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Sudeste Asiático/41


             Después de investigar con varios buscadores y probar varios destinos con nueve aerolíneas de bajo coste (Lion Air, Air Asia, Mandala, Bouraq, Nerpati, Silk Air, Tiger Airways, Valuair y Jet Star- establecemos nuestras prioridades, que no varían de las expresadas anoche: Singapur-Dempasar con Lion Air y Jakarta-Bangkok, con Air Asia. Conseguimos buenos precios para ambos vuelos, pero el problema viene a la hora de pagar la reserva con la tarjeta de  crédito. Ninguna de las dos compañías nos permiten confirmarla, porque aducen que no se han podido conectar a la página de verificación de la tarjeta (la el banco), para que con nuestra clave, confirmemos el pago.

 

            Nos tiramos tres horas seguidas en el cíber, en las que hacemos más de quince intentos con cada vuelo y con otra tarjeta de un

banco distinto, Caja Duero. En este caso si nos redirecciona a la página de verificación, pero como llevamos tantos meses fuera, han cambiado algunos datos del acceso y dos de ellos no los tenemos. Caemos en la desesperación y decidimos, que es mejor que salgamos a tomar el aire y volvamos por la noche, porque para colmo, se acaba de caer la línea en el cíber, debido probablemente a una espantosa tormenta, que está golpeando el tejado como si estuviera pasando un gigante por encima.

 

            Ha habido un momento en que estaba tan estresada, que casi no sabía lo que ponía, lo que ha supuesto el bloqueo del usuario del banco, al haber metido la clave tres veces mal. Menos mal que seguimos teniendo el de mi chico, para operar. ¡Nunca en mi vida había escrito tantas veces nuestros nombres!. Parece que estuviera cumpliendo un penoso castigo del colegio, del tipo copiar 100 veces. Pero eso sí, no creo que ahora mismo haya nadie en el mundo que sea capaz de hacer una reserva, más rápidamente que yo, con Air Asia y Lion Air.

                                                                                                                                                                      Kuala Lumpur (Malasia)

            Ha dejado de llover, pero como cae agua de los toldos de los puestos del mercado nocturno, decidimos irnos otra vez a las Torres Petronas. La zona está mucho más calmada que ayer y podemos tomar fotos al atardecer, que quedan mucho más bonitas que las del día precedente, con todo el sol en lo alto. También pasamos por el supermercado. No a comprar nada, pero ayer descubrimos que esta semana hay degustaciones de comida japonesa gratis y nos resulta una forma barata y exótica de merendar. Casi todo –lo aparente o no- sabe dulce. Nos encantan especialmente los cacahuetes especiados y el delicioso pulpo deshidratado. ¡Creo que nos hemos debido comer un cefalópodo entero

 

            Volvemos ya casi de noche. Es una delicia caminar aquí por las calles. Puedes mantener la atención sobre la conversación, sin tener que estar espantando moscones, insultando a los agresivos conductores de mototaxis –aquí no hay- o esquivando trastos con ruedas de toda condición y antigüedad. Pero paradójicamente, estamos empezando a echar de menos Vietnam.

 

            Aunque no hay nadie por la calle y el retorno es largo, no hay sensación ninguna de inseguridad.

 

            Como ni queremos perder las ofertas de los vuelos, ni quedarnos a vivir aquí, volvemos al cíber, pero todo sigue igual. Mandamos unos correos electrónicos a la familia y al director del banco, para que investiguen la situación. Pero eso no podrá ser hasta dentro de dos días, porque es sábado. Y encima el desfase horario de seis horas con España, lo complica todo.

 

            Nos hubiera gustado ir al mercado nocturno del barrio hindú, pero se ha hecho tarde, así que nos vamos la hotel. Vemos el resumen de la jornada de los Juegos Olímpicos y España ha ganado una medalla en ciclismo en pista. Y me pregunto, ¿Porqué no harán el motorbiking deporte olímpico?. ¡Vietnam se hincharía de ganar de ganar medallas.

 

 

HACIA PULAU PENANG

               

   

         Salimos Del hotel. En China Town ya hay ambiente y gente comiendo, a pesar de ser las ocho. Llegamos a la estación y nos llama la atención, que haya tanto griterío y comisionistas (más que agobiar, se insinúan), en un país civilizado. Parece más que estamos en una nación árabe o en Turquía. Compramos los bliletes ( 40 RM$, cada uno) y bajamos a los andenes, donde el ruido es ensordecedor y el calor realmente insoportable.

 Georgetown (Malasia)

            El autobús se retrasa y es debido a que esta estación parece que la hubiera diseñado un vietnamita. Los autobuses entran y salen a la calle por una especie de cuello de embudo, de tal forma que se forman eternos atascos, que son interminables si algún vehículo de la cola tiene algún problema, como ocurre esta mañana. Así que la empresa que nos ha vendido los billetes, ha optado directamente –y de forma acertada-, por que salgamos a la avenida y tomemos el autobús allí.

 

            Tenemos que pelear con el ayudante del vehículo. Al subir nos han cambiado nuestros boletos con plaza asignada, por unos sin ella y como no hay dos sitios juntos, no estamos dispuestos a sentarnos separados. Conseguimos nuestro objetivo.

 

            El autobús es muy cómodo, con mullidos butacones que se reclinan y la gente muy tranquila. Nada de videos o música estridente o conducción temeraria. Me duermo dos horas y media y no me entero ni de la temprana parada que realizamos. Paso el resto del viaje terminando de perfilar los itinerarios de Malasia e Indonesia. Empiezo a pensar que, como nuestras tarjetas sigan sin funcionar, tendremos que cruzar a Sumatra en barco y atravesar toda la isla hasta Java y eso puede ser para morirse en el intento.

 

            El paisaje es insulso y todo el rato circulamos por una autovía. Comemos pollo de lata al curry como ayer (no le quitan ni los huesos) y una lata de bonito con mayonesa (hacen una pasta con los dos ingredientes). Y llegamos a Butterworth, después de seis horas, una más de las inicialmente previstas.

 

            Nuestra duda de si ir a Pulau Langkawi o a Kota Bharu, se disipa de repente al llegar a la estación de autobuses, pues no hay

boletos de autobús a este último destino durante los tres próximos días. Para llegar al primero, tendremos que buscar fórmulas alternativas al caro ferry y leyendo la guía, encontramos una posibilidad algo más lenta, pero mucho mas barata, que consiste en subir por carretera hasta un pueblo y allí tomar otro ferry, que solo tarda una hora.

 

            Nuestro objetivo es buscar alojamiento en Georgetown y pasar aquí la tarde y el día de mañana, así que cogemos el ferry (1,20 RM$ la ida, la vuelta es gratis) y en cuarto de hora estamos en nuestro destino.

                                                                       Georgetown (Malasia)

 

GEORGETOWN

 

            Hace mucho calor en esta isla, que por supuesto, no es a la que viene a dar Aznar sus conferencias. Esa, está bastante lejos de aquí. No hay mucha gente por la calle, como ocurre en casi todas las partes del mundo un domingo por la tarde.

 

            No nos cuesta demasiado encontrar alojamiento. En la guest house Cristal, por 50 ringitts, nos dan una correcta –aunque poco luminosa- habitación con baño, aire acondicionado y televisión (solo con canales locales).

 

            Las dos oficinas de turismo de la ciudad están cerradas, así que mal vamos a solucionar las dudas que tenemos, pero al menos en el enorme centro comercial, hay un supermercado, bastante bien abastecido de comida preparada, fruta y alcohol.

 

            Vemos la bonita mezquita (nos dejan entrar, pero nos siguen durante toda la visita), la Torre del Reloj, el bonito Ayuntamiento viejo y por fin, llegamos al borde del mar, donde hay una pequeña playa a la que no se puede acceder y un montón de jóvenes mujeres musulmanes vestidas de azul, sentadas a lo largo del paseo, merendando. Más adelante hay algunas terrazas donde los lugareños, animadamente, comen o toman refrescos y café.

 

              Regresamos y paseamos por China Town y por su atracción principal, además de los templos, que es el Callejón del Amor, al que yo no le encuentro nada de especial. Luego nos vamos a Litlle India, que a la postre, sería el barrio hindú que más nos gustó de todo Malasia. Todo está muy cuidado, hay animación y la música hindú que acompaña el paseo, es agradable para los oídos, que tanto han sufrido en Vietnam y Camboya. Comemos empanadillas de pollo al curry de un puesto callejero y dátiles rellenos de almendra y forrados de chocolate, de otro. ¡¡Ambas cosas, realmente exquisitas!!.

 

            Está atardeciendo y en la calle del hotel montan puestos de comida, con las ricas especialidades de aquí (las podéis encontrar con detalle en la guía Lonely Planet). La base de todas es el arroz o los tallarines, a los que se añaden diversas cosas. Las gambas rebozadas y lo calamares son muy típicos aquí y están bien buenos.

 

            La puesta de sol, muy armónica, nos recuerda –salvnado las diferencias- a la del desierto de Atacama, con esas tonalidades tan rosáceas. Nos vamos a internet, para descubrir, que nuestros problemas siguen en el mismo punto donde los dejamos ayer. ¿Saldremos algún día de Malasia?. Esto es para presentar una queja, incluso en la ONU. Al menos Rafa Nadal, Gervasio Defer, las chicas del doble de tenis y una embarcación de vela, ganaron medalla hoy en los Juegos Olímpicos.

 

            Llegamos al hotel. A pesar de tener puesto el aire acondicionado, hay mosquitos. En la televisión repiten por .al menos vigésimo quinta vez, el partido de badminton en el que un jugador malayo, ganó la única medalla que el país ha conseguido hasta la fecha en los Juegos. Ya nos lo sabemos de memoria.    


            Se pasa toda la noche lloviendo y durante la mañana diluvia durante horas. Tal es así, que muchas de las calles de Georgetown, llegan a tener más 10 centímetros de agua. Y parece inexplicable, porque en realidad, esta ciudad es una trampa para elefantes, dado que son innumerables las calles cuyas aceras tienen alcantarillas alargadas que las bordean y que no están tapadas con rejilla. Este es un fenómeno muy típico de casi toda Malasia, que nos chocó enormemente, en un país con un buen grado de desarrollo

 Georgetown (Malasia)

            Tras sacar dinero del cajero automático –menos mal que las tarjetas de débito funcionan-, tomamos el ferry y nos vamos a Butterworth, con el fin de organizar el transporte para los próximos días. Compramos los boletos para Melaka, para el jueves por la noche (40 MR$) y descubrimos que no hay bus directo para Kuala Perlis, pueblo que sirve de enlace hasta Pulau Langkawi. Hay que ir hasta Kangar –buses cada media hora- y desde ahí, en taxi hasta el embarcadero de Kuala Perlis. Así que al final va a ser toda una aventura. Menos mal que, según nos hemos enterado, Pulau Langkawi es puerto franco y está lleno de tiendas libres de impuestos (cerveza a la vista).

 

            Volvemos a Georgetown. Hay calles –al igual que en Kuala Lumpur-, que tienen un pequeño techado sobre la acera, para que puedas andar cuando llueve. Tal como cae la lluvia aquí, no es mala idea. Teniendo en cuenta como está la mañana de desagradable, no encontramos otro plan mejor que irnos al hotel, a ver los Juegos Olímpicos. ¡Seguimos a vueltas con la medalla de bádminton!.

 

            Pasan dos horas y continúa lloviendo, pero no nos queda más remedio que salir a comer. Hay que llegar hasta el supermercado del centro comercial, tarea que no parece fácil con la que está cayendo y tal como están las calles. Nada mejor que unas simples chanclas, para desenvolverse por el sudeste asiático en época de lluvias. Y nosotros tenemos varios pares, porque a las que traíamos, hemos añadido otros tres, que hemos cogido de diferentes alojamientos de Vietnam, donde siempre te las ponen para ducharte.

 

            Tras dar varios rodeos, conseguimos llegar. Compramos rica comida preparada y –como nuestro pequeño paraguas se rompió en Mae Shariang (Tailandia) y los impermeables no son suficiente para esta agresiva forma de llover-, nos hacemos de modo ilegal con un paraguas naranja chillón, que está en el paragüero del aparcamiento  del supermercado.

 

            Como momentáneamente ha parado de llover, nos vamos a ver lo que nos queda de la ciudad. Fundamentalmente son templos chinos –destaca el Khoo Kongsi (5 RM$), la mansión Cheong Fatt Tre (12 RM$) y la fortaleza (3 RM$). Luego tiramos hacia Little India, a ver por dentro el templo, que ayer estaba cerrado y continuamos hasta el borde del mar, donde a diferencia del día precedente, no hay animación alguna.

 

            Por supuesto, seguimos pendientes del asunto de las tarjetas, pero como en España son 6 horas menos, hemos decidido dar un margen hasta, aproximadamente, las 12 de la mañana, a ver si la familia o el director del ba

nco han podido hacer algo. A las seis y veinticinco (12,25 en España) entramos en el cíber del Callejón del Amor. Seguimos sin poder reservar vuelos y tampoco tenemos ninguna noticia. Estamos preocupados. Parece que nos va a tocar quedarnos aquí de por vida. Al final, nos haremos malayos de pro y celebraremos como ellos, el éxito de nuestro país en forma de medalla de plata en bádminton.

 

            Aunque es mucho más pequeña, el tráfico en esta ciudad es más caótico que en Kuala Lumpur. Volvemos al supermercado para

proveernos de comida para mañana. 1Qué lentas son las cajeras de los supermercados en el sudeste asiático y que manía tienen de atar las bolsas!. Nos ha hecho gracia, que en una zona aparte de la tienda, es donde se encuentran los productos envasados y enlatados, derivados del cerdo y las bebidas alcohólicas. Ya solo haría falta que pusieran un cartel bien grande, donde se lea: “Zona pecaminosa”.

 

            Volvemos al cíber. Tenemos noticias del banco. El director está de vacaciones y el empleado que está al cargo, declina toda responsabilidad de la entidad en lo relativo a nuestros problemas y los achaca a la poca fiabilidad de las compañías bajo coste, para las que no valen las tarjetas. Nos recomienda, que nos vayamos a una agencia de viajes y nos gastemos algo más de dinero, dado que según él, las tarjetas están plenamente operativas. Nos entra tal enfado, que mandamos un mensaje incendiario al banco, amenazando con retirar de allí a la vuelta, todo nuestro dinero. ¿Quiénes son ellos para recomendarnos donde tenemos que reservar los vuelos?. ¿Acaso se piensan que el sudeste asiático es como España, donde hay una agencia de viajes en cada esquina?.

                                                                                                                                                                                Georgetown (Malasia)

            Con el enfado en el cuerpo, nos vamos al hotel. En la tele, le siguen dando al bádminton.

 

 

HACIA PULAU LANGKAWI

 

            Después de la tempestad suele venir la calma, así que el día de hoy, amaneció soleado. Tomamos el ferry que nos devuelve a Butterworth y compramos los billetes de autobús hacia Kangar (10,40 RM$). Tenemos que esperar hasta las diez. En dos horas y media –gran parte del camino me lo paso durmiendo- llegamos a destino. Nos habían asegurado que hay bus hasta Kuala Perlis, pero resulta que no, que hay que ir en taxi (16 RM$).

 

            Compramos los billetes para el ferry a

Langkawi (18 RM$) y constatamos, que nos va a tocar estar esperando más de una hora a que parta. Hacemos cuentas de dinero y horas empleadas y llegamos a la conclusión de que teníamos que haber tomado el ferry directo entre Georgetown y Pulau Langkawi (55/105 RM$ ida/ida y vuelta), pero ahora ya es demasiado tarde. De esta forma, se vienen a ahorrar unos cuatro euros y medio por cada tramo y persona (en total 18€, que en el sudeste asiático es dinero) pero se pierde mucho tiempo y la paciencia.

 

            No tenemos muy buen día hoy. El problema de las tarjetas está erosionando nuestro ánimo lentamente y plantea grandes incógnitas sobre nuestro futuro. El hecho de llevar este baile de transportes esta mañana, tampoco ayuda mucho y para colmo, ahora el ferry sale con casi media hora de retraso.

 Arrozales, camino de Langkawi (Malasia)

            El camino hasta Pulau Langkawi es muy entretenido, dado que está lleno de islas de sugerentes formas, algunas con bastante vegetación. El ferry va hasta la bandera y en una hora, nos ponemos en nuestro destino.



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