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Sudeste Asiático/34


            En cuanto llueve baja la intensidad del tráfico, debido a que muchas motos paran. Pero el problema es que sube la ocupación de las aceras, por lo que ahora que nos hemos refugiado nuevamente del agua en la puerta de una tienda, nos van acorralando hasta tenernos completamente rodeados. Llueva o no llueva, conducen igual de mal, son imprudentes y muy maleducados.

 

            Pasamos por el ayuntamiento. Ahora está iluminado y parece mucho más bonito. Pasamos por el mercado de ayer, que está

completamente inundado. Vamos al supermercado, que es un paraíso, dentro de la selva que es esta ciudad, aunque también puedes ser atropellado por el carrito, porque lo conducen exactamente igual de mal que la moto o el coche. Pienso, como cualquier americano de los que volvieron de la guerra, que yo también sobreviví al infierno de Saigón y busco sin éxito una placa o una camiseta conmemorativa.

 

            Regresamos al hotel, pongo la tele y ¡¡¡Oh, Dios, están echando carreras de motos!!!. El día ha sido duro y me reconforto acordándome de los tan lindos momentos de nuestro viaje por América. Sin embargo y mientas escribo las notas para este relato, me doy cuenta de que aquí tomo más del triple que allí. Nos empezamos a plantear que como las cosas sigan así, quizás dejemos el sudeste asiático cuando terminemos de visitar este país. Nos sentimos agobiados aquí, nada nos ata y hay mucho mundo por descubrir.

                                                                         Ho Chi Minh (Vietnam)

            Menos mal que la cama es enorme y cura los malos pensamientos. Aunque no me extraña que aquí las hagan así, porque con la vida tan dura que hay que llevar en esta jungla….

 

            Lo menos que te puede ocurrir aquí es lo que me pasó a mi esta mañana. Me quemaron la pierna con un tuvo de escape de una moto y encima les hizo gracia. Solo cuando nos pusimos en actitud amenazante y les dijimos de todo, se lo tomaron en serio. Aquí no valen los buenos modales. Hay que estar dispuesto a devolver la violencia con violencia.

 

            Me duermo y sueño con hombres de cara achinada y sonrisa hueca y gilipollas, que me miran, con sus cascos de albañil de diseño; que aparcan y arrancan constantemente, delante, detrás y a los lados. RRRRRRRR, es el soniquete de cada instante, acompañados de los constantes RUN RUN RUN, de los acelerones… ¡Qué pesadilla más real!.

 

 

CAMINO DE  MUI NE

 

             

Lugareños y los extranjeros, formamos al 50%  la totalidad del pasaje en el autobús que va a Mui Ne. Sin que sirva de precedente, no me duermo El paisajes es aburrido, pero muy verde. Hay enormes vírgenes (no tanto como los budas) en los tejados de algunas casas. No nos agobian mi con música, ni con humor amarillo, aunque el conductor si que pita y pita a todo lo que adelanta. Pero es que eso en Vietnam es casi una tradición, una liturgia. Da igual que el que se pita vaya por el centro de la carretera o por el extremo exterior del arcén, casi campo a través.

 

            Hay como una especie de código establecido. Los autobuses y camiones pitan a coches y motos. Los coches solo a las motos y estas a los peatones. Si este lenguaje de pitidos desapareciera, Vietnam no sería Vietnam.

 Mui Ne (Vietnam)

            Salir de Saigon nos ha costado una hora, pero lo curioso es que, cuanto más te alejas, más atasco hay. No deja de haber casas en casi ningún momento, porque meter a 87 millones de personas en esta franja de espacio, no debe de ser nada fácil. En el bus viaja un americano pesado, que habla con acento de ir comiendo chicle. Ha entablado conversación con cuatro francesas, tan animosas, como desastrosas y eso constituye nuestro único entretenimiento a bordo.

 

            Llevamos poco tiempo en el país, pero ya empezamos a darnos cuenta de que muchos de los tópicos que habíamos leído en los foros, no son ciertos: Los autobuses no son tan frecuentes como dicen, las chicas y señoras no van en pijamas casi transparentes (salvo en determinadas zonas muy concretas y otras rurales) y los vendedores si quieren vender.

 

            A las dos horas paramos en una gasolinera, junto a la que hay puestos, más civilizados y con mejores guisos que los calduverios de Camboya.

 

 

MUI NE

 

            Tras cinco horas (media mas de las previstas) llegamos a la zona de resorts. No tenemos ni idea de donde bajarnos y cuando lo hacemos, es un poco tarde y ya se ha terminado la playa. Por no andar más, nos quedamos con una habitación en una guest house próxima, llamada BI Bo. Por 120.000 dongs, nos dan una habitación bastante aceptable, con baño, televisión (aunque solo se ven dos canales nacionales) y –por primera vez- mosquitera nueva e impecable sobre la cama.

 

            Pero al registrarnos nos quieren retener los pasaportes y cobrar más de lo previsto, así que tenemos que emplearnos a fondo

para evitar que ambas cosas sucedan y amenazarles con irnos. Es tan frecuente como incomprensible, que te quieran retener el pasaporte en la mayoría de alojamientos del país, dado que las habitaciones, el 95% de las veces, se pagan por adelantado.

 

            Algo que hay que hacer siempre en Vietnam, es obligar a quien nos vende algo o nos presta servicios, a que nos diga el precio en dongs. Tienen bastante costumbre de ofrecerlos en dólares, pero luego no aceptan esta moneda. Esto supone que muchos desaprensivos, al hacerte la conversión, te aplican tasas muy desfavorables, En la época en que estuvimos, un dólar eran unos 16.500 dongs y había quien hacía la reconversión a 18.000 y hasta a 20.000 dongs.                                                                                                                                                                        Mui Ne (Vietnam)

 

            Nos vamos a la zona de los restaurantes y las agencias. Por el camino, tenemos que librarnos de los pesados mototaxis, pero eso ya se ha convertido en algo tan cotidiano, como rascarte la nariz cuando te pica Como ya hemos comido en el autobús, nos damos un paseo por la playa primero y luego un baño

 

            Mui Ne es un pueblo bastante tranquilo y bien montado, que se encuentra extendido a lo largo de varios kilómetros a los lados de la carretera y en una parte importante tiene un bonito paseo asfaltado. No hay demasiados turistas y como lugar para meditar o reposar es muy recomendable. Para los que meditamos poco y el descansar nos provoca estrés, con un día es suficiente. Su playa es de arena finísima y de aguas transparentes, pero queda bastante cubierta por el mar cuando la marea está alta. Eso si, hay que irse casi hasta China para que cubra.

 

            Preguntamos en las distintas agencias sobre los horarios y precios a Dalat. Hay algún bus a las siete y media de la mañana -nos parece prontísimo- y el siguiente y último es a las 13 horas. Tomaremos ese. Los precios son variables y nos quedamos –como cabía de esperar- con el más barato, que resulta bastante caro, por cierto (120.000 dongs).

 

            Decidimos que aprovecharemos la mañana para ver los alrededores de Mui Ne y tanteamos el precio de las excursiones organizadas. Pero nos piden 25 US$ por cuatro horas de vehículo y conductor/guía por ir a las dunas, a la Torre en ruinas, un campo de frutas del dragón, un manantial y un cañón. Como nos parece caro, decidimos que alquilaremos una bici y veremos por nuestra cuenta lo que podamos (todo es imposible en medio día, dado que está en direcciones diferentes).

 

            Las agencias no se cortan un pelo y por hacer la excursión a Dalat desde aquí, piden 150 dólares. Es lo de siempre: Mucha oferta y poca demanda, por lo que para vivir todos, tienen que cobrar auténticas barbaridades.

 

            Me pregunto como alguien –como gente que hemos visto-, que viene 15 días desde Europa o Estados Unidos, puede acabar aquí, en este lugar tan recóndito. A las seis empieza a anochecer. Estamos hartos de los horarios de estos países. Especialmente los días que has viajado por la mañana, los acabas perdiendo casi enteros, debido a lo pronto que anochece. Y además, en los sitios pequeños, eso te obliga a recogerte bien pronto -hoy a las 6,45-, por lo que luego tienes bastante tiempo para aburrirte en el hotel hasta que te acuestas.

 

 

           Salvo los de los mototaxis, aquí nadie te da la lata. Ha sido como caer del infinito al cero, pasar de la caótica y agobiante Saigón y la tranquila y plácida Mui Ne. Tal vez en un punto medio, se encuentre lo que nosotros buscamos.

 

            Empezamos el día 39 de viaje alquilando dos bicicletas para toda la mañana (20.000 dongs cada una). Queremos ir al manantial y a la duna y luego Dios dirá. Llegamos al primero. Los niños son muy plastas en este lugar y pretenden hacernos de guía. Comprobamos que para obtener las deseadas vistas, hay que meterse en el río descalzos. El agua es turbia y el cauce escaso, así que ante la posibilidad, como tantas veces, de que haya  parásitos –o bichos peores-, nos abstenemos

 Mui Ne (Vietnam)

            Seguimos hasta las dunas. El paseo por la carretera es agradable. A veces vas junto al mar, a ratos este se aleja. Te cruzas con casas unifamiliares o mercadillos con tenderetes y con negocios donde se dedican a secar pescado en salazón –así huele-, en una especie de tinajas que dejan tapadas, pero al aire libre. Parecen anchoas o peces muy similares Dos niños que están cogiendo frutas a dos metros de altura, subidos en un árbol, han resbalado y no han caído al suelo de milagro.

 

            Llegamos primero a un pueblo de pescadores, alojado en una ensenada, que no sabemos si sigue siendo Mui Ne o tiene otro nombre. Y tras pedalear otro rato, lo hacemos a las dunas. Dejamos las bicicletas al dueño de un tenderete y a cambio le compramos un par de cervezas (calientes, por supuesto). Iniciamos una caminata por este excepcional desierto en miniatura, conde no es difícil tampoco, encontrar algún lago. Las vistas e instantáneas son magníficas. Venir hasta aquí, ya justifica la visita a Mui Ne. El esfuerzo de subir las dunas más altas, queda compensado con poderlas bajar bien deprecia en trineos de plástico, que a cambio de unas monedas, te alquilan los niños.

 

            Regresamos, recogemos nuestras mochilas y nos vamos a comer. Los restaurantes en Mui Ne son caros, pero después de mirar bastantes cartas como es nuestra rutinaria costumbre, ayer dimos con uno económico, donde había algunos turistas cenando. Las vistas son inmejorables (hacia las palmeras y hacia la playa) y la comida excelente. Con un solo plato cada uno, somos capaces de llenarnos. El cerdo con vegetales es contundente y el “red snapper” frito, aunque mucho menor en cantidad, está delicioso. Por supuesto, ambos acompañados de arroz blanco a discreción. Lo peor, no poder hacer sobremesa.

 

CAMINO DE DALAT

 

           

Y es que hay que subirse a un roñoso y destartalado minibús, que parece es el que nos va a llevar hasta Dalat. Se pasa una hora recogiendo gente a lo largo de la carretera y más de la mitad de ese tiempo de espera, viene motivada porque hemos aguardado a un taxi, del que han bajado cuatro personas, que suben al bus. Hemos pedido explicaciones, pero como siempre en este país, no te hacen ni caso y te miran con desprecio. Su forma de actuar, es fastidiarte y callar,

 

            La carretera es llana y durante hora y media sigue la línea del mar. Luego se separa y empezamos a rodar por paisaje montañoso no demasiado espectacular y por una carretera en pésimas condiciones (llena de socavones, más que de baches), que luego vuelve a mejorar. El autobús parece no tener mucho fuelle en las cuestas y nos puede dejar tirados en cualquier momento.

 

            El conductor sigue con sus actitudes chulescas. Cuando le apetece a él, pone y quita el aire, haciendo caso omiso a las peticiones de los pasajeros y a una chica con problemas urinarios, que necesita de forma urgente bajar a orinar, la tiene esperando casi media hora                                                                                                  Dalat (Vietnam)

 

            Como me aburro, saco la guía y empiezo a planificar el recorrido por Malasia. Iremos a unos cinco o seis sitios. Y descarto, tras mucho pensar, la visita de Brunei

           

            El que viaja a mi derecha no se corta un pelo y se pone a dormir sobre mi hombre. ¡Son como bestias!. Y cuando le llamo la atención, me mira como la vaca mira al tren. El paisaje vuelve a tornarse llano y atravesamos núcleos de población más grandes. Hay budas por todas partes y en todas las posiciones. Bueno, en todas no. Falta el buda motorizado y motorizado reclinado. Me extraña mucho que todavía no lo hayan creado, porque es el que más viene a cuento en este país. Tardamos una más, de las cuatro horas previstas.

 

 

DALAT

 

            Tras librarnos de los plastas de costumbre –no sé ni para que lo pongo ya-, encontramos el hotel Bao Duy, donde conseguimos una habitación por el mismo precio que ayer (120.000 dongs. Ha costado gestionarla, porque no nos entendían ni la palabra dongs, así que ha habido que ponerles una calculadora y explicarles –ha costado- que queríamos saber el precio. Luego ha habido que pelear otra vez. Primero pretendían quedarse con los dos pasaportes, luego con uno y finalmente, como debe ser, con ninguno.

 

  

          La habitación resulta ser bastante grande y correcta. Con buen baño, televisión por cable y de nuevo, mosquitera en la propia cama. Es el único país donde nos proporcionaron ese “lujo” y se agradece bastante, porque te sueles levantar sin una sola picadura.

 

            Antes de dar una vuelta y en la única agencia que encontramos, contratamos por 181.500 dongs un tour guiado por los alrededores de Dalat para mañana. Habíamos sopesado alquilar una moto, pero vimos que las atracciones a visitar, estén bastante desperdigadas y en todas las direcciones, así que –y sin que sirva de precedente-, nos decantamos por el tour organizado. El de la agencia se ha dado cuenta enseguida de que éramos españoles, lo cual no es nada frecuente en el sudeste asiático. ¡¡Ni aunque te oigan hablar durante una hora!!.

  Dalat (Vietnam)

            Luego nos damos una vuelta para aprovechar el resto de la tarde, aunque ya es prácticamente de noche.. El mercado está cerrado, pero en los alrededores hay decenas de puestos –unos con mostrador, otros son tenderetes instalados en el suelo-, que dan un encanto y animación especiales a la ciudad.

 

            Destacan por encima de todo y por ser novedad, las que yo llamo gominotas tipo asiático. Son más duras y emanan sabores extraños, pero tienen el azúcar por encima, como las de aquí. Están buenas, pero a mi al menos, me cansan. Creo que cuando vuelva a casa, haré mi tesis doctoral sobre el motorismo en Vietnam y Camboya. ¡Y es que acabo de ver a una pareja paseando alegremente por el mercado, cogidos de la mano y con el casco puesto!.

 

            Al igual que en Camboya, aquí si que vocean la mercancías –no como en Tailandia y Laos-, especialmente si ven turistas en las proximidades. La gente te empuja y te pisa en cuanto te acercas a los puestos y ni se inmutan (que hablar de pedir perdón). Hacer compras aquí está más relacionado con la lucha grecorromana, que con un placer vespertino.

 

            El paseo resulta muy agradable, hasta que como otras tantas tardes, empieza a llover. Nos empapamos de forma integral en nuestra vuelta al hotel. Esta no es la típica lluvia tropical, caliente y gruesa. Es fría y fina. Y es que en Dalat suele hacer bastante fresco, debido a la altitud.


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