PULAU LANGKAWI En el puesto hay comisionistas de alojamiento y transportistas algo agresivos. Por primera vez en Malasia, tenemos que mandar a alguien a la mierda. Ese honor lo tiene el del mostrador de Turismo, que no contento con no darnos casi información y un mal plano, nos quiere colocar a un amigo suyo, que según él, nos gestiona gentilmente el asunto de llegar hasta Kuah y el alojamiento. Se pone extremadamente pesado y tenemos que obrar con contundencia. Salimos del puerto. Hay dos opciones: Seguir la carretera hacia la derecha o hacia la izquierda. Optamos por esto última y acertamos, pero Kuah está algo más lejos de lo que habíamos pensado -2 kilómetros- y el sol pega con mucha fuerza, por lo que el camino se hace largo. Vemos varios alojamientos antes de llegar a la ciudad y decidimos preguntar precios y ver habitaciones. Optamos por quedarnos en el primero. La habitación con baño está bastante nueva y además, dispone de aire acondicionado, televisión y tenemos hasta nevera y cafetera. Después de habernos registrado y todo, llega la sorpresa: Además del importe de la habitación, hay que dejar un depósito, que -al parecer- nos devolverán cuando nos vayamos. Nos enfadamos bastante, fundamentalmente, porque no nos lo hubieran advertido antes de ver la habitación y de registrarnos, así que con las mismas, les dejamos allí plantados –a ver si así aprenden- y nos vamos al hotel de al lado, el hotel Asia, que es algo peor, pero al menos son más honrados. Por 50 RM$, conseguimos una habitación algo descuidada, con baño (más descuidado todavía), aire acondicionado y televisión (el aparato debe ser de la época en que se inventó este medio de comunicación). Pulau Langkawi (Malasia)Nos vamos a Kuah, que está siguiendo la carretera durante unos diez minutos. Es un sitio pequeño, lleno de tiendas libres de impuestos, donde fundamentalmente se venden bebidas alcohólicas, cerveza y chocolates ¡¡Dios aprieta, pero no ahoga!!. La lata de cerveza cuesta la cuarta parte, que en cualquier tienda o supermercado del resto de Malasia. Como nos temíamos, la tienen machacada a impuestos. Llevamos casi una semana en el país sin probarla, así que decidimos tomar justa venganza. En realidad, todos los guiris que por aquí andamos –que tampoco somos multitud-, estamos haciendo lo mismo. Los chocolatitos, quedan para las lugareñas del faldamento, que se atiborran de este producto en sus diferentes gamas, sin ningún remordimiento. Desde este lugar se ve el mar desde varios puntos, pero apenas hay accesos. Encontramos uno justo al lado de un estupendo hotel con torres, pero está vallado. Hay también un río y una laguna, por donde resulta muy agradable pasear. Lo que no vemos, son demasiados restaurantes y los que hay, no nos atraen especialmente Nos vamos a un cíber, pero la conexión es tan mala, que no conseguimos ni entrar en Google. El segundo es otro desastre: Nos deja entrar en el buscador, pero se cuelga cuando pretendemos revisar el correo. Por fin en el tercero, podemos leer los mensajes. Hay varios de la familia, en los que nos comunican lo mismo que ayer nos dijo el banco y que los nuevos parámetros de acceso para operar con la tarjeta de Caja Duero en la red –que también se los habíamos pedido-, no se los dan a nadie por teléfono, que no sea el titular. También hay un mensaje del banco. Han hecho mella nuestras amenazas y ahora nos piden disculpas y se muestran dispuestos a hacer lo que haga falta, aunque siguen sin encontrar el problema y sin reconocer abiertamente que es culpa suya. Menos mal, porque sus argumentos no tenían ningún sentido. ¿Cómo me pueden decir a mi, que con las tarjetas no puedemos reservar en compañías de bajo coste, si lo hemos hecho, apenas hace 20 días, con Air Asia, para comprar el vuelo que nos trajo desde Hanoi a Kuala Lumpur?. Intentamos de nuevo hacer las reservas con Lion Air y Air Asia y sigue siendo imposible. A pesar de que han pasado varios días, ambas siguen manteniendo las mismas buenas tarifas que nos ofrecían el sábado. Salimos del cíber algo más relajados, porque el estoicismo y la frustración se van apoderando de nosotros. Estamos empezando a similar que, irremisiblemente, tendremos que cruzar toda Sumatra por tierra. No obstante, tomamos varias decisiones (dos de ellas se las hemos transmitido al banco, aunque realmente, dudamos bastante de su eficacia: -Abrir una cuenta nueva y traspasar 1.000 euros a ella. Solicitar una tarjeta de crédito nueva asociada a esa cuenta. La tarjeta se quedará físicamente en el banco, pero nos mandaran el número, la fecha de caducidad y los tres dígitos de atrás, para poder operar con ella. Esta posible solución, solo tendría efectos en el medio plazo, dado que tardan al menos cinco días en emitir la nueva Visa. Pulau Langkawi (Malasia)-Solicitar una Mastercard (las que tenemos son Visa), asociada a nuestra cuenta de siempre. Con eso más que buscar una solución, queremos demostrarle al banco, que si el problema no es nuestro y no es de Visa, el círculo se cierra y ya solo ellos pueden ser los responsables. Además y como en el caso anterior, no podremos contar con los datos de la tarjeta hasta dentro de cuatro o cinco días. -Si las cosas siguen igual de aquí a un par de días, buscaremos un locutorio y llamaremos desde aquí a Caja Duero, a ver si a nosotros, si que nos dan por teléfono, los parámetros que necesitamos para operar en la web. El problema es, que la atención en los teléfonos 902 no suele ser muy rápida y la broma nos puede acabar resultando bastante cara. Además y a diferencia de América –donde los hay a cientos-, no recordamos haber visto locutorios en ninguno de los países del sudeste asiático que hemos visitado. Si en verdad hay que cruzar Sumatra por tierra, debemos cambiar nuestros planes. En ese caso, desde Singapur volveremos a Melaka, desde donde tomaremos un ferry para Medan. ¡¡Esperemos que se produzca un milagro!!, porque a estas alturas, es ya a lo único que se nos ocurre agarrarnos. Antes de dormir, me pongo a hacer remiendos a la mochila, puesto que se ha descosido una de las cintas con las que se cuelga a la espalda. Un pequeño contratiempo más que añadir a la lista. Debemos mentalizarnos de que pase lo que pase, todo irá bien mientras conservemos la salud intacta y no caigamos enfermos. Así que, tendremos –sí o sí-, que mantener la moral lo más alta posible. Amanece un nuevo día, pero a nosotros nos pilla durmiendo, porque hoy, nos hemos levantado casi a las diez de la mañana. En la isla todo está lejos, no se puede ir a ninguna parte andando. Ni a las cataratas, ni a la cueva, ni a la playa… No hay ningún tipo de transporte público, así que para moverse, no queda otra que alquilar un medio de transporte privado o tomar taxis, que tienen tarifas fijas. Optamos por esto último y decidimos pasar la mañana en el otro núcleo importante de población de la isla, Pantai Cenang, en el suroeste Ñangkawi, a unos 25 kilómetros de Kuah. Este lugar tiene una amplia oferta de alojamiento y es mucho más turístico que el anterior. Su atractivo principal reside en las playas de los alrededores, aunque posee también el llamado Complejo de Turismo de Agri, donde hay un museo en medio de jardines.
Pasamos la mañana de relax, tirados en una paradisíaca playa, pero como el descanso excesivo a nosotros nos genera estrés, decidimos volver a Kuah a la hora del almuerzo y comemos discretamente a base de arroz y pollo, en uno de los restaurantes frecuentados por los lugareños –más que por los extranjeros-.
Pasamos la tarde paseando por los alrededores, una vez que hemos descartado tener media jornada de naturaleza, yendo a las cascadas y a la cueva. Y es que el transporte es bastante caro en la isla y naturaleza ya hemos visto bastante en nuestro viaje por América. Hace mucho calor y es el clima es húmedo, así que se hace bastante difícil de soportar. Pulau Langkawi (Malasia) Nos vamos hacia el único cíber que funcionaba ayer, pero hoy está cerrado, así que ni podemos conectarnos, ni conocer por tanto, si hay alguna novedad sobre el asunto de las tarjetas. Deberemos esperar a mañana, cuando estemos nuevamente en Georgetown.
Vemos la puesta de sol, que no es siquiera bonita y nos recogemos pronto en el hotel, poniendo punto final, a uno de los días más anodinos de este viaje. Antes, nos hemos abastecido de alcohol y de cerveza para el resto de nuestro periplo por Malasia. También de chuches y de chocolate. Mahoma prohibió el alcohol, porque es lo único que había en aquella época. Si hubiera conocido el chocolate y el tabaco, seguro que también los habría prohibido. ¡Pues menudo déspota debía ser el tío. Y ahora millones de personas, siguiendo esos preceptos tan estúpidos. Definitivamente, este mundo no tiene remedio.
En la etiqueta del ron que hemos comprado, pone que es de Jamaica, pero al probarlo, nos damos cuenta de que más bien, parece de la destilería de ahí al lado. Desde luego, de Jamaica no. En Malasia, las cosas si son lo que parecen, pero no lo que pone en la etiqueta. El menos no es tan cabezón como el vodca, supuestamente ruso, que tiempo atrás habíamos comprado en Tailandia.
Habría muchísima gente, que estaría encantada aquí, disfrutando de los encantos de la playa y del mar, pero a nosotros, la estancia en esta isla se nos está haciendo ya demasiado larga. No sabemos viajar, sin estar constantemente viendo o haciendo cosas. Cada minuto que pasa, echamos más de menos los días en que estuvimos en Vietnam y Camboya. Solo viendo las fotos, se alivian un poco esos irrefrenables deseos de volver.
OTRA VEZ EN PULAU PENANG
Tomamos el ferry de retorno a Kuala Perlis. Hoy va casi vacío. Disfruto del paisaje de islas y cuando quiero darme cuenta, ya estamos en nuestro destino. Tomamos el taxi de vuelta hacia Kangar y hay sorpresa: Aunque en teoría son tarifas fijas, hoy nos cobran 2 RM$ menos que antesdeayer. Abordamos rápidamente el bus que nos debe devolver a Butterworth. En la televisión, están poniendo los Juegos Olímpicos, pero se ven fatal. ¡No hay una tele que se vea bien en toda Malasia!.
Llegamos, dejamos las mochilas en la compañía a la que compramos los billetes a Melaka y tomamos el ferry para Georgetown. Comemos primero ricas empanadillas de pollo y bonito al curry, en nuestro puesto favorito de Little India y luego, algo de comida preparada en el supermercado.
Nos damos una vuelta por el paseo que bordea el mar. Hoy esta muy picado. Retornamos a Little India y damos mil vueltas, por este pequeño, pero encantador barrio. En realidad, lo que estamos haciendo, es entretener en tiempo, a la espera de que llegue la tortura de cada tarde: El cíber.
Miramos el correo electrónico y comprobamos que nada se ha resuelto. Sin esperanza alguna, entretenemos el tiempo con lo que ya se ha convertido en un auténtico vicio, la web de Air Asia. Hemos simulado un vuelo desde Kuala Lumpur a Jakarta, para ver como sale de precio y, de repente y sin esperarlo, la emoción se dispara: La web nos redirecciona a la página de nuestro banco. Nos invade el desconcierto. Hasta ahora, no habíamos contemplado la opción Kuala Lumpur-Jakarta, porque ello nos supondría tener que volver a la capital de Malasia desde Singapur. Y hay otro inconveniente: Volver desde Dempasar (Bali) a Bangkok, resulta bastante caro (ronda los 300€) y hay que volar con la insegura Garuda indonesia, cuestión que no nos apetece nada. Georgetown (Malasia)Pero, por otro lado ¿y si cancelamos esta reserva y al tratar de hacer otra no nos vuelve a dejar y nos toca recorrer todo Sumatra en autobús?. Este argumento, resulta finalmente lo suficientemente poderoso para que metamos nuestra clave y le demos a aceptar. Inmediatamente, aparece en pantalla el localizador aéreo y la felicidad estalla. Volaremos a Jakarta el próximo martes, 26 de agosto por 51€ cada uno.. El horario del vuelo no es bueno –sale bastante tarde- y Jakarta, como hemos visto, no era el mejor destino, pero los problemas que esta nueva situación nos traiga, ya los iremos resolviendo cuando se presenten. De momento el primero, es de cierta importancia. Para entrar en Indonesia, hay que tener un billete aéreo de salida del país, aspecto, con el que parece se muestran bastante estrictos. Así que de aquí al martes, tendremos que realizar esa reserva, aunque todavía no sabemos a donde Al menos, no nos tocará quedarnos a vivir en Malasia, algo que ya estábamos empezando a asumir, ni cruzar Sumatra por tierra. Y lo importante, es que nuestras tarjetas ya funcionan y hemos puesto punto final a la pesadilla. Antes de salir del cíber miramos las noticias y nuestro corazón se contrae: Hace solo unas horas, se ha estrellado un avión de Spanair en el aeropuerto de Barajas y ha habido bastantes muertos. A algunos se les acabaron definitivamente las vacaciones. Y de una forma bastante brusca. Uno nunca sabe donde se la va a encontrar. Tomamos el ferry de vuelta a Butterworth y damos un paseo por esta localidad. Primero vemos una mezquita y recorremos las calles aledañas y después vamos a parar a un deprimido barrio hindú, donde las casas son casi chabolas y están construidas bajo un paso elevado, por donde discurre la carretera. Hay una celebración, con la música a todo trapo y con una largúisima cola de personas, que esperan a que les entreguen un plato de pollo o carne con arroz. Nos invitan a ponernos en la misma, pero nos limitamos a tomar un vaso de un refresco que sabe a fresa y que está bastante dulce. Es muy halagadora la hospitalidad de esta gente, que apenas tiene nada. La estación de autobuses está muy animada. Se vocean los destinos, como si estuviéramos en cualquier país árabe. Tomamos las últimas cervezas que nos quedan (pensábamos que iban a durar más), de las que compramos en Pulau Langkawi. No sabemos si a la vuelta, nos cambiaremos de banco. Antes de subir al bus, nos acordamos del chico que regenta el local de internet del Callejón del Amor, de Georgetown. Para nosotros es ya como de la familia. Subimos al autobús. No tiene baño, pero es bastante confortable, a pesar de que nos ha tocado en la última fila. La tapicería es suave y el asiento reclina de maravilla. Si todo discurre con normalidad, en siete horas estaremos en Melaka. ¿Por qué los autobuses se retrasan siempre que vas con prisa y llegan puntuales o antes de tiempo, cuando arriban de madrugada y más a gusto estás durmiendo?. El conductor es algo bruto (perfil vietnamita) y botamos casi hasta llegar al techo, cuando atravesamos las zonas donde hay túmulos Me cuesta bastante dormirme, pero al final lo consigo. Georgetown (Malasia)MELAKA Afortunadamente y sin que sirva de precedente, llegamos media hora tarde. Tomamos el autobús 17 (1 ringitt) hasta la zona de hoteles, que hay próxima al Carrefour. La mayoría están llenos o no hay nadie atendiendo en la recepción, debido a la temprana hora. Encontramos uno por 30 ringitts, pero está en unas condiciones tan lamentables, que no merece la pena el ahorro, ni aunque sea una para sola noche, porque huele a humedad desde la misma calle En realidad, todas las calles huelen a humedad rancia, debido al fuerte calor, a la humedad y a que como ocurre en Georgetown, la mayoría de las de ellas tienen canalizaciones alargadas, a modo de alcantarillas, sin estar tapadas por ningún tipo de rejilla. Como no encontramos nada, seguimos andando hasta la zona de Little India y por fin damos con un alojamiento un tanto decadente. Según entras, quedas atrapado por el cambio de temperatura, que proporciona el aire acondicionado, el cual debe expulsar también nicotina por los conductos, porque huele más a tabaco que un bar de copas a las dos de la madrugada. Luego llegas al ascensor, que teniendo en cuenta como sube, debe tener menos mantenimiento que los aviones de Spanair. |

