losviajesdeeva

Sudeste Asiático/21


            El paisaje es aburrido, apenas hay árboles, pero si, de vez en cuando, templos y budas gigantes. Comemos, bebemos cerveza,

dormimos… y el tiempo no pasa. Realmente es aburrido viajar por el día. Me pongo con la guía y empiezo a preparar el resto de Tailandia y las primeras etapas en Laos. Todavía no sabemos a ciencia cierta si podremos obtener el visado en la frontera de Hauy Xai, aunque creemos que si. ¡¡Que tranquilidad de autobús!!. Todos calladitos y el aire acondicionado es el justo (y cuando lo regulas, funciona)

 

            En cinco horas y media estamos en la terminal: nos deshacemos, no sin cierta dificultad, de un tutukero pesado y de una comisionista de una guest house, que nos ha pedido 350 bahts. Vamos andando. Son casi tres kilómetros.

                                                                        Sukhothai (Tailandia)

 

SUKHOTHAI

 

            Empezamos a buscar alojamiento y a la media hora constatamos que hay poco y es muy caro. Se hace de noche y sorpresa: Terminamos alojándonos en la Sukhotai guest house. Nada tendría de particular,  sino fuera porque al abrir la puerta, quien aparece es la misma mujer que nos había ofrecido alojamiento en la terminal. Aceptamos su precio con la cabeza gacha, dado que no hemos encontrado nada más económico. La habitación tiene baño, pero tampoco es para tirar cohetes. No tiene cadena en la taza del water, como la de ayer, por lo que hay que limpiarlo a base de cubos de agua o a jarrazos. Mucha plantita a la puerta, pero… La habitación más cara de todo Tailandia y ni de largo la mejor

 

            Damos una vuelta por el centro y nos zambullimos en el tan renombrado mercado nocturno, que más bien resulta ser muy poquita cosa. Al menos la zona de comidas es bastante higiénica. De todas formas, ¿Qué cabía esperar de una ciudad de 40.000 habitantes?.

 

            Visitamos un templo y de nuevo hay un entierro, pero al menos no tocan estresantes xilófonos como ayer. Lagarto, lagarto. A lo largo del día hemos seguido recibiendo numerosas felicitaciones por la victoria de España en la Euro.

 

            Nos pegamos un buen madrugón para ir a las ruinas, que componen el viejo Sukhothai. Tomamos contacto con un nuevo tipo de transporte, el sangtaew. Es como una especie de pequeña y rudimentaria camioneta abierta por detrás y con bancos de madera (a veces son simples tablas superpuestas) en los laterales. Es bastante aireado, pero para viajes largos es una tortura.

 

            En este trasto iremos a las ruinas, tras pagar 20 bahts, después de protestar sin éxito, porque en la parada pone que son 10. Se suben unos españoles con un niño. Son tan estirados, que ni nos saludan. Peor para ellos. El vehículo primero va en la otra dirección hasta la estación y luego vuelve para las ruinas, así que el trayecto total lleva media hora.

 

            Pagamos solamente por visitar la zona centro (40 bahts), que es la más interesante. Se pueden ir añadiendo el resto de las zonas –hasta un total de cinco-, a razón de 30 más por cada una. En este caso, recomendaría alquilar una bici, para poder abarcar todo en un mismo día. La entrada para todas las zonas cuesta 150 bahts. ¡¡Por Dios, que superahorro!!.

 

            Nos enfadamos enormemente con una vigilante de una caseta. En la entrada nos han dicho que podemos dejar allí las mochilas y ella lo niega. Sigue negando todo lo que lo explicamos y lo hace con una absurda sonrisa en los labios. Eso es lo que realmente nos pone de los nervios. ¿No la enseñaron que para negar hay que ponerse serio?,

 

            Al final conseguimos dejarlas en otro lugar cercano. Habíamos decidido llevarlas porque el hotel quedaba lejos de la parada  del sangtaew y así evitábamos hacer ese camino a la vuelta y nos podíamos marchar rápidamente a Mae Sot, nuestro siguiente destino.

 

            El calor es asfixiante. Las ruinas no están mal, pero salvo tres de ellas (Wat Mahathat, Wat Si Sawi y Wat Sa Si), el resto no están muy enteras. Nos gustaron más las de ayer, en Atuthaya. Eso si, están todas rodeadas de verde y bien cuidadas, los senderos son nuevos y están limpios y hay preciosos lagos, que ayudan a construir un entorno magnífico

 

            Salimos muy sedientos del recinto, después de dos horas de visita. Tomamos el transporte de regreso a Sukhothai. Si hubiéramos preguntado, habríamos ahorrado mucho tiempo, porque los autobuses a Mae Sot pasan por allí y no habríamos hecho el camino dos veces (y el canelo).

                                                Sukhothai (Tailandia)

 

CAMINO DE MAE SOT

 

            Al llegar a la terminal, malas noticias. No hay billetes en todo el día para Mae Sot, así que tendremos que ir a Tak (60 bahts) y de allí cambiar a Mae Sot. Hacemos el recorrido de pie –con mucha resignación- en un minibús. Ni una sola vez viajamos así en América y aquí casi al principio, el día 9. Una francesa protesta y consigue sentarse, gracias a que el ayudante del vehículo levanta a una inocente chica thai, que no tenía ni culpa ni pena. Matamos la hora y cuarto de camino comiendo papas fritas y bebiendo cerveza.

 

            Compramos el boleto para Mae Sot (78 bahts). Ahora se trata de una moderna furgoneta, que sale cuarto de hora antes de lo

previsto y casi nos quedamos en tierra. Encima, nos han tocado los sitios más incómodos, por subir los últimos. A los tres cuartos de hora empieza a salir agua caliente y humo por un lateral del vehículo. Tenemos que bajar. Nadie se altera, todos permanecen tranquilos y nosotros, pues que remedio.

 

            De nuevo la eficiencia tailandesa responde y aunque estamos en medio de la selva, en tres cuartos de hora hay un nuevo vehículo para llegar hasta Mae Sot. La teórica hora y tres cuartos de viaje, se ha convertido en dos horas y media. Hemos tenido también que detenernos en un control policíal. Han mirado la documentación a todos los thais y a nosotros no nos han pedido ni el pasaporte.

                                                                           Mae Sot (Tailandia)

 

MAE SOT

 

            Nada más bajar empieza a llover. Antes ya había caído un corto aguacero, que había empapado nuestras mochilas, que en la nueva furgoneta han ido sobre el techo. Menos mal que encontramos rápidamente alojamiento, al lado de la parada de buses. Se trata de la guest house See y está atendida por una simpatiquísima chica de rasgos birmanos. La habitación cuesta 150 bahts. Es pequeña, pero adecuada y el baño compartido es bastante nuevo.

 

            Este lugar es animado, con sus mercados de día y el nocturno (donde los puestos tienen muy bien conservados los alimentos en vitrinas), pero en las calles hay mucha agua acumulada y las alcantarillas apestan. Se nota la influencia birmana en los cuatro templos que vemos (tres son realmente magníficos) y en otros muchos aspectos de la vida cotidiana de la ciudad. No en vano, la frontera está a diez minutos en sagtaew desde aquí. De hecho –aunque esto es cambiante-, se puede cruzar sin visado solo a la localidad fronteriza durante un día, pagando 10 dólares.

 

            Hay muchas obras, que están bastante anegadas y llenas de barro. Y es que no para de llover. Así que, como otras tantas veces en esa situación, la única salida es ir al cíber. ¡¡Oh, Dios. Cada vez que tocas la pantalla del ordenador, te pega un fuerte calambrazo!!. Mensajes reconfortantes desde España.

 

 

           No entiendo la estructura de los supermercados de aquí, es muy extraña y sin criterio. Peor que un revoltijo chino. Esta ciudad es algo más cara que el resto de Tailandia (como un 10-15%).

 

            Hay un montón de motos, muchas veces con tres pasajeros subidos sobre ellas. Cuando llueve conducen con paraguas y sombrillas Y las chicas van sentadas de lado. Pero no solo las que visten falda, sino también las que llevan pantalones.

 

            Nos Levantamos temprano. Manos mal, no llueve. Queremos pasear por el mercado, que es magnífico y muy animado. También se nota la influencia birmana aquí, por lo que es mucho más alborotado que el resto de los que hemos visto en el país, aunque no hay gritos ni gestos gruesos.

 

            Hay muchas bicis y motos que circulan entre los puestos y bastantes hombres vestidos con túnica y con el típico gorro judío, en forma de plato. Algunos tienen un círculo amarillo pintado en la cara. La gente es aquí algo más morena.   Mae Sot (Tailandia)

 

            Hay también un enorme comedor, donde los lugareños ya desde primera hora, se atiborran a calduverios. Nos llaman la atención los enormes barreños con renacuajos y con ranas vivas y muertas, que la gente compra y se lleva en su jugo (en agua, claro) en bolsas. Hay vendedores de bichos fritos (saltamontes, escarabajos, grillos…). Todo es muy colorido, pero hay muchos mendigos pidiendo.

 

            Mandamos toda la compra del Seven Eleven a hacer gárgaras, porque como son las diez y media de la mañana, no nos han dejado comprar cerveza. La adquirimos sin problema en una tienda pequeña. Y es que el viaje hasta Mae Shariang va a ser largo y hay que ir preparados, aunque nos embarcamos en el sangtaew (200 bahts) sin comida. Buda proveerá.

 

 

CAMINO DE MAE SARIANG

 

            El cacharro va lleno de bultos y solo hay un pequeño hueco detrás para los pasajeros, donde además de nosotros, se sientan una coqueta chica y un chico nada hablador. Luego sube otro más animado, junto a un monje que se sienta delante, al lado del conductor, con mucho espacio para él solo. ¡¡Eso es favoritismo!!. Los dos hombres comen arroz: Primero lo amasan hasta formar pelotillas, que después untan en una espesa salsa con semillas. Uno también come una especie de pescado rebozado. La chica no come nada

 

            Más tarde suben dos señoras, una de ellas con muchas bolsas. Vamos como sardinas enlatadas. Paramos en un pueblo y al

grito de ¡“la tualette”!, nos indican que ha llegado el momento de hacer nuestras necesidades. Aprovechamos que hay puestos para proveernos de baratísimos snacks a discreción.

 

            La climatología cambia constantemente, las curvas aumentan, a medida que avanzamos y el paisaje es bonito, aunque demasiado frondoso. Viajar en este trasto es divertido y da sensación de libertad, pero con el paso de las horas empieza a cansar y el culo se te va quedando plano.

 

            Hay varios controles policiales a lo largo del camino, algunos a la americana, son vallas salteadas a ambos lados de la carretera. Pero a nosotros siguen sin pedirnos ninguna documentación

                                  Mae Sot, camino de Mae Sariang (Tailandia)

            Se van bajando todos y solo quedamos nosotros. El conductor se ha vuelto loco y no para de correr, justo desde que se ha bajado el monje. El paisaje montañoso va dejando paso a bellísimos campos de arroz, mientras, como cada tarde, empieza a llover en barrena.

 

 

MAE SARIANG

             

            Tenemos que permanecer un buen rato a cubierto, porque no deja de llover. Tomamos una habitación en un hotel cercano (se me olvidó apuntar el nombre y no lo recuerdo). Doble con baño (tampoco tiene cadena y deja bastante que desear), por 150 bahts. Lo de los baños en Tailandia es tremendo. Salvo en Turquía, creo que no los he visto peores en ninguna parte.

 

            Nos vamos en busca de algo para comer. No encontramos ni tiendas, ni restaurantes, ni Seven Elven… Solo cuatro o cinco puestos callejeros. En uno, venden una especie de brochetas impregnadas de salsa china. El vendedor asegura que es pollo, pero bien se ve que no, nada más comerlo. ¿Será perro?. ¿Será gato?. Sí, creo que lo segundo, dado la distancia de las vértebras de la pieza que me estoy comiendo. Se atisba diarrea a la vista. ¡Y mira que habíamos prometido no comer en los puestos!.  Afortunadamente, la cosa queda en un simple aviso.

 

            ¡¡Este pueblo es un asco!!. Y encima vuelve a llover. Malcomidos,  mojados y con los pies con más arrugas que unos garbanzos después de tres días de remojo. Primero nos refugiamos en un templo y luego, el plan B de cada tarde de lluvia, que últimamente son todas: Al cíber

 

 

           Sobre las ocho de la tarde nos recogemos. Estamos en el hotel de los contrastes. Por un lado, una cuidada recepción con una bonita pecera, llena de peces de colores. Por otro,  el maldito baño de la habitación. ¿Llegará aquí algún día la cisterna y la taza del water normal?. O te ponen un bonito vasito en la habitación para si tomas algo y se olvidan del rollo de papel higiénico. Menos mal que, como en todas las habitaciones hasta el momento, hay mosquitera y no tiene agujeros. Porque por esta zona hay algo de riesgo de malaria.

 

            Antes de meternos en la cama, tenemos que hacer frente con resultado de muerte para el insecto, a una libélula gigante

Mae Sariang (Tailandia)

 

MAE HONG SON

 

            Otro día más de madrugón, pero hoy más grande, puesto que el autobús a Mae Hong Son (106 bahts), sale a las siete de la mañana. Es puntual, espartano y va hasta la bandera. Aún así, me duermo casi todo el viaje y me pierdo el interesante, curvilíneo y verde paisaje. No he conocido a nadie que tenga tanta facilidad como yo, para dormirse en los autobuses por la mañana. Tardamos cuatro horas y cuarto en llegar a nuestro destino.

 

             La estación de Mae Hong Son esta bastante lejos del centro (una media hora andando). Tras preguntar horario para Pai, nuestro siguiente destino, nos vamos andando al centro. En esta ocasión no hay tutukeros pesados, pero si algún comisionista de guests houses. La que nos ofrecen con más insistencia tiene buena pinta, pero como no nos llevan y el pleno que dan no es claro, ni sabemos como llegar, así que nos ponemos a buscar al azar.

 

            Con esas premisas, lo normal era acabar en uno de nuestros hoteles, estilo decadente y con baño apestoso. Bueno, a decir verdad lo que es la habitación, no está mal del todo y poco más se pude pedir por 150 bahts.. Se trata del hotel Mae Tee, en la calle Khanlum Prapat. La mujer de la recepción, como otras tantas veces, no sabe ni papa de ingles. Ni siquiera “room” o “breakfast”. No hay mejor forma de entenderse que la voluntad y una calculadora.

 

            Mae Hong Son es una ciudad agradable y bonita, con un hermoso lago artificial, junto al que se sitúa un templo con una pagoda. Justo allí al lado, está la guest house que nos recomendaron y que tiene bastante mejor pinta que el hotel donde estamos.

 

            Paseamos por el mercado cubierto –algo cutre y oscuro- y por los puestos de afuera. Se vende fundamentalmente fruta, pero apenas hay clientes. Por aquello de contribuir a la causa, compramos unos ricos cacahuetes con especias y con unas hojas verdes que saben a limón. Poco contribuimos entonces, porque solo cuestan 5 bahts. Da igual todo lo que toquetees, porque nadie te va  a agobiar para que compres o para explicarte son ventajosas características sin igual.



<   21   >