malasia en los Juegos Olímpicos de Pekín. La televisión volvió a repetir el partido más de diez veces en los tres días siguientes. ¡¡¡Porca miseria!!!. -Los licores que se fabrican en el sudeste asiático, que dicen ser güisqui, ron, vodka… y que en realidad son pestilentes brebajes de arroz, que se hacen insoportables al paladar en el momento de beberlos y a la cabeza al día siguiente. -Que en el sudeste asiático nada sea lo que parezca (hablo de comida) y mucho menos lo que pone en la etiqueta. -El aire acondicionado helador de los autobuses de Malasia. -Singapur en general y de sus autoridades de inmigración en especial. Lo de inmigración, aplíquese también para Indonesia. -Las calles en las que te patina el calzado cuando llueve (la mayoría de las del centro de Singapur). -De los pesados vendedores ambulantes -De los alojamientos en la isla de Java (Indonesia). -De los transportes en Bali (todo el día peleando para que no te engañen y al final, te engañan casi seguro). -De los cajeros automáticos en Indonesia y Filipinas. -De la puta palabra “jelou” (hello), tras la que suele seguir, moto, tuk tuk, taxi, massage, glasses…. Mui Ne (Vietnam) -De los millones y millones que nos gastamos en moneda local en países como Indonesia, Vietnam o Laos. -De las tasas aéreas que se pagan dos veces (Indonesia y Filipinas, que yo sepa). Una vez cuando compras el boleto y la otra en el aeropuerto. Eso solo tiene un nombre y no es otro que SINVERGONZONERÍA. -De que todo lleve arroz (las bebidas alcohólicas, algunas cervezas, los snacks, los noodles, las salchichas, el propio arroz…). ¡¡Que vida más perra!!. -De que en países como Indonesia, Tailandia o Camboya a toda la carne de color claro la llamen “chicken” y a la de color oscuro “Beef”, cuando en realidad tienen más pinta de “dog” o “cat”. -De los registros, cada vez que accedes al metro (RTL) de Manila, que se hacen pesadísimos cuando vienes o vas a otro lugar y llevas la mochila encima. -Del transporte en el norte de la Isla de Luzón. -De lo malo que es el capítulo de Filipinas de la Lonely Planet –versión en inglés- del sudeste asiático. El que la escribe hierra más que habla, ofrece muy poca información y para colmo, se cree graciosillo. ¿No hay nadie en esa editorial que se encargue del control de calidad?. -De los alojamientos y el transporte en este país. -De la subida del petróleo, que a puesto los boletos de autobús por las nubes. -De que muchas veces te líen con el transporte en Filipinas (preguntas si un medio de locomoción va a un sitio, te dicen que si y luego no es directo y en un punto dado tienes que cambiar a otro). -De nuestra cámara de fotos y de la tarjeta. -De los niños pedigüeños de Manila. -De los constantes registros en el archipiélago filipino, para entrar en bancos, centros comerciales o sitios oficiales y de los vigilantes de seguridad que se creen Rambo. -De tanto niño llorón en los transportes (sobre todo en los nocturnos). -De la compañía aérea Jet Star. -De que en nuestra vuelta a Bangkok, en una semana a mi chico la policía le cachease dos veces (una de muy malas maneras), sin dar ningún tipo de explicaciones, ni hablar una palabra de algo que no fuera tai. -De volver a sitios donde ya habíamos estado y de los que habíamos perdido nuestras fotos. Las vuelves a hacer de nuevo, pero nunca quedan igual. -De la embajada de la India en Bangkok. Phnom Penh (Camboya)-De que en Myanmar te obliguen a cambiar 300 dólares por persona en papelitos llamados Certificados de Cambio para Extranjeros, que no te reintegrarán si te sobran a la salida. Esta fue la principal causa –no la única- de que no fuéramos a ese país, incluso cuando ya habíamos pagado y obtenido el visado. -De la ilógica de la hora en Países como Indonesia, Filipinas (y en menor medida, Tailandia, Vietnam, Camboya, Laos y Myanmar), donde a pocos más de las seis de la tarde se hace de noche casi todo el año. ALGUNAS PRECISIONES SOBRE EL SUDESTE ASIÁTICO Estamos acostumbrados a oír halar y a expresarnos sobre esta zona del planeta como si fuera un conjunto, un todo, a veces indivisible, de maneras de vida, costumbres, religiones o formas de actuación o expresión. Nada más alejado de la realidad, porque más bien es todo lo contrario: Un conjunto de países realmente heterogéneos, que no se parecen en casi nada en muchas ocasiones los unos a los otros. Matizo este asunto, porque estoy cansada de escuchar decir –y seguro que yo misma, incluso en este relato también lo haré- frases como “A mi me gusta mucho viajar al sudeste asiático, te lo recomiendo” o “eso que me cuentas ocurre birnmalmente también en el sudeste asiático”. No. El viajero debe saber que no todos los países ofrecen lo mismo y que unos pueden adaptarse perfectamente a él, a su estilo y a sus perspectivas y otros absolutamente nada, resultándole incluso hostiles. Realizar un viaje a Tailandia es bien distinto que hacerlo a Vietnam o acercarse hasta Filipinas nada tiene que ver con viajar por Malasia. Hacerlo por Indonesia poco tiene en común con los cuatro destinos expuestos anteriormente. Y es que no solo los mismos rasgos de la cara, el color de la piel o el físico son diferentes en cada uno de los pueblos que habitan la zona. Varían desde cosas tan esenciales como el sistema político (los hay comunistas, dictaduras encubiertas, repúblicas que parecen dictaduras, dictaduras que dicen ser democracias, democracias a secas…); hasta la religión (en Tailandia son budistas, en Malasia e Indonesia musulmanes –con la excepción de Bali, que son hindúes-, en Filipinas cristianos….).Pero no solo eso. Las costumbres, los valores, el carácter, la gastronomía y otros cuantos aspectos más son completamente diferentes y a veces hasta antagónicos. Ho Chi Minh (Vietnam)A continuación –y por supuesto desde la subjetividad que siempre dan las propias vivencias y que nunca son las mismas que las de cualquier otra persona que haya visitado cualquiera de estos países-, haré una breve descripción de las características principales de cada destino. Y lo hago, porque a pesar de la mencionada subjetividad, creo que puede servir de ayuda a los lectores a la hora de elegir el país que más se adapte a ellos en esta maravillosa zona de nuestro planeta. Porque eso es de lo poco que comparten en común todos estos países, que por una u otra razón, son maravillosos. Dado que en cuanto al sistema político de cada país, los datos son fáciles de encontrar en www.wikipedia.org y sobre las diferencias gastronómicas, religiosas, del alojamiento o de los transportes entre otros, hablaremos en capítulos específicos de estos planteamientos generales; en esta ocasión me voy a referir exclusivamente a los aspectos más cotidianos, a los que el viajero se tiene que enfrentar Tailandia: En este país están muy acostumbrados al turismo, al que reciben con los brazos abiertos. Los tailandeses son amables y tranquilos. Aun no sabiendo demasiado inglés, es muy fácil relacionarse con ellos. Desplazarse por el país y llegar a los principales puntos de interés es bien sencillo, sin agobios en ninguna parte. Ni de los que ofertan transporte particular en las ciudades, ni de los vendedores ambulantes o de los mercados. No suelen tratarte de estafar con los precios de los bienes y servicios. En cuanto a exotismo, quizás sea el país más light de la zona y en el viaje no se suelen presentar muchas cuestiones imprevistas o raras. Es el mejor viaje para quienes no tienen mucha experiencia viajera o nunca han estado en el sudeste asiático. Ideal para ver muchos templos, algunas ruinas, la vida de alguna tribu y descansar en alguna playa o isla. Laos:
Lo primero que nota el viajero que visita este país es que la sociedad es mucho más rural. Las ciudades –ni siquiera Vientiane- no son nada agobiantes y sus tranquilos habitantes tampoco, salvo algún conductor de tuk tuk en la capital o algún camarero de restaurante en Luang Prabang. Quizás expresen menos la amabilidad que en Tailandia, pero suelen ser igualmente correctos. Hay que tener algo más de cuidado con las pequeñas y no muy frecuentes estafas y timos, que suelen consistir fundamentalmente en pagar más de lo debido por las cosas. El Los es bastante posible tenerse que enfrentar a sorpresas o situaciones imprevistas varias veces al día. Incluso que el plan establecido para el día quede a los diez minutos en la papelera de reciclaje y se acabe optando por algo completamente distinto e inesperado. Manila (Filipinas) No es quizás el mejor país para comenzar el sudeste asiático, pero satisfará enormemente a los amantes de la naturaleza y a los que aborrecen las multitudes y el ruido. |