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Sudeste Asiático/58


Y luego la otra: Hoy es el día 94 y no dejamos de volver a hacer, las mismas fotos que habíamos echo el día 4. Pero es que ahora no me consigue gustar ninguna. ¡Dios mío, que dura va a ser la vuelta. Este viaje, el más increíble que disfrutamos jamás, merece tener un final digno y no morir agonizando: Habrá que hacer todo lo posible por ir a Myanmar!.

 

Nos vamos al Tesco, a aprovisionarnos para la excursión de mañana y a merendar gratis, gracias a las habituales

degustaciones. En la puerta de la calle, jóvenes y mayores, hombres y mujeres, hacen aeróbic, la mayoría con poco arte, frente a una pantalla de video. Aquí no hay miedo al ridículo. Luego nos acercamos al cíber: Los boletos aéreos entre Bangkok y Myanmar, no son baratos, ni siquiera con Air Asia. Pero habrá que pagar lo que piden, porque no encontramos otra forma, de dar un final digno a este viaje (en las anotaciones que dan origen a este relato y en la última semana del periplo por el sudeste asiático, aparece más de 25 veces esta frase, que tanto me obsesionó y aún hoy me obsesiona: “Dar un final digno al viaje”.

                                                              Bangkok (Tailandia)

Volvemos a Khason, pero por el camino empieza a llover. Otra vez acabamos una hora debajo de un toldo, en esta ocasión, de una tienda de ropa. Al final, podemos regresar. Sigue lloviendo, aunque menos. Los guiris ocupan las terrazas cubiertas. Algunos de los más mayores, tocan sin mayor disimulo el culo de las camareras, las cuales no ofrecen ninguna resistencia, supongo que a cambio de una buena propina o de algo más sustancioso, más tarde. Ajenos a todo esto, los trabajadores de las tiendas, sentados en el suelo, se dan al arroz, a los tallarines o a los habituales calduverios. Al pasar por la puerta de un bar, escucho una canción romántica y triste y de nuevo, me vuelven a dar ganas de llorar.

 

 

NAKHON PATHOM

 

Madrugamos, aunque tampoco demasiado. Tomaos el autobús 124 hasta la estación del sur y luego el 78 (36 bahts, 1 hora), hasta Nakhon Pathom. La cobradora se ha despistado, no nos ha avisado y casi terminamos en el Mercado Flotante. La razón más importante de venir aquí, es visitar la pagoda de Phra Pathom Chedi (actualmente,  la están reparando parcialmente).

 

Se trata de una gran estupa central de azulejos y ladrillo, que en forma de círculo, tiene dispuestos a su alrededor varios templos. Se puede  recorren por fuera y por dentro y tenemos la suerte –como ya nos ocurriera en México D.F. y Bogotá, con otros grandes centros religiosos-, de visitar este complejo en domingo, día en que han venido familias enteras a realizar ofrendas –especialmente, chicas jóvenes- y a mostrar su fervor.

 

 Es la mayor concentración budista, que hemos visto en todo el sudeste asiático y el negocio aquí, está en la venta de las ofrendas. Algunas son auténticos kits, con linterna, un paraguas, una bombilla, zumo, frutas…, todo ello metido ordenadamente en un cubo, como los que se llevan a la playa, pero algo más grande.

  Nakhon Pathom (Tailandia)

También hay una cueva, que es artificial y tiene diferentes altares. En ella puedes ser bendecido por los monjes. Damos varias vueltas por fuera y por dentro del círculo y visitamos los templos. No hay muchos turistas.

 

            Luego nos vamos al mercado interior, pero como siempre, están mucho mejor los puestos que lo rodean, que aquí son extremadamente coloridos. Tratamos de recuperar algunas fotos genuinas y aunque no es lo mismo, al menos hoy se estamos contentos con las que vamos haciendo. En general, nuestro estado de ánimo es mucho mejor y la razón fundamental, es que estamos en un sitio nuevo, que no nos recuerda a ningún otro momento del viaje. Y lógicamente de aquí, tampoco se nos borró ninguna foto.

 

El pueblo está cruzado por varios canales, sobre los que se han hecho puentes muy chulos. Coincidimos como otras tantas veces, son una celebración colorista. Pero con mucha educación, nos sacan del templo, al no llevar la camiseta blanca que al parecer, es condición imprescindible hoy para poder entrar. Los niños, puestos en filas con sus ramos de flores, resultan un encanto.

 

Vemos una cosa en un puesto que es parecida al chorizo y, como si fuéramos nuevos, la compramos. Te la dan con una mezcla de vegetales avinagrados. Comiéndola con los ellos, la mezcla es pasable, pero si pruebas el supuesto chorizo solo, descubres que es una tripa sí, pero rellena en forma de pasta triturada, de asquerosas menudencias. Visto el éxito, nos vamos al Seven Eleven a comer sopas picantes de marisco y hamburguesas, con mucha y rica ensalada. ¡Cuánto echamos de menos la comida de Filipinas!.

 

   

         La visión que tenemos ahora de Tailandia, es ligeramente distinta a la de hace tres meses, aunque si hay algo que no ha cambiado, es el buen trato y la simpatía de la gente. El cielo se cubre en cónico minutos, empieza a diluviar y nos toca pasar otra hora y media bajo otro toldo, en esta ocasión, en un restaurante de calduverios, muy próximo a la Pagoda.

 

            Cuando afloja un poco, damos la última vuelta por esta y tomamos el autobús 997, que sale por cinco bahts más (41) que el 78, que habíamos cogido para venir. Aprovecho para ir planificando nuestro recorrido por Myanmar: Iremos a la capital, Rangún (Yangón), Bagan, el lago Inle y Mandalay. Tiene pinta, de que va a ser un país colorista y con muchas “aventuras” en los transportes, como en Laos y Vietnam. Parece ser que no hay cajeros automáticos. Así que, dado que solo tenemos 220€ y 50 US$ en efectivo, tendremos que preguntar mañana en la Embajada, para en ese caso, buscar alternativas al problema. Creo que unos doce o trece días en el país, resultarán suficientes.

                                                                                        Nakhon Pathom (Tailandia)

 

EN BANGKOK

 

            Tomamos el bus de vuelta a Khaosan. La cobradora nos ve entrar, pero pasa  de cobrarnos el boleto. Pues nada, de  buen rollito. Hoy nos vamos a la parte más intimista de Khaosan, que está cruzando la calle donde se encuentra la oficina de Turismo. Vemos una tienda de guías nuevas y originales. Fisgamos. Está la Lonely Planet de España y como portada, han puesto un pastor con las ovejas. Nos echamos las manos a la cabeza. ¿La habrá escrito el mismo que la de Filipinas?. Luego encontramos otra tienda, en la que las venden de segunda mano. Los planos están machacados a bolígrafo o rotulador, con círculos, rayas y borratajos. Se ve que los que las han usado, han viajado a conciencia.

 

            Entramos en el Seven Eleven y compramos caramelos de la marca Jack’n Hill y recordamos, que es la misma que fabrica las patatas de bolsa más ricas que probamos jamás, durante la estancia en nuestras queridas islas Filipinas. Los snacks de aquí, ahora nos dan asco. ¡No nos explicamos como pudimos comerlos la otra vez!. Por delante de nosotros pasa una rata gigante –y no exagero-. ¿Terminará en algún calduverio disfrazada de “chicken” o “beef”?.

 

            Nos levantamos pronto para gestionar el visado de Myanmar. Tenemos que ir hasta el muelle 13, tal como nos indicaron en Turismo. Hace algo de frío y el día está nublado. Esperamos la llegada del barco sobre la plataforma, que tiembla con el oleaje. El trayecto (15 bahts) es ameno y divertido, porque al ir a gran velocidad, se va saltando bastante. Vamos viendo algunos de los templos, que están próximos a las orillas del río Chao Praya, a la vez que feos edificios altos.

 

 

           Tras 20 minutos, nos bajamos en el muelle central. Hay dos estaciones en el monorraíl, que te dejan casi al lado de la embajada, pero nosotros hacemos el camino andando. Creo que ya nos hemos debido recorrer por debajo, todo el monorraíl de Bangkok.

 

            Llegamos y nos metemos en una sala, con aire acondicionado y garrafa de agua fría. Todo está escrito en birmano y no hay nadie informando. Nos ponemos a la cola y, afortunadamente hay una chica, que nos indica que esta oficina es solo para los nacionales de Myanmar y nos manda a otra más vieja, donde hay más gente, hace calor y del agua fría, ni rastro. Pero al menos hay carteles en inglés informando: El visado es válido sólo para 28 días y cuesta 810 bahts.

  Bangkok (Tailandia)

             Los requisitos son los siguientes:

 

            -Formulario: Es extenso, aunque no tanto como uno se puede esperar de antemano, para un país tan burocrático como Myanmar. Eso sí, preguntan cosas tales como la altura, la complexión, el color de ojos o el del pelo, entre otras..

 

            -Ficha para presentar a la llegada en el aeropuerto: Es mucho más resumida que el anterior. Se necesita una foto para cada uno de los dos documentos.

 

            -Copia del pasaporte: En ninguna parte pone que se necesite, pero luego, cuando llegas a la ventanilla te la piden y ahí nos ves, a todos los extranjeros, de peregrinación a un lugar de fotocopias, que hay a unos doscientos metros, saliendo a la derecha.

 

            -A algunas personas –no muchas- que van delante nuestro, les pidien que enseñaen un billete de regreso, pero a nosotros no (es el caso de un estudiante y de un profesor).

 

            Se forman tres colas: Una es para tailandeses, otra para el resto de extranjeros y la última para los visados de negocios. Todo se hace confuso y la mayoría de la información, la vamos obteniendo de otras personas que están en la cola. Muchos ya, es la cuarta o quinta que la hacen, porque les han ido tirando el visado para atrás, por diversos motivos. Nos desanimamos un poco, pero al llegar a la ventanilla, no nos ponen ninguna pega, pagamos y nos mandan a recoger nuestro pasaporte con el visado, dentro dos días (el miércoles a las tres de la tarde).

 

            Somos viajeros expertos, pero resulta que nos hemos presentado en la embajada sin llevar bolígrafo, fotocopia del pasaporte y la

guía, que resulta necesaria para poner un alojamiento en el formulario. Menos mal, que uno de los que están en la cola, tiene la misma Lonely que nosotros y podemos copiar uno de Rangún (afortunadamente, no comprueban si es verdad que tienes allí una reserva).

 

            Nos ha bastado hora y media para gestionar el visado, aunque allí dejamos a mucha gente con problemas y que ya estaba cuando llegamos. Supongo que una parte, es cuestión de suerte, pero también se debe tener un poco de sentido común Por lo que vimos –y hemos visto más veces-, lo que suele generar más inconvenientes, son determinadas profesiones. Poniendo empleado a secas –y lo hemos comprobado en medio mundo-, nunca tendrás problemas a la hora de que te tiren para atrás un formulario. Mentid como bellacos si hace falta, pero nunca pongáis que sois periodistas, profesores, investigadores o estudiantes haciendo una tesis doctoral. Actuar con naturalidad y paciencia, también ayuda sobremanera.

 

            Se puede hacer también el visado rápido (express), que seguro es más caro, pero dado lo que tardan para la via normal, creo que no merece la pena, salvo para asuntos extremadamente urgentes..

                                                                                                     Bangkok (Tailandia)

            Como pensábamos que iban a tardar algún día más en darnos la visa, ahora nos toca rehacer los planes iniciales. Mañana volveremos al Mercado Flotante, que tanto nos gustó hace más de tres meses. El miércoles vendremos a por el visado y compraremos los vuelos -no nos queremos arriesgar hasta que no tengamos el visado en la mano-, el jueves y el viernes nos iremos a la no muy lejana –tres horas de autobús- Kanchanaburi, para evadirnos y alejarnos un par de días del mundanal ruido y el sábado por la mañana, volaremos a Rangún, la capital de Myanmar.

 

            Cerca de la embajada hay un preciso templo hindú, pero en este no se puede hacer fotos, lo pone bien claro y hasta nos reprenden cuando nos pillan. Es raro, porque en todos los demás, nunca vimos ninguna advertencia similar, ni tuvimos problemas. Enfrente hay decenas de tiendas que venden ofrendas.

 

              Regresamos andando y de camino vemos el precioso templo de Hua Lampongs. Es uno de los más bonitos de la ciudad –mucho más que el de al lado de la estación del mismo nombre, que tanto publicitan-, pero lo hemos encontrado de casualidad, porque no viene en la mayoría de las guías.

 

Vamos a comer al Tesco. De camino, hemos encontrado otro supermercado, que tiene una oferta mayor y muy variada de platos preparados, pero a estas alturas del partido, ya no queremos arriesgar y preferimos comer pollo asado y arroz con tortilla francesa de vegetales. Luego, nos perdemos sin rumbo y vemos otros cuantos bonitos templos, de los que no hay referencia en ningún sitio –hay uno, que todavía está en construcción, que es espectacular, porque es puro mármol- y acabamos viendo la puesta de sol, en el Templo de Mármol, donde nos han querido cobrar, pero nos hemos hecho los locos.

 

Para nosotros, parece que no hubiera pasado el tiempo desde la otra vez que estuvimos aquí, pero lo cierto es, que han transcurrido casi cien días y algunas cosas han cambiado. Por ejemplo, este templo ahora está en obras y anteayer al volver del Po, observamos que había desaparecido una gran estatua, que en junio presidía una cercana plaza.

 

Continuamos andando y es que parece nuestro sino. Llegamos al ayuntamiento, vemos también las Giant Swing y entramos por fin, al templo que hay enfrente, el Wat Suthat    Hemos pasado decenas de veces por delante de él, pero casi siempre solía ser de noche. Hoy, lo vemos al atardecer y resulta magnífico. Es verdad que los templos de Bangkok –al menos para mi-, no son de los más bonitos del sudeste asiático, pero en cuanto al número, esta ciudad te da perfectamente para estar viendo templos nuevos, al menos durante un par de semanas.

 

 Volvemos hacia Khaosan. Afortunadamente hoy no llueve, pero aún hay bastantes charcos. Muchas baldosas de las aceras están sueltas y al pisarlas, un pringoso y caliente líquido salta a tus piernas desde debajo de ellas, produciendo una sensación altamente desagradable y a veces, provocando picores sobre la piel.

  Bangkok (Tailandia)

Madrugamos, pero estamos tan cansados, que nos planteamos si cumplir o no los planes previstos, de ir al Mercado Flotante y cuando estamos a punto de decidir que no, nos vestimos, salimos a la calle y tomamos el autobús 124, para llegar hasta la estación del sudeste, donde nos subimos el bus 78. El resto de la jornada, transcurre con los mismos parámetros que había tenido la primera visita. Aquel día era 1 de julio y hoy es el mismo número, pero de octubre. Al menos al volver, no nos liamos como entonces y conseguimos hacerlo de forma directa, aunque tenemos que parar media hora, por culpa de una avería.

 

Ya de vuelta, nos vamos a internet y como de casualidad, descubrimos un hecho que iba a ser crucial, en las decisiones que tomamos al día siguiente y, en definitiva, para el desenlace del viaje: Myanmar obliga a todos los extranjeros que entran al país, a cambiar 200 US$ por persona (al día siguiente descubriríamos, que lo han subido a 300$), por unos papelitos llamados Certificados de Cambio para Extranjeros, que en teoría, son canjeables a lo largo de todo el país por bienes, servicios y moneda birmana en efectivo. Esta noticia, de la que habíamos leído algo hace tiempo, pero no teníamos ninguna certeza, nos sienta bastante mal. ¿Quién es el estado de Myanmar, para decirme a mi, el dinero que me tengo que gastar en su país?.

 

Empezamos a pensar, que ojalá nos denieguen la visa mañana. Así son ellos los que toman la decisión y no nos obligan a nosotros, llegado el caso, a tener que prescindir de ir a este oscuro país, después de incluso haber gestionado y pagado los visados.



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