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Sudeste Asiático/33


            Nos levantamos. Hoy será nuestro último día en Camboya, dado que mañana partiremos camino de Vietnam. Preguntamos en el hotel a que hora es el check out y nos dicen que OK. Ni siquiera entienden “money” o beach”. así que no insistimos más, pagamos, vaciamos la habitación y dejamos los bultos en recepción. Hemos aprovechado para dormir hasta las 9,30, lo cual es otro pequeño lujo asiático.

 

            Cambiamos sin problemas, los billetes del autobús para una hora antes. Aquí ya no hacemos nada y es mejor que lleguemos de

día a la capital. Nos cuesta encontrar un cajero que nos de dinero. Unos no aceptan Mastercard y otros tienen la línea caída. Finalmente, conseguimos abastecernos de dólares. Queremos guardar 300 para visados futuros y otras necesidades.

                                                                    Shianouville (Camboya)

            Vamos hasta el mercado, pero nos damos la vuelta sin entrar, dado que el suelo está que da asco. Los tuktukeros y mototaxis siguen tan pesados como ayer. La estación de autobuses está llena de basura, incluso al lado de los vehículos, así que la media hora de espera se convierte en un suplicio.

 

            Tomamos el autobús y nos alimentamos a base de bocadillos de sardinas malayas, que hemos comprado en uno de los supermercados. Nos ha costado encontrar algo decente que llevarnos a la boca, dado que estos establecimientos tienen más cerveza, refrescos, bebidas alcohólicas, snacks y galletas, que otra cosa. Vemos pasar, uno tras otro, los infinitos campos de arroz. Hay alguno de maíz y poco más. Nos hacemos mil y una preguntas sobre su cultivo, que quedan sin respuesta.

 

            Paramos para que una chica vomite y al poco tiempo, en el mismo sitio que ayer, para que el conductor se ponga hasta arriba de calduverios. Primero me duermo, luego me aburro y finalmente empiezo a preparar nuestro itinerario por Vietnam. Hemos descartado ir a la desembocadura del río Mekong (y bien que nos arrepentimos luego) y a los túneles. Así que desde Ho Chi Minh iremos a Mui Ne. De ahí a Dalat, Nha Ttang, Hoi An y Hue. Y luego, ya veremos.

 

 

ÚLTIMA VEZ EN PHNOM PENH

 

            Al bajar del bus, los mismos pesados de siempre, de los que hay que desembarazarse. Volvemos al mismo alojamiento de la vez anterior. Luego vamos al súper para abastecernos para comer mañana, dado que llegaremos a Ho Chi Minh ya bien entrado el mediodía. Y terminamos la tarde en el mismo internet donde habíamos intentado comprar los billetes de avión desde Hanoi a Kuala Lumpur para el 14 de agosto. Hoy no hay ningún problema y los podemos adquirir, pero al haber pasado 2 días, han subido 12 US$ cada uno (71,62€).

 

          

  Al salir del cíber, me atropella levemente una bicicleta. Todavía hay bastante tráfico. Y es que en Phnom Phen las horas punta del tráfico son ¡¡¡todas!!!. Lo primero que aquí aprenden a decir los niños cuando adquieren el habla, no es papá, mamá o ni siquiera dólar: Es “Tuk tuk, sr.”

 

            Por la mañana habíamos descubierto, que si hay autobús directo a Ho Chi Minh desde Shianoukville, con la empresa Mekong. Pero nadie nos supo dar antes esta información y en la Lonely Planet tampoco se hace referencia  a ello.

           

Templos de Angkor (Camboya)

CAMINO DE HO CHI MINH

 

            Tenemos la última discusión antes de abandonar Camboya. Ahora es con un gilipollas, que protesta en el autobús que va a Ho Chi Minh, porque hemos reclinado nuestros asientos y con el ayudante del conductor, que le da la razón. ¿Acaso para qué el vaya cómodo, tenemos nosotros que ir incómodos?. Y si además la empresa no quiere que reclinemos los asientos, que los bloqueen. Esta discusión nunca surgiría en Sudamérica.

 

            Y luego, para continuar con la tortura, nos ponen el mismo video del humor amarillo por cuarta vez, mientras el conductor pita y pita  a todo lo que adelanta. Pero como ya es habitual y a pesar de los contratiempos, me duermo y así, no me entero de que han metido el bus en un barco para cruzar un río.

 

            Tres horas y cuarto después de haber salido, llegamos a la frontera. Nos negamos a que el ayudante se lleve nuestros pasaportes con los del resto del pasaje. Tenemos muy pocas hojas libres y queremos indicar en inmigración donde queremos que nos sellen, para no ocupar ninguna nueva. Aún hay que gestionar visados de hoja completa, como Indonesia y Myanmar

 

            Así que mientras el conductor para en el fronterizo puesto de calduverios, nosotros recorremos los escasos 500 metros que nos

separan de inmigración. Sellamos la salida sin problemas, pero tenemos que esperar casi tres cuartos de hora a que el autobús nos recoja y nos lleve al otro puesto de inmigración, donde también sellamos los pasaportes por nuestra cuenta. Los trámites son algo lentos, pero no engorrosos. Aunque tenemos que pasar con nuestras mochilas a cuestas, no hay ningún tipo de registro.

 

            Estamos dentro. En total, hemos ocupado hora y cuarto en ambas fronteras y hasta llegar a Ho Chi Minh (antigua Saigón) hay otra hora y tres cuartos. Nuestros primeros kilómetros en Vietnam resultan reconfortantes. Hay también tenderetes, motos y transportes varios de obsolescencia contrastada, pero al menos no hay polvo, charcos pestilentes, ni basura y los pueblos que cruzamos están más cuidados. Hay autovía y el tráfico es más ordenado

                                                                      Ho Chi Minh (Vietnam)

 

HO CHI MINH

 

            Entrar en Saigón nos lleva un rato largo, pero al menos nos dejan en el centro, en la zona de los alojamientos y de las agencias que hay en la calle Detham. Lo primero que hacemos es sentarnos a comer al lado de un parque, donde nos abordan los comisionistas. Aquí no te respetan ni a la hora del almuerzo. Se nos cae una salchicha al suelo y no pasan ni dos minutos hasta que se acerca un joven y nos pide permiso para llevársela, aunque está llena de mierda.

 

            Nos ponemos a buscar alojamiento. Los hoteles de enfrente son caros y los de la calle de las agencias también. Hay un comisionista que nos lleva dando la lata desde hace un rato, ofreciéndonos de todo y ahora nos promete llevarnos a un alojamiento, que cuesta solo 8 dólares. Le seguimos y nos introduce por unas callejuelas, que parecen los bajos fondos de la ciudad y llegamos al hotel Kim My2  La entrada recuerda bastante a cualquier negocio marroquí o turco de dudosos fines, pero la habitación es grande, luminosa y tiene baño y televisión por cable. Nos persuaden para rellenar un formulario de registro individual en la recepción, más amplio que el del mismo visado.

 

            Nos vamos a patear la ciudad. Lo que hemos visto en cuanto al tráfico a la entrada del país, resulta ser un espejismo: Es caótico y sin regla alguna. Cada cual circula por donde puede o por done le da la gana y el peatón no es más que otro simple estorbo más, que esquivar (en el mejor de los casos). Al menos en el centro de la ciudad, las aceras sirven para caminar y no para aparcar, como en Phnom Penh. Pero es lógico que se aparque en ellas, porque no hay aparcamientos subterráneos y observando un poco, se constata que tampoco deben dejar estacionar los coches en los laterales de la calzada, dado que no hay ningún vehículo en ellos.

 

 

           Vemos un mercado cubierto (Ben Thanh market), con amplios pasillos asfaltados y limpios. Pasamos por la catedral de Notre Dame (en el corazón del barrio gubernamental), por una mezquita, por el ayuntamiento, por un templo hindú… Llegamos hasta el río, que es muy ancho, aunque las vistas son feas. Esto si que parece una ciudad  en toda regla e incluso hay más tiendas caras y de marca que en la cosmopolita Bangkok.

 

            Nos llama la atención, que no haya tuk tuks y lo estrechos que son los bicitaxis, donde solo cabe una persona. Empieza a llover como si no lo hubiera hecho nunca, cuando nos dirigimos al feo Palacio de la Independencia. Vemos que hay oficiales de seguridad turística, pero sus verdes trajes, desde luego, no los diseñó Adolfo Domínguez.

 Ho Chi Minh (Vietnam)

            Nos damos cuenta de lo difícil que va a ser encontrar bebidas frías en este país. No hay neveras ni en los grandes supermercados, lo cual extraña en una zona tan calurosa del planeta. Pero los supermercados están muy bien abastecidos (incluidos la cerveza y el alcohol) y son baratísimos. Hay cosas que cuestan la mitad que en Camboya y la cuarta parte que en España.

 

            Los propietarios de los negocios barren las puestas de los mismos y lo hacen agachados, con escobas de palo muy corto. A la puerta de una tienda elegante, una mujer friega, mientras otra va ventilando con un cartón la zona mojada. Nos damos cuenta, de que aquí la vida se hace sobre la moto de una forma más intensa todavía que en Camboya. Una chica esta colocada sobre el sillín de una, en la misma posición que la maja vestida.

 

            Muchos motoristas llevan máscara para taparse boca y nariz y ninguno va sin casco (aunque son más como los de una obra, que los integrales que vemos en esta parte del mundo). Y cuando llueve, ponen un impermeable por encima, que incluso tapa el manillar y el faro. A veces suben sobre la misma moto familias enteras (de incluso cinco personas) y en este caso, cuando diluvia, colocan el impermeable –generalemnte azul- por encima de todos ellos, recordando bastante al gusano loco. ¡El mundo de la moto en Vietnam es apasionante!. Hay bastantes más moteros aquí que en la concentración de Pingüinos.

 

            Nos cuesta encontrar nuestro hotel, en el entramado de callejuelas donde se haya ubicado. Nos encanta esta zona, llena de cotidianidad, donde la gente hace la vida en la planta de abajo de las casas (allí tienen una especie de salón con televisión, que se ve desde la calle) y comen en la calle, a la vista de todo el mundo. Nos gustas mucho más estas zonas algo decadentes, que las elegantes de las ciudades. Somos amantes del encanto de lo decadente y, por qué no, hasta de lo cutre.

 

            Como vamos a pasar el día entero aquí –hemos descartado las excursiones a la desembocadura del Mekong y a los túneles, que las agencias ofertan desde 5 US$, dependiendo lo que se quiera incluir y los días que se quieran pasar- nos levantamos tarde, dado que no nos quedan muchas cosas por ver.

 

            Visitamos más de diez agencias, preguntando las condiciones y los precios del billete Open Tour y el precio de ir solamente hasta Mui Ne. El billete abierto hasta Hanoi cuesta en torno a los 31 US$. Hemos hecho cálculos aproximados de lo que nos costaría ir tramo a tramo y no sale mucho más caro, así que decidimos que lo haremos de esta forma, porque ni queremos tener un itinerario atado y cerrado, ni deseamos ir en los buses de los guiris, sino en los coloridos buses locales.

 

            Compramos el billete para las ocho de la mañana del día siguiente a Mui Ne por 89.000 dongs. Afortunadamente, no hay que

complicarse la vida yendo hasta alejada estación, dado que todas las agencias con sede en esta zona –y son un montón- hacen que sus autobuses salgan desde aquí.

 

            Nos vamos a dar una vuelta por la zona del supermercado donde compramos ayer. Hay un mercado (Thai Binh), que es algo más decadente que el que vimos camino de la catedral y el ayuntamiento. Hay olores algo desagradables y muchos charcos, de composición –mayormente no es agua- muy indefinida. Nos hacemos una vez más la pregunta tantas veces repetida. ¿Adónde van y vienen todo el día los de la motos, si aquí la mayoría no tienen ni oficio ni beneficio?. Y otra, que nos viene a la mente: ¿Qué tiene de socialista este país?. Nada. Claro que todos son iguales, sí, pero porque viven en la miseria.

                                                                        Ho Chi Minh (Vietnam)

            Volvemos a la zona Pham Ngu Lao –donde los vendedores y motoristas son muy pesados, no así en el resto de la ciudad- y a pasear por las decadentes callejuelas del entorno de nuestro hotel. Ahora la mayoría de la gente está comiendo. Engullen arroz y pho, especie de sopa con hierbajos, tallarines y algún pedacito de pollo, que nada tiene que ver con el mucho más completo, que sirven en el Pho24, donde lo comen los turistas. Aunque para los precios de Vietnam, el pho no es muy barato en ninguna parte y sale más a cuenta optar por otras soluciones.

 

            Por ejemplo, por la que hemos elegido nosotros. Un bufé libre de pasta, en una calle perpendicular a Detham. No tiene pérdida y por poco más de un euro y medio, te pones hasta arriba de lasaña, espaguetis a la carbonara, con salsa picante de verduras y tomate o boloñesa. Lo acompañan además de algún plato de arroz y verduras y de pollo con vegetales, más la fruta. ¡¡Glorioso!!

 

            Las adolescentes venden guías fotocopiadas de la Lonely Planet, apiladas en torres que colocan en el suelo. Cambiamos dinero en el mismo banco que ayer y la tasa es todavía mejor. No merece la pena sacar dinero del cajero. Por nuestros 200 euros, nos dan más de cinco millones de porquería –oficialmente llamada Dongs-, que no sabemos ni siquiera donde guardar. Parece que en vez de cambiar divisa, viniéramos de atracar el banco.

 

            Nos quedan de ver dos pagodas que están algo alejadas y decidimos emplear la tarde en exa labor. Después del largísimo paseo que nos damos, no son nada del otro mundo y cuando estamos en el punto más alejado de nuestra zona de alojamiento, el cielo se cubre de negro y sin más preámbulos, comienza a diluviar.

 

 

           Nos tenemos que refugiar bajo el toldo de una zapatería, que se convertirá en nuestro hogar, durante las dos horas y media siguientes. Al lado, una señora vende bocadillos que no se come ni ella, porque compra arroz con cosas verdes –también la zapatera- a una niña que pasa vendiendo.

 

            Ayer, que apenas habíamos salido de los alrededores de la avenida Le Loi –la principal-, esta ciudad nos había parecido moderna, pero cuando te sales de ese entramado de calles, es tan desamparada, dejada y deprimente como las que hemos visto en Camboya, aunque con menos basura y polvo.

 Ho Chi Minh (Vietnam)

            Una tormenta se va enlazando con otra. Hay que salir de aquí, pero no para de llover. En la calle, la lluvia ya no cuela y la capa de agua  sobrepasa los 10 centímetros. ¡¡”Joder. 10 días y a todas horas con el coñazo del tuk tuk Sr y ahora que lo necesitamos no hay ninguno”!!. Solo hay bicitaxis de un pasajero, mototaxis (ni pensarlo) y algunos –muy pocos- taxis, que van todos ocupados. Observamos que en el ático de enfrente, como la terraza se les ha inundado, la vacían a cubos, tirándolos desde lo alto hacia la acera.

 

            La lluvia afloja un poco y nos decidimos a emprender el camino de retorno. Lo peor no es lo que aún sigue cayendo, sino los enormes charcos fangosos, en los que irremisiblemente te acabas metiendo, dado que por aquí el alumbrado público es escaso y a veces inexistente. Los canalones parecen las Cataratas de Iguazú y las motos, aparcadas bajo los lugares cubiertos y en las aceras, te echan directamente al asfalto, donde te encuentras con más motos, pero ahora en amenazante circulación  Además hay que esquivar postes, cables y árboles cuyas raíces, sobresalen en cinco metros a la redonda.

 

            Un grueso árbol ha caído sobre un coche. Como tapa la carretera, las motos nos pitan con insistencia para que no les entorpezcamos el paso y desalojemos la acera. Más adelante vemos una moto aplastada debajo de la rueda de un coche. Sin noticias de su propietario. ¿Estará todavía en este mundo?.

 

            Y ya casi llegando a la calle Le Loi, encontramos a unos operarios que han abierto una alcantarilla que no tragaba y que ha ocasionado una inundación en un par de cuadras. No me extraña. De ella han sacado ruedas de moto, trozos de la tapicería de coches, ramas y toda clase de basura. Cuando terminan con la limpieza, va más suelta que las alcantarillas de Managua (que son enormes agujeros negros sin rejilla).

 

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