Vemos pasar a las señoras de las balanzas o de los bicicarros, que se dirigen con su mercancía al mercado. Son las siete y media y ha dejado de llover. Pensamos que ya es buena hora para encontrar un alojamiento. Tras dar bastantes vueltas, nos quedamos –más por precio que por otra cuestión- en el Star hotel. Por 130.000 dongs, nos dan una habitación algo vieja y descuidada, con baño, aire acondicionado, nevera y televisión, aunque solo se ven tres canales nacionales. Colocamos nuestras cosas y cuñado bajamos, el propietario ya nos tiene preparada una excursión de tres días en moto. ¡¡Esta gente no pierde el tiempo, cuando se trata de desplumarte!!. Rechazamos amablemente la oferta y aunque nos cuesta, finalmente conseguimos hacerle entender que no queremos nada organizado y que solo nos quedaremos una noche por aquí. Ninh Binh (Vietnam)Nos vamos al mercado y como siempre, está más animada y bonita la parte de fuera (el cerrado más que un mercado, parece un parking de motos), aunque aquí muchos puestos están casi encima de los charcos. Predomina el color verde procedente de verduras y hierbas, estás últimas, para mi, irreconocibles. Nuestro plan hoy era alquilar unas bicicletas y disfrutar un poco de la naturaleza y del aire puro, que falta nos hace, pero dado que parece que las lluvias van a persistir a lo largo del día, optamos por una moto (35.000 dongs), que nos permita ver rápidamente lo esencial de los alrededores. Acertamos A través de campos de arroz, llegamos a Tom Cok, con sus impresionantes templos de la montaña. Se puede navegar en barca por el río hacia las cuevas y recorrer el desfiladero, pero no está el día para tales lujos y además, nos han hablado de que en las barcas te intentan vender –y sacar- de todo. Nos vamos a Hoa Lu, que fuera capital de Vietnam hace más de mil años. Nos gusta más el entorno natural que, que lo que queda de aquella época, a pesar de las restauraciones que han debido hacer en los últimos tiempos. Regresamos a Ninh Binh y llegamos prácticamente empapados. ¡Vaya forma de llover!. Compramos unas cervezas en las tiendas. Nos quieren cobrar 15.000 dongs por la lata, pero bajan enseguida hasta 7.000, cuando les decimos que en la competencia nos la venden por 8.000. Resultan ser algo inocentes inocentes. Este pueblo en si, no tiene nada, pero al menos no está lleno de pesados y eso se agradece. Abundan los restaurantes de calduverios y pho, pero no somos capaces de encontrar ninguno de mayor postín, donde poder seguir deleitándonos con la comida vietnamita, que hemos engullido con placer durante casi la totalidad de nuestra estancia en el país. Días atrás leímos la receta del pho en internet y nos partimos de risa. Hablaba de rodajas de carne por cada ración. Sí. ¡Aquí con solo una rodaja, hacen un pote de pho para cincuenta personas!. Y algunos repiten Anticipamos la hora de la comida, porque estamos cansados y queremos dormir la siesta. Y como no nos llena la oferta gastronómica, comemos a base de cuatro conservas y quesitos de la vaca que ríe, que encontramos en las tiendas, con pan medio dulce, porque no hay otro. ¡Un asco!. Menso mal que los días de atrás habíamos comido divinamente. Y las galletas que hemos comprado para el postre están rancias. Con razón eran tan baratas. Hay tantas tiendas vendiendo lo mismo y venden tan poco, que estoy seguro de que el ochenta por ciento del género está caducado. ¡¡Pero no pensemos precisamente ahora en eso!!.Cuando nos levantamos, tras dos horas, está otra vez diluviando. No sé donde mataremos esta tarde el tiempo. Según salimos, el hombre del hotel nos persigue, para preguntarnos si hemos apagado el aire acondicionado. ¡¡Ay Dios!!. El mercado está menos animado que esta mañana. Nos cruzamos con algunos extranjeros, sobre todo mayores. Vamos a consultar horarios y precios a la estación de autobuses (la primera que vemos en Vietnam). Los servicios son tan frecuentes, que descartamos comprar los billetes por anticipado. Hasta Hanoi, hay una hora y tres cuartos. El resto de la tarde la pasamos en internet, viendo como España ya ha ganado su primera medalla de oro en ciclismo en los Juegos Olímpicos y escribiendo mensajes a la familia. Intentamos también hacernos una composición de cómo organizaremos los vuelos en Indonesia. Es posible que desde Kuala Lumpur volemos a Jakarta. De ahí atravesemos Java por tierra hasta Bali y desde la isla retornemos a Bangkok (eso si no vamos a Sulawesi). Ya veremos. Los niños se entretienen jugando on line, como en cualquier país del mundo. Así son los cibers del tercer mundo, siempre llenos de pequeñas criaturitas dándole al joystick Ninh Binh (Vietnam) Al salir, los mosquitos nos atacan en diversas oleadas. ¡¡Que molesto resulta, sobre todo en los ojos!!. Menos mal que ya estamos por encima del paralelo 21 y en teoría, ya no son chungos. La camiseta y el pantalón apestan a humedad. Creo que me van a volver a salir champiñones por el cuerpo, como en Laos. Este pueblo tiene unas amplias y cuidadas aceras. Definitivamente, es Camboya el país más miserable que hasta ahora hemos visitado, pero aquí son mucho más pesados. No sé muy bien que harán en Vietnam por la noche, porque ver los canales de la televisión nacional, resulta una actividad realmente deprimente. Cuanto me meto en la ama, me doy cuenta de que aquí no hemos visto un solo monje, desde que entramos en el país, hace ya 11 días. Nos quedan tan solo cuatro días de visado. Queremos estar dos en Hanoi y visitar los alrededores otro día, probablemente, la Pagoda del Perfume. Hemos descartado por falta de tiempo y por las actuales inundaciones, llegar hasta Sapa. El cuarto y último día, volaremos a Kuala Lumpur. El país está resultando algo duro y agobiante, pero a la vez, nos resulta realmente fascinante. No hay grandes atracciones turísticas de relumbrón y además están distantes entre si. En los mercados venden cuatro verduras y cuatro gallinas, pero te emocionas con su colorido y autenticidad. Creo que en este país, hemos hecho las mejores fotos de nuestra vida. HANOI Tomamos un microbús -bastante incómodo- para Hanoi (42.000 dongs). El conductor es muy alocado, pero ya no nos impresionan los que tienen este perfil, porque desde que llegamos a Camboya, viajamos en el filo de la navaja. Al lado de mi chico, viaja una extranjera y al mío, una lugareña, que por supuesto, va con el casco de la moto puesto en su cabeza. A mitad de camino comienza la autovía y al conductor, aún le da por correr un poco más.
La estación de Hanoi está a siete kilómetros del centro y a la llegada, una vez más, esperan los plastas que imponen –más que ofrecer- transporte. Queremos buscar algún medio público barato que nos lleve al centro, pero la extranjera que venía en el microbús con nosotros, se desenvuelve en un impecable español y nos propone que compartamos un taxi hasta el centro. Aceptamos y empezamos una dura negociación a la que ella es ajena, porque nada quiere saber. De 150.000 dongs que nos piden inicialmente, lo conseguimos dejar en 100.000. Y eso, porque la francesa nos agobia más que los propios taxistas, porque nosotros no hubiéramos pagado más de 75.000 dongs por ese recorrido. Hanoi (Vietnam) Cualquiera que desde el sofá de su casa lea este relato, probablemente no entenderá, como alguien puede estar regateando casi hasta la extenuación, para ahorrarse uno o dos euros. Yo tampoco lo entendía muy bien, hasta que me vi metida de lleno en estas luchas. Las razones, desde mi modo de ver las cosas, son varias. -En un viaje corto suele dar igual el dinero que une se gasta y además, sigues disfrutando de ingresos. El objetivo es disfrutar a tope y uno no se va tan lejos para estar todo el día discutiendo los precios. Pero un viaje largo, llega a convertirse en una forma de vida. Se pierde la perspectiva de ser un viajero y se asimila la de persona que debe buscarse la vida cada día, en todos los aspectos, como un lugareño más. -En los viajes largos, ahorrar unos euros cada día, supone mucho dinero a final de cada mes y mucho más cuando termina un año. Más si estás de excedencia y no tienes ingresos. Mirando un poco cada día, puedes ahorrar mucho dinero, que te puede servir para prolongar tu viaje. -Viajando por periodos largos y en determinados países como autodefensa, puedes desarrollar una cierta obsesión de que no te engañen y por eso eres capaz de pelear, por cuestiones que te parecerían de risa en tu ambiente normal.-En muchos países del tercer mundo, un euro sigue siendo una cantidad lo suficientemente importante, para no permitir que otro, a cambio de nada, se la lleve. La francesa sabe español porque lo aprendió en México. Vive en Corea y prefiere hacerlo allí que en México o que en la misma Francia (sin pretender ofender, algo rarita si es). Este año ha venido de vacaciones a Vietnam del norte y el año pasado estuvo en Vietnam del Sur. Se siente contrariada, porque tengamos esa mala opinión de los vietnamitas y de su forma de vida y de que critiquemos tan abiertamente, determinados aspectos de este país Hanoi (Vietnam)Explica que para hablar de un lugar, hay que vivir en él y conocerlo a fondo. La cortesía me obliga a callar, pero no puedo estar nada de acuerdo con esa afirmación. Mientras no falte al los demás, puedo opinar sobre lo que me apetezca y mis criterios son tan respetables como los de cualquiera. No necesito estar periodos largos en ninguna parte, para opinar de lo que veo, me ocurre o siento en cada momento Y lo del tiempo es muy relativo. Hay personas que somos más observadoras, que necesitamos muy pocos días para asimilar o descifrar, lo que otras tardan meses o años. De nada sirve estar en un sitio periodos largos, si no te preocupas de curiosear cada minuto o te pasas el día entero en tu casa. Y por último, en ningún caso, quiero empaparme de la historia y cultura del país para hacer una tesis doctoral. Mis ambiciones se quedan en la simple curiosidad del viajero y los sentimientos y las preguntas que le invaden a lo largo del viaje.
Argumenta que los vietnamitas no son tan agresivos como nosotros los queremos ver, sobre la base de que ayer alquiló una bici para recorrer los alrededores de Ninh Binh y cuando se puso a llover, cerca de un pueblo, varias personas la acogieron y le dieron de comer. Pero es que eso en el mundo rural y en las zonas no explotadas para el turismo, ocurre en cualquier parte del mundo y nada tiene que ver con que el viajero individual se sienta en muchas partes de este país asfixiado, se le falte al respeto y se le quiera exprimir económicamente en cuanto hay oportunidad. Dado que con la francesa parece que no tenemos mucho en común, nos despedimos de ella y buscamos alojamiento por nuestra cuenta. En Hanoi no es barato y nos cuesta un rato largo encontrar algo económico y decente. Optamos por el hotel Ngoc Diep guest house, de personal atento y donde por 130.000 dongs, nos dan una habitación con baño –incluso con bañera, aunque algo deteriorado- y televisión por cable y jueguecitos (con los que me estoy picando últimamente). No nos podemos quejar, después de lo que hemos visto y de los precios que nos pedían. Hanoi es una ciudad más provinciana que Ho Chi Minh. No tiene tan buenas tiendas y un centro tan bien cuidado, con la excepción de los alrededores del lago Hoam Kiem. El tráfico es igual de caótico en ambas ciudades. Los conductores están todo el día pitando. Creo que es ya más una tradición, que el hecho de utilizar el claxon como advertencia de algo. A veces he llegado a pensar que les pondría un cable, para que cada vez que piten, tengan una pequeña descarga eléctrica, pero creo que aún así, se electrocutarían antes de dejar de tocar la bocina. Eso sí, al menos aquí los bicitaxis tienen una campanilla en vez de claxon, que te advierte dulcemente de que el peligro te está acechando. Hanoi (Vietnam) Vemos la Torre de la Tortuga y el Templo del Lago, llamado Ngoc Son. La entrada tiene un precio ridículo (3000 dongs), pero como otras veces, es más bonito el exterior, que no es de pago, que el interior. En Vietnam cobran absolutamente por todo, incluido lo de escaso o nulo interés. Es verdad que por esto último cobran poco, pero mucho pocos, hacen un mucho y ellos lo saben. ¡¡Tacita a tacita!!. El lago es muy bonito, de aguas verdes y no está muy sucio. Respira actividad por todos sus alrededores, pero a la vez sosiego. Nos sentamos en un banco a comer de bocata. Nos hemos abastecido en un supermercado. Al menos los que hemos visto hasta ahora, son pequeños y caros. Hay gente que parece que nunca hubiera visto comer al prójimo, porque se giran hasta completar los 180 grados, según pasan por delante de ti. De todas formas, los vietnamitas nunca se distinguieron por su discreción. Por el lago pasean muchos jubilados y discapacitados. No nos extraña. En esta ciudad no podrían ir por otro sitio. Y es que la zona centro, donde estamos nosotros alojados, es un auténtico caos. Hay que estar hecho un atleta para esquivar, saltar, correr y manejarse entra la maraña del tráfico. Pero como siempre, no hay un solo problema para hacer fotos de absolutamente todo. Una señora que porta balanzas con plátanos, me las deja, a la vez que su gorro, para que mi chico me haga una foto colorista. A cambio, le compramos algo de fruta, pero ella ni siquiera nos lo había sugerido. Por la mañana, habíamos hecho la turné por las agencias para ver los precios de la excursión a la Pagoda del Perfume. Habíamos visto importes, que oscilan entre los 17 y los 25 dólares y lo curioso, es que tales variaciones se daban incluso entre agencias que tienen el mismo nombre comercial, Sinh Café. Esto tiene una explicación. Parece que en determinados países del sudeste asiático, los derechos sobre la propiedad de las marcas o nombres, no están tan protegidos como en occidente. De tal forma, que hay una persona que pone una agencia, por ejemplo y si tiene éxito, otros tantos usan su nombre para poner otras, sin que el primero tenga derecho a impedirlo. Es lo que ha ocurrido con Sinh Café. Ahora hay cientos por el país y unss no tienen que ver, necesariamente, con las otrss.Así que pagamos los 280.000 dongs por la excursión y nos vamos a buscar una pagoda que viene señalada en el plano. Otra que resulta decepcionante. Visitamos la catedral de San Joseph –es rara, tanto por dentro, como por fuera- y terminamos en la fea Ópera. Hemos llegado hasta aquí, porque en la guía pone que es el lugar desde donde se toma el transporte para el aeropuerto y queremos informarnos, pero en la realidad, el autobús no sale de aquí. Una c hica muy solicita nos ayuda. Debemos tomar el 7 –mejor- o el 17, pero varias paradas más adelante Nuevo incidente: A mi chico lo atropellan con una bici. La respuesta es balancear y escupir al que la conduce. El que va en la moto de detrás se queda atónito. No pita ni hace un solo movimiento y espera pacientemente a que hayamos terminado de ajustar cuentas. Hanoi (Vietnam) Nos vamos al hotel. Lo de tener internet gratis en el alojamiento, es una de las razones que nos puede ayudar a decantarnos por él. Pero la realidad es, que luego generalmente siempre está ocupado. Hay gente que se tira horas y horas, como si estuviera en el ordenador de su casa. Así que me dedico a matar la noche picándome con el jueguecito de la televisión. Es de lógica y en no mucho tiempo, consigo superar los 21 niveles que propone. Solo al filo de la medianoche, conseguimos el preciado ordenador, para poder contactar con nuestra gente. Nos enteramos de que en la zona de Sapa ha habido un tifón el viernes: Han muerto 1022 personas y han evacuado a 120 españoles. Otra vez –y ya van unas cuantas- nos ha tocado la habitación 203 |