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Sudeste Asiático/49


            Kuta es una enorme calle

comercial –llena de plastas de diferentes sectores comerciales y de transporte-, que se extiende paralela a la de la playa. Es atravesada por dos perpendiculares -Poppies Gang I y II-,  que conecta ambas, donde hay más restaurantes y comercios, además de los hoteles de categoría económica. La playa es ancha y muy larga. Es de arena fina, pero –salvo a la hora de la puesta de sol-, no tiene demasiado encanto y para que cubra, hay que llegar casi hasta Filipinas. Al menos no hay mamotretos en forma de edificio en la primera línea de la orilla.

 

            Hoy no hay mucha gente, aunque si bastantes pesados vendiendo de todo, como en la calle principal. La playa está llena de banderas rojas, a pesar de que parece que las aguas están tranquilas. ¿Serán las corrientes o por alguna competición de surf?.

 

            La pateamos hacia un lado y, más tarde hacia otro y al abrir el zoom de la cámara para hacer una foto, descubrimos que en el objetivo hay una mancha oscura –que solo se nota en esa posición-. ¡Poco a poco, están empezando a deteriorarse o romperse, muchas de las cosas con las que salimos de viaje en febrero!.

 Kuta, en Bali (Indonesia)

            Hay bonitos templos casi al borde de la arena y como en Lovina, se hacen ofrendas al borde del mar (hojas de plátano, con flores, granos de arroz cocido y barritas de incienso, entre otras cosas). Vemos la puesta de sol, tan espectacular como la de ayer. Es muy bonita mirando hacia el sol, pero lo es casi más dirigiendo la vista hacia atrás, porque la marea ha bajado y en los charcos que han quedado, se reflejan los templos. Un australiano, con un objetivo enorme, se pone a nuestro lado a hacer fotos del evento. ¡Pues sí, tú cámara será mejor que la nuestra, pero nos has copiado la posición, bribón!. Al igual que en Lovina, en Kuta no hay paseo marítimo como tal.

 

            Volvemos al hotel ya de noche y nos metemos en la piscina, en busca del reconfortante baño, que relaje nuestros músculos y nos libere de las tensiones del día. Una pareja se mete mano descaradamente en una de las esquinas de la  piscina. A mi molesta por verlos, aunque si por higiene. Por primera vez en siete meses, nos da la sensación de estar de vacaciones y no de viaje.

 

            Damos un paseo, primero por la calle principal y luego por la playa. La cálida luna tiñe de un blanco intenso, las alargadas y espumosas olas que mueren en la orilla. La cerveza en los bares es cara. Vale aquí más en la hora feliz, que en Lovina en horario normal. Nos da por pensar, como sería esta isla si sus moradores fueran musulmanes en vez de hindúes y celebraran el ramadán. ¡No vendrían ni la mitad de los turistas!

 

            Vemos coches de caballos por la calle y nos sorprendemos. ¿Dónde te llevarán, si aquí no hay grandes atracciones turísticas?.

¿Será un paseo para que te relajes, contemplando el caótico tráfico?.

 

            Al acostarme, me doy cuenta de que ha sido un día bastante completo. Hemos pasado momentos excelentes, buenos, regulares y malos, en menos de 24 horas. ¿Alguien puede dar más por 18 euros que nos gastamos hoy entre los dos en total?. Y además, hemos cumplido un sueño: Es el segundo día consecutivo que no entramos a conectarnos en internet.

                                                               Kuta, en Bali (Indonesia)

 

DEMPASAR

 

            Comienza un nuevo día en Bali y nada más bajar a la calle, nos encontramos con la simpática americana, que habíamos conocido en la agencia de Jakarta. Está desayunando en un bar y nos debemos ir siguiendo los pasos, porque también la hemos visto en Yogakarta. ¡Hace ilusión reencontrarse con la gente!. Nos refrescamos a en la piscina y vamos a desayunar (al lado de está). El desayuno, de lujo, para lo que estamos pagando.

 

            Hemos previsto, que dedicaremos el día de hoy a visitar Dempasar. El del bemo es honrado y nos cobra, como a todo el mundo, 5.000 rupias indonesias por persona. Hemos tenido suerte, porque el resto de los días, siempre nos trataron de engañar.

 

            En poco más de media hora, estamos en Dempasar, que resulta ser magnífico, muchísimo mejor de lo esperado. Hay un montón de templos hindúes y todos tienen algo diferente entre sí. La entrada  a la mayoría de ellos es gratuita y no hay nadie viéndolos. Solo algún operario en tareas de regado de los jardines que los albergan. ¿Qué más se puede pedir?.

 

            Visitamos en primer lugar el Pura Mosphait, un magnífico templo, donde unos niños nos persiguen y no paran, hasta que consiguen que les hagamos una foto. Pasamos por delante de la Catur Mucka Statue, situada en una rotonda, antes de llegar a la oficina de Turismo. Y nos acercamos hasta el Pura Sutriya, un templo colindante con el Mercado de los Pájaros.

 

 

           Continuamos contemplando el Pura Sagatnhata y terminamos en el Pasar Badung, que es el mercado principal, algo decadente y en unas condiciones higiénicas dudosas –por no decir lamentables-, porque huele mal, es oscuro y hay piezas de carne a medio pudrir. Está al lado de un río, que tampoco baja muy limpio. Pero el cercano templo, que hace también funciones de parking y de soporte de un pequeño mercado, donde venden flores y otros objetos para las ofrendas, merecen bastante la pena.

 

            Una vez que hemos visto lo que viene en la guía, deambulamos sin rumbo y nos damos cuenta, de que hay muchos más templos, todos magníficos, desperdigados por la ciudad.. En uno de ellos y cuando ya lo hemos visto, tratan de ponernos impedimentos, alegando que llevamos pantalones cortos. Luego descubrimos, que lo que quieren realmente, es ofrecernos una visita guiada y una especie de trapos para taparnos. Naturalmente, no gratis  ¡Aquí hay que estar con cien ojos!.  

 

            Nos vamos a la gran plaza Puputan y desde ahí entramos en la oficina de turismo. Queremos saber si hay transporte publico directo (no shuttle bus, que ya sabemos que sí) entre Kuta, Sanur y Ubud. La chica nos dice que no, que hay que pasar obligatoriamente por Dempasar. Pero descubrimos que la que informa, está muy desinformada en materia de precios, porque ya solo para el servicio Dempasar-Kuta, habla de 10.000 rupias por persona (y han sido 5.000 esta misma mañana). Al menos, nos ha atendido amablemente, porque los viernes cierran la oficina a la una de la tarde –los demás días de diario lo hacen a las 15,30- y son ya casi la dos menos cuarto.

 Dempasar, en Bali (Indonesia)

            Cuando nos hemos alejado un poco, nos damos cuenta de que se nos ha olvidado preguntar cuanto tarda el autobús a Candidasa. Entra mi chico solo y yo me quedo sentada en la puerta, con una mano sobre otra. De repente, un pesado animal cae sobre ellas, llenándomelas de arañazos y dejándolas temblorosas. Cuando quiero recuperarme del impacto, el animal ya se ha ido y no he logrado ver, de que se ha tratado. Es posible que haya sido un gato de grandes dimensiones, al menos por la pinta de los arañazos. Ha debido confundir mis manos con un punto de apoyo y así las ha dejado. Menos mal que no saltó sobre la cabeza, Cuando mi chico regresa, me encuentra pálida. Tardo un rato en recuperarme. Aunque las heridas, me seguirán escociendo durante toda la tarde, es más la preocupación y el miedo, de que me pueda haber contagiado alguna enfermedad.

 

            Consigo lavarme las manos con una manguera en un templo. Iremos a comer y después, tomaremos decisiones. Nos cuesta encontrar un sito. No hay casi restaurantes –salvo alguno de calduverios-, ni tiendas donde comprar comida, pero de retales y de cacharros varios, hay todas las que se quiera.

 

            Cuando ya estamos desesperados y pensamos en regresar a Kuta, encontramos el Kentucky Fried Chicken, donde nos zampamos una rica y barata sopa y unos espaguetis con salsa picante y trozos de pollo rebozadas, al estilo de la casa. Sencillamente deliciosos. Todo un recomendable descubrimiento gastronómico, en un restaurante de comida rápida. Algo infrecuente.

 

            Tomamos el bemo de vuelta a Dempasar y ahora si, nos tratan de engañar con el precio. Pero tampoco se sonrojan cuando les

descubres y les dices, que has pagado mucho menos por la mañana. Ellos van a piñón fijo y se cuela, cuela. Empezamos a tomar decisiones.

 

            -Puesto que no parece muy fácil llegar y la Lonely no es muy concisa en este aspecto, descartamos la visita al Volcán Bromo, en Java, a la vuelta de Bali. Así que permaneceremos un día más en esta isla, hasta el lunes a mediodía.

 

            -Descartamos la visita a Candidasa, porque se tarda dos horas en ir y en volver, serían cuatro. No hemos visto que tenga los suficientes atractivos para invertir ese tiempo.

                                                       Dempasar, en Bali (Indonesia)

            -Iremos a Sanur, Ubud y trataremos de ver algo de selva. Qué hacer, ¿seguir durmiendo en Kuta o cambiar mañana de alojamiento y pernoctar en Sanur, que tiene transporte directo con Ubud?. Es difícil decidir: A favor de la primera opción, está el hecho de segur en un alojamiento bueno y barato y en una población bastante más grande y con más entretenimientos por la tarde y por la noche.

 

            Pero, sin embargo, la segunda oremisa, nos ahorraría algún tiempo en transporte y nos evitaría pasar constantemente por Dempasar, donde la organización del transporte es lamentable, porque hay varias estaciones, mal conectadas entre sí y es muy probable, que para ir de un sitio a otro, siempre tengas que cambiar de terminal. Optamos, finalmente, por quedarnos en Kuta y hacer excursiones de un día.

 

            Pasamos por el hotel, antes de dar un paseo por la playa y sus templos, (con las estatuas tapadas con esas telas de cuadros blancos y negros) y ver, por tercer día consecutivo, una bonita puesta de sol. Hay quien prefiere pasar tan idílico momento, con el casco de la moto puesto. Así lo hace una pareja de enamorados, que contempla el ocaso del sol. En la arena, cerca del mar, hay un remolino de gente. Nos acercamos. Decenas de minúsculas tortugas, caminan lentamente –como si de una carrera de maratón se tratara-, en dirección al agua.

 

            Hoy no ha sido mi día difícil: Al margen de que me cayera encima un presunto gato, me he hecho daño en el pie al dar una patada sin querer a una piedra en la playa. Previamente me, había golpeado con un templo en la cabeza y ahora, al llegar al hotel, me tropiezo con un escalón y casi me parto los dientes.

 

            Viendo lo que nos dan a nosotros  por apenas seis euros, ¿qué ofrecerán en los hoteles de Bali, donde pagas 100?. No me lo puedo ni imaginar. Habrá piscinas termales, la habitación será de 200 metros cuadrados, con pantalla envolvente de televisión y 300 canales, caviar, champán y masajes a todas horas… ¡Cuánto me extrañaría!.

 

 

           Entretenemos la tarde, haciendo exactamente lo mismo que ayer. Si se es observador, se nota perfectamente quien acaba de llegar a la isla y quien lleva ya varios días. En el primer caso, los ves rechazando educadamente las peticiones de los pesados y comisionistas y dando las gracias. En el segundo y ante las mismas solicitudes, se muestra la indiferencia más absoluta. Los musulmanes son también pesados, pero más respetuosos y cuando te conocen, ya apenas de dan la lata. Aquí, habremos pasado cincuenta veces por delante de un negocio de masajes y la cincuenta nos lo ha ofrecido la misma chica, con voz monocorde, sin sentimientos, como si fuera ana máquina. A la vez 51, cuando pasamos por delante de ella, me dedico a burlarme e imitarla: “Hello, maaaaasssssaaaggggee”. Me mira sin inmutarse. Ni con frustración, ni con sonrisa de complicidad.

 Dempasar, en Bali (Indonesia)

 

SANUR

 

            Empieza un nuevo día y lo hacemos, en la piscina y desayunando. Nos está empezando a parecer normal y no es bueno que nos acostumbremos, porque el reencuentro con Java puede ser más brusco. La noche nos la ha animado la pareja de la habitación de al lado. ¡Madre mía que potencia sexual. Ni más ni menos que cuatro veces!

 

            Otra vez nos tratan de engañar en el importe del viaje a Dempasar y lo bueno, es que s trata del mismo conductor que ya lo intentó ayer tarde y al que pillamos. ¡No tienen límites!. Para coger el bemo a Sanur no hace falta cambiar de terminal (de las pocas veces). Ya hemos aprendido, que lo primero que hay que hacer al preguntar el precio del transporte en Bali, es encabezar la conversación con dos frases: “No special service” “only public transport”. De esa forma, ya es altamente improbable, que traten de jugártela, como nos ocurrió el primer día. En la Lonely pone, que los bemos azules y verdes se diferencian, en que unos salen de una terminal y otros de otra. Yo no lo tengo tan claro. Creo que puedes tomar cualquiera de ellos en cualquier parte, siempre que llegues a un acuerdo económico

 

            Nos cobran 15.000 a los dos por ir a Sanur y a tenor de lo que tardamos por la tarde a la vuelta, nos ha llevado por un camino más largo (desconozco los motivos, pues el precio estaba pactado de antemano). Nos pregunta si queremos que nos recoja a la vuelta y le decimos que no.- Sanur es una alargada playa vacía, con unos cuantos bonitos y agradables resorts, donde respirar tranquilidad y curar el estrés. Hay un agradable paseo al lado del mar, alejado del tráfico y del mundanal ruido.

 

            El agua es más transparente que en Kuta y la calle paralela está llena de tiendas 24 horas y restaurantes vacíos y caros, además

de un tráfico infernal. Como siempre en el sudeste asiático, la oferta supera a la demanda.

 

            Hay bonitos templos al alado del mar, aunque algunos están muy descuidados. Parece que la religiosidad ha caído en picado y aquí la gente, como en Sodoma y en Gomorra, solo se dedican al placer. Si se camina hacia la otra parte de la playa –a la izquierda-, el entorno también es bonito y se va a parar, a una bonita playa de arena negrísima, ocupada por los lugareños.

                                                               Sanur, en Bali (Indonesia)

            Los extranjeros vienen aquí a descansar y apenas salen de los resorts para pasear. Porque dentro tienen todas necesidades cubiertas, desde la comida, hasta los cócteles nocturnos. Solo hay un pequeño supermercado y por su aspecto exterior, ya lleva tiempo cerrado. Si hay mercado de artesanía, con vendedoras algo agresivas. ¡Cuando se darán cuenta de que así no van a vender nada!. Los taxistas también tratan de colocarte alguna carrera y como deben pensar que somos gilipollas, uno tras decirnos “hello”, nos hace el gesto con las manos de mover el volante de lado a lado.

 

            Es un pueblo pequeño y tranquilo, que tiene consulados de países como Australia y Alemania. No hemos visto apenas españoles en Bali. Cuando parece que nos vamos a quedar sin comer, aparece un Kentucky Fried Chicken. En este no tienen sopa, así que nos zampamos dos platos de espaguetis de los de ayer, cada uno.

 

            A pesar de ser sábado, parece que los niños tienen colegio, porque vienen con el uniforme puesto. Nos saludan con un sonriente “Hello”, a secas. Luego ya es de mayores, cuando se especializan y añaden a esa palabra “transport”, “massage”, “sunglasses”… La verdad es que me estoy empezando a cansar de tanto “jelou”, a todas horas.

 

            Regresar se convierte en una dura tarea. Ningún bemo nos quiere llevar a Dempasar. Todos nos intentan acercar hasta Kuta y nos piden 60.000 rupias, ¡cuatro veces más que esta mañana!. Tenemos que mentir y decir, que en realidad, nos alojamos en Dempasar y por eso no queremos ir a kuta, pero aún así, no bajan de 50.000. Se empiezan a meter por el medio los taxistas también, viendo que hay carne fresca y tenemos que librarnos de ellos sutilemnte. Hay mucha oferta y apenas demanda, pero algunas prefieren no ganar nada, ni trabajar, a conseguir un poco menos. Nuestras condiciones, consisten, pagar exactamente lo mismo que abonamos esta mañana. Los cuatro o cinco primeros no aceptan, pero al ver nuestra firmeza, hay uno que prefiere sacarse algo a nada y nos lleva por las 15.000 rupias.


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