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Sudeste Asiático/22


      

     Luego comemos hamburguesas en el Seven Eleven y con toda la geta del mundo y ya que no lo controlan, me sirvo medio kilo de ensalada con cada una y dejamos casi vacíos los botes de las salsas. Si en los próximos meses vais a Tailandia y en estos establecimientos restringen o limitan la ensalada, podéis tranquilamente echarnos la culpa a nosotros. También los granizados nos los servimos con montañita, hasta que no cabe ni una gota más, pero eso lo hacen todos los niños del lugar. Así que cada palo, que aguante su vela. ¡Ay. No sé que vamos a comer el día que se acaben los Seven Eleven!.

 

            Nos vamos a ver otros dos templos, que están más alejados. Son bonitos, especialmente el que tiene como escalera una larga cola de dragón. Reposamos y meditamos un rato. No más de dos minutos, que tal esfuerzo agota bastante. Hace un calor irritante, lo cual no supone ninguna novedad. Al menos, parece que no va a llover. Aunque aquí se prepara en cinco minutos.

 Mae Hong Son (Tailandia)

            Ha llegado la hora de comparar precios para hacer mañana .la excursión a los poblados de las mujeres jirafa. 850, 950, 1.200 baths… Incluye Noi Soi y otros dos pueblos más, a los que se accede en barco. Nos quedamos con una de 500, que incluye Noi Soi solamente. Nos bastará para hacernos una idea. Parece caro, pero es que solo entrar en Noi Soi cuesta ¡¡¡250 bahts!!!. Lo mismo que en el Palacio Real de Bangkok. En fin, esperemos que la previsible turistada, no ofenda demasiado a la inteligencia.

 

            Las agencias ofrecen también excursiones de dos días, haciendo noche en algún poblado. Es caro.

 

            Los nuevos planes hacen que tengamos que reajustar los horarios de bus a Pai, pueblo trekkinero y hippie donde los haya, según la guía. Matamos el resto de la tarde dando vueltas por el pueblo. Alrededor del lago huele a gofre y han montado numerosos puestos que esta mañana no estaban. En unos venden comida, en otros recuerdos y artesanía. Nos hace gracia un sangtaew, cuyo techo lo han hecho en forma de lata de cerveza.

 

 

NOI SOI

 

            Como la excursión es personalizada, hemos decidido empezarla a las nueve, dado que nos dijeron ayer que en total llenaremos

entre tres y cuatro horas. Así tendremos tiempo para comer y tomar posteriormente el autobús a Pai, que sale a las cuatro de la tarde.

 

            El conductor y un elegante y nuevo coche nos están ya esperando. ¡¡Dios mío, ¿cuántos años tendrá este good driver??!!! ¿13?, ¿14?... No sabe nada inglés y con todo su atrevimiento, nos interroga a ver si nosotros sabemos thai. El chalal resulta bien salado y conduce de maravilla y en unos 50 minutos nos lleva hasta el poblado, tras haber cruzado por varias carreteras y caminos embarrados y con enormes charcos.

                                                                             Noi Soi (Tailandia)

            Casi al principio, nos ha parado en el puente en suspensión. Es un antiguo puente colgante que ya no está en uso (menos mal) y al que le faltan bastantes traviesas y otras están a punto de caer. Animados por el crío lo cruzamos, con más miedo que vergüenza y cuando estamos por la mitad y nos da lo mismo volver que seguir, nos damos cuenta de que estamos haciendo el gilipollas y que si caemos, a buen seguro. no podremos contarlo. Dado que estáis leyendo este relato, es obvio que conseguimos llegar sanos al otro lado.

 

            Nos deja a la entrada del poblado de esta tribu Karen y nos da dos horas para que nos movamos por nuestra cuenta.  El recinto es más pequeño de lo que pensábamos, pero mucho más auténtico. Somos los únicos turistas y el pueblo está en plena actividad cotidiana. Las mujeres haciendo sus faenas, cuidando a sus pequeños vástagos o delante de mesas con algunos objetos de artesanía local (que más bien parecen hechos en Taiwan y traídos aquí para su venta). Los niños, aprendiendo en la escuela. ¿Y los hombres?. Supongo que haciendo faenas fuera del pueblo, porque apenas se ve a ninguno? 

 

            Ha sido sorprendente. Nosotros esperábamos un Disneyworld y, no sé si por la época o porque este no es de los más turísticos, nos hemos encontrado una cosa bien distinta. Las mujeres se dejan fotografiar y no piden dinero a cambio, aunque de recibo parece comprar alguna cosilla a cambio, a las que venden algo.

 

            Las calles están sin asfaltar, las casas son de bambú o similar y paja y no hay cobertura de telefonía celular. Parece que los 250 bahts de la entrada no deben revertir directamente aquí. En la escuela los niños, divididos en pequeñas y oscuras aulas por edades, aprenden cantando. ¿Estarán con lo de ocho por uno, ocho; ocho por dos, dieciséis…?. Al fondo y tras la escuela se encuentra una iglesia católica.

 

           

Se habla más español que en Bangkok, ya que al menos saben pronunciar el verbo comprar en lengua patria. Una señora de 53 (la de la foto que aparece en la página principal junto al título de este relato) lo habla bastante bien. Nos cuenta que su hija, se desenvolvía incluso mejor, pero que murió y dejó solos a su marido y a su retoño. Pero ahora él se ha vuelto a casar. Procede de Birmania (Myanmar), mas lleva ya en la aldea 33 años.

 

            Me pone todo el kit girafa de guiri (el auténtico pesa seis kilos, para que nos hagamos una foto y a cambio le compramos una cosilla de no mucho valor). Ni siquiera la coca cola o la cerveza en el poblado son caras.

 

            El paseo, estirándolo mucho, dura poco más de una hora, así que en unas tres horas se hace toda la visita, de la que hemos salido bastante contentos.

  Noi Soi (Tailandia)

            Nos despedimos de nuestro imberbe conductor y matamos el tiempo paseando por la  zona del lago y del templo de la escalera en forma de cola de dragón. Comemos nuevamente hamburguesas spicy (que son de beicon y queso triturados, o eso dicen) y nuevamente, asaltamos el furgón de la ensalada.

 

 

PAI

 

            Tomamos el bus para Pai en hora (110 bahts). Es viejísimo, sucio e incómodo y en él, aparte de otros dos guiris, viaja toda ruraltailandia. Vemos un espectacular accidente de motos nada más salir. No es de extrañar, tal como circulan. Curvas, curvas y más curvas, entre constantes subidas y bajadas. El paisaje, nuevamente, demasiado frondoso para poder ser disfrutado.

 

            Hacemos dos paradas. Una de cinco minutos, porque al conductor le apetece comprar fruta en un lugar determinado y otra más larga, en un pequeño pueblo, donde hay más puestos y un pequeño supermercado 

 

            En tres horas y media estamos en Pai. Una de las mochilas está ardiendo, porque la han colocado junto al motor. Encontramos

alojamiento en frente de la misma parada de autobús. Se trata del Hotel Duang Guest House. La doble con baño nos cuesta 200 bahts. Es pequeña, pero al menos el baño tiene taza normal, aunque no cadena. Algo es algo. Cuando nos estamos registrando, vemos en la televisión que Nadal ha ganado a Federer en Wimblendon. ¡Joer, si no hace casi una semana que hemos vencido en la Euro.

 

            Los hoteles y las agencias organizan tours, muchos de ellos trekkineros, por los alrededores. Los más habituales, a la cueva Tham Lod y a una catarata. También circuitos hasta los poblados de las mujeres jirafa, algunos durmiendo allí. Hay más agencias que en Mae Hong Son, pero también más restaurantes y bares, algunos muy bien decorados. Y es que este lugar es superturístico. Supongo que una de las razones fundamentales, es porque la gente que no va en avión, no se molesta en dar toda la vuelta por el oeste como nosotros y accede a Pai desde Chiang Mai, para llegar más fácilmente a los poblados jirafa y a Mae Hong Son.

                                                                                                                                                                                    Pai (Tailandia)

            Después de toda la naturaleza que hemos visto en América, no tenemos intención de hacer excursiones desde aquí. Sentíamos curiosidad por conocer este sitio y francamente y como tal, nos ha decepcionado. Poco más que terrazas con guiris tripudos y despreocupados por vivir algo más auténtico, que tomarse unas jarras de cerveza y unas pizzas. Y hippies pocos. Eso debió de ser en otra época ya superada.

 

            Al ir a la cama, me doy cuenta de que he perdido 10 dólares. Es la primera vez que malogro dinero en mi vida. No recuerdo por qué, pero los tenía separados del resto del dinero y junto al pasaporte. Cuando los guardé así, ya pensé que se podían evaporar y que debía cambiarlos al otro bolsillo, pero no lo hice. Tirando de memoria, creo que el hecho se debió producir al sacar el pasaporte en el alojamiento de Ayuthaya. ¡Descansen en paz!.

 

            Pai por la mañana, es peor que por la noche, porque está casi todo cerrado y no hay luces, colores, olores y ambiente. Y se ven más todos los defectos. Por ejemplo los de los descuidados templos. Eso sí, tiene un enorme hospital –para lo que es su población- y en el Seven Eleven, venden cerveza antes de las 11. Es a esa hora a la que tomamos la furgoneta, que en tres horas nos debe poner en Chiang Mai (190 baths por persona).

 

 

CHIANG MAI


          

En el vehículo perdemos por uno: Somos cinco turistas y seis lugareños. El paisaje es poco visible por ser tupido y la carretera, tan curva y llena de desniveles como ayer. Se hace una parada de diez minutos, para que el conductor coma y los demás meemos. A última hora la carretera se vuelve recta, se convierte en autovía y el conductor le pisa fuerte hasta la estación de Chiang Mai. Hemos tardado tres horas exactas.

 

            La estación Arcade está muy alejada del centro. No hay transporte público, solo tuk tuks y sangtaews. Afortunadamente, las tarifas a los diferentes puntos están escritas y expuestas al público, así que no hay posibilidad de regatear, pero tampoco de que te engañen. Al centro son 80 bahts.

 

            Pero antes de ir, queremos comer algo y lo hacemos fatal, en una tienda 24 horas que hay en frente, a base de snacks de arroz (estamos ya hartos de los putos snacks de arroz) y sándwiches. Siempre ocurre lo mismo: Los que parecen dulces, efectivamente, son dulces. Pero es que los que parecen salados, también son dulces.

 

            Cogemos el tuk yuk al centro. Aquí en la estación, los tutukeros y los conductores de sangtaews son bastante pesados. Y los de las agencias de autobuses también. Viajar en tuk tuk es divertido y da sensación de libertad y frescor, al moverse el aire. En términos generales en Tailandia, los tutukeros no me parecen tan salvajes conduciendo y nunca nos trataron de llevar a lo largo de todo el viaje a ninguna tienda. Siempre a donde les dijimos, directamente. En realidad y para ser francos, si a un tutukero lo llevas de taxista a El Cairo o Luxor, a los tres días se ha cogido la baja por depresión,  por no tener clientes.

                                  Chiang Mai (Tailandia)

            Nos bajamos justo en una de las entradas de la muralla. ¡¡Por Dios que decepción!!. Si solo queda una pequeña parte, la puerta no tiene arco y no es nada del otro mundo. Nos comemos una hamburguesa en el Seven Eleven, con el fin de contrarrestar psicológicamente, la inesperada contrariedad.

 

            Al segundo intento y tras cruzar la puerta Tha Pnae y girar a la derecha por una estrecha calle, encontramos hotel. El mejor del viaje hasta el momento. Responde al nombre de D.N. House y la habitación tiene baño (el lavabo esta separado de la ducha y la taza, que es normal y con agua corriente) y televisión con canales de cable. Lujo asiático, para lo que hemos tenido hasta ahora. Además, muy bien de tamaño y por solo 200 bahts.

 

            A pesar de los baños y al menos hasta ahora, en Tailandia todas las habitaciones han tenido mosquitera, ventilador (cómo mínimo y no es para menos) y camas enormes (no son raras las de dos metros).

 

            Nos lanzamos a tumba abierta a ver Chiang Mai, ya que parece que por segundo día consecutivo no va a llover. Visitamos más de 15 templos, incluidos por supuesto, los tres importantes que vienen en la Lonely Planet: Wat Phra Singh, (al final de la calle principal y que hoy, al menos, está abarrotado de monjes), Wat Chedi Luang (con unos chedis con caras de elefantes en ruinas y Wat Opakhut (junto al río y con muchos muñecos de Disney).

 

             Dos chicos españoles hacen lo mismo y con idéntica guía y nos vamos encontrando en todos y cada uno de los templos. En esta ciudad hay un montón de Seven Eleven, pero casi ni un supermercado.

 

            Hay guiris a mansalva. Nos llaman la atención un par de ellos, que tienen toda la piel visible, absolutamente cubierta de granos. Y

claro, donde hay guiris siempre hay restaurantes a espuertas y bares de copas (algunos por cierto, con una música excelente).

 

            Centenares de monjes, con sus vivas túnicas naranjas, recorren toda la ciudad y abarrotan los templos. ¿Habrá alguna convención o similar?. Muchos de ellos son bastante jóvenes. En esta ciudad, uno se podría pasar semanas hasta ver todos los templos que hay, que si no recuerdo mal, son más de trescientos. Un perro me mordisquea las sandalias de los pies, mientras trato en un templo de hacer una fotografía a un pájaro de colores que está en una jaula y que termina picando el objetivo

                                                                     Chiang Mai (Tailandia)

            Cuando anochece, nos decidimos a ir al mercado nocturno. Para ello, salimos por la puerta de la muralla (en realidad no es puerta, porque no tiene arco, pero así nos entendemos), cruzamos la ancha calle, andamos un poco hacia la derecha y nos metemos por una a la izquierda. No tiene pérdida, porque ya en la misma esquina empiezan los bares de niñas, que jalean a cada hombre que pasa, vaya solo o acompañado. La verdad es que hay algunas realmente guapas.

 

            La calle en cuestión, se llama Loi Khro y tiene una doble vida. Cuenta con varios templos, que se pueden visitar por la mañana, cuando no hay ambiente, pero por la noche permanecen cerrados a cal y canto y son los garitos de niñas y los restaurantes los que toman el relevo del protagonismo (aquí si que los hay buenos, mucho mejores que en Bangkok).

 

            Más adelante, hay un macrocomplejo de perdición, donde más de una decena de establecimiento, uno al lado de otro, ofrecen la compañía de señoritas. Y finalmente, se llega al espectacular mercado nocturno, tras haber pasado varios centros de masajes, que por unos 200 bahts la hora, te dejan el cuerpo como nuevo.

 

            La parte del Night Market que da a la calle es como el de San Salvador, en El Salvador, por poner un ejemplo. Aquel en cutre y este en elegante, pero con la misma estructura: Estrechos senderos para atrapar a los compradores y varias filas de puestos. Aquí si que tratan de captar clientes y ofrecer la mercancía, aunque no de forma agresiva. Casi dos meses después, nos daríamos cuenta de que el mercado nocturno de Kuala Lumpur sigue la misma estructura.

 

            Y no contentos con esto, hay también centros comerciales (uno dedicado casi de forma exclusiva a la informática) y dos macrocentros de varias plantas, donde se vende prácticamente de todo (ropa, elegantes muebles, artesanía, joyas…). Hay cosas de calidad, buenos precios y las tiendas están montadas con gusto. Lo que falla son los clientes, que no son muchos. Y lo dicho: Ni un solo supermercado.

 

            Para facilitar las cosas, aunque no sea así exactamente, se puede resumir diciendo que hay un mercado nocturno que da a la calle y un bazar nocturno, el de los edificios –uno frente al otro- de varias plantas

Chiang Mai (Tailandia)

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