-Puestos varios, de venta de cualquier cosa. Son una especie de carros ambulantes, normalmente de color azul y con una enorme rueda en el centro, para poder ser transportados adecuadamente. -Poner puestos en el suelo, sobre una manta o un plástico y vender cosas diversas. -Trabajar en ellas: A martillazos, soldando, reparando…. -Amontonar cosas: Bien objetos, materiales de construcción de las obras, bien desperdicios y basuras… -Tumbarse a dormir o espatarrarse
-Plantar árboles, justo en todo el medio, ubicados tan estratégicamente, que siempre te tienes que bajar a la calzada. Jogakarta (Indonesia)Vamos a internet, pero la situación no ha evolucionado ni un milímetro y todavía no podemos disponer de la Mastercard. Damos una vuelta por la calle principal, pero como nos gusta más la zona de nuestro hotel, matamos allí la tarde y paseando, paseando, acabamos llegando a la calle de las prostitutas, que al contrario de lo que se pudiera pensar, resulta entrañable. La prostitución en el sudeste asiático, siempre va acompañada de la sonrisa. Por eso les gusta tanto a los occidentales acercarse hasta aquí. Nos encanta esta ciudad, a pesar de que los que ofrecen transporte y especialmente en esta zona, sean tan pesados. Pero al menos nos intentan hablar en español, lo que es un detalle. Vamos al supermercado. Comprar es un suplicio: Cobran (lentamente), embolsan (lentamente) y dan la vuelta (lentamente). Eso, cuando funciona el escáner, que la mayoría de las veces es que no. TEMPLO DE BOROBUDUR Visto lo de ayer, hoy nos abstenemos de desayunar y así aprovechamos para dormir un poco más. Para llegar a Borobudur, primero hay que acercarse hasta la estación de Jombor (3.000 rupias indonesias) y después, desde ese punto, tomar una autobús que tarda una hora. El vehículo es viejo y el ayudante nos quiere cobrar el doble de lo que vale el boleto (una constante en Indonesia y sobre todo, en Bali). De hecho nos lo cobra, pero cuando reaccionamos, empezamos a protestar, a pedir el billete con el precio impreso y finalmente, a amenazar con la policía. Y es en ese momento, como por arte de magia, retornan 20.000 rupias, de las 40.000 que habíamos pagado entre los dos (por tanto, precio del boleto 10.000 ID$). Hay muchos bicitaxis y coches de caballos –extremadamente pesados-, que te llevan desde la parada del bus hasta el templo. No es necesario tomar ningún medio de transporte si no se quiere, porque está al lado.Entramos al recinto (99.000 ID$). El templo es bonito, pero nos gustan más los de ayer. Como es domingo, está lleno de familias al completo, que no dejan verlo con tranquilidad. Los niños resultan bastante molestos, subiéndose por las estupas, como si fueran los recreativos del parque. Borobudur es una estupa budista, relacionada con la tradición Mahāyāna y es el monumento budista más grande del mundo. Está ubicado 40 kilómetros al noroeste de Yogyakarta. Fue construido entre los años 750 y 850, por los soberanos de la dinastía Sailendra. El nombre puede derivar del sánscrito "Vihara Buddha Ur", que se traduce como "el templo budista en la montaña". Templo de Borobudur, en Yogakarta (Indonesia)El monumento consta de seis plataformas cuadradas, coronadas por tres plataformas circulares, y está decorado por 2.672 paneles de relieve (¿Quién los habrá contado?) y 504 estatuas de Buda. Es un santuario y lugar de peregrinaje budista. El viaje de los peregrinos comienza en la base del monumento y continúa por un camino que lo rodea, mientras asciende hasta la cima, a través de los tres niveles de la cosmología budista. Durante el viaje, el monumento guía a los peregrinos a través de un sistema de escaleras y corredores. Y eso es lo que vamos haciendo nosotros, rodear cada uno de los niveles del templo, hasta que coronamos la cumbre. En los primeros niveles, todo son relieves. En los últimos, están las encerradas y espectaculares estatuas de buda, la mayoría muy bien conservadas. El calor es asfixiante y menos mal que el cielo se nubla un poco. Tardamos dos horas y media en visitar el recinto y eso que vamos despacio y comemos antes de salir. Los vendedores son aquí bastante pelmas, casi tanto como en los alrededores del Palacio del Sultán de Yogakarta. En esta ocasión, en el autobús de vuelta, nos cobran lo justo. Jogakarta (Indonesia)OTRA VEZ EN YOGAKARTA
Tardamos un poco más que a la ida y es porque este autobús nos deja en la estación a la que fuimos ayer tarde y no de la que salimos esta mañana. Volvemos andando y como todavía no es de noche, nos vamos hasta el Mercado de los Pájaros. Hay muchos puestos cerrados. La actividad es escasa, pero intensa. Me quedo embobada viendo los puestos donde venden serpientes –naturalmente, nos quieren colocar una-, los de peces y los de grillos (que a simple vista, parecían abejas). ¡Lo pasamos realmente en grande!. Como cada tarde, toca ir al cíber. A lo largo del día, hemos caído en la cuenta, de que quizás estemos algo obsesionados con hacer todos los vuelos con Air Asia y nos hacemos el propósito, de probar con otras compañías. A la tercera probatura, caemos en la web de Jetstar/Valuair (filial de Quantas), que ofrece un vuelo Surabaya-Singapur a un precio razonable ( ). Probamos a reservarlo y…….. ¡¡Bingo!!. La web no nos redirecciona al banco y nos emite el boleto directamente. Tenemos sentimientos contradictorios. Por una parte, la alegría de poder por fin salir de Indonesia por aire y no tener que volver por tierra a Malasia, a través de la interminable Sumatra. Pero por otra parte, no nos apetece nada, tener que volver a Singapur. El objetivo ahora, debe ser encontrar cuanto antes un vuelo desde Singapur a Manila, que no sea muy caro. Y en eso nos tenemos que centrar mañana en Surabaya. ¡¡Hay que reconquistar Filipinas, como sea y cuanto antes!! En el mismo cíber, hay una pareja de catalanes, que parece que también están embarcados en un viaje largo. Pero no son muy simpáticos. Una pena, no haber podio compartir experiencias con ellos. Se nos ocurre también, que podríamos ir desde aquí a Surabaya en tren, así que nos acercamos a la estación y comprobamos que en “bisnis”, el billete cuesta incluso, un poco menos que el autobús y llega dos horas antes. Así que nos iremos por este medio, mañana a primera hora. En la estación también operan los plastas, mayormente, del gremio del transporte. Según volvemos al hotel, vemos un tremendo accidente entre dos motos. ¡Escenas cotidianas!Al final y sin tener en cuenta el de Bagan, en Myanmar, que no lo hemos visto, el ranking de los templos que hemos visitado en el sudeste asiáticos quedaría así: Angkok, Prambanan y Borobudur. Y es que ya hace tiempo que nos dimos cuenta, de que tenemos bastante más pasión por el hinduismo, que por el budismo. Jogakarta (Indonesia)SURABAYA En Indonesia, la opción del tren, suele ser casi siempre más recomendable que la del autobús. Ya no solo por precio, sino por tiempo. A Surabaya, son cinco horas y media de la primera forma y siete de la segunda. Otra cosa diferente, es que los trenes no suelen ser muy confortablesm al menos en “bisnis”, pero los autobuses tampoco. Perdonamos nuevamente el desayuno del hotel y abandonamos Yogakarta con pena. Esta ciudad y sus cercanos templos, nos han dejado un recuerdo que perdurará para siempre. Para acceder al tren hay que pagar una tasa de 1.500 ID$, pero a nosotros no nos la cobran. El tren es incómodo, las ventanas no se sujetan si las quieres abrir y no hay aire acondicionado, pero al menos, corre que se mata. Aquí llaman “bisnis” a lo que en Tailandia denominan como tercera. Pero en unos sitios son más realistas que en otros. El paisaje es aburrido: A los campos de arroz, le suceden más campos de arroz. Me duermo tres horas y cuando me despierto comemos, a pesar de que solo son las 11 de la mañana. Pero hay que dar gusto al cuerpo. Surabaya tiene tres estaciones y nos hemos bajado en la más céntrica. Más bien, nos han dejado tirados, porque han estacionado el tren en un sitio donde no hay ni andenes y nos ha tocado llegar hasta el edificio, caminando campo a través, saltando cables y traviesas. Preguntamos los horarios para Ketapang y como solo hay trenes a las 9 de la mañana y a las 10 de la noche, nos decantamos por esta última opción, a pesar de que llegaremos bastante pronto por la mañana. Desde allí, queremos alcanzar la isla de Bali. Los de los bicitaxis son pesados aquí a su manera. No están acostumbrados al turismo, ni saben inglés, así que resulta fácil librarse de ellos. Nos cuesta bastante tiempo encontrar alojamiento: Los hoteles que cumplen unos requisitos mínimos, están llenos y el resto, no dan la talla ni siquiera para nosotros, que dormimos en casi cualquier parte. Por fuera hay establecimientos que parecen hasta elegantes, pero cuando entras dentro, se te cae el alma a los pies. Es casi imposible, ni siquiera cuando se refieren a –supuestas- habitaciones de lujo, que tengan el baño completo. Y los precios no son baratos. Hay cincuenta mil razones para dejarse caer por la isla de Java, pero ninguna está relacionada con los alojamientos económicos. Casi más que elegir hotel, nos elige él a nosotros por descarte. El hotel Ganefo es decadente. Tuvo tiempos mejores, seguro, pero nadie de los que lo llevab ahora los ha conocido, porque tuvieron lugar hace ya demasiadas décadas. Las habitaciones son grandes, de techos altos y tienen lavabo. Para el resto de labores higiénicas, hay que desplazarse al exterior y si te quieres duchar, no queda otra que hacerlo a jarrazos, cubazos o bolsazos, tomando el agua de una tina alta y estrecha. Realmente, lo mejor de este sitio es que tiene el Carrefour a solo 400 metros Surabaya (Indonesia)Aquí el calor es asfixiante y el tráfico, nos recuerda bastante a Vietnam y Camboya y también las aceras. Las calles de día están llenas de motos, coches y trastos que las colman, procedentes de las tiendas y talleres, pero como por arte de magia, todo eso desaparece por la noche, quedando absolutamente desocupadas. Es como si cada mañana se hiciera la ciudad partiendo de cero y por la noche se volviera a deshacer. Y así cada día. ¡Qué agotamiento!. Nos vamos al Mercado del Pescado. Hay animación y el género es buenísimo y fresco, pero el suelo está hecho un asco, de todos los jugos y deshielos que han ido cayendo a lo largo del día. Visitamos por fuera una pequeña y cercana mezquita, que es más bonita que la grande, la Mesjid Ampel, pero esta es más espectacular y en sus alrededores, se desarrolla la vida pública de Surabaya. Si te quieres dejar ver, es por ahí por donde tienes que ir. Los no musulmanes no podemos entrar a su patio, pero si tenemos la posibilidad de rodearla y ver a las mujeres apartadas orando en su interior o a los hombres en grupos de cuatro o cinco, charlando sentados en los bancos o en los poyos de las casas y tiendas. Hoy hay un ambiente especial, como de nervios y trascendencia, porque mañana, 2 de septiembre, comienza el ramadán. Al lado de la Mesjid Ampel, hay un barrio de casas bajas y calles estrechas, de esos donde la cotidianeidad se impone sobre el resto. ¡De esos que a nosotros nos vuelven locos! Es tan auténtico como los de Jakarta y Yogakarta y la naturalidad se impone por encima de cualquier otro comportamiento. Solo los más pequeños se emocionan, cuando ven el objetivo de la cámara y se tornan coquetos para salir en la foto. Una niña ha traído a su familia entera, para que nos retratemos todos juntos. El padre ha visto la oportunidad se sacar algo a cambio. Comienza sin mucha convicción pidiéndonos un dólar y termina ofreciéndonos tabaco. No lejos de allí, se encuentran las calles comerciales –más a modo de bazar, que a lo occidental-, donde se vende de todo -fundamentalmente, dátiles- y donde encontrar una coca cola fría es una quimera (lo cual, ya es triste, en una ciudad de tres millones de habitantes). Una mujer lava a su hijo de poco más de un año en un caldero en la calle. Aquí no hace falta irse a los suburbios para ver viviendas de los suburbios. Esta ciudad es más grande que Yogakarta, pero más conservadora y provinciana. Las mujeres no solo llevan pañuelo, sino también faldamento y muchos hombres, portan el gorro típico y una especie de falda a cuadros. Surabaya se queda casi oscura y vacía, sobre las seis de la tarde.Vamos al cíber de turno y tras mirar varias opciones, reservamos sin problema con Jetstar –que no pide verificación del titular de las tarjetas-, un vuelo desde Singapur a Manila, para el día 11 de septiembre. El vuelo no es demasiado caro (70,85€), teniendo en cuenta que las tasas aéreas en el aeropuerto de Singapur son altas y que para salir de este lugar, hay que incluir obligatoriamente un seguro de viaje, que no puedes eliminar a la hora de hacer la reserva. Volaremos, por tanto, el 11-S y no nos da miedo ninguno. Surabaya (Indonesia) Nos acercamos hasta el Carrefour y la cajera nos pone problemas para vendernos cerveza. El encargado es más sensato y da el visto bueno. ¿Obligamos nosotros en España a los musulmanes a que beban güisqui o a comer filetes de cerdo?. Entonces, ¿por qué ellos se empeñan en convertirse en los garantes de nuestra abstinencia alcohólica?. La mujer que embolsa, entrada ya en años, carnes y ropajes, guarda las cervezas en la bolsa a toda prisa, casi como si hubiera visto a Satanás o se fuera a contaminar las manos. Seguro que en cuanto nos vayamos, se las va a lavar con sosa, la pecadora Cuando llegamos al hotel, son las diez de la noche. Desde que arribamos a primera hora de la tarde, llevan cantando y soltando discursos por los altavoces de la mezquita. Y así van a seguir durante toda la noche. A ver si ya nos vamos a la hindú Bali y dejamos atrás, al menos por el momento, la dura e intransigente ramadania. ¿Cómo no van a ser fanáticos de mayores, si esta tarde hemos visto a los niños repartiendo calendarios con los motivos y preceptos del Ramadán?. Nos los dan incluso a los turistas –y se ofenden mucho si no los coges- y es que tienen la esperanza hasta de reconvertirnos al Islam. No madrugamos. Hemos decidido pasar el día aquí, hasta que llegue la hora de tomar el tren y a la vuelta visitaremos, el no demasiado lejano volcán activo Gunung Bromo. Compramos los boletos a Ketapang (45.000 ID$) en la estación y paseamos despreocupadamente por los mismos sitios que ayer tarde . Es entonces cuando nos damos de frente con el mercado de los ajos y de las guindillas (Pasar Pabean), uno de los lugares que más nos emocionaron en todo el sudeste asiático. Las chicas criban las pieles de los ajos y las dejan caer al suelo, mientras nos sonríen con el gesto sereno, de quien tiene muy poco, pero se encuentra a gusto consigo mismo. Las escenas son entrañables e insuperables y las inmortalizamos en diez o quince fotos. Como en el resto del sudeste asiático, no se quitan de delante del objetivo. Son ellas mismas las que te piden por favor, que las saques y te dan las gracias, sin saber siquiera, que destino vas a dar a esa foto y sin hacer la intención, de que se la envíes de alguna forma a su casa. |