Nos vamos caminando hacia la zona de Intramuros. Enseguida descubrimos, que el tráfico en este país –aún siéndolo algo-, es menos caótico que en Indonesia, Vietnam y Camboya. Se puede caminar por las aceras y no hay muchas motos. Hay edificios coquetos y buenos comercios, pero también encontramos otros abandonados o a medio hacer y eso en el mismo centro. La gente es muy agradable y casi nadie –salvo en alguna zona de Intramuros- da la lata, para ofrecerte transporte o para venderte algo. Aunque son de piel algo oscura, como en Indonesia, no tienen los rasgos tan marcados. Como sabemos que en Intramuros apenas hay restaurantes, comemos antes de entrar en el Seven Eleven, el famoso adobo filipino con arroz. Es una mezcla de carnes con una rica y sabrosa salsa avinagrada, que tiene su origen en la cocina española y que ha conservado –como otros tantos platos- el nombre en nuestro idioma. No está mal, pero comeríamos posteriormente, cosas mucho más ricas en este país. También probamos un pescado envuelto en una tortilla francesa. Mientras comemos, el cielo jarrea y lo deja, cuando hemos terminado. ¡Qué suerte!.El primer contacto con Intramuros no me hace mucha ilusión y eso suele suceder siempre, por haber imaginado cosas que no son, por haber elevado las espectativas. Esperaba encontrarme una ciudad colonial española, tipo a las que tanto nos gustaron en Sudamérica y Centroamérica y no se trata de eso, ni de lejos. A medida que lo vamos descubriendo, le voy cogiendo cariño, aunque deberían rehabilitar algunos de sus monumentos y tener el barrio más limpio y cuidado. Manila (Filipinas) Entramos por la Puerta Real. El Palacio del Gobernador es un edifico horrible, pero la Iglesia de San Agustín y la Catedral son bastante bonitas. El Fuerte de Santiago (50 pesos) está casi destruido, pero aún así, la visita resulta interesante y además, ofrece bonitas vistas del río. También esta bien la Casa Manila, con sus bonitos y cuidados patios interiores Merece la pena perderse por sus decadentes calles, que en muchos tramos dan la sensación de encontrarnos en otra época. Dejamos la visita al Parque Rizal para mañana y salimos hasta el mar, primero, por un extraño complejo comercial, donde hay muchos restaurantes (vacíos) y está el Ocean Park. Como sierpe, muchos controles de seguridad. Y después y tras dejar atrás la Embajada Americana, accedemos al largo paseo de las palmeras, que avanza por una playa pedregosa y –en muchos de sus tramos- llena de basura, en la que escarban niños y mayores –también tratan de pescar con rudimentarias cañas, mientras en la acera de enfrente, los hombres de negocios reposan en los lujosos hoteles de cinco estrellas. Son escenas tremendas, para lo que debería ser –y no es, a pesar de ser ancho y bien asfaltado- un paseo marítimo de lujo. Llegamos hasta un puerto de embarcaciones pequeñas y damos la vuelta. Aquí parece que la gente trabaja, se ocupa de sus cosas y no están todo el santo día sentados en la moto, viendo la vida pasar. Los bonitos jeepnies, decorados con motivos extravagantes, dan un colorido especial a la ciudad. Quien llegue a Manila desde Madrid, es posible que se sienta agobiado. Pero quien lo haga desde Indonesia -especialmente desde Bali-, se sentirá aliviado y reconfortado. Y ese es hoy nuestro caso.Hace un viento huracanado, que dobla las palmeras, hasta llegar a formar ángulos de 90 grados. Las olas golpean con fuerza y el agua salta casi hasta mitad del paseo Manila (Filipinas)La zona de Ermita-Malate no es solo la de los alojamientos económicos, sino también la de los restaurantes (la mayoría japoneses, aunque da igual, porque lo que ofrecen es pollo y arroz, como en otras tantas partes) y la de copas. Hay un enorme centro comercial –también con registros a la entrada-, que cuenta con un supermercado, bien abastecido. Alucinamos al entrar: El precio de la fruta es el doble que en Indonesia. Las demás cosas cuestan más o menos lo mismo, menos la coca cola, que vale la mitad, la cerveza la cuarta parte y hay botellas de ron por menos de un euro. Visto el panorama, ¡¡que le den por ahí, a la fruta!!. Es de noche y damos la última vuelta de hoy por Ermita-Malate, con algo de miedo, que no nos provocan los numerosos niños pedigüeños que –alentados por sus padres-, recorren las calles; sino por la falta generalizada de luz y las numerosas alcantarillas que no tiene rejilla y que se convierten, en auténticas trampas. Pintea, me atropella levemente un coche y casi me electrocuto al tocar accidentalmente una farola, porque aquí no han tenido otra ocurrencia, que rodearlas con cintitas de luz de colores –azules, mayormente- y con la lluvia, parecen la silla eléctrica. Hay bicitaxis (compuestos de bici y cabina en el lateral), que circulan de noche sin luces y captadores de clientes, a las puertas de los vacíos restaurantes. Con este panorama, nos vamos un poco antes al hotel de lo que acostumbramos. ¡Por fin una ducha de agua caliente!. Hacía ya bastante tiempo que no la teníamos (ni siquiera en Bali) Haber vuelto al hemisferio norte no es una mala noticia, pero sí a la época de lluvias y más, habiendo perdido en Indonesia, los dos paraguas que habíamos mangado en Malasia y Singapur. Volvemos a tener contacto con esa humedad pestilente, que sale del suelo y de las alcantarillas en los países del trópico, en la época de lluvias. En Manila tiene una característica muy peculiar, que no se me olvidará nunca y que la distingue del resto: Un cierto roque de olor dulce. Comienza a caer el diluvio. Aquí al menos y a diferencia del resto del sudeste asiático, conocen cosas de España y saben donde se encuentra en el mapa. Se va a celebrar dentro de poco incluso, la “friendship party” (fiesta de la amistad), entre los dos países, patrocinada también por la Embajada Española. Son muchas las reminiscencias que recuerdan a nuestro país. Hasta los baños, donde pone, damas y caballeros.Habíamos valorado tratar de hacer aquí el visado de la India, pero desistimos posponerlo. La embajada de este país, está justo en la dirección opuesta donde se encuentra la compañía, que ofrece autobuses a Vigán. Al menos eso nos han dicho esta mañana en la oficina de Turismo, en un perfecto español. Manila (Filipinas)Nos levantamos tarde. Tras desayunar, tomamos la LRT hasta la estación de Bambang y andamos unos treinta minutos, primero por la avenida de España y luego por la de Extremadura, hasta llegar a la empresa Florida, que tiene bastantes autobuses al día a Vigán. Obtenemos los billetes para las 22,30 horas (500 pesos cada uno) y volvemos andando, por un feo pero muy animado camino –aunque, salvo donde llegamos ayer, no hay muchos puestos ni por las afueras-, que nos devuelve a Intramuros. En esta zona hay numerosos Liceos, especialmente de chicas, a las que incluso con edades próximas a los 20 años, se las ve con uniforme (bastante feo, por cierto). Hemos pasado esta mañana también por la universidad privada de Manila. Los alrededores están muy descuidados y llenos de basura, pero esté recinto está impoluto, con verdes jardines y rodeado de vigilancia. Los ricos viven bien en todas partes. El Patrimonio que en este país tienen, es fundamentalmente fruto de la colonización española. Luego llegaron los americanos, que solo se ocuparon de la colonización económica. Nos vamos al cercano Parque Rizal, homenaje a José Rizal, hombre que en vida, llegó a dominar veinte lenguas, dieciocho de forma fluida. Fue muerto por los españoles en 1.898 y en Filipinas es tenido como un héroe, instigador de la cusa de la independencia. Pero repasando detenidamente la historia, la lectura es bien distinta: Rizal no quería la independencia del archipiélago de España, sino que Filipinas accediera al status de provincia, para estar en igualdad con el resto de las de España. Turbios intereses, en los que también andaba como siempre la Iglesia Católica, difundieron una imagen de él que no era la real, sacando incluso muchas de sus frases de contexto. De repente y al leer estas cosas, como me ocurría en América, me entran exacerbados sentimientos nacionalistas y ¡¡ansío la inmediata recuperación de nuestras colonias!. El Parque Rizal, está com puesto por 60 hectáreas. Tiene un bonito y enorme mapa en relieve de las Islas Filipinas, que está ubicado en un lago artificial, el Círculo Teodoro Valencia –con la estatua-, los jardines Chino y Japonés (cinco pesos cada uno) y el sitio donde lo ejecutaron, que es llamado Memorial Rizal. En este último hay estatuas y relieves y un poema del ejecutado, escrito en español y en inglés.. Comemos ricos calamares a la romana -nunca los vi en Roma, por cierto- en un puesto callejero y completamos el almuerzo comprando comida preparada en el supermercado (un arroz caldo –así llamado- y unos espaguetis). Comemos en el propio centro comercial, que a esas horas registra un bullicio tremendo. Un joven actor, que debe estar ahora de moda por una serie de éxito, está haciendo promoción de una crema de marca Ponds y este lugar, se ha llenado de histéricas jovencitas, que no paran de gritar y de hacerle fotos con el móvil. La verdad, que el chico es mono, pero se mueve algo asustado. Va custodiado por seis vigilantes de seguridad, que a duras penas consiguen detener a la avalancha de enloquecidas chavalas.Volvemos a Intramuros. Queremos saborearlo intensamente. Aquí se mezclan los bonitos edificios restaurados, con los decadentes –la mayoría- y en algunos tramos, hasta con las chabolas. Nos damos también un paseo por el borde del mar, cuando ya ha anochecido. Por esta zona hay tan poca luz como por el centro, por lo que las calles se tornan peligrosas. Lo más seguro, es caminar por la carretera, porque solo te puede atropellar un coche. Por la acera, te puede pasar de todo. Manila (Filipinas)A las 18,30 horas, volvemos al hotel a buscar nuestros bultos. La de recepción había puesto algunas pegas por la mañana, pero finalmente, había aceptado guardarlos. Hacemos el mismo camino que después de desayunar y sufrimos las consecuencias de un nuevo registro, al ingresar en la LRT. Les hace gracia que llevemos una botella de ron en la mochila y nosotros, no se la vemos por ninguna parte. Por cierto, aquí el ron si que sabe a ron y no está hecho de arroz.. En Filipinas, todo suele ser lo que parece y lo que pone en la etiqueta. En la zona de las afueras, hay menos gente y tráfico, pero no es como en Surabaya o en Indonesia en general –con la excepción de Kuta, en Bali-, que desaparecen al atardecer. Vemos un gato muerto y medio descompuesto. ¡Qué asco!. Ir de noche con la mochila a cuestas por cualquier zona de Manila, es como un videojuego, en su fase más difícil. En la terminal de Florida hay algún plasta, pero ni el más pesado de aquí sería capaz de ganarse la vida en la linda isla de Bali . Otra opción para venir hasta la estación desde el centro –la conocimos más tarde-, es tomar un jeepney, que trae directo, desde la calle paralela a Mar AdriáticoLlevamos todo el día respirando a fondo, ese intenso olor a humedad hedionda y rancia, pero a la vez dulce, que invade todos los rincones de esta ciudad. Esta nublado, pero no llueve. Manila (Filipinas)VIGÁN
El bus que nos lleva a Vigán, en seis horas y cuarenta y cinco minutos, es cómodo, aunque el aire acondicionado lo llevan puesto fortísimo. Encienden constantemente la luz, para hacer paradas, que anuncian previamente, pero como siempre, yo no me entero de anda. Al principio la carretera e buena y vamos al lado del mar, donde se refleja la luna llena, pero luego va empeorando bastante, se estrecha y se llena de baches. Llegamos a las seis. Vigan está vacío a esas horas y solo un camión de la basura, da señales de que esto no es una ciudad fantasma. Nos cuesta encontrar un alojamiento barato y, de nuevo, es sin baño, aunque al menos tiene televisión por cable. Nos acostamos hasta las 11,30 de la mañana. El hotel se llama igual que la ciudad y la doble nos sale por 495 pesos filipinos. Cuando nos levantamos, vamos a ver la ciudad. Es preciosa, a modo –esta vez sí- de las ciudades coloniales, que tanto nos gustaron en América, aunque la parte histórica, no es muy grandes y casi solo se circunscribe a una increíble plaza y a un par de muy animadas calles. Está bien conservada, aunque no le vendría mal en algunas partes, una manita de pintura. Las casas, como en muchas ciudades de América, tienen los tejados salientes y las balconadas de madrera. La calle principal está llena de tiendas de artesanía, regalos y de los famosos y baratos puros de la zona, hechos a mano. La plaza –llamada Salcedo-contiene la bella Catedral, el edifico del Arzobispado, la Torre y una bonita construcción amarilla, donde hoy se ubica el Mcdonalds. Hay buena competitividad entre los negocios de comida rápida de la plaza, que anuncian sus ofertas de hamburguesas, espaguetis y arroces, en enormes cartelones. Comemos en uno de ellos, a base de pasta y un rico revuelto de carne. Hace mucho calor. Los bancos de la calle principal son bonitas carretas de madera. Las calesas van y vienen de un lado a otro. Me fumo un puro de los hechos a mano. Nunca me gustó este tipo de tabaco, pero estos están excelentes. Me compro una docena para llevar (varios días después, tuve que dejar de fumarlos, porque me estaba empezando a enviciar y me estaba llamando de nuevo el tabaco, que lo dejé hace cuatro años). Si en Manila predominan los bicitaxis, aquí son del mismo modelo –con cabina para pasajeros al lado-, pero en vez de bici con moto. Están muy bien cuidados y llevan la parte de atrás en metal, que suele estar bastante resplandeciente. Coquetos si, pero los habitáculos, son incómodos para los sufridos pasajeros. Vigan (Filipinas)Hay también una zona de puestos de comida en la plaza, donde fríen constantemente empanadillas, rellenas de pescado o verduras. Se localiza igualmente un mercado central, colorido y no muy sucio. Preguntamos en las tres terminales de autobuses –hay una cuarta, pero está muy lejos- y solo una, de la empresa Partas, lleva hasta Baguio. Es punto de escala para llegar a Banaue, dado que no hay autobús directo. Tarda seis horas -que en la realidad, se quedan en cinco y cuarto-. La verdad es que en el mapa, parecía que Vigán y Banaue no estaban muy lejos, pero se hallan en carreteras distintas y hay que ir rodeando bastante. Al norte de Manila en Filipinas, las comunicaciones son lentas y, a veces, tortuosas. Aquí no hay turistas, pero si muchos estudiantes en viaje de estudios: Es fácil encontrar numerosos carteles de bienvenida hacia ellos por todas partes. Los vendedores no dan la lata a los clientes. Se puede toquetear todo, sin mayores inconvenientes. En los restaurantes que tiene la comida a la vista, también es posible abrir las cacerolas y fisgar, porque nadie dirá nada. Los caleseros tampoco son pesados y los de los medios de transporte que aguardan en las estaciones, no suelen insinuarse y se limitan a esperar pacientemente, que un pasajero les solicite sus servicios (como debería de ocurrir en todas partes). Al atardecer –como es el caso de todas las ciudades coloniales-, Vigán gana mucho en espectacularidad. Al principio está muy animada, pero a las siete y media ya no queda nadie. Y eso que es sábado. Estudiamos el viaje a la India en internet. Empezamos a tener claro, que cuando lleguemos a Kuala Lumpur, iremos hasta Bangkok por tierra y de ahí y tras hacer el visado, tomaremos un vuelo por unos 100 euros a Calcuta, con la compañía de bajo coste, Air India Express. De ahí iremos recorriendo la zona norte del país hasta llegar a Delhi, cosa que en teoría ocurrirá dentro de un mes y medio, a finales del mes de octubre. Y para volver de la India, lo más barato, es con un vuelo directo a Frankfurt o Londres y después comprar alguna oferta con cualquier compañía de bajo coste. Aunque hacerlo con una compañía de bandera hasta Madrid, con escala en alguna ciudad europea, tampoco resulta extremadamente caro. Vigan (Filipinas)Filipinas, era un país que, fruto de nuestro desconocimiento, no nos llamaba demasiado la atención y en el que hemos acabado por casualidad y por los problemas habidos con las s tarjetas. Pero ahora estamos encantados de haber venido. Nos emociona su gente, nos llama la atención su historia –tan ligada a la nuestra-, nos encanta locamente la comida y tanto Vigan como Manila, son dos ciudades bien interesantes Y todavía en la isla de Luzón, nos queda el plato fuerte, que es Banaue. |


