losviajesdeeva

Sudeste Asiático/26


            Llueve toda la noche y casi todo el día siguiente sigue ere que erre. A veces lo hace con fuerza, otras en forma de niebla meona y eso hace que lo que ayer era un calor descomunal, hoy a ratos nos obligue a ponernos el polar.

 

 

           Salimos a la calle sobre las nueve de la mañana. No hay nadie. Anoche todo estaba lleno de guiris y ahora parece que se los hubiera tragado la tierra. O tal vez las sábanas hasta la hora de comer, porque anoche había bastantes que iban pasados de copas..

 

            La calle principal, Sisa Vangvong tiene doble personalidad. Por el día, es una sucesión de templos, monumentos y restaurantes formales. Por la noche, con el mercado nocturno, se transforma y hasta los locales se vuelven más golfos (¡¡sin pensar mal, eh!!). Es tanta la diferencia, que somos incapaces de identificar el sitio donde habíamos cenado anoche.

 Luang Prabang (Laos)

            De hecho y a casi cada hora del día, los paseos son diferentes, porque los puestos van cambiando y con ellos la decoración. La misma señora que por la mañana te hace bocadillos de atún, jamón o quesitos de la vaca que ríe (los hay en todos los países del sudeste asiático), por la tarde solo ofrece diferentes tipos de hamburguesas y perritos en su puesto.

                                         

            Las vistas sobre el río Mekong son impresionantes en Luang Prabang. La ladera en la que estamos, está poblada de una poderosa vegetación, que irradia constante humedad, que al juntarse con la niebla meona, hace que casi nos estén empezando a salir champiñones en la piel. Esperemos que esta humedad no sea buena para el crecimiento de las almorranas, que siguen amargándome la existencia y ya van unos cuantos días.

 

            En el Mkong circulan grandes barcazas. Nos llama la atención que la misma gente que se monta en ellas descalza, metiendo los pies en unas aguas que fácilmente transmiten parásitos –según hemos leído-, es la que luego va con el casco de la moto a todas partes.

 

            Luang Prabang es el lugar más turístico de Laos –aunque por el día no se note mucho-, pero de todas formas, creo que son demasiados los que quieren vivir de él y no hay para todos. Lo digo sus diferente vertientes: Guest houeses, restaurantes, agencias que venden excursiones, tutukeros… Por  cierto, estos últimos son algo pesados aquí, más que por persistentes, por haber tantos. Y como todos se te ofrecen...

 

            Los precios de las excursiones son caros. Medio día a las cercanas cuevas sale por 70.000 kips y si se pretende añadirle las cataratas para hacer una de día completo, la broma se pone en 200.000. Así que hemos decidido que prescindiremos de esos tours y mañana tomaremos rumbo a Vang Vieng.

 

            El colmo de los colmos es un trekking guiado en bicicleta, que cuesta 25 USD. ¡¡Es que ese mismo trekking si alquilas por tu

cuenta la bici te vale la décima parte y nadie te tiene porque llevar al ritmo qu él quiera!!. Pero es que a algunos guiris les tienen que poner hasta los pies en los pedales.

 

            Otros precios que ofrecen las agencias desde aquí son:

 

            -Autobús a Vang Vieng: 115.000 kips.

            -Autobús express a Vang Vieng: 105.000 kips

            -Bus vip al mismo lugar 135.000 kips.

                                                                      Luang Prabang (Laos)

            Merece la pena comprar los billetes en la estación, donde nosotros pagamos solo 95.000 kips para llegar hasta Vang Vieng. Y si lo que se quiere es hacer el recorrido a las cuevas y a la catarata, sale más barato rentar un tuk tuk. A nosotros nos pidieron 120.000 kips a los dos por hacer ambas excursiones –están en direcciones diferentes-, aunque seguro que es mucho más bonito hacerlo en barco, que es como lo ofertan las agencias.

 

            Monumentalmente, Luang Prabang da para un día completo. Saliendo desde la zona de las guests houeses a la calle principal, hay dos templos: Wat Ho Siang y Wat Pha Hammatthat. Siguiendo hacia delante hay muchos más. A unos se entra por la ropia calle y a otros, por las más estrechas de atrás. Uno de los más importantes es el Wat Xieng Thong, al que se accede desde el paseo que hay al lado del río o por la parte final de la calle principal. Hay que pagar 20.000 kips por entrar, pero basta con esperar a las seis de la tarde –todavía es de día-, hora en que recogen los puntos móviles de pago de las puertas y los podréis ver solos con toda tranquilidad. De verdad que merece la pena, porque es un conjunto magnífico.

 

            Otro templo importante, que posee un gong de madera, es Wat Khici y en frente está el Wat Siri Hung Khung.. También destaca el Palacio Real (hoy museo), que tiene al lado el teatro del Balet Real y un bello templo, dentro de sus murallas.

 

            En Luang Prabang se hace necesario echar un vistazo a varias cartas, antes de decidirse a comer, porque aunque en todos los restaurantes sirven casi lo mismo, los precios de unos a otros, se suelen multiplicar por cuatro (el arroz frito, por ejemplo, lo hemos visto desde 13.000 a 48.000 kips). Comemos en uno de los más baratos y aunque los platos de arroz frito con pollo y cerdo y la ternera con vegetales a la plancha no están guisados con maestría (más bien con sosería), nunca  -ni antes ni después- comeríamos en todo el sudeste asiático un arroz con tan generosos trozos de carne.

 

 

           Lo curioso, es que están más llenos los locales más caros. ¡¡Estos guiris son estúpidos!!.  Antes de acabar este relato, tengo que dedicar un espacio a hablar de dos perfiles muy típicos y que todos hemos encontrado en nuestros viajes: El guiri tonto y el jostelero. Se que en el segundo caso, me van a llover las críticas, pero me da igual, porque soy libre de opinar lo que quiera, mientras no insulte a nadie.

 

            Podríamos decir, que Luang Prabang es una calle bien larga, que luego gira a la izquierda, para dejar el río a su lado derecho. Las casas se terminan, pero cuando parece que se ha acabado la ciudad, aparecen nuevos bloque. En esta zona, nada turística, también hay restaurantes, pero aquí predominan los de cocina francesa. Fuera de esa zona, solo quedan templos, salpicados por el resto de su superficie.

  Luang Prabang (Laos)

            La tarde la pasamos viendo más templos (hay para dar y tomar) y refugiándonos de la intensa  lluvia, que por momentos cae. Tenemos los pies empapados y la humedad bien traspasa ya los huesos.

                                        

            Al igual que hemos hecho con el Wat Xiang Thong, nos hemos esperado a más de las seis para visitar el templo de la colina y así, ahorrarnos los 20.000 kips de la entrada. Cuando llegamos hasta arriba, después de subir un montón de escaleras, está atardeciendo. El templo no vale mucho la pena y menos, si hay que pagarlo, aunque las vistas de Luang Prabang y sobre el río Mekong, deben ser impresionantes. Y digo deben, porque la espesa niebla, solo nos deja intuirlo. Bajamos de noche y tan campantes. Si esto fuera un cerro de Sudamérica y a estas horas, ya estaríamos cosidos a navajazos

 

            Nada más bajar nos encontramos a Eloy y a David y nos vamos a tomar unas cervezas con ellos. No tienen buena cara y es que anoche estuvieron cerrando los bares de Luang Prabang con unas holandesas. Charlamos sobre su viaje y los nuestros. Nos atrae todo lo que nos cuentan de China, aunque lo que más nos llama la atención es que una misma frase en chino, signifique distintas cosas, depende de con cual de las cuatro o cinco entonaciones existentes sea dicha. Ellos más o menos, con su diccionario español chino, ya se manejan para pedir una habitación o un plato de arroz frito.

 

            Otra de las conversaciones que casi siempre acaban surgiendo cuando hay encuentros con compatriotas, es si tomas medicación anti malaria. Como bien sabéis, nosotros en esta ocasión, habíamos decidido no tomarla. Ellos sí, aunque David, el mayor, dice que el año pasado estuvo por aquí tres meses y no tomó nada, al igual que la mayoría de la gente a la que unos y otros hemos preguntado.

 

            Es curioso que tomen medicación anti malaria y que luego, según nos han contado, se hayan bañado en el Mekong, río que tiene peligro de transmitir esquistosomiasis y otras enfermedades. Pero  según Eloy, basta con limpiarse los oídos al salir. Y también comen en todos los puestos que se les ponen de por medio, estén muy hechas o no las viandas. Y pretenden hacer tubbing en Vang Vieng, actividad no muy recomendable, con cuya práctica no es difícil ahogarse.

 

            Nos vamos a dar una vuelta por el mercado, nos despedimos de ellos y a la media hora, los volvemos a encontrar. Son unos

chicos encantadores y divertidos, aunque con un ritmo de viaje y gustos diferentes a los nuestros. Damos la última vuelta por el mercado de comidas

 

            Por la mañana, también habíamos visto un mercado diurno muy colorido y con mucho más encanto que el de por la noche. En este, los puestos están en el suelo, entre los charcos. Solo los más privilegiados tienen un mostrador. A pesar de que muchos venden lo mismo, no compiten entre ellos. Parece que lo importante no fuera vender y que bastara con intentarlo

 

            También hemos visto por la calle principal a ingenuas niñas vendiendo llaveros, muñecas o dulces en pequeñas cestas, acercándose al turista y diciéndole con dulzura “buy somethihg” (compra algo). La ternura y la rabia (porque tengan que llevar esa vida), inspiran un sentimiento que no es fácil de describir.                  Luang Prabang (Laos)

 

            Antes de regresar al hotel, nos volvemos q encontrar con el malayo de ayer, que también ha ido a parar allí. ¡Qué hombre tan simpático!. Empezamos a tener calro, que no volaremos desde Vientiane a Kuala Lumpur. Vamos a ir, a través de Tailandia, a Camboya por vía terrestre.  

 

 

CAMINO DE VANG VIENG

 

            Comienza el día 22 de viaje -17 de julio de 2.008, según el calendario- y a las ocho, cuando nos hemos levantado, no imaginábamos que iba  a dar tanto de sí. Nuestro destino, Vang Vieng.

 

            Como en las agencias no ponen los horarios d los buses locales, no sabemos cuando tocará esperar. Tomamos un tuk tuk a la estación (20.000 kips, los dos) y cuando llegamos, resulta que el último acaba de salir hace un cuarto de hora. En media hay otro, pero es servicio vip (baño, agua fría y comida en un pueblo) por 30.000 kips más, aunque está completo  Da igual, tampoco lo hubiéramos escogido. Tocará esperar hasta las 11.

 

 

           Lo de los kips es un desbarajuste. El billete más pequeño es de 1.000 (unos 8 céntimos) y el más grande de 50.000 (unos 4€), así que, imaginaos que carterón hay que llevar encima . Creo que si lo vendes al peso, se podría sacar más, sino fuera porque algunos están tan viejos, que da hasta grima tenerlos en la mano. Monedas no hay )o al menos, los guiris ni las vemos).

 

            Cruzamos enfrente. Hay un pequeño mercado, en el que predomina la ropa. No hay apenas clientes. Llueve y llueve y lleva así toda la noche, por lo que en un país donde el asfaltado llano no es muy frecuente, hay regateras y charcos a cada paso. Eso, por no decir los torrentes que caen desde todas las esquinas de los toldos de los puestos. Los dueños colocan cubos para recoger  el agua. ¿Con qué fines?. Ni idea.

 Camino de Vang Vieng (Laos)

            Para volver a la estación, nos tenemos que mojar si o no, porque no para y el bus se va. En el lado de enfrente hay una valla publicitaria con el rostro de una bella mujer. Cerca de su frente, un montón de avispas han hecho un amenazante avispero, que esta a punto de invadir  uno de sus ojos.

 

            El bus sale puntual. A pesar de llevar 20 años viajando, no es la de hoy, ni la primera, ni la última vez que nos montamos sin agua y comida, pensando que el bus parará tras dos o tres horas. Ni que decir tiene, que no es una buena idea. En el vehículo van bastantes extranjeros.

 

            A la hora y media, nos paran a mear, ¡¡al borde de un terraplén!!. Muchas mujeres se abstienen y no me extraña. Además, llueve a cántaros, así que mejor, (en caso de extrema necesidad) orinarse en el asiento. Porque el bus tiene baño, pero va cerrado y nadie se queja. Nosotros peleamos tanto por este tema en Sudamérica y Centroamérica, que ya no tenemos fuerza.

 

            Llevamos cuatro horas de viaje, son las tres y este tío no parece que tenga intención de parar a comer y eso que acabamos de pasar por un pueblo bastante grande. En casi todo el mundo en vías de desarrollo, los buses suelen parar a comer cuando el conductor tiene hambre y a este cabrón, le han debido poner a dieta. ¡O se comió una vaca antes de salir!.

 

            Llevamos viendo de camino, bastantes desprendimientos de tierra, árboles y matorrales y a las 15,08, quedamos atrapados por el definitivo. Acaba de ocurrir, porque solo hay tres camiones y cuatro coches delante de nosotros. Una masa de tierra, árboles pequeños y restos vegetales arrancados de cuajo, de unos 50 metros de longitud, bloquea la carretera en ambos sentidos. En el exterior además, hay un enorme precipicio. La intensa lluvia esta desplazando la tierra a los lados y en el medio se está formando un lago artificial impresionante.

 

            15,15 horas: Dos guiris se han remangado los pantalones y han llegado, junto a otro par de lugareños, hasta el corazón del derrumbe. Intentan mover ramas y arbustos, con escaso éxito. El agua les llega casi por la cintura Tras el visionado de este escenario, empiezo a pensar que hoy dormiremos aquí (sin comida y sin bebida). Lo de la cma, ya es lo de menos..

 

            15:,28 horas: Ahora ya son unas 12 personas las que intentan despejar el camino, dado que se han acercado algunos lugareños residentes en las inmediaciones. Han traído herramienta como azadas, machetes y otros utensilios. Como en cualquier obra en España, somos cinco veces más los que están currando, que los que estamos mirando –y fotografiando-.

 

            16,05 horas: Han conseguido despejar los arbustos y ramas más pequeños, pero al derrumbe se ha ido añadiendo más tierra y agua, fruto de otros pequeños desprendimientos y de que no deja de llover.

 

            16,31 horas: Justo al lado de donde está aparcado nuestro autobús, con la mayoría de pasajeros dentro, se produce otro desprendimiento, que a punto está de llevárselo a rastras a un precipicio. Se ha  formado una especie de catarata (¡y luego pagamos por ir a ver otras!), que amenaza con llevárselo todo.

 

            17,01: Llega la intendencia. ¡¡Ya era hora!!. Una lugareña viene cargada de piñas. La chavala es bien honrada, porque las vende a su precio normal, cuando en esta situación podría haberlas sacado al mercado a cuatr

o o cinco veces más. Compramos tres y nos las zampamos en un plis plas. Llega la madre, que ahora viene con más piñas -ya se han acabado-, plátanos, galletas, refrescos y patatas fritas. Madre e hija son tan serviciales, que incluso te pelan las piñas sin coste adicional.

 

            17,46 horas (casi tres después del derrumbe): Llegan dos camiones paleolíticos del ministerio del ramo y una persona con

uniforme, que se pone al mando de las ¿operaciones?.

                                                        Camino de Vang Vieng (Laos)

            La técnica, propia de las más avanzadas tecnologías del siglo XXI, consiste en que uno de los camiones se mete en el barro hasta que se atranca y cuando esto ocurre, el otro, al que va atado, tira para atrás hasta sacarlo. En ese momento, los voluntarios lugareños –ya no los guiris- meten sus palas para sacar la tierra del sendero abierto. Así, una y otra vez. En estos momentos, la cola de vehículos de nuestro lado de la carretera debe ser ya de unos dos kilómetros, según comentan. Los guiris contribuimos, como no, inmortalizando los acontecimientos.



<   26   >