Volvemos por el mismo camino. Nos hemos pegado una paliza estupenda y casi hemos visto Chiang Mai en una tarde. De las numerosas cosas que circulan por la calle, atrae nuestra atención los puestos de fruta motorizados y con un fluorescente. Hemos tenido que esperar al día 13 de viaje para levantarnos sin despertador, pero aún así, cuando bajamos, no hay casi nadie en las calles. Parece normal que aquí se viva de noche y en los mercados nocturnos, porque el calor de día es insoportable.Comenzamos la jornada visitando un mercado muy típico que viene en la guía, que es de comida y bebida, fundamentalmente y luego, recorremos otro, junto al río y al puente peatonal, que es algo más cutre. De camino, vamos viendo todos los templos que nos vamos encontrando, que no son pocos. Desandamos lo andado y nos vamos a la estación de autobuses, que está algo más céntrica (no la de ayer). Queremos saber si desde ella hay servicios a Lampang, lugar que hemos decidido visitar mañana. Pero después de andar más de media hora, constatamos que desde allí solo hay transportes a localidades del entorno de Chiang Mai. Así que por no ir a preguntar a la lejana estación de ayer, decidimos que iremos en tren. Chiang Mai (Tailandia)Seguimos sin encontrar supermercados, pero hallamos una tienda de alcohol, por lo que nos abastecemos de vodka ruso. Eso es lo que pone en la etiquete, pero por supuesto, ni es vodka, ni es ruso y como todo aquí, procede del maldito arroz. Seguimos viendo templos y más templos antes de comer. Pareciera que quisiéramos batir esta categoría en el libro de los records. No está mal sentarse de vez en cuando a la sombra en sus patios y disfrutar de la quietud y del tímido frescor. Comemos lo de siempre y decidimos ir andando a la estación de tren, para ver los horarios. Es poco más de media hora, pero se nos hace eterno, porque el calor aprieta de lo lindo. Nos hemos ahorrado el tuk tuk, pero es posible que hayamos gastado casi lo mismo en agua mineral. Aprovechamos cualquier tienda con aire acondicionado para entrar a echar un vistazo. El calor va bajando y la vuelta se hace mucho más llevadera Entramos en un cíber. El objetivo es certificar definitivamente, que podemos obtener la visa de Laos en la frontera de Huay Xai. Contrastamos la información en varios foros y efectivamente, se puede. Menos mal. Recibimos noticias alucinantes desde el trabajo, que no viene al caso contar. Pero que conste. Volvemos al mercado nocturno, que hoy recorremos con más tranquilidad. Nos da tiempo incluso a picar algo en un patio de comidas, donde al menos hay cuatro o cinco cosas que sabemos lo que son y no como de costumbre. Decidimos, que los mercados que conocemos en el mundo, se pueden dividir en tres: -Sudamérica y Centroamérica: Vendedores gritones y agresivos. Chiang Mai (Tailandia)-Países árabes: Vendedores gritones, pero simpáticos (a veces incluso demasiado). -Sudeste asiático (aunque con matices, porque en Indonesia no son así): Tranquilos, mables y sonrientes En los mercados de productos frescss que hemos visto esta mañana, todo tiene muy buena pinta, a pesar de no haber cámaras. ¿Venderán complero el género en el día?. ¿Lo tirarán?, ¿Se lo comen?. ¿Le inyectan el bálsamo de la eterna juventud?. Tal como lo disfrazan todo, no me extrañaría que se tratara de esto último.
LAMPANG Nuevo madrugón y corriendo hasta la estación de trenes para tomar el tren a Lampang (23 bahts, en tercera clase). El personal es muy amable, como siempre: Te explican lo que haga falta, te acompañan al tren…, pero a la hora de resolver problemas imprevistos se bloquean. La improvisación, ciertamente, no es el fuerte de los tailandeses. Pero la amabilidad es tal, que después de llevar ya cinco minutos de viaje, el tren se da la vuelta a recoger a dos gringas gorditas, que estaban desayunando y no se han dado cuenta de la salida (posteriormente y en el camino, vuelven a desayunar, al comprar arroz con pollo a una vendedora ambulante).El tren es incómodo y viaja poco pasaje, aunque si hay algunos guiris, además de las gringas y nosotros. Un perro gruñón hace aquí el papel de molestia, que los bebes llorones hacían en Sudamérica y Centroamérica. El paisaje es tan tupido como de costumbre. Llegamos con veinticinco minutos de retraso, lo que para tratarse de tren en Tailandia no es mucho, aunque sea un trayecto tan corto. Esta ciudad es muy rara. Parece que la estación esté en el centro, pero enseguida sales a las afueras y tardas un buen rato en llegar a lo que es el centro real. Se hace un lugar muy pesado para recorrer andando Lampnag (Tailandia)Se pone a llover. Hacía mucho. Es solamente un fuerte, pero breve aguacero. Nos hemos refugiado en el porche de una guest house y el propietario, siguiendo con esa deliciosa amabilidad, se ha molestado en traernos dos sillas, desde más de veinte metros. La dispersión reinante en Lampang, afecta también a sus templos. Los más importantes son el Wat Si Rong Meuang, el Wat Si Chum y el Wat Phra Kaen Dom Tao. Este último, que parece ser muy emblemático, tampoco es para tanto. Mejor el anterior. De nuevo –y ya van unos cuantos días- hoy también toca comer en el Seven Eleven. Estábamos decididos a zambullirnos en un sitio de gastronomía local, que parecía un poco por encima de la media y donde el pollo, tenía pinta de pollo. Pero estaban tan lejos los templos, que se ha hecho muy tarde, Se nota que los Seven Eleven funcionan, porque, solamente en Lampang, están de obras en dos locales para abrir nuevas sucursales. Vemos otro par de bonitos templos que no vienen ni en la guía y que encontramos por pura casualidad, nos hacemos con un par de piñas en un pequeño mercado e iniciamos la larga vuelta Queremos ir con tiempo, porque ya no podemos esperar más y debemos hacer las fotos para los visados. Por la mañana hemos estado sondeando el mercado y lo más barato que hemos encontrado son 12 fotos por 100 bahts. Una señorita (para que digan que en Tailandia tor mundo er gueno), ha pretendido embaucarnos diciéndonos que para el visado de Laos se necesitaba una foto de tamaño gigante y que allí nos la hacían por 200 bahts. Pues no, mire usted, para el visado de Laos, como para todos los que yo he hecho al menos y son unos cuantos, vale con una foto de las de carné. Es desesperante. Veinte minutos con cada uno para hacer las fotos. ¡Ni que fueran para el casting de Operación Triunfo!. Nos coloca la cara, el pelo, nos hacen cambiar los gestos, hasta que conseguimos la cuadratura militar y marcial que desean. Y luego a retocar y retocar con el photo shop en el ordenador. Les hemos explicado tres veces que vamos a perder el tren, pero no parecen muy preocupados. Y todo para que al salir, nos demos cuentas de que el fondo de las fotos es azul y no blanco, por lo que en España no nos van a servir para ningún documento oficial. En fin, con que nos valgan para los visados de la zona ya nos conformamos (y, efectivamente, nos sirvieron para todos). No me extraña que el fotógrafo no estuviera preocupado por nuestro tren. Viene con hora y media de retraso y eso debe ser el pan nuestro de cada día. Nadie se enoja y todo el mundo se lo toma con naturalidad. Nadie informa de absolutamente nada, pero es que la gente tampoco lo demanda. Y cuando se nos ocurre sacar nuestro carácter latino, nos miran como cuando la vaca mira al tren. Y encima de venir con retraso, al ser un expreso vale 50 bahts, en vez de los 23 que hemos pagado por la mañana. A mi que me lo expliquen. Resulta que pago más del doble por ser un tren más veloz y la realidad es que viene con un retraso descomunal Visto lo visto, no tiene sentido seguir allí, discutiendo. Así que nos vamos a dar un paseo, ahora hacia el lado derecho de la estación, según se sale. A diez minutos hay un supermercado bastante grande y aprovechamos para comprar unas cuantas bandejas de fruta cortada, que nos zampamos según salimos. Lampnag (Tailandia)Las tiendas cierran bien pronto. No vive mal la gente aquí. A las cinco y media están todos en casa y las chapas de los comercios echadas. De retorno a la estación, constatamos nuevamente, la poca capacidad que tiene esta gente para improvisar, cuando surgen problemas. Finalmente, el tren llega dos horas tarde a la estación y dos tres a nuestro destino, porque a pesar de ser un expreso, es más lento que el de por la mañana y además, hemos tenido que parar más de media hora, porque hemos estado a punto de atropellar a alguien. Eso sí, es bastante confortable y nos han servido un zumo. ¡¡A ver si se creen que lo van a arreglar con eso!!. Cuando ponemos los pies en la estación de Chiang Mai son las once de la noche. Habíamos pensado reclamar la devolución del importe del billete, pero ya no tenemos fuerza. Iniciamos la larga vuelta hasta el hotel. Es la cuarta vez que hacemos este camino. En las tres anteriores –a las cuatro y a las seis de la tarde y a las ocho de la mañana- las calles estaban desiertas. Ahora están abarrotadas y los chiringuitos de comida operan casi sin dar a vasto con la demanda. Aquí la gente vive de noche y no es de extrañar, porque es cuando se puede respirar. Cuando llegamos al hotel son cerca de las doce. No hay tiempo para más. Ni siquiera para dar un paseo por nuestro querido mercado nocturno. Desde Chiang Mai, las agencias ofrecen diversas excursiones por los alrededores: Visitar las tribus cuesta 1.200 bahts y un día de tour en elefante sale por 900. CHIANG RAI
Madrugamos nuevamente –no sé para que lo pongo, si casi se supone- y tomamos un refrescante tuk tuk a la estación de Arcade , con la misma tarifa que nos costó venir y sin problemas. Nuestro objetivo hoy, es llegar hasta Chiang Rai. La tarifa es de 106 bahts sin aire acondicionado y 191 con él. Creo que no hace mucha falta aclarar cual tomamos.El autobús es viejo y tiene los asientos modelo espartano asiático, además de destrozados. ¡Cada día vamos a peor!. Se queda clavado en todas las cuestas, por pequeñas que sean y hay bastantes. No deberían clasificarlos como con aire o sin aire acondicionado, sino como cacharros y supercacharros. Así la gente se haría una idea más clara de donde va a viajar, lo que ayuda a elegir. Menos mal que por lo menos, no tarda ni un minuto más de las tres horas y media que nos habían dicho. Chiang Rai (Tailandia)Los equipajes, los tenemos que llevar encima, porque no hay sitio en la pequeña bodega. En el autobús van unos cuantos españoles gama “jostel” (no me reprimiré en algún momento de este relato a hacer una exposición de lo que es una persona gama “jostel”, a pesar de que me lluevan las críticas). No sé si es un golpe de calor, una bajada de glucosa o yo que sé, pero al bajar del autobús me siento fatal y sin fuerzas. Estoy a punto de caer al suelo en redondo y no tengo fuerzas ni para estar sentada. Solo ingiriendo bastante líquido y fruta logro salir del atolladero. ¡¡Que poco valoramos la salud cuando la tenemos!!. Nos ponemos en marcha. Aquí cuesta más encontrar alojamiento económico, pero finalmente reparamos en una especie de bungaloes, que aunque algo básicos, al menos son tranquilos y están rodeados de vegetación, casi en pleno centro de la ciudad. Se trata del hotel Baan Bua, en la calle Jet Zot y los 200 bahts que nos piden por la doble con baño (con cisterna) suponen un precio muy razonable. Aunque como estamos en el campo, pues por la tarde tocará cacería: 3 cucarachas, dos saltamontes gigantes y una asquerosa cosa negra sin identificar, pero con muchas patas. Comemos donde siempre y lo de casi siempre y decidimos hacer un receso en la habitación. El calor es muy intenso y yo no estoy del todo recuperada. De repente –vaya día-, los dos sentimos retortijones. Algo de la comida nos ha sentado mal. Sin dar más detalles, en ese momento se empezaron a fraguar las almorranas que me amargaron la existencia durante bastantes días en Laos. Visitamos la ciudad. Es recogida y tiene cierto encanto provinciano. Algunos templos son muy interesantes, como el Wat Jet Yot (con su buda gigante y dorado). Pero a mi modo de ver, lo que más enamora de esta ciudad son su mercado diurno y el nocturno. Aquí hay muchos menos turistas que en Chiang Mai. A estas alturas –y es normal-, estamos ya algo saturados de templos budistas, aunque nos encantan. En la comparación con lo que son los templos cristianos, parecen un poco de juguete y sin boato. Además, les falta el solemne componente de la antigüedad. La catedral de León, por ejemplo, transmite que por sus piedras ha pasado la savia de la historia. Cuando ves un templo budista (incluso los antiguos de verdad), no es fácil discernir si tiene 20 años o 1.500. Chiang Rai (Tailandia)Para una mente occidental como la nuestra, los templos y las ofrendas también pueden parecer algo infantiles, aunque tras filosofar bastante, lo que acabamos concluyendo es que quizás el budismo de menos trascendencia a las cosas y más libertad a sus fieles y de ahí la puesta en escena menos dramática. En fin. Conversaciones de barra de bar –en este caso, de agradable paseo vespertino-, de dos personas como nosotros, que no tienen demasiados conocimientos de budismo, pero si el ansia de saber. Lo que salta a la vista, es que esta religión es muy tolerante. Se nota en el rictus de la gente cuando entra en los templos (nada que ver con las iglesias cristianas). Y a nosotros hasta la fecha nadie no dijo nada, ni por tomar fotos de todo (incluidos monjes), ni por incluso beber cerveza en las escaleras de un templo Y es que pasear por el alargado mercado diurno de frutas, verduras y comidas, donde cada vez hay más puestos, nos inspira y nos llena de ternura. Ver a las jovencísimas adolescentes sentadas en el suelo al lado de su puesto y con una sonrisa, nos hace entrar en la comparación de cómo sus coetáneas españolas, teniendo diez veces más que ellas, muestran menos felicidad. Si algo nos está gustando de esta zona del planeta, más que las propias atracciones turísticas, es que nos está haciendo pensar mucho y cambiar algunas de las premisas que habían guiado nuestra vida. Pero ni aún siendo reflexivos, conseguimos saber que son la mitad de las comidas que vemos en los tenderetes y eso que ya llevamos casi dos semanas en el país. La gente compra arroz envuelta en hojas que parecen de plátano y eligen alguno de los guisoteos, que les sirven en una hoja de plástico. No es que yo sea especialmente glamorosa, pero aún no me acabo de acostumbrar a ver comer de esta forma Chiang Rai (Tailandia) |