Nos vamos a buscar un sitio para comer. Miramos bastantes cartas y aguantamos estoicamente la presión de las camareras, que se ponen a nuestro lado con la libreta y el bolígrafo. Hemos decidido hacer lo mismo que ellos hacen con nosotros: Mostrar absoluta indiferencia. Enfrente de donde hemos tomado la cerveza y volviendo a la otra ribera del río, encontramos un restaurante que parece perfecto. Tiene un menú degustación por unos dos euros y los platos prometen ser deliciosos. Acertamos: Calamares con crujiente y salsa (es el típico y excelente White Rose, de Hoi An), rollitos de primavera, una cosa llamada wonton (deliciosas láminas de una especie de pan fino y frito, con vegetales y calamares por encima) y por último, a elegir entre pescado o calamares envueltos en una hoja de plátano y rellenos, que están sencillamente sublimes. Hoi An (Vietnam)Y finalmente y aunque no estaba en la carta, nos obsequian con una especie de flan algo más blando. Las salsas tipo chino son aquí muy distintas a las que aborrezco en España. Son mucho más suaves y elaboradas. Me parecen deliciosas. Comer con palillos es divertido, pero yo soy un poco desastre para esa práctica, así que termino comiendo con los dedos, en vez de pedir un tenedor. En el restaurante hay algunos guiris, pero muy pocos se atreven con las especialidades locales y no salen de la pizza y la coca cola. ¡Ellos se lo pierden! Empieza a llover y cumplimos con nuestros planes y nos vamos a dormir la siesta. No recordamos ya la última vez que lo hicimos. Conseguimos dormir unas dos horas. Luego nos vamos a ver un par de pagodas que están algo alejadas y solo encontramos una. Nos perdemos por calles sin asfaltar, con casas muy humildes y niños sucios. Vemos a dos guiris saliendo de un orfanato. Volvemos y damos un paseo por el mercado y antes de que se haga de noche, tanteamos precios en las agencias para comprar el billete a Hue, lugar donde iremos mañana por la mañana. Como vale igual en todas partes (68.000 dongs), lo adquirimos en nuestro propio hotel y luego nos arrepentimos, porque la dueña es bastante engreida y gilipollas. Damos otro paseo Por An Hoi, la zona más nueva y el último por las calles principales. Aquí hay bastantes grupos de españoles y las marujas se entretienen como siempre con las compras de rigor. De repente, una chica me atropella con la bici y la respuesta inmediata, tanto mía como de mi chico es golpearla. Le hemos metido cada uno un puñetazo tal, que más que dolorida se ha quedado atónita. Aunque hoy cuando escribo no me reconozco en esa actitud tan violenta, allí me pareció de lo más natural, responder a una agresión con otra.Hay ratos –y no son pocos- en que estamos hartos de este país y de su gente. Estamos también cansados de verlos hacer todas las actividades con el casco de la moto puesto: Ir al mercado, al cajero automático, de paseo. Aunque en este caso, el no va más ocurrió en Kuta (Bali), cuando vimos a una pareja de enamorados ver tiernamente la puesta de sol con el casco puesto. Hoi An (Vietnam)
HUE Madrugamos y tomamos el bus hasta Hue. Es de los mejores en los que hemos montado en Vietnam, aunque eso no era difícil. El paisaje, a ratos es bien interesante. Paramos media hora en un sitio de calduverios, que huele a rayos y solo dos de los muchos guiris que vamos se atreven a tomar dos cafés negros. Como casi siempre en estos sitios, los servicios están tan sucios, que la gente prefiere hacer sus necesidades en la calle. Que un autobús pare o no, depende más bien de lo zampón que sea el conductor y a este le sobran 30 kilos. Hay en viajes de tres horas como este, que si paran y los hay de siete, que no. Si ayer nos habíamos quejado de los comisionistas de Hoi An, hoy han quedado a la altura del betún comparados con los de Hue. A una muy agresiva chica tenemos que mandarla directamente a la mierda, después de que nos acose de forma descarada. Y un chico más tranquilo, pero más persistente no deja de darnos la lata. Como no le hago caso y me giro 90 grados, se gira conmigo y así otras tres veces, hasta que los dos hemos dado la vuelta entera. Como no se rinde, no queda otra que mandarle a la mierda también y echarle a gritos. ¡¡Que compruebe en sus carnes las malas pulgas que tenemos cuando nos da la gana!!. El autobús nos ha dejado al lado de un callejón, donde hay varios hoteles. Preguntamos precio en todos y nos quedamos con el más barato, que resulta ser el último, el Thai Binh 3 (130.000 dongs). Otra vez hemos tenido suerte con la habitación: Es grande, con baño, televisión por cable, nevera y aire acondicionado. Pero la de recepción es algo desagradable y pone su énfasis en colocarnos todo tipo de excursiones y autobuses. Nos cuesta deshacernos de ella, pero al menos hemos obtenido un dato valioso: Ir en tren desde aquí a Hanoi -asunto que habíamos contemplado- es mucho más caro (35 US$), que hacerlo en autobús. Nos tomamos unas cervezas en una terraza similar a la de ayer, en Hoi An. Aprovechamos el rato para hacer fotos de todo lo que pasa y es abarcable por nuestro objetivo. Y así conseguimos excelentes instantáneas de mujeres con el gorro cónico típico de este país, bicitaxis y otros tipos de transporte, mujeres en cuclillas charlando, niños… Hue (Vietnam)El tour de día completo por Hue y alrededores cuesta 16 dólares, pero a pesar de que nos quedaremos aquí hasta mañana por la tarde, no tenemos pensado hacerlo. La gran duda ahora es si desde Hue iremos a la bahía de Halong, a Ninh Binh o a Hanoi. Descartamos primero ir a la capital tan pronto, porque nos tocaría pasar allí demasiado tiempo hasta la salida del vuelo del día 14, Y finalmente acabamos mandando al baúl también, la bahía de Halong, porque si lo queremos hacer por libre se complicado llegar y no nos apetece comprar un tour organizado, en el que encima hay que pasar noches (es una pena, porque Halong, es lo que más nos apetecía). Así que por 160.000 dongs cada uno, compramos los billetes para llegar hasta Ninh Binh, la tarde-noche del día siguiente.
Buscamos un sitio para comer. En Hue –como en todo Vietnam- no es difícil. Hay tres calles que están llenas de restaurantes, casi todos vacíos. Optamos por uno que tiene menú degustación y de nuevo acertamos. La chica que nos sirve es simpatiquísima, la comida está estupenda y el precio equivale, como ayer, a dos euros por cabeza: Sopa de verduras, empanadilla rellena de vegetales con rica salsa, rollitos de primavera, una especie de croquetas muy buenas (vietnamese pancake) y cerdo con vegetales y arroz. Macedonia de postre. En la hora y media que permanecemos allí, no entra absolutamente nadie. Nos vamos a bajar la comida a la Ciudadela primero y después a la Ciudad Prohibida (55.000 dongs). ¡Que decepción, vaya forma de tirar el dinero!. Lo más bonito, la muralla y la puerta, se pueden ver sin cargo. Dentro solo hay edificios insulsos y carentes de interés, muchos en obras. La escena se completa con explanadas vacías, ladrillos y montoneras de arena. Encontramos el supermercado Coop, el mismo al que íbamos en Saigón. Sentimos un gran regocijo, pero en la realidad, es peor y menos abastecido que aquel y como ya e habitual, no tienen nada frío, a pesar de que este calor nos está matando.Nos vamos a ver unas pagodas más alejadas, que también resultan decepcionantes, pero eso nos permite perdernos y acabar en uno de los barrios más deprimentes, pero a la vez con más encanto, de todo el viaje: Con las chabolas a un lado de un canal y un enorme tubo junto a ellas, por donde brotan litros de porquería de otras zonas de la ciudad. Ajenos a todos, los niños juegan descalzos y alegres y se ponen sonrientes y haciendo con los dedos la V de la victoria para nuestras fotos, mientras las mujeres, con caras curtidas por el sol y la mala vida, realizan sus quehaceres, sin ni siquiera dirigirnos la mirada. Al fin para alguien aquí no somos “importantes”. Esta ciudad es grande, pero no tan agobiante en cuanto a la circulación como Saigón o Nha Trang. Hue (Vietnam) Luego llegamos hasta el mercado. Ahora tiene poco ambiente, pero intuimos que mañana, va a ser uno de los que más nos va a gustar. Habíamos venido buscando el encanto de Hue en su Ciudad Prohibida y en sus pagodas y lo estamos encontrando –y mucho- en su cotidianidad, en sus barrios deprimentes y en este mercado En Hue, las tiendas de casi todo, da igual artesanía, que de relojes, que una óptica, han colocado delante de sus mercancías un puesto con cuatro refrescos, bebidas alcohólicas, sancks y galletas. Se ve que casi viven más de eso, que de vender su auténtica gama de productos Tras pasar nuevamente por el supermercado, con el fin de abastecernos de cerveza y viandas, retornamos al hotel. La chica de la recepción sigue tratándonos de vender cosas. Ahora nos pregunta por nuestros planes para mañana y no cede ni ante nuestra mirada de desprecio. En Hue son más pesados que en el resto de Vietnam juntos. Menos mal que para el habitual “Where are you from?” (¿De dónde eres/sois?, que les sirve para romper el hielo, ya he ideado una respuesta que les deja descolocados: “We are from Cambodian, and we are very, very poor” (somos de Camboya y somos realmente pobres). Así se enteran desde el principio, de que con nosotros van a tener pocas oportunidades y nos dejan en paz. Es tontería pedirles que te respeten. No saben lo que es eso, porque no se respetan ni a si mismos Hoy también tenemos la TVE Internacional, pero preferimos ver la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín. ¡¡Qué horror!!. Parecen las mismas chinadas que veo aquí cada día, pero en fino: Agobiantes montones de gente junta en el centro del estadio, una niña con una mochila a la espalda, música repetitiva y estresante… ¡¡Joder, en que ha quedado la cultura milenaria y de Confucio!!. Sí, mañana dirán en los medios que si el simbolismo de la ceremonia, que si espectacular, que si se quisieron resaltar los valores de bla, bla, bla , bla… ¡¡Paparruchas!!. ¿Y qué coño pintan en China las gaitas escocesas animando el desfile de los deportistas?. Empezamos el día alquilando una moto (50.000 dongs). La catedral de Nuestra Señora está algo lejos –aunque se puede ir andando-, pero a la pagoda octogonal (Thien Mu) no. La primera simplemente es pasable, pero la segunda nos gusta bastante, aunque un poquito menos que la de los alrededores de Dalat. Pero al menos es del estilo de las que yo siempre había imaginado Antes hemos tenido que echar a patadas de la habitación del hotel, a la maldita recepcionista. ¡Vamos a acabar soñando con ella! Resulta que a las nueve y media de la mañana y como sabe que no nos vamos a quedar otra noche más, pretende –con nosotros dentro-, enseñarle la habitación a un danés que viaja solo. Le hacemos saber ya con los ánimos muy encendidos, que allí no entra nadie hasta las doce que vence la habitación y la llamamos absolutamente de todo, en inglés, español y creo que hasta en letón. Pero ella no se inmuta, al contrario que el danés, que ya hace algunos segundos ha puesto pies en polvorosa. Hue (Vietnam)Esto nos impide, evidentemente, dejar los bultos en el hotel el resto del día, pero pensamos que nos los recogerán en la agencia donde compramos el billete del autobús. Afortunadamente, así ocurre. Tras visitar otras dos pagodas más, que tampoco nos llenan demasiado, dejamos la moto y nos vamos a pasear por el mercado, que es lo que realmente nos pone. Como preveíamos, uno de los más encantadores del viaje. Solo basta echar un vistazo a las fotos para comprobarlo. Es la cotidianidad y la autenticidad en estado puro. De repente y yendo por la acera, a mi chico le atropella una moto con dos ocupantes, que sale de un callejón lateral. Le ha hecho daño, aunque no es grave. Su respuesta ha sido inmediata y contundente: A estampado la lata de la cerveza que está tomando en la cara del conductor, quedando esta completamente arrugada. Ni se inmuta, pero nosotros nos partimos de risa viendo como le cae la cerveza a chorro por el casco. Le ha hehco un pequeño corte, pero no brota sangre. ¡¡Esto es la guerra!!. No somos personas violentas, pero de vivir en esta jungla y con estas bestias, nos hemos convertido en auténticos macarras. Aunque solo sea para defender nuestras vidas. Solo sufren si les tocas la moto y es de la única forma que protestan. Ayer lo comprobamos en Hoi An, cuando un camión lleno de tubos de hierro, rozó la chapa de una e ellas. Su propietario se fue corriendo a protegerla, como si fuera lo más valioso del mundo y se enfadó bastante con el conductor del camión. Aquí, al lado del mercado, las aparcan y las protegen del sol con sombrillas. ¡¡Y mientras ellos viviendo en la miseria!!. Comemos donde ayer y el mismo menú, dado que íbamos a probar uno vegetariano, pero hoy no lo tienen. Quizás mejor, porque contiene demasiado tofu. Esto es un claro ejemplo de que cuando te tratan bien, normalmente vuelves. Pero en Vietnam todavía no han aprendido este concepto y la mayoría intentan sacarte el dinero, en cuanto menos tiempo mejor.Nos vamos a internet huyendo del calor. Los mensajes de la familia y de los amigos reconfortan bastante. Volvemos a la Ciudad Prohibida y casi la rodeamos por fuera. Confirmado: es más bonita –incluso las pequeñas construcciones-, por aquí, que por dentro. Sobre las cinco y media de la tarde, tomamos el bus que va a Hanoi y que a nosotros nos dejará en Ninh Binh. Vale igual a ambos destinos, algo que no nos parece justo, porque hasta la capital son casi dos horas más. Hue (Vietnam) Aprovechamos, guía en mano, para ir preparando el viaje a Indonesia y lo acabamos teniendo más claro que el itinerario por Malasia. Hemos descartado Sumatra, por considerar que no tiene los suficientes atractivos. Haremos Java y Bali y dejamos en duda Lombok y Sulawesi. Paramos en un sitio más bien poco acogedor, dado que ha llegado la hora de los calduverios. Tres españoles charlan sobre que en Hue les han pretendido cobrar 100 dólares por ir a la bahía de Halong tres días. ¡Lo que no pretendan estos!. Viajan en el bus cama, que va hasta arriba de extranjeros. A pesar de todas las inconveniencias, nosotros seguimos prefiriendo los autobuses que usan los vietnamitas. A media noche le decimos al conductor que nos pare para orinar. Lo hace gustoso, pero cuando subimos nos pide dinero. Va a ser que no, que el banco ya ha cerrado. Si hiciéramos una estadística de la natalidad viendo los niños que van en los autobuses, diría que aquí es mucho más baja que en Sudamérica y Centroamérica. Pero esta fórmula, tiene poco de científica.
NINH BINH
Son las cinco y media de la mañana y nos dejan, junto a nuestras mochilas, en la carretera, justo al lado de Ninh Binh. Han sido finalmente doce horas de viaje, media más de las previstas. Lleva toda la noche lloviendo y no tiene mucha pinta de dejarlo. Nos refugiamos en unas tiendas de la carretera, que tienen toldo. Salvo un puesto de calduverios, aún no han abierto y los alrededores están llenos de enormes charcos. Cuando abren, se dedican a darnos la lata y como ven que no les hacemos ni caso, pretenden disimuladamente sugerirnos que allí sobramos. Un mototaxi nos quiere llevar a algún alojamiento donde tiene comisión. Ni pensarlo. Esperaremos a que escampe y a que sea un poco más tarde. Un viejo desdentado y en pijama, sale de uno de los tenderetes y nos pregunta: ¿“gualigó”?. A la quinta ven entendemos, que quiere decir “Where are you going”. Se nota que aquí no están muy familiarizados con el inglés, ni con el turismo. Ninh Binh (Vietnam) |