El colorido de las guindillas –que pican como demonios- y los ajos, con el suelo cubierto de pieles en forma de grueso manto, forman una escena tan cotidiana como estremecedora, que nunca se borrará de nuestras mentes. Son muchas las veces, que no hace falta ver grandes templos o espectaculares paisajes, para quedar profundamente emocionadoSi no fuera por la actividad de la mezquita y por la lata que han estado dando toda la santa noche, apenas se notaría que ha comenzado el ramadán. Nada en la vida cotidiana de los habitantes de esta ciudad, al menos de puertas afuera, ha cambiado de ayer tarde a hoy y en el Carrefour, las bandejas de comida preparada, se vacían y renuevan casi con la misma velocidad que cualquier otro día. Nadie nos dice nada, ni nos miran de forma rara, cuando en los bancos de afuera nos zampamos un pollo entero (bastante pequeño por cierto), a la vista de todo el mundo. Surabaya (Indonesia)Y cuando oscurece por la tarde, también todo da sensación de normalidad. No cierran las tiendas o se atiborran a comer, como vimos que hacían en Marruecos, cuando hace tres años estuvimos allí, en este mismo periodo. Aunque como en cualquier parte, siempre hay extremistas, pegándose cabezazos contra el suelo en una mezquita. Pero para so, no hace falta que sea ramadán siquiera Como somos los únicos turistas, resultamos la atracción de todo Surabaya. La gente nos saluda y hace gestos a nuestro paso. Por momentos nos damos cuenta, como se debe sentir cualquier famoso, cuando va por la calle. El único inglés que sabe aquí la gente es: “Hello, mister”. Y lo repiten una y otra vez, sin parar. No sabemos como se divierten los lugareños de aquí. No es que no tomen alcoho,l como en cualquier otro país musulmán, es que ni siquiera tienen bares o cafés, donde echar unas cartas, tomar un té o fumar unas cachimbas. Cuesta también encontrar restaurantes, porque aquí la gente no tiene demasiada tradición de comer fuera de casa. Nos encanta esta ciudad tan natural, tan cotidiana y tan auténtica, que parece detenida en el tiempo y cuya medievalidad queda turbada solo, por los miles y miles de motos, que te agobian a cada paso. Por eso nos gusta sobremanera pasear por los alrededores de la mezquita, porque ahí los vehículos tienen prohibida la circulación. Y como para no cumplir esa norma, proviniendo de quien proviene. Lástima que esta ciudad sea tan sucia. Me pican muchísimo los pies y no sé si es de la basura que irremediablemente y a lo largo del día, se te enreda en las extremidades inferiores o de algún parásito, que ha tomado como su hogar mis chanclas. Ante la duda, decido tirarlas. Debo ser demasiado exigente, porque los niños juegan al fútbol descalzos en la calle y tienen los pies perfectamente. Bueno, no todos juegan, porque ya con la corta edad de siete u ocho años, algunos padres les obligan a pasar interminables horas en la mezquita. El gobierno mata a estas gentes once meses al año de hambre y el ramadán hace lo propio el que resta. Y con tanto cántico y discurso desde la mezquita, no les dejan ni dormir. ¡Qué asco de vida, la que llevan millones de habitantes en el mundo! Nos vamos a intenet y ya crecidos, tratamos de reservar con Air Asia, el vuelo de vuelta desde Manila a Kuala Lumpur (48,60€), para el día 24 de septiembre. No hay el más mínimo problema y la web de la low cost, nos redirecciona perfectamente a la pagina del banco. Dado que estamos en septiembre, ¿habrá vuelto ya de vacaciones el que tenía que tocar la tecla en Caja Madrid y por eso ya están a pleno rendimiento nuestras tarjetas?. Aquí terminaría una historia, que nos tuvo francamente muy tocados durante la segunda quincena de agosto. Ya nunca a lo largo de este viaje y de los posteriores, volvió a haber un solo problema. Pero aún hoy, cuando escribo, el banco no ha reconocido abiertamente su culpa y las enormes molestias y pérdidas económicas, que nos ocasionaron. Surabaya (Indonesia)Vamos al Carrefour a comprar provisiones. La cajera que nos cobra es bastante despierta, aunque solo tendrá unos 14 años. ¿Cómo es posible que una multinacional como esta, tenga contratada a una niña?, se pregunta la parte occidental, que aún queda en mi cerebro. La parte sensata, que a lo largo de estos meses de viaje, se ha ido haciendo más grande, le responde: “Es posible, que gracias a su trabajo, ella y su familia no estén en la miseria”. Y es que en occidente, como no pasamos hambre, nos dedicamos a hablar de supuestos derechos y comportamientos y de la dignidad y esas cosillas, casi siempre, con mucha demagogia y cinismo –que no civismo-. Esperamos el tren sentados en un banco, fuera de la estación. No sabemos si resulta más molesto el interminable sermón de la mezquita o el tipo que detrás, lleva un buen rato serrando bidones. ¿Para qué los querrá?. En cuanto vagas un poco por el tercer mundo, te encuentras profesiones la mar de llamativas e imaginativas. ¿Y a esto le llaman “bisnis”?. El tren nocturno es igual de incómodo que el diurno. No va demasiada gente, pero si tres niños muy guerreros. Menos mal que en Bali, es una hora más. Porque sino mañana, se nos haría de noche a las cuatro y media de la tarde. Y no es plan. El tren parte de la estación. El sonido de los cánticos de las mezquitas va entrando a ráfagas por las ventanas del convoy, a pesar de que ya ha cogido bastante velocidad. Hay colorido. El del restaurante se pasea por los vagones con bandejas de té, bebidas y sopa caliente. Mientras, un hombre va entregando almohadillas, que pensamos, son gentileza de la casa para hacernos el trayecto más cómodo, hasta que a la hora, pasa cobrándolas. A pesar del ruido y de que hacemos mil paradas, consigo dormirme más de cuatro horas. Surabaya (Indonesia)PRIMER CONTACTO CON BALI
Tras cinco horas y cuarto, el tren llega con absoluta puntualidad a su destino, Ketapang. Es la tónica general de los ferrocarriles en Indonesia. A pesar de que la terminal de ferries está a cinco minutos andando de la de trenes, la localidad que la alberga cambia de nombre y pasa a llamarse Banyuwangi. Son las cinco y media de la mañana, cuando subimos al ferry (6.000 ID$), que nos conduce en menos de una hora hasta Gilimanuk, en la isla de Bali. Desde cubierta, vemos un precioso amanecer, con el sol saliendo entre dos columnas de nubes negras en forma de uve
No tenemos muy claro por donde empezar en la isla, así que primero hemos tanteado, antes de tomar el ferry, lo que vale el autobús a Dempasar, capital de la isla. Nos ha parecido caro (50.000 rupias indonesias). Ahora hemos preguntado al dueño de un bemo, qué nos cobra por ir a Lovina. Las 20.000 rupias que nos ha pedido, nos parece un precio más razonable, así que nos subimos al vehículo, que se llena en menos de un cuarto de hora y partimos. El bemo es el transporte por excelencia en la isla. Los hay de diferentes colores y formas y normalmente, en los recorridos cortos, suelen circular abiertos por uno de los lados, para agilizar la subida y bajada del pasaje. En los largos, van cerrados. LOVINA (BALI) En una hora y tres cuartos, nos ponemos en Lovina. Por el camino, apenas hemos visto el mar, pero si, plataneras, flores de colores vivos y muchas palmeras y vegetación diversa. No nos resulta nada difícil encontrar alojamiento, después de que nos hemos librado de los comisionistas que han salido a nuestro paso. Se nota que aquí, la oferta es muy superior a la demanda y esa es la razón, de que por 90.000 rupias indonesias –poco más de seis euros-, nos den una habitación/bungalow -diseño rústico- con baño, desayuno, piscina y un entorno de plantas y árboles, bastante agradable. ¡Vaya cambio, en relación con los alojamientos de Java! Cruzando hacia Bali (Indonesia)Lo que también nos da el dueño del hotel Pulesti, es mucho la lata. Nos quiere vender una excursión de día completo, visitando una pequeña catarata, un manantial termal y un templo budista. Primero nos pide 20 euros y luego, ante nuestro desinterés, lo baja a 15. También nos quiere colocar la tempranera excursión, para ver los delfines. A lo largo del día, nos volvió a dar la lata con el tema, al menos otras tres veces, por lo que a pesar de ser un muy buen alojamiento calidad/precio, no lo recomiendo. Este lugar, de unas cuantas calles, está lleno de hoteles y restaurantes, de tipo –fundamentalmente- medio y económico. Yace junto a una estrecha playa de arena negra y fina, bastante sucia e incómoda para el baño (algas, piedras y aguas revueltas). Cerca de ella hay algunos templos hindúes, que como todos los de la isla, son una preciosidad Hay delfines en las puertas de acceso a la zona turística y también uno muy grande, cerca de la playa. Los que venden, ofrecen restaurantes, hoteles o transporte, son aquí bastante pesados. Normalmente hablan inglés y algunos un poquito de itañol, que no es otra cosa, que la mezcla del italiano con el español Hay también un pequeño supermercado –cruzando la carretera-, con todo lo que necesitamos los extranjero (el kit guiri, que llamo yo): Galletas, aperitivos, coca cola, cerveza y bebidas alcohólicas. Porque aquí son, mayoritariamente, de religión hindú y no hay ni rastro –afortunadamente- del ramadán. Comemos de supermercado y nos dormimos dos horas de merecida siesta, en una jornada que hemos planeado como de relax Luego nos vamos a hacer unos largos a la piscina. Resulta deliciosa, más que por sus características, porque es la primera que disfrutamos en siete meses de viaje. Eso sí, en el agua han debido vaciar un bidón de lejía y los ojos lo notan. Tiene una cascadita y el entorno es muy chulo. Y luego, con más desgana, nos damos un baño en la playa. y vemos la excepcional puesta del sol, que se va metiendo detrás del mar y entre los veleros, que se divisan en el horizonte. Completamos la tarde, paseando por las cuatro calles del pueblo. No hay mucho turismo, al menos en esta época, pero como ocurre siempre, es más visible por la noche, que por la mañana. Más tarde en el hotel, pretendemos tomar la decisión de que haremos en los cuatro días más que vamos a estar en Bali y que veremos a la vuelta a Java, camino de Saurabaya, donde el 10 de septiembre, debemos tomar el vuelo que nos devolverá a Singapur.Los shuttle bus para guiris a Ubud o Kuta son bastante caros (70.000 ID$) y no hemos sido capaces de encontrar la estación (no sabemos si siquiera la hay, aunque la Lonely dice que sí), así que mañana, tomaremos desde aquí un bemo a Singaraja y desde allí, otro a Dempasar. Lovina, en Bali (Indonesia)El desayuno del hotel resulta bastante correcto, pero nos lo amarga su dueño, que no deja de indagar sobre nuestros planes para hoy. Como sabe que nos vamos, nos quiere colocar el bus directo a Kuta y al decirle que vamos a ir hasta Singaraja, pregunta de forma malintencionada: “¿Y como vais a ir, andando?. DE CAMINO A KUTA Nos vamos sin despedirnos de él y deseándole que se arruine. Nada más salir a la calle encontramos un bemo, que va a Singaraja. Nos pide 40.000 rupias por los dos y acabamos cerrando el precio en 15.000. Nos toca dar bastantes vueltas, porque en el vehículo van unas trabajadoras de un hotel. Es su primer día y no saben donde está, exactamente. El conductor del bemo es tan amable –cosa realmente rara en Bali-, que sin cobro adicional y sin tener obligación, nos lleva hasta la estación de autobuses, que presta servicio para Dempasar. Allí negociamos con el conductor de otro bemo y acordamos en 20.000 rupias indonesias por persona, el importe de las dos horas de viaje. Tardamos más de media en salir, hasta que se llena. Muchos de los pasajeros están entados en carnes, así que el viaje se hace algo incómodo Nada más salir, empezamos a subir. El paisaje es bonito y no deja de haber casas. Luego bajamos y a modo de lo que ocurría en Laos, comienza la calle interminable –sucesión constante de casas-, que nos lleva hasta Dempasar. No tenemos muy claro si dormir aquí o acercarnos a Kuta. Tal vez optemos por lo primero, porque para lo segundo, hay que cambiar de terminal y no tenemos gana. Si se quieren evitar problemas en un viaje, hay normas que nunca se deben transgredir y una de ellas, es no hacer absolutamente ningún caso, ni entrar en negociaciones, con alguien que ofrece transporte privado (sea taxi, mototaxi, bicitaxi bemo o tuk tuk) en una terminal. Por un malentendido entre mi chico y yo, accedemos en escuchar a un hombre, que nos pide fifteen thousand (quince mil) rupias indonesias por llevarnos hasta Kuta. Le hacemos repetir el precio y, efectivamente es fifteen, acabado en “n”. Partimos hacia Kuta. En todo momento la puerta lateral del bemo va abierta, como con intención de recoger pasajeros que puedan pasar, aunque no sube nadie. Llegamos y le pagamos el dinero acordado, pero entonces, muy enojado, dice que en realidad el ha dicho fifty thousand (cincuenta mil). Nos damos cuenta de que estamos siendo víctimas de un timo y nos negamos a pagar una sola rupia más de las acordadas. Cogemos los bultos y bajamos y el viene detrás de nosotros. Agarra una piedra de al menos 20 kilos y nos amenaza con ella. Aceleramos la marcha. Nos persigue gritando “I kill you, I kill you” (os voy a matar). Ahora ha soltado la piedra y nos amenaza con una llave inglesa.. Si sigue la proporción, ¿acabará intimidándonos con una pluma?. Camino de Kuta, en Bali (Indonesia)Nos metemos en un restaurante, con el fin de que sus propietarios nos den cobijo y protección. El hombre entra justo detrás y ahora pretende amenazarnos con una silla, que los del restaurante le quitan de las manos. Hace gestos con los puños, como si fuera Rocky. Resulta patético. Dice que va a llamar a la policía y le decimos que perfecto, que eso es precisamente lo que nosotros queremos. Pero no lo hace, porque bien sabe él que es un estafador y un delincuente. Empieza una discusión a tres bandas, en la que los dueños del restaurante y para evitarse problemas, acaban dándole la razón al conductor, bajo el pretexto de que la gasolina ha subido mucho y el servicio era exclusivo. ¿Cómo va a ser un servicio exclusivo, si los bemos no son taxis y si transporte público y además viajaba con la puerta abierta, en señal de disponibilidad de plazas?, Somos plenamente conscientes de que no va a ser capaz de agredirnos, pero ante el cariz que ha tomado la situación, que ahora ya es una auténtica encerrona, decidimos pagar las 35.000 rupias restantes, con una rabia tremenda, que desahogamos llamando de todo, tanto al hijo de puta del bemo, como a los del restaurante. Estamos hablando de tan solo dos euros y medio, que no es dinero, pero lo que nos irrita hasta la extenuación, es haber contribuido al sostenimiento de estas mafias, que tanto daño hacen, a los viajeros. Este sería el primer episodio, de una larga lista de discusiones –unas más agrias que otras-, por el precio del transporte en la isla de Bali. Es un problema serio y que genera inseguridad a los viajeros independientes. Tanta, que puede acabar pasándole factura a la isla, en forma de disminución de visitantes. La solución sería muy sencilla y ya hace tiempo que la pusieron en práctica en muchos lugares de Tailandia: Se trata de colocar en una tablilla en cada estación, los precios de los recorridos más habituales y se acabaron los conflictos. Pocas medidas son tan fáciles y tan baratas. KUTA Nos ponemos a buscar alojamiento por la calle principal (JL Lejian), que transcurre paralela a la playa. Todos los sitios son caros. Los vendedores y transportistas agobian bastante y con lo enfadados que vamos, no nos andamos con medias tintas. Nos resistimos a pagar más de 200.000 rupias y nuestra constancia y resistencia, acaba teniendo premio. Ya en la zona interior, donde están los restaurantes y los negocios de masajes, encontramos el L.A. Inn (Losmen Agung), que por 82.000 rupias, nos ofrece una habitación con baño (grande, aunque algo anticuada), desayuno –a elegir entre tres- y una enorme piscina, situada en otro cercano hotel, que es de la misma propiedad. Kuta, en Bali (Indonesia)Queremos comer algo, pero las tiendas 24 horas de la zona son carísimas (50% más, que en el resto de Indonesia). Nos ponemos a desandar la calle principal y de nuevo la perseverancia tiene premio y encontramos un supermercado, con los precios solo un poquito más caros, que en el resto del país. |