Hacemos otras dos paradas más –y es que el conductor es un espíritu libre-, en lugares donde hay tenderetes. Compramos algún snack y fruta, que junto a la mortadela de chile que nos había sobrado ayer, constituyen nuestro almuerzo. Vemos el cartel que anuncia la entrada en Siem Reap, aunque tardaremos en llegar bastante más de lo que habíamos imaginado. Primero nos detenemos en una gasolinera y estamos allí parados diez minutos. Nadie baja, nadie sube y no echamos gasolina. Continuamos camino y nos detenemos en un lugar que parece –remotamente- una terminal. Los tuktukeros se acercan amenazantes con carteles donde indican que te llevan por un dólar. Golpean el autobús para captar tu atención y como nos hacemos los suecos, suben directamente a buscarnos. ¡¡Y decía yo que en Phnom Penh son agresivos!!. Siem Reap (Camboya)Además y entre la confusión, nos tratan de engañar, diciendo que esa es nuestra parada, la que está más cerca del centro y de las guest houses. Nos hacen incluso dudar. Menos mal que una señora nos indica que no les hagamos caso. Tenemos que mostrarnos enérgicos y contundentes con los conductores, porque a estas alturas ya casi nos están sacando a rastras del autobús. Y el conductor a su bola. El hecho de que estos personajes solo cobren un dólar por llevarte al alejado centro tiene truco: Te tratan de colocar los alojamientos donde tienen comisión (nos comentaron que pueden llegar a sacar el 50%-60% de lo que el extranjero paga por la primera noche. Reanudamos la marcha por las deprimentes afueras de Siem Reap, a través de caminos embarrados y sin asfaltar. Y a los cinco minutos, toca una nueva parada. Esto es increíble. El conductor baja, abre el compartimento de los equipajes y se pone a soldar. ¿No podría haber esperado a que llegáramos a la parada?. Parece que no. Una vez ha terminado las labores de soldadora –tampoco se da mucha prisa-, proseguimos nuestra penosa andadura y ahora si, tras cruzar el río, llegamos a la oficina de Capitol (lo de oficina es un decir, pero sirva para entendernos). Según bajamos nos agobian, en este caso, los comisionistas de los alojamientos. Son menos agresivos que los conductores de tuk tuk, así que nos deshacemos de ellos fácilmente. SIEM REAP Nos quedamos en el primer alojamiento que miramos, en la Angkor Green guest House. La habitación doble con baño y televisión por cable nos cuesta 24.000 rieles. No es demasiado grande y al ser totalmente interior, es muy calurosa, a pesar del ventilador. Seguro que habiendo mirado, habíamos encontrado algo mejor, pero no tenemos muchas ganas, después del viajecito que nos han dado. Al menos en la tele, se ve la televisión española internacional, cosa que no es muy frecuente en los países que llevamos visitados. Tomamos la calle principal hacia arriba. Está llena de tiendas y supermercados 24 horas. También hay restaurantes y gasolineras. Y muchos turistas, más de los que hemos visto en ninguna otra parte de todos los destinos que hemos visitado. Siem Reap (Camboya)Tras averiguar el camino que tendremos que tomar mañana para llegar a los templos de Angkor, nos vamos hacia la zona del río. Hay un templo y un área de infraviviendas que ponen los pelos de punta. Son casas del más puro y genuino tercer mundo Y solo a un kilómetro de la Residencia Real. Vemos a unas niñas comiendo bocadillos de arroz Vamos retrocediendo, siguiendo el cauce y el panorama va mejorando poco a poco. Siem Reap es una agradable ciudad, incluso en la zona turística. Tiene bastantes zonas verdes y el río le da un encanto especial y la divide en dos. En la margen izquierda quedan las zonas más humildes, mientras en la derecha están las más nobles, incluidas la almendra de calles donde está todo el meollo turístico, que por el día tienen tráfico, pero inteligentemente las cortan a las 6 de la tarde, quedando peatonales y muy agradables para el paseo, tomar algo o cenar. Visitamos unos cuantos templos, uno de ellos con unas estupas muy bonitas. Pero el que más nos gusta es uno que está cerca de la zona turística. Es una pena que sea ya casi de noche, así que tendremos que volver mañana a verlo con mayor nitidez.. La almendra turísitca tiene forma triangular y podríamos dividirla en tres calles: La de las tiendas 24 horas, la de los calduverios locales –hasta la mitad- y de los restaurantes y cafés para modestos, en su otro tramo y una tercera, donde se encuentran los sitios más elegantes. La zona es bastante animada, a pesar de las ligeras molestias que causan los que ofrecen los restaurantes y los conductores de tuk tuk. Los guiris son aquí casi como los mosquitos: Van en manada por la noche y ni rastro de ellos por el día. Por primera vez en el sudeste asiático, nos cruzamos con bastantes grupos de españoles. Otra de las grandes sorpresas de Siem Reap es su bonito, tranquilo, aunque pedregoso mercado nocturno. Todo muy agradable : Dulces, banana candy (riquísimo), cestitas de jabones, especias, ropa… Las vendedoras son muy simpáticas y además, no agobian.Hay un puesto de guías Lonely Planet. Son de las fotocopiadas, pero no nos podemos resistir a comprar la gruesa guía de la India, país donde pretendemos matar este viaje, al ridículo precio de 10 dólares. Para lo que cuesta, la guía está bien encuadernada, aunque los planos (algunos subrayados y con anotaciones) y fotos se ven algo borrosos. De regreso al hotel, hay una gran concentración de motos en la calle principal. La encabezan un par de coches, que emiten música estridente. No sé que celebrarán, pero aquí la moto es el símbolo nacional. Siem Reap (Camboya)La TVE internacional emite el telediario es esos momentos. Hoy ha sido el día de la reconciliación entre Hugo Chávez y el Rey. ¡¡Así nos gusta, buen rollito!! Constatamos que las llaves de la luz en este país son más pequeñas y agradables para los dedos.
TEMPLOS DE ANGKOR
A las ocho de la mañana ya estamos en pie. Hemos comprado algunas provisiones ayer tarde y ahora completamos con líquidos la intendencia, que nos hará posible este día de caminata. Porque tras valorar diferentes posibilidades –entre ellas, alquilar una moto o bicicletas e ir en mototaxi o tuk tuk-, hemos decidido que haremos a pie los seis kilómetros que nos separan de los templos y el recorrido interior. Angkor, fue el centro político y religioso del antiguo Imperio Jemer. Abarca cerca de 200 km², pero sus límites reales trascienden las fronteras de Camboya hacia Tailandia y Laos, en cuyos territorios se encuentran vestigios de templos y de la actividad política, religiosa y cultural del antiguo imperio El día está nublado. Comenzamos a andar por la calle principal y recorremos los primeros cinco kilómetros sin novedad. Ahora sale el sol. Una vigilante del recinto, nos aborda y nos pregunta si tenemos entrada. Le contestamos que no, pero que tampoco hemos encontrdo la taquilla. Resulta que solo hay una y no está en esa carretera, sino en la principal, por lo que tenemos que andar casi un kilómetro a la derecha y retroceder otros dos. Nos indignamos. Es increíble que en unas de las ruinas más famosas del mundo no haya ni una sola indicación y que no puedan poner oficinas de venta de billetes –igual que ponen vigilantes- en todos los accesos. Nos da la sensación, que lo único que les interesa es hacerse con los 20 dólares (40, si lo que pretendemos es alargar la visita hasta los tres días), que cuesta la entrada y que prestar una buena atención, les trae más o menos sin cuidado. Templos de Angkor (Camboya)Esta teoría se confirma cuando llegamos a la taquilla. El trato es lamentable y los dos funcionarios hacen gala de una mala educación, que cuesta ver en otras partes. Uno de ellos, solo se preocupa de tratarnos de colocar un tuk tuk a “buen precio”, para que podamos llegar hasta los templos. Y el otro, resulta bastante grosero en sus ademanes y peticiones, de hacernos la foto de rigor, que debe acompañar a nuestras entradas. Es la primera visita turística en la que nos hacen una foto. Y te advierten que, como pierdas la entrada, tienes que pagar una fortuna (y ya se encargan a lo largo del día de pedirte el boleto setenta veces para ver si ha habido suerte y lo has perdido). “Pagar”: Ese es el único verbo que conocen los funcionarios que controlan, casi a modo de Guantánamo, los templos de Angkor. Y “hacer desaires”, esa es la única actitud que manejan. Desde luego, han conseguido superar en mal trato y falta de respeto a los funcionarios de Machu Pichu, en Perú, algo que parecía imposible. Con el cabreo a cuestas volvemos a desandar el camino que habíamos andado. Antes de llegar al primer templo. ya nos piden la entrada en dos ocasiones. El sol empieza a pegar con fuerza y a achicharrarnos cuando nos aproximamos al Angkor Wat (literalmente, Templo de la Ciudad). Es justo en ese momento cuando se nos olvidan todas las penalidades anteriores. Detrás del bonito y cuidado lago, se muestra con elegancia y fuerza, uno de los templos más maravillosos que hayamos visto jamás. Solo para darle la vuelta, estamos una hora, en la que permanecemos boquiabiertos.
No hay muchos visitantes, porque parece que a esas horas los grupos ya han abandonado el complejo, así que vemos el magnífico lugar, casi solos. La música oriental que nos acompaña por los altavoces, es un complemento perfecto, que te ayuda a sentirte como si estuvieras en le época en la que los templos ejercían la función para la que fueron construidos. Vivimos un momento especial, de paz, magia y felicidad. Se trata del mayor complejo religioso jamás construido. Es el mayor templo dedicado a las deidades hindúes fuera del territorio de la India. Parece ser que con la excepción del Angkor Wat, el resto de templos han estado hasta no hace mucho tiempo en medio de la selva. Templos de Angkor (Camboya)Pero no todo es bueno. El recinto está lleno de pesados tuktukeros y mototaxis, que se ponen a tu lado y que de forma persistente te ofrecen sus servicios. En la mayoría de las ocasiones no basta con ignorarlos. Muchas veces hay que mandarlos directamente a la mierda y enojarse para que dejen de ponerse a tu lado en paralelo. Menos mal que aunque les hagas un desplante, no se encaran contigo. Hasta les hacemos burla diciéndoles lo de “tuk, tuk Sr.” y se parten de risa. Y cuando nos dicen aquello de “Where are you going now?” (¿donde vas ahora?), les respondemos: “And you?” (¿y tú?) y se quedan completamente descolocados, sin saber que responder. Caminamos un rato hasta llegar al Angkor Thom (Ciudad Grande, según su traducción literal). Hay que atravesar la muralla y lo hacemos por la puerta sur (hay otra cuatro). Antes de traspasarla hay filas de estatuas a ambos lados de la carretera. Este templo es también espectacular, aunque menos que el anterior. Las caras impresionan y además a este, si que se puede subir (al Angkor Wat no dejan). De repente comienza a llover con fuerza y debemos refugiarnos en la garita de un guarda de los templos, momento que el sujeto aprovecha para pedirnos la entrada por cuarta vez. ¡A ver quien es el que es capaz de colarse aquí!. Aprovechamos las copiosas precipitaciones para comer y echar un vistazo al mapa, para ubicar el resto de los templos Vamos a visitar las demás atracciones del cuadrado principal (así aparece en el mapa). Son también bonitas, pero después de haber visto los dos templos anteriores, el resto parecen meros acompañantes menores. El templo Bayón es exactamente el centro de la ciudad. Se le llama también templo montaña. En sus torres destacan todas las caras. El Baphuon está situado 220 metros al noreste del anterior. Tras su contemplación y después de que vuelva a empezar a llover, visitamos otras ruinas menores, todas dentro del recinto amurallado. Hay más templos, tanto dentro como fuera, que pueden perfectamente dar de si para dos o tres días, para aquellos viajeros que quieran conocer la zona al detalle, pero nosotros consideramos que con la visita de hoy ha sido suficiente. Así que emprendemos el camino de vuelta. Una francesa trata de explicarle sin éxito a un niño, que cuando trate de venderle algo debe hablarle en su idioma y no en inglés. No nos caen muy bien los gabachos, pero en esta ocasión, creo que la chica tiene razón. Es una falta de respeto que siempre te entren con las mismas cuatro frases en inglés, sin que ni siquiera traten de indagar o preguntarte de donde eres. Deberían aprender de los musulmanes o los turcos, que 50 metros antes de que llegues y aunque vayas callado, ya te han pillado la nacionalidad. En el interior del recinto hay restaurantes, pero por precio y oferta, casi mejor llevar la comida. Hay también vendedoras de piñas, con la machacona frase de “Pineapple. One dólar” y niños pesados que tratan de vender otras cuantas cosas por esa misma cantidad. La vuelta se hace realmente larga, porque comienza a llover con más fuerza todavía. Como a pesar de llevar los impermeables nos estamos calando, a mitad de camino decidimos tomar un tuk tuk, que nos devuelve sanos y salvos a Siem Reap. Es justo en ese momento cuando deja de diluviar, así que aprovechamos para visitar el bonito templo que ayer vimos casi de noche. Templos de Angkor (Camboya)Estamos reventados, así que tras un reconfortante paseo por el mercado nocturno, nos vamos al hotel. Por el camino, muchos niños nos piden limosna incitados por sus madres. ¡¡Habría que meterlas en la cárcel!. Dos chicas, vestidas de punta en blanco, patinan y se caen de la moto. Parece espectacular, pero al minuto se levantan y siguen el camino sin más. Los accidentes de moto están en toda Camboya a la orden del día y hasta nosotros nos estamos habituando a verlos con naturalidad. Es normal: El tráfico no tiene reglas, el firme no siempre es el adecuado y muchas veces es tremendamente arenoso, mucha gente conduce sin carné de conducir y hay conductores con edades, que difícilmente superan los doce o trece años (tanto chicos como chicas). Un coche blanco que sale desde una gasolinera, casi nos atropella. Nos indignamos, llamamos de todo a su conductor y le golpeamos en la chapa del vehículo. No dice nada, ni se inmuta. Y solo cuando ve que hemos terminado de desahogarnos, arranca y se va. Tratamos de ver la etapa del Tour de Francia en la que Sastre puede proclamarse campeón, pero la TVE internacional no lo da. Primero nos cpmtrariamos, pero luego pensamos, que quizás no tengan los derechos para ofrecerla al resto del mundo por ese canal. KOMPONG THOM Nuestra idea es ir hasta Konpng Thom (5,5 US$), para intentar llegar al día siguiente hasta Kompong Chhian. Pero por no sacar los billetes de autobús por adelantado, nos toca esperar dos horas más, porque no hay plaza para el de las nueve y media. Hace un calor asfixiante y decidimos dar una vuelta por el animado mercado. Son las diez menos cuarto de la mañana y los puestos de calduverios ya están abarrotados. También nos acercamos al otro mercado, el de ropa, joyas y relojes, que a esas horas aún está abriendo y no hay casi clientes. Nos montan en una furgoneta y nos llevan hasta el lugar donde dos días atrás nos habían agobiado los tuktukeros.Y allí nos suben a un autobús, alborotado como siempre y en el que primero la música y luego los videos de un ridículo humor amarillo asiático, no nos dejan pegar ojo. |