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Sudeste Asiático/39


PAGODA DEL PERFUME

           

            A la hora pactada, nos pasan a buscar por el hotel. Al subir al incómodo, aunque nuevo microbús, conocemos a Diego y Ángeles (de Burgos y León, respectivamente). Se trata de una pareja muy agradable, que han venido a Vietnam a pasar casi un mes entero, para terminar matando su viaje en Bangkok. Hablamos de su periplo y de los nuestros. Eso nos ocupa la hora y media que tardamos en llenar el vehículo de pasajeros (14 personas) y salir de Hanoi.

 

            Otro tanto, tardamos hasta un embarcadero, donde otros cuantos grupos esperan a tomar las barcas, que a través del bonito río,

nos deben llevar hasta la Pagoda del Perfume. Hay muchos españoles aquí y conocemos a unos, que hace un par de días trataron de llegar hasta la zona de Sapa -en el norte- en tren y debido a las implacables lluvias causadas por el tifón del que tuvimos noticia anoche, tuvieron que ser rescatados por el ejército en lancha.

 

                Tomamos, junto a Diego y Ángeles, una de las alargadas barcas de chapa y comenzamos a transitar por el río, que a sus lados va mostrando bellos paisajes montañosos. La mayoría de las que reman son mujeres de mediana edad, aunque también hay niños, como ha ocurrido en nuestro caso.

                                                           Pagoda del Perfume (Vietnam)

            Hay que tener cuidado, porque las embarcaciones se desequilibran con nada. La hora y media que dura el paseo se hace muy agradable y más en la compañía de nuestros nuevos amigos. Está nublado, pero hace calor y el río está plagado de unas hojas verdes, algo más calaras y grandes que las algas marinas. Afortunadamente, no hay mosquitos. Nuestro joven remero, casi desfallece en los últimos metros. No es normal que tengan a niños de unos  nueve años realizando estas duras labores, que precisan de tanto esfuerzo.

 

            Una vez en tierra, las presiones del guía son fuertes para que tomemos el coche-cable que conduce hasta la cima (40.000 dongs cada viaje), al menos en uno de los dos recorridos. Se debe llevar alguna comisión de los boletos, que ahora mismo porta de la mano. Le explicamos que, se ponga como se ponga, vamos a subir y a bajar andando y acaba accediendo y nos indica el camino. Somos los únicos que optamos por esta fórmula de todo el grupo, dado que Diego tiene un pie dolorido, por un tropiezo en un bar la noche anterior.

 

            La subida es muy agradable. Está llena de vendedores de aspecto entrañable, que ofrecen sus mercancías sin ser excesivamente pesados y el paisaje resulta forestal y bonito. El ascenso no es duro –si largo-, pero la humedad es intensa, así que se suda de lo lindo. Solo nos encontramos por el camino con españoles y asiáticos. El resto de las nacionalidades parece que prefieren subir y bajar, de una forma más confortable. Esto nos empieza a recordar bastante a la zona de Tam Coc, cercana a Ninh Binh, en la que estuvimos hace un par de días..

 

            No sé muy bien porque a esto se le llama la Pagoda del Perfume, porque en realidad ni pagoda, ni tiene nada que ver con los perfumes. Se trata de un conjunto de templos budistas, ubicados en los acantilados de piedra caliza del monte Huong Tich. Uno está ubicado en la cueva principal, muy bella, que es a la que estamos llegando ahora.

 

 

           Tras un cuarto de hora de contemplación y de fotos, bajamos andando nuevamente y ahora se nos une Ángeles. Constatamos, que no ha viajado mucho a lo largo de su vida, así que está teniendo fuertes sensaciones aquí en Vietnam, especialmente cuando visitaron Ho Chi Minh y cuando hicieron en moto, un recorrido de tres días entre Nha Trang y Hoi An. Mañana se marcharán en excursión organizada, durante un periodo de días similar, a la Bahía de Halong.

 

            La comida está incluida en el precio de la excursión y es bastante correcta, aunque no copiosa: Tortilla francesa, carne con verduras, tofu (que apenas pruebamos nadie), arroz, rollitos de primavera y una especie de algas –están buenas, aunque solo nos atrevemos a probarlas nosotros-, que parecen las plantas que hemos visto en el río esta mañana. Lo peor, es el lugar donde se celebra la comida: Una especie de nave, donde el calor es realmente severo.

 

            Tras el almuerzo, vemos la pagoda cercana al embarcadero. Es tan discreta como la mayoría de las que hemos visto por aquí –quitando la octogonal y la del Dragón, en Dalat-, pero tiene el encanto del excelente y tranquilo marco natural donde se ubica y de que el sonido de las campanas, se escucha aquí de una forma diferente y mucho más penetrante. 

 

            Volvemos a las barcas y remontamos de nuevo el río hasta el embarcadero. El camino se hace ahora algo más largo y una discusión entre remeras de las distintas embarcaciones –para que luego digan que los vietnamitas ni se enfadan, ni gritan-, está a punto de enviarnos al fondo del río. Un gesto muy típico aquí cuando se discute, es apuntar con el dedo al oponente.

                                   Pagoda del Perfume (Vietnam)

            Mientras vamos avanzando, se acercan vendedoras de refrescos y coca cola. Nos dedicamos a vacilar a una de ellas y le tratamos de vender nuestra botella de agua y el hielo que Ángeles y Diego habían comprado, después de que esta se cayera en la pagoda y se hiciera daño en el codo. No saben reaccionar, en cuanto les sacas del guión establecido.

 

            Ángeles y Diego nos cuentan, que hace unos días vieron en un escaparate, un perro troceado y con la cabeza aparte, caramelizado, como los patos y los pollos que venden. ¡Con razón hay tan pocos por la calle!.

 

            Nos hablan también de las excursiones a la desembocadura del Mekong y a los túneles, que nosotros habíamos decidido no hacer. Para la primera, recomiendan dos días, para poder ver la desembocadura a primera hora de la mañana (la actividad es parecida a la del Mercado Flotante, cercano a Bangkok).

 

            En los túneles, más que impresionarte lo que ves, es lo que te cuentan (para enterarte bien, hay que tener muy buen dominio de inglés): Te explican como vivían allí, en esos espacios inverosímiles y como fabricaban sus armas, desarmando las bombas de los norteamericanos, que no habían explotado. Ganaron la guerra por la paciencia y por la resistencia psicológica (y por la presión internacional, añado yo). No querían matar a los americanos, sino mutilarlos para que sufrieran.

 

            Realizaron también –como ya nos había contado Ángeles bajando de la cueva-, una excursión de tres días en moto entre Nha

Trang y Hoi An. Cada uno iba en una, con un chofer delante. Eran cuatro días inicialmente, pero se quedaron en tres por la  constante lluvia. La experiencia les resultó interesante, aunque no había mucho que ver (un arrozal y una fábrica de ladrillos) y pasaron bastante frío. También conocieron a Charlie, cuando estuvieron en Nha Trang y es que, el mundo es un pañuelo.

 

            También comparten con nosotros, algunas de sus experiencias con la gente, que les han llevado a concluir, que aquí la gente se pasa la vida montando y desmontando negocios, invirtiendo y arruinándose. El otro día conocieron a un chaval de 14 años, que ya había tenido varios. Primero se dedicó al secado de pescado y se arruinó. Ahora y tras haber gestionado varios proyectos, tiene una empresa de motos de alquiler.

                                                              Pagoda del Perfume (Vietnam)

            Les llamó la atención también, que días atrás encontraron a dos niños de unos siete años, regateando ferozmente el precio de una carrera con el dueño de un motoitaxi. No es de extrañar, porque aquí o aprendes rápido o te comen con patatas. También vieron a otro crío remando con los pies y a un tercero pasando con una bici por encima de un cable, a gran altura. Es verdad que desarrollan unas habilidades increíbles, pero si les sacas de las cuatro cosas que han aprendido, se quedan muy huérfanos.

 

            Antes de desembarcar, las presiones son fuertes para que le demos una propina a los remeros de las barcas. Ángeles y Diego acceden, pero nosotros nos negamos en rotundo, porque lo que hacen con esta fórmula es no pagarles un sueldo y que tengan que llevar una vida de penuria, a base solo de propinas. Si con los 17 dólares que hemos abonado, no llega para abonar los servicios de estas mujeres y niños, que suban el precio de la excursión y que les den un salario digno. Pero de propinas, nada. Y si no, que prescindan del guía que nos mandaron hoy, porque realmente  no hizo ni explicó nada en este viaje.

 

            Tomamos el microbús de vuelta y en dos horas nos ponemos en Hanoi. Vamos contemplando el Vietnam rural, además de campos de arroz y bonitos riachuelos y lagos La excursión ha merecido la pena, pero el viaje ha sido excesivamente largo, porque llegar y volver hasta la Pagoda, aunque está solo a 90 kilómetros de Hanoi, nos ha llevado entre unas y otras, ocho horas.

 

            Tras compartir el camino hasta el supermercado más cercano al lago, donde nosotros compramos cerveza y comida y Ángeles y Diego crema dental, nos despedimos de ellos. Han resultado ser una compañía muy agradable y más, después de apenas haber podido hablar con casi nadie en español, en estos 48 días de viaje por el sudeste asiático, que hoy cumplimos.

 

            Volvemos al hotel esquivando motos por la carretera y las aceras. Hay muchos bordillos que ya los hacen inclinados para que puedan subir y bajar. Desde hace unos días, mi sueño es hacer un dominó de motos y pegarle un empujón a la primera, para que fueran cayendo todas las demás, una a una.

 

 

OTRA VEZ EN HANOI

 

             

Al final nos toca madrugar, porque el Mausoleo de Ho Chi Minh está abierto solo hasta las once de la mañana y tenemos que llegar hasta allí -45 minutos- y verlo. Saliendo del centro, las aceras son más anchas, tienen menos motos aparcadas encima y se camina mejor. Pero nada más bajar del hotel, a mi chico está a punto de atropellarle una bici. Para quitársela de encima empuja a su conductor y este cae al suelo. ¡Que se joda y vaya con más cuidado!. Al ciclista no le ha hecho mucha gracia.

 Hanoi (Vietnam)

            Llegados ya al complejo, primero hay que dejar cualquier bolso en la puerta y ponerte una camisa si llevas tirantes. Después te colocan en una fila india de la que no te puedes salir ni medio metro y caminas unas decenas de metros por debajo de un toldo alargado, hasta llegar a un control, donde te obligan a dejar la botella de agua y a meter la cámara (el móvil también, pero no nos lo detectan) en una bolsita roja de Nokia, con los dibujos de una cámara y un móvil. Todo, para que no hagas fotos robadas de la momia de Ho Chi Minh. Luego hay que dejar esa bolsita en otro punto de control, para recogerla ha la salida.

           

            Pero como son tan cuadriculados, no han contado con la creatividad latina. Hemos sacado la cámara de la bolsa y la hemos guardado en el bolsillo de nuevo y cuando llegamos al control, dejamos la bolsa vacía.

 

            Al margen de la curiosa momia del muerto, con la cara igualita a la que aparece en los billetes, poco más hay que hacer aquí. Aunque los vietnamitas desfilan con gran fervor por delante del muerto, que tiene más vigilancia a su alrededor, que el más escoltado de los gobernantes vivos. La pregunta surge inmediatamente: ¿Estará Ho Chi Minh embalsamado o, por el contrario, estará caramelizado como los pollos, patos y perros de los tenderetes?. 

 

            La entrada al Palacio Presidencial y al Museo Ho Chi Minh, dentro del mismo complejo, sale a 10.000 dongs cada uno y como desde fuera no vemos grandes atractivos, nos abstenemos de pagar y de entrar. Si visitamos el no demasiado lejano Templo de la Literatura (30.000 dongs).

 

            Tenemos casi el dinero justo para el tiempo que nos queda en Vietnam. Pero como queremos tomar unas cervezas, dado que mañana nos vamos a tierras musulmanas, decidimos cambiar cinco dólares y encontramo auténticos problemas hasta conseguirlo. En la mayoría de los bancos se quieren quedar al menos con uno o dos de comisión.

 

            En la consigna del supermercado también nos quieren cobrar por dejar una bolsa. Son solo 500 dongs (unos dos céntimos de

euro), pero el caso es estar cobrando por todo. Así que por pura dignidad, entra mi chico a comprar las cervezas y yo me quedo fuera guardándola. Hay establecimientos llamados Vía Oi, que sirven barata cerveza de barril, pero no la tienen fría

 

            Algunas de las excursiones que las agencias ofrecen desde Hanoi, además de la de la Pagoda del Perfume, son las siguientes:

 

            -Tour por la ciudad de Hanoi: 22 dólares (resulta chocante, que sea más caro que la Pagoda del Perfume

 

            -Tam Coc y Hoa Lu: 22 US$.

 

            -Parque Nacional Cuc Huang: 72 dólares.

                                                                                                                                                                                   Hanoi (Vietnam)

            -Bahía de Halong: 1 día: 25 dólares, 2 días: 43 US$ y 3 días: 60 US$

 

            -Pueblos tradicionales y Pagoda: 37/42 dólares

 

            -Sapa: Dos días: 83 dólares y 3 días: 107/125 dólares (dependiendo de la categoría del hotel elegido)

 

            Puesto que no hemos encontrado ningún sitio para comer, que nos haya convencido, lo hacemos de bocadillo –con un pan excelente- a la orilla del lago. Aquí si que se está a gusto. Luego damos un paseo hasta que lo rodeamos. Nos sentimos contentos (hemos tomado bastante cerveza) y vacilamos a los vendedores que nos abordan con sus propias armas, para dejarlos descolocados.

 

            Hacemos las últimas fotos, recogemos el equipaje del hotel y tomamos el bus 17 al aeropuerto (5.000 dongs, a diferencia del resto de autobuses urbanos, que cuestan 3.000 dongs), donde pasaremos la noche, debido a nuestro tempranero vuelo. Hay un incidente con un pasajero y llaman a la policía, pero cuando esta llega, se sigue resistiendo. Al final, bajan a la mitad del pasaje y los suben en otro autobús. A nosotros nos dicen que nos quedemos en este. No nos hemos enterado de nada, pero seguiremos tal sugerencia. Vemos la mejor puesta de sol desde nuestra entrada en Vietnam

 

 

           Llegamos. Nada más entrar, un niño me atropella a posta con un carro y le respondo con un contundente empujón. Estamos ya a menos de 12 horas de abandonar la jungla   

 

            En el aeropuerto las horas pasan lentamente. Hay más niños que en una guardería. Tras cenar, nos tumbamos en las sillas, colocadas en bloques de tres en tres. No son incómodas y conseguimos dormir una hora.

 

                        A las 00,35 nos despierta un vigilante y nos dice que no podemos estar allí. Todo está oscuro y no hay nadie. Parece que el aeropuerto está cerrado. Nos tenemos que trasladar a un bar cerrado, que está tan solo a 20 metros de allí y que solo tiene sillas de terraza. Optamos por ir a tomar el ascensor, a ver si en la planta de arriba no hay vigilancia y podemos dormir en las sillas. Pero cuando ya hemos llegado nos atrapa el mismo hombre y nos conduce otra vez al redil. ¿Qué más le dara?. El caso es estar incordiando hasta el último minuto.

Hanoi (Vietnam)

            Vemos a dos asiáticos, que se han tumbado dentro de la barra y nosotros lo hacemos fuera. Los mosquitos nos devoran los brazos y piernas, por lo que tenemos que darnos repelente. A las 4,30 encienden las luces y comienza la actividad, aunque nadie nos molesta, hasta que a las 5,30 decidimos levantarnos y volver a las sillas.

 

            El aeropuerto está muy mal organizado. En las pantallas no ponen los mostradores de facturación y hay que estar pendientes de la megafonía, que apenas se oye. Al final conseguimos enterarnos de donde debemos facturar el equipaje y nos ponen el sello de salida sin mayores problemas (entregándonos los formularios de inmigración también, supongo que para que nos los llevemos de recuerdo). Menos mal, porque hoy es nuestro último día de visado.



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