Nos da un poco de pereza volver a abandonar Tailandia y más porque estamos convencidos de que en Camboya, nuestra vida va a ser un poco más difícil. Bajamos a la recepción del hotel a preguntar sobre la forma más barata de llegar a la frontera. Parece ser que hay una especie de camioneta (15 bahts), que te pone en Poipet en muy poco tiempo. POIPET Así es, en menos de media hora y tras haber cruzado un enorme mercadillo, estamos en el puesto de inmigración de Tailandia. La salida es rápida y fácil, pero es pisar el primer metro de tierra de nadie y comienzan los agobios. Tres hombres de mediana edad nos persuaden para que las acompañemos y cuando llevamos avanzados unos cincuenta metros, caemos en la cuenta que nos están llevando a un lugar en dirección contraria (no sabemos cual) a la ventanilla de inmigración. Nos deshacemos de ellos, pero en las manos de los que caemos no son mucho mejores. Vamos perfectamente mentalizados de que nos van a extorsionar con el visado En la ventanilla de inmigración lo pone bien claro: El visado cuesta 20 dólares, pero el funcionario dice que la visa solo se puede pagar en bahts y el total para los dos es de 2.000. En la realidad, eso supone que vamos a pagar 30 dólares por cabeza. Poipet (Camboya)De poco nos sirve protestar, porque además, seguimos sin tener dólares. De haberlos poseído, les habríamos dado los 40 y ni uno más. Como solo tenemos 1.940 bahts, les hacemos saber que no pagaremos una cantidad mayor y tras hablarlo entre ellos aceptan. Al menos hemos metido el gol de la honrilla. La verdad es que cuando ya te lo esperas, la indignación es menor, aunque se haya tratado de un flagrante robo, un atraco en toda regla. Pero ya desde hace años sabemos, que a veces hay que pagar peajes, por visitar determinados países donde la corrupción campa a sus anchas. Y auqí de eso saben mucho. Con la visa del reino de Camboya de una única entrada en el pasaporte, pasamos a una segunda ventanilla, donde debemos rellenar el formulario de inmigración. Los trámites se hacen pesados, debido a la meticulosidad del funcionario de turno, que además, escribe con un solo dedo de cada mano. Antes de que definitivamente estampen el sello, debemos rellenar otro formulario: El de salida. Por fin. Avanzamos por un camino asfaltado. A los lados hay enormes y lujosos casinos y algunos hoteles. Cruzamos una puerta y, de repente y como si hubiéramos atravesado el túnel del espacio y del tiempo, nos encontramos ante la pobreza, ante la más absoluta miseria No hemos acabado de ver tal estampa, cuando ya estamos rodeados de cuatro tuktukeros, que con una agresividad inusitada (solo les falta arrastrarnos y meternos en el tuk tuk), nos asedian, buscando llevarnos al sitio más lejano posible. Aquí los tuk tuks no son como en Tailandia. Son una moto, con una cabina (más bien caja) al lado para los pasajeros. Nuestro plan es ir a la estación –que según hemos leído en la guía esta a unos pocos kilómetros- y de allí coger un autobús para Sisofón. Pero nadie nos quiere llevar hasta el primer punto y para el segundo destino, apenas a una hora de aquí, nos piden el equivalente a veinte euros.A todo esto, nos hemos dado cuenta de que no tenemos rieles. Enfrente hay un banco. Tras ver que cambiar euros no nos sale nada rentable (si lo es en otro banco que hay dos kilómetros más adelante), decidimos sacar del cajero automático, pero este solo nos da dólares. Así que para poder obtener rieles, tenemos que cambiarlos en ventanilla, pagando una nueva comisión. Y cuando salimos a la calle de nuevo y nos disponemos a comprar cuatro cosas básicas en los puestos, nos damos cuenta de que ni dólares, ni rieles. Aquí lo que la gente prefiere son los bahts. Poipet (Camboya)Decidimos ponernos a andar hacia delante, a ver que es lo que ocurre. Se supone que esta es la calle principal. Está sin asfaltar y con montoneras de tierra y basura a los lados. Luego una corta llanura llena de enormes charcos, da acceso a los puestos ambulantes, que se colocan delante de las destartaladas casas. Circulan todo tipo de cacharros, levantando un polvo espantoso que se te mete entre los dientes. Hay hombres, que a modo de bueyes, tiran de alargados carros llenos de casi todo, pero fundamentalmente de vegetales y hierbas. A nuestro lado se para una especie de troncomóvil –parecido al de los Picapiedra-. En él van una pareja de alemanes con cara de aturdidos. Les han pegado una buena estocada, al sacarles 50 euros por llevarlos hasta Siem Reap y quieren minimizarla convenciéndonos de que vayamos hasta allí, para compartir gastos. Pero en ese momento ya hemos decidido negarnos a ser extorsionados una vez más en este país. Más adelante otro extranjero trata de convencernos de lo mismo. Los guiris caen como moscas en las telas de araña de estos desaprensivos sin escrúpulos. Seguimos andando y a cada paso escuchamos el aburrido “Where are you going”?. Nunca en mi vida lo había oído tantas veces. Estamos desconcertados y volvemos sobre nuestros pasos, a ver si es posible que desde el punto donde hemos entrado, haya algún tipo de transporte público a la estación. Hemos tenido suerte. Hay un autobús aparcado que nos acercará y encima gratis. Dios aprieta, pero no ahoga. Montamos y nos asfixiamos de color. Otros dos guiris ya están sentados y nos prestan una toalla para secarnos el sudor. El autobús se pone en marcha y efectivamente, es sin cargo. La sorpresa viene cuando conocemos el destino: Una guset house, donde o bien, te ofrecen alojamiento o un taxi a Sisofón por ¡!45 euros!!. Y Una tercera alternativa: 10 euros cada uno en un autobús que encima, no sale hasta dentro de cinco horas. ¡¡A la mierda con estos cerdos!! Cambiamos de estrategia y decidimos quedarnos a dormir y así por la tarde, investigar la forma de salir de aquí sin enriquecer a nadie. Es ya más por dignidad, que por desperdiciar un poco de dinero. En teoría, en este país se circula por la derecha, pero aquí cada uno va por donde le da la gana, especialmente las motos. Nunca estuvimos en el lejano oeste, pero esto nos lo recuerda bastante. Solo hace falta un cartel a la entrada en el que ponga: “Poipet. Territorio sin ley”. La mayoría de los lugareños no habla inglés, cosa que nos alegra bastante. Porque los que lo hablan, se dividen en dos grupos: Los que te quieren engañar y los que te quieren estafar. Poipet (Camboya)Tomamos habitación en una guest house, donde no saben ni decir los números en inglés, así que nos tienen que mostrar los billetes, para que sepamos lo que cuesta (20.000 rieles). La habitación es pequeña, pero tiene baño (en un estado algo lamentable, aunque si lo comparas con el resto del pueblo es casi una hamman) y televisión. Está en la segunda planta de la guest house Balet. No llevamos ni dos minutos cuando una asquerosa cucaracha sale del baño y se cuela en mi sandalia. ¡!Gggggrrrrrrrr!!. Establecemos las grandes líneas, los grandes objetivos para la jornada de hoy, que nada tienen que ver con visitar ruinas, parques naturales, templos o lindos museos. 1º.- Encontrar cerveza a un precio de camboyano (y no al disparatado precio de guiri que nos han pedido antes). Lo conseguimos, después de preguntar precios en más de 20 sitios. 2º,. Comer algo. También cuesta. Todos los restaurantes que hay son de calduverios y el único supermercado que hay es caro y bastante desabastecido (sin contar que el dueño, te va persiguiendo para que no te lleves nada sin pagarlo). Visto el panorama, decidimos sumergirnos en el mundo del calduverio. Y tras destapar y volver a tapar muchos potes, encontramos uno de tiras de pollo simplemente cocidas y otro de verduras mezcladas en forma de menestra, que junto a dos buenos platos de arroz blanco. nos sacan del apuro, pagando precio de camboyanos. Eso sí, para beber nos han puesto unos asquerosos brebajes con escamas de hielo, que por supuesto, no hemos ni tocado. Luego nos vamos al mercado y compramos plátanos, también a precio de lugareños. Ya es lo único que nos obsesiona, no pagar más de la cuenta. La actividad en el oscuro y viejo mercado –que es casi totalmente cubierto- esta ahora a medio gas y muchas de las vendedoras duermen en hamacas o, directamente, encima de los mostradores, junto al género que venden. 3º.- Encontrar un medio de transporte –sea el que sea- que no saque de aquí, mañana por la mañana, hacia cualquier parte, pagando precios de camboyanos. Eso sí, ya hemos decidido que no iremos a Sisofón. El objetivo de ir hasta allí no era otro que llegar hasta los templos de Banteay Chhmar, pero hemos pensado que el esfuerzo no nos va a merecer la pena.Así que las opciones son dos: Siem Reap o Phnom Penh Lo más lógico, sería llegar a la primera, pero iremos hasta la segunda si no encontramos un boleto barato A Siem Reap (parece difícil). Estamos dispuestos incluso a retroceder, pero nadie se enriquecerá a nuestra costa. Hay numerosos puntos donde anuncian buses a Phnom Penh a precios razonables (25.000-30.000 rieles), pero o no hay nadie informando o los que lo hacen son difusos en cuanto al punto de partida, así que decidimos no fiarnos y no comprar el billete por anticipado. ¡¡¡Síiiiiiiiii. Nadie se hará rico a nuestra costa!!!!!!!!!!!. Poipet (Camboya)Decidimos ponernos a caminar por la carretera. Si la estación de autobuses está a cinco kilómetros, como pone la Lonely, la acabaremos encontrando. Pero desistimos antes de hacer siquiera la mitad, porque resulta más duro que hacer un trekking por Torres del Paine. Calor, humos de camiones enormes, baches, polvo, basura, motos asediándote… No me extraña que muchos motoristas vayan con la mascarilla puesta. Menos mal que hay un par de minimercados donde reponer líquidos. ¿De qué vivirá aquí la gente?. No llegamos a saberlo muy bien, pero nos intriga que se están todo el día transportando de un lado a otro con la moto. ¿Y de dónde sacarán los 1.000 euros que hemos visto, cuesta un ciclomotor en una tienda?. Al volver, encontramos una indicación que nos encamina a una supuesta termianl, torciendo a la derecha. Llegamos y parece, que mañana por la mañana saldrán a primera hora autobuses tanto a Siem Reap como a Phnom Penh. Como no nos aclaran muy bien las cosas, decidimos que madrugaremos y vendremos a ver que pasa. Cualquier cosa, menos quedarnos aquí o pagar un pastón. Es en Poipet, donde empezamos a tener contacto con los mototaxis, que nos acompañarían a lo largo de todo Camboya y de Vietnam. No es otra cosa que una moto normal –más bien tirando a cutre- en la que vas de paquete. Nos la ofrecieron por primera vez esta mañana y pretendían llevarnos a los dos en la misma y ¡¡¡con las mochilas!!!. Las infraviviendas de Laos son palacios, comparados con las de aquí y los puestos cutres de Luang Nam Tha, parecen El Corte Inglés, si miramos estos.. Y según va anocheciendo, todo va pareciendo más tétrico. Al margen de la calle principal hay otra, que está parcialmente asfaltada y que llega hasta los casinos. Allí hay una mujer con una plancha y comida en una vitrina (increíble, pero cierto), que se hace está haciendo de oro, puesto que no deja de servir comida a los uniformados trabajadores y trabajadoras de los casinos. Al lado, una chavala de mirada perdida y entrañable, vende una especie de rollitos de primavera con ensalada. Más a la izquierda sigue habiendo calles, pero son barrizales y vertederos llenos de basura (alguna la están quemando), con viviendas prefabricas de chapa y las ratas correteando entre las gallinas y los niños. Estos, como siempre en Asia, no pierden la sonrisa y la curiosidad y nos saludan efusivamente. Esperemos que tanta humareda procedente de las basuras quemadas, ahuyente también a los mosquitos de la malaria. Poipet (Camboya)Y es que Poipet era una zona selvática de malaria endémica, hasta que Tailandia prohibió el juego en su territorio. Al abrigo de esta frontera, que no era ni de tránsito de personas, Camboya albergó los casinos. Muchos pobres procedentes de las zonas rurales del país, creyeron que aquí iban a encontrar el dorado y lo que finalmente hallaron, fue una miseria mayor que la que habían vivido. Ahora esta localidad se divide en dos: A un lado, los casinos de las llamadas Las Vegas camboyanas. Al otro, la miseria más absoluta que vimos jamás (no hemos estado en el África Negra). Por si acaso queda algún anófeles suelto de aquellas épocas pasadas, decidimos recogernos pronto. La mosquitera de la habitación está rota por un par de sitios y encaja mal, así que tenemos que dedicar media hora a ajustarla y tapar los huecos con pelotitas de papel higiénico. Nos damos cuenta de que vamos a dormir en la habitación del aire: Un ventilador en el techo, un extractor en la pared, un aparato de aire acondicionado y un ventilador de pie (que por cierto, es el único que funciona). ¿Por qué nos gustará tanto a los viajeros fotografiar la miseria?. ¿Es por morbo o por qué tal vez todos tengamos cierto espíritu de reporteros?. ¿O es tal vez para tener constancia de que realmente la vimos y de que esas situaciones no las hemos soñado?, ¿O es un poco de todo?...
CAMINO DE…. CUALQUIER PARTE Nos levantamos temprano. Seguimos reflexionando sobre todo lo que nos ocurrió ayer. No sabemos si fue real o ha sido fruto de una pesadilla nocturna. Al menos, parece que con las medidas adoptadas por la tarde, no nos han picado los mosquitos. Queremos tomar un autobús hasta la capital por 25.000 rieles, pero al llegar a donde presuntamente parte, constatamos que no existe. Y todo después de haber andado cuarto de hora. Son las seis y cuarto y no hay nadie por la calle, ni siquiera en moto. Llegamos hasta otro punto donde nos prometieron que había uno a las siete, por 30.000. TampocoCon cierta desesperación, nos acercamos entonces a la estación de autobuses en la que preguntamos ayer. Constatamos que más que una terminal, es una merienda de negros (en sentido literal): Primero esquivamos a los habituales plastas, que nos quieren ofrecer de todo. Como no los habíamos visto antes, pensábamos que estaban dormidos, pero no, estaban todos aquí. No hay boleterías, sino mesas puestas sobre el arenoso suelo. Paramos en la primera. Cuatro comisionistas nos rodean, pero dos de ellos son desplazados por dos corpulentas señoras, que con un niño en brazos vienen a pedirnos dinero. Las mandamos a hacer gárgaras y negociamos con los intermediarios: 10 dólares a Phnom Phen. No hay bus a Siem Reap. Aceptamos. Poipet (Camboya) Nos dicen que hay que pagar en la moneda americana. Aceptamos también. Pero la cosa se tuerce, porque nos quiere dar la vuelta en rieles. Entonces le decimos que no, que para eso le pagamos en rieles nosotros directamente. Uno dice que vale, pero que para eso tenemos que cambiar nuestros dólares a rieles a una chavala amiga suya que se ha puesto justo detrás. ¿Os ocurrió alguna vez algo tan absurdo?. Absurdo, sí. Pero siempre pretenden lo mismo: Abrumarte y no dejarte pensar. |