losviajesdeeva

Sudeste Asiático/36


             Pero antes, hemos tenido que pasar 1 hora y 25 minutos nuevamente parados. Nosotros, ya estamos más relajados, de charla con los británicos. Ahora es otra gente la que está mucho más alterada y trata de irse por otros medios. Eso ha hecho la pareja francesa, que ha subido a un microbús pagando cada uno 150.000 dongs por llegar hasta Nha Trang. Y posteriormente unas 12 personas (entre ellas, las tres niñas de ayer, aunque una, de fuerte carácter. no se va muy convencida), que han pagado el equivalente a 4 US$ por subir a otro autobús. Y eso, tras duras negociaciones con el conductor, que está ansioso por forrarse a costa de los infortunios del prójimo.

 

            Nosotros, los ingleses, los israelitas, el australiano y unos cuantos más –en general, la gente con más experiencia viajera-, nos negamos en redondo a pagar nada por llegar a Nha Trang. Ya hemos pagado un billete de autobús y debe ser esta compañía, la que nos ha dejado tirados, la que nos lleve. 

 

 

NHA TRANG

 

              Son poco más de las cinco y media cuando, gloriosos, entramos en Nha Trang, con más de cinco horas y media sobre el horario

previsto. Nos despedimos de nuestros nuevos amigos y nos vamos a buscar hotel. Cuesta un poco encontrar algo asequible, pero finalmente damos con el hotel Hoang Doy. Por 160.000 dongs nos dan una pequeña, pero recién renovada habitación con baño, nevera, aire acondicionado que funciona como un cañón  y televisión por cable. El propietario es muy simpático y a pesar de que le hemos dicho varias veces que somos españoles y no italianos, está empeñado en sintonizarnos la RAI en la televisión. No se quiere quedar con los pasaportes, ni permite que le paguemos por adelantado. Este trato nos resulta demasiado novedoso para estar en Vietnam.

                                                                     Nha Trang (Vietnam)

               Bajamos y vemos que los israelitas siguen buscando alojamiento. Estos son capaces de andar dos horas más para ahorrarse un dólar. Y con este calor. Nosotros, que somos casi igual que ellos, miramos en bastantes agencias (menos en TM Brothers Café, que es la que nos trajo hasta aquí) el precio de los billetes a Hoi An, que será nuestro destino en la noche de mañana. Hau gente que este mismo recorrido lo hace en moto alquilada -con conductor , durante tres o cuatro días

 

            La mejor oferta es la de Sinh Café, que nos lleva en bus cama por 200.000 dongs cada uno. Cuando estamos dispuestos a aceptarla, vemos uno de su vehículos y nos desalienta. Aquí llaman bus cama a una especie de literas laterales que están en dos filas –superior e inferior- a ambos lados del pasillo. No nos convence la fórmula, así que intentamos encontrar una autobús convencional y lo conseguimos en una agencia, por 130.000 dongs. Cuesta 20.000 menos que en el resto de los sitios y encima la chica nos ha pedido el teléfono del hotel “por si pasa algo”. ¡¡Ay Dios, donde nos habremos metido esta vez!!.

 

            Llueve, pero solo cuatro gotas. Matamos la tarde dando una vuelta por el paseo de la playa y las calles que discurren en paralelo al mar. Todo está bien preparado para el turismo, aunque una vez más, la oferta supera ampliamente a la demanda. Aquí los de los mototaxis son menos pesados y más los de los restaurantes. Una chica cruza hasta de acera a acera para darnos la carta.

 

            Encontramos un restaurante español y cruzamos para mirar que tiene. Allí está sentado Charlie, que es masajista vasco, aunque casi nunca ha vivido en su tierra. Lleva 30 años dando tumbos por el mundo y tres en Vietnam, porque está casado con una lugareña. Parece mentira, pero en ese tiempo, tiene la misma opinión sobre las cosas, que nosotros nos hemos generado en tan solo seis días de rular por el país:

 

            -Los vietnamitas son liantes y desconsiderados. Si les das confianza, solo tratarán de sacarte el dinero (incluso con historias de familiares enfermos). Piensan que todos los extranjeros somos millonarios y tontos.

 Nha Trang (Vietnam)

            -Son espartanos. Nunca se quejan de nada, siempre tragan.

 

            -No tienen afectos: Nunca tuvieron libertad, ni sentimientos. Al extranjero que se queja de algo lo miran de manera rara y al que grita, como a un extraterrestre.

 

            -No hacen nada. Están todo el día sentados encima de la moto. Por eso tienen tiempo para vacilarte, enfadarte y tratar de sacarte el dinero, que es lo único que les interesa. Hay que tratarlos como si fueran sombras, como si no existieran.

 

            -Se pasan el día comiendo a todas horas, aunque no sabe de donde sacan el dinero.

 

            -Viven con lo puesto y algunos duermen en la moto. No saben hablar de nada (ni de política, ni de si les gustan o no los paisajes de su país…)

 

            Además, nos informa de que son muy supersticiosos. Como a una amiga suya no le salía leche de las tetas, la propia médica le dice que debe pasar por encima de ellas el pene de su marido Otra superstición consiste, en tener a las mujeres después de parir en una habitación con una cama con brasero y sin poderse duchar. ¡Y eso, con las temperaturas de aquí!

 

            Y nos da unas cuantas recomendaciones:

 

            -No dejar nada de valor en la habitación del hotel )creo que eso es válido para cualquier país del mundo  

 

            -Alquilar una moto para conocer las playas de los alrededores de Nha Trang.

 

            -Comer en las cabañas de la playa. Es lo más barato, aunque siendo extranjero, se paga más.

 

            -Cambiar dinero mejor en las joyerías, que en los bancos. Este consejo yo no lo tengo tan claro, pero ya que él nos lo dio, también

lo pongo.

 

            Tras la animada y larga conversación, nos despedimos de Charlie y retornamos al hotel.

 

            Habíamos pensado iniciar el día en la playa, pero nos despertamos tan pronto –sobre las siete- que cambiamos de planes. Nos iremos a ver la catedral, la estación de tren y la pagoda Lon Son, que están bastante alejadas. Ya a esas horas el calor es infernal y sufro un pequeño desvanecimiento, así que decidimos volver, sin haber visto el buda gigante sentado que hay en la Pagoda. Volveremos a la tarde. Nos hidratamos en un supermercado cercano y cuando ya hemos tirado el ticket, nos damos cuenta de que la cajera nos ha birlado 10.00 dongs. Es imposible, no te puedes despistar ni un solo minuto.

                                                                          Nha Trang (Vietnam)

            Tras reposar un rato en la habitación, nos vamos a la playa. No está mal, aunque es algo sucia. Nos damos un baño y regresamos al hotel, donde hacemos el chek out y dejamos los bultos en recepción. Son muy descarados: La hija del dueño ha subido a ver si nos habíamos tomado algo de la nevera antes de que este nos de la vuelta y ayer no nos había quitado ojo de encima, cuando rellenábamos las hojas del  -como siempre en Vietnam- burocrático registro.

 

            Damos un largo paseo por la playa. A un lado está el mar y al otro un parque. Es muy agradable, a pesar de las vendedoras de marisco cocido en cubos, que no dejan de dar la lata. Nos encontramos con la vietnamita afincada en Francia y su marido. Su máximo interés es conocer cuanto tiempo estuvimos esperando ayer a que repararan el autobús. Pone cara de contrariada, cuando le decimos que solo estuvimos 25 minutos desde que ellos se fueron. Van a pasar tres días aquí descansando y luego vuelven a Saigon, para posteriormente volar a París. Alucinan cuando les detallamos nuestro plan de viaje y lo que hemos hecho ya..

 

            Vamos para el otro lado. Aquí hay elegantes terrazas casi vacías y muchos lugareños –familias enteras- sentadas en el suelo sobre plásticos, engullendo arroz y algunas menudencias.

 

            Comemos temprano y lo hacemos en el lugar más barato que hemos encontrado, casi enfrente del restaurante español (lugar que por cierto, no tiene una carta muy allá). Y es curioso, porque está regentado por dos chicas inglesas. Comemos solos. El arroz con vegetales y carne es muy discreto, pero los tallarines con marisco resultan impresionantes. Me ha dado pena usar y manchar la servilleta de tela. Hemos comido en sitios tan cutres a lo largo de estos viajes y nos hemos limpiado con lo que pillábamos, que ahora ese utensilio ya casi no me parece ni digno de mi condición

 

            Alquilamos una moto (40.000 dongs) y nos vamos a ver la alejada torre To Po Nagar Cham y el promontorio Hon Chong, que se encuentra a medio kilómetro de esta. Siguiendo las recomendaciones de Charlie, subimos unos cuarenta kilómetros hacia el norte y disfrutamos de unas vistas sobre el mar excelentes, pero nos da pereza bañarnos, porque el calor ha remitido algo y el cielo está a punto de romperse.

 

            Retornamos a la ciudad y aún sin dejar la moto, nos acercamos otra vez a la pagoda. Ahora si, vemos el impresionante buda sentado, mientras los niños pedigüeños nos piden de los plátanos que vamos comiendo. Como no tenemos para todos, no se lo regalamos a ninguno.

Nha Trang (Vietnam)

            Luego damos una vuelta por el próximo mercado de Dam, que como casi todos en este país, se divide en una zona interior y otra de tenderetes exteriores, ubicados por los alrededores. No venden casi nada, pero allí están plantados todo el día. Recordamos que Charlie nos dijo ayer que el salario medio aquí es de unos 50 euros (un médico o un ingeniero ganan unos 200). Las cuentas salen: Con que cada puesto venda un par de cosas al día y saque dos euros de beneficio, ya está en el equivalente del sueldo medio. Nos llaman la atención los minúsculos ajos que se comercian en este mercado.

 

            Dejamos la moto y al volver andando, casi me atropella otra. No ha sido muy duro conducir por carretera, aunque por la ciudad si que hay que ir con bastantes precauciones. Desde luego, no nos hubiéramos atrevido a circular con ella en Ho Chi Minh, como ayer nos contó que hizo el australiano.

 

            Nos vamos encontrando con bastante gente del desastre de ayer. El inglés de la guitarra y su amigo están abasteciéndose de alcohol en el supermercado donde nos timaron esta mañana. También vemos a los israelitas, mirando la carta de un restaurante y al australiano, que se ha echado un nuevo amigo y ambos comen carne de la humeante plancha de un puesto. Nos cuenta que hoy dieron un paseo en una embarcación por las cercanas islas y que ha resultado solo regular, porque hay bastante basura.

 

            Nos vamos a un ciber. Al poco entra uno de los israelitas. No me extraña, porque es el más barato de la ciudad. Abrimos el correo. La familia y algunos amigos están preocupados por las cosas que les contamos que están pasandonos aquí. Algunos incluso, piden que reconsideremos tomar un avión de vuelta. Les tranquilizamos y les decimos que, en condiciones normales, lo más grave que nos podría suceder aquí, es caer bajo las ruedas de una moto, como casi me acaba de pasar a mi. ¡Y lo de volvernos, ni locos!. A pesar de que la vida aquí sigue siendo algo dura, estamos mucho mejor de ánimos que el día del diluvio de Ho Chi Minh.

 

              Recogemos el equipaje del hotel y nos vamos a esperar el autobús a la agencia. Resulta ser bastante confortable y puntual. Comos los únicos extranjeros que formamos parte del pasaje. El conductor es bastante brusco y conduce como si estuviera endemoniado. Tardamos casi doce horas, una más de las  previstas..

 

 

HOI AN

 

             Duermo unas seis horas. Es lo máximo que he podido conseguir, porque el conductor se ha pasado toda la noche pitando a las

motos, que ya iban por el arcénn. ¿A dónde quiere mandarlas?. El bus hace múltiples paradas.

 

            Nos había dicho Charlie que desde Hoi An hacia el norte , la gente era menos pesada, pero esa información contrasta con la dura realidad: Al menos los comisionistas que nos han recibido en la estación, son de los más pesados y agresivos que hemos encontrado en todo el viaje.

                                                                                 Hoi An (Vietnam)

            Aquí los alojamientos son más caros y nos cuesta al menos una hora encontrar algo medianamente económico. Y aún así, tenemos que pagar 170.000 dongs por una habitación que huele bastante a humedad  y que es completamente interior, en el hotel Nguyen Phuong. El baño está algo destartalado y la televisión solo ofrece los canales nacionales. No es muy confortable, pero para una noche nos valdrá.

 

            Y hemos llegado a esta zona, porque de camino nos hemos encontrado con el inglés de la guitarra y nos ha informado de su existencia. A estas horas se está zampando un enorme bocadillo de quesitos la vaca que ríe, que se ha comprado en un puesto callejero. A ratos pintea y otros llueve con más intensidad, pero hace bastante calor.

 

            Decidimos que hoy adelantaremos los horarios de todo, para así poder ir a dormir la siesta sobre las dos de la tarde. Paseamos por el mercado, lleno de cotidianidad y como siempre, están casi mejor los puestos de los alrededores que los instalados en el edificio (algo decadente y oscuro). Vemos como dejan el hielo en el suelo y luego lo usan para refrigerar cosas. ¡Oh Dios!. Hacemos fotos entrañables. Nos hemos dado cuenta de que les encanta salir haciendo la V con sus dedos. No sabremos si será por Vietnam o por la Victoria en la guerra contra los americanos. O tal vez, por una tercera razón.

 

            Hoi An es una de las perlas de Vietnam, aunque yo me esperaba algo más. La ciudad vieja está junto a la ribera del río y para visitar sus museos y algunos templos chinos, se debe sacar una entrada conjunta. En la calle principal (Tran Phu Al), se pueden ver bonitas casas y comercios. Esta va a morir en el elegante Puente Japonés.

 

            La calle paralela  a la principal, es la que bordea la ribera del río. Está llena de puestos y de recomendables y baratos restaurantes. Cruzando el río, se encuentra la península An Hoi, con casas más nuevas y zonas residenciales. Decidimos hacer un receso en una pequeña tienda-bar. Compramos cervezas e improvisadamente, nos montan allí una mesa y dos sillas para tomarla. Es gente muy agradable. Las vistas del río son encantadoras y la tranquilidad absoluta, por lo que el momento se convierte en uno de los más felices y mágicos que hemos vivido en este país

 

 

           De momento, Hoi An, es lo más parecido que hemos encontrado en el sudeste Asiático a un pueblo con encanto. A pesar de los charcos, las obras, la arena en la calzada y el pésimo asfaltado. Los precios de casi todo, son bastante más caros que en el resto de Vietnam y en cualquier tienda siempre te cobrará mucho más que a un vietnamita. Hay bastantes galerías de arte. ¿A quién venderán los cuadros?.

   Hoi An (Vietnam)

            De repente se acerca un lugareño. Es simpático y jovial. Sabe algo de inglés y pretende que le traduzcamos  algunas frases al español. No son otras que las que se utilizan en este país para dar la lata a los turistas, pero nos sentimos tan halagados de que alguien en esta zona del planeta se haya a cordado de nuestro idioma, que decidimos ayudarle. Y así le vamos apuntando en su chuleta frases como: ¿De dónde eres?, ¿Dónde vas ahora?, ¿Quieres ir en mi moto?, ¿Te apetece ver mi tienda? y similares. Luego nos toca escribirle los números y algunas palabras sueltas.

 

            Y cuando lo tiene todo, se sienta cerca de nosotros y lo va repasando, preguntando las dudas, al grito de “good teacher” (buen profesor). La verdad es que tiene verdaderos problemas para pronunciar con corrección, sobre todo cuando hay dos consonantes seguidas, pero hay que reconocer que lo pone todo de su parte. Cuando cree tener sus problemas lingüísticos resueltos, pretende invitarnos a unos arroces fritos y al declinar la amablemente su ofrecimineto, nos obsequia con una botella de agua mineral.

 

            Luego viene una chica con inglés de academia, que nos cree objetivo fácil, al ver al lado nuestro ocho cascos vacíos de cerveza sobre la mesa. Nos quiere vender de todo –desde excursiones hasta ropa- y como no le compramos nada, se va enfadada, diciendo que no entiende como podemos venir quince días a Vietnam desde tan lejos y no hacer muchas compras.



<   36    >