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Sudeste Asiático/15


             Parece que en la cantidad de líquido que contiene la botella no engañan, pero si en la graduación (y no sé muy bien conforme a

que criterios). Pero te confías, porque has leído en la etiqueta del envase que determinada bebida tiene 32º y te pega un subidón mayor –tomando la misma cantidad- que una que asegura tener 39º. ¡¡Y con una y con la otra, el estado de tu cabeza al día siguiente será penoso!!. A mi alguna me llegó a dar incluso escalofríos, así que donde no encontramos cerveza, terminamos temiendo que prescindir del alcohol.

 

            Salvo en Malasia, donde fabrican un güisqui que es bastante pasable (a unos cinco euros la botella) y que podéis comprar en Kuala Lumpur en la tienda que está al lado del Seven Eleven de Chinatown y en Filipinas, donde por unos 80 céntimos de euro compras un ron de fabricación nacional bastante decente. ¡¡¡Viva la alcohólica cristiandad!!!.

                                                              Luang Prabang (Laos)      

           


LA HIGIENE DE LA COMIDA Y DE LA BEBIDA

 

            Guardando unas precauciones elementales y guiándose por el sentido común, el sudeste asiático nos parece una zona bastante segura para consumir comida y bebidas. De hecho y en nuestro caso, en tres meses y medio no padecimos ningún desarreglo intestinal ni diarrea.

 

            En general, todos los restaurantes económicos –salvo los que sirven calduverios en la calle, que en Tailandia ni siquiera suelen estar tapados- son seguros. Puede que las cocinas sean viejas (como ocurre con la mayoría de los baños incluso de restaurantes de cierto nivel), pero las que vimos siempre estaban bien limpias.

 

            También es seguro comer en los puestos de la calle que están agrupados en comedores o zonas/patios de comidas, si no se ven muchos animales merodeando el lugar. mientras se vea cierta rotación de clientes, que la comida es del día y siempre que se distinga claramente lo que es. Porque os pueden decir que se trata de pollo o ternera, pero eso no siempre será así en Tailandia o Camboya. Si abres el pote o ves la brocheta y no estás seguro de lo que es, lo mejor es abstenerse. No solo por salud, sino por no dañar al paladar.

 

 

           En cuanto a los puestos ambulantes, pues como siempre, hay que actuar con sentido común. En Malasia o Filipinas son seguros y en el Kaosan de Tailandia también. En Laos y Vietnam apenas los hay y en el resto de países se hace necesario extremar las precauciones, en especial con esas planchas en las que se ve a la legua, que pasan poco por los paños, el agua y el jabón. Después de viajar nueve meses por el mundo, no es difícil distinguir las planchas donde pone escrito cagalera (aunque no sea con letras) de las que no.

 

            Aunque no son tan frecuentes como en América, los puestos de fruta cortada y envasada que hay por la calle (por ejemplo, en Chinatown en Malasia) ofrecen totales garantías.

  Hoi An  (Vietnam)      

 

GUÏAS Y OFICINAS DE TURISMO

 

            Como ha sido un viaje sin previaje, que empezó una semana después de que terminara el de América, desconocemos el funcionamiento en España de las posibles oficinas turísticas o embajadas de los países que vistamos. Tampoco sabemos si dichas naciones disponen de recursos de información valiosos en la red, pero es necesario calentars mucho la cabeza con este tema, porque con una buena guía de la zona, tampoco se requiere mucho más. Y además en las guías, suelen venir recursos de internet por si se precisa ampliar información sobre algún determinado campo.

 

            Por el equivalente a unos 17€, compramos un domingo de junio en Ciudad de México la guía en inglés, de la editorial australiana Lonely Planet, “Southeast Asia on a Shoestring (big trips on small budgets)”, edición del año 2.006, que incluye información, mapas y fotos de Brunei, Camboya, Timor Este, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam.

 

            Salvo en cuestiones muy puntuales, que se irán desglosando a lo largo del diario de viaje, no tenemos grandes quejas y la guía nos ha sido de enorme utilidad, con la excepción del capítulo dedicado a Filipinas, que contiene bastante información incompleta o incorrecta, omisiones de muchos datos importantes para cualquier viajero y en ocasiones, parece estar escrita de oídas. El autor además, parece creerse gracioso, lo cual no estaría del todo mal si la información fuera de calidad.

 

            Los mapas y planos que contiene son bastante buenos y la información de precios no ha quedado muy desfasada, salvo en el apartado de transportes, pero es comprensible, debido al gran incremento que ha sufrido el combustible desde la actualización de dicha guía.

 

            El secreto para ir planificando un viaje sobre la marcha, sin que haya habido preparativos previos al mismo, es dividirse el trabajo

, de acuerdo a lo que a cada uno le vaya mejor. Una persona se puede dedicar a ir trazando el recorrido, elegir los transportes, las mejores formas de conexión y los horarios de viaje (además de estudiar como se va desde las estaciones a los alojamientos o al centro).

 

            Mientras la otra va seleccionando las zonas de alojamiento y las diferentes visitas y circuitos por las ciudades, parques naturales, ruinas o atracciones turísticas a descubrir (además de ubicar en los planos la oficina de turismo, los supermercados, correos y cambios de moneda y otros servicios que puedan ser necesarios). Mi chico y yo lo hacemos así y trabajamos en equipo realmente bien. Yo me encargo de lo primero y el de lo segundo

 

            Ya en los destinos, visitamos casi todas las oficinas de turismo que encontramos y acabamos bastante contentos con la mayoría. En Tailandia son frecuentes y eficaces. En muchas ocasiones editan planos, que por la parte posterior tienen los horarios y precios de las principales rutas de autobús. En Filipinas y Singapur tampoco están nada mal.

 

            En el resto de los países, se encuentran con menos frecuencia o no resultan del todo útiles, pero siempre en las ciudades más turísticas (Kuala Lumpur, Ho Chi Minh, Yogakarta, Siem Reap, et.) hay una, que si bien no suele ofrecer una gran información impresa, si que tienen personal cualificado que ayuda bastante, sobre todo con el tema de cómo llegar a sitios que están en las afueras de las ciudades.

 

                                                                                                                                                                                              Dempasar, en Bali (Indonesia)      

LA SEGURIDAD

 

            No hay mucho que añadir en este capítulo, que no se dijera ya cuando hablé del tema en el epígrafe de las recomendaciones generales para viajar por el sudeste asiático. Todos los países visitados son seguros y además, dan sensación de seguridad. Uno puede  pasear a las once de la noche por un Bangkok desierto, sin tener la sensación de que en cualquier momento le puede ocurrir algo.

 

            Por supuesto y como en todos los lugares del mundo, pasan cosas, pero basta con poner en práctica las recomendaciones habituales para evitar los peligros, tales como no dejar nada en el hotel, llevar el dinero, los pasaportes y las tarjetas de crédito en un bolsillo interior, no hacer ostentación de objetos de valor o cámaras y vigilar las pertenencias en las estaciones de autobuses y aeropuertos.

 

            La mayoría de los objetos de uso cotidiano caben en los bolsillos, por lo que evitando llevar bolsos se evitan los tirones. Las cámaras reflex caras, van mejor que en un bolso o mochila o en su funda, en una bolsa de plástico, como si se tratara de algo de escaso valor.

 

 

           Otra cuestión bien distinta son las molestias que puede sufrir el viajero, sobre todo en países como Camboya, Vietnam e Indonesia, que suelen venir generalmente de los que ofertan transporte privado (tuk tuks, motos, ciclos, bemos….) y de buscavidas, que pretenden sacar algo al viajero, al amparo de una fingida amistad (esto es realmente frecuente en Vietnam).

 

            Ante estas cuestiones, hay que mostrarse cuidadoso, firme y enérgico, sobre todo cuando el de un mototaxi te ha ofrecido sus servicios, le has dicho dos veces que no y sigue insistiendo o ante quienes usan una amistad de diez minutos para intentar sacarte el dinero con mil y un pretextos. Se debe hacer, eso sí, con educación, aunque no siempre es posible, dado que son tantos y te entran tantas veces al día, que es inevitable no acabar perdiendo la compostura y la paciencia de vez en cuando.

  Banaue (Filipinas)      

            Las reacciones que tendrá el viajero ante este tipo de gente serán normalmente tres, que se  irán intercalando a lo largo del viaje.

 

              1.- Responder al plasta de turno con sentido del humor. Ellos utilizan fundamentalmente dos recursos ingleses, que tienen firmemente interiorizados. Los que ofertan transporte se valen del “Where are you going now” (¿A dónde te diriges ahora?). Y los que quieren entablar charla para obtener algo usan el “Where are you from? (¿de donde eres?, como forma de romper el hielo.

 

            A los primeros bata con contestarles “and you, where are you going” (¿y donde vas tú?. En el sudeste asiático son bastante cuadriculados y no demasiado creativos, por lo que con esta respuesta les descolocas bastante. La mayoría de ellos se calla y se va, otros se ríen y solo alguno más despierto contesta: “No, I’m here” (estoy aquí, no voy a ninguna parte). Esta táctica la he tratado de utilizar posteriormente en países mediterráneos como Túnez, Marruecos y Turquía y no funciona tan bien, porque son mucho más ingeniosos en las respuestas.

 

            A los segundos basta con decirles: “I’m from Camdodian and I’m very, very poor” (soy de Camboya y soy realmente pobre), para indicarles que aunque te den palique, no te van a poder sacar nada. La mayoría se ríen, se dan cuenta de la estrategia y contestan irónicos: “Really?” (¿en serio?.

 

            De todas formas, muchos solo saben esas dos frases en inglés y poco os van a entender, contestéis como contestéis. Y mejor que no sepan inglés, porque son menos pesados. Hay una relación directamente proporcional entre el grado de inglés que dominan y lo plastas que son. En el sudeste asiático son muy pocos los que aprenden otra lengua por filantropía o puro entretenimiento.

 

            Por suerte, casi nadie habla español. España para la mayoría de los pobladores de esa zona del globo. es un país europeo, que no saben muy bien donde ubicar, pero les suena de nombre, sobre todo por haber ganado la Euro 2008. No conocen a Zapatero o al rey, pero si a Torres, Iniesta, Casillas, Sena, Ramos o Xavi.

 

            2.- Hacer que no los has oído, tratarlos como si fueran sombras. A la tercera vez que te entran lo dejan o se rebotan. Objetivo

conseguido.

 

            3.- Enfadarse con ellos y/o insultarlos. Es la peor de las tres formas de reaccionar, pero tarde o temprano uno termina usándola. Es lo que ellos quieren, así que cuanto mejor se contenga la ira más fácil es salir airoso de las situaciones.

 

            Hay un viajo tópico que dice que la gente del sudeste asiático es muy reposada, siempre sonríe y nunca se enfada. Sobre la sonrisa habría mucho que decir, porque no son lo mismo las constantes sonrisas sinceras de Tailandia, que las achinadas, rígidas y huecas de Vietnam.

                                                                      Ayuthaya (Tailandia)      

            Sobre lo de que no se enfadan, nada más alejado de la realidad. Cuando tienen que defender sus intereses se enfurruñan como cualquier hijo de vecino Si queréis comprobarlo, hacedle a un vietnamita un pequeño rayón en su moto. Sí es cierto, de forma habitual, que tienen algo más de paciencia que nosotros los latinos y los occidentales en general.

 

            Estadísticamente, la mayor causa de inseguridad en el sudeste asiático es sufrir un accidente de tráfico o un atropello por parte de los numerosos vehículos de dos, tres, cuatro y hasta más ruedas que pueblan la jungla del asfalto de muchas ciudades grandes y medianas.  

 

            Como las condiciones de seguridad en todos los países son casi similares, no se va a hacer en esta ocasión y como si llevé a cabo en el relato de América, un desglose por naciones. Las situaciones puntuales de algunos lugares se detallarán a lo largo del diario de viaje. 

 

 

DINERO

 

            En términos generales y dado que la zona goza de seguridad como hemos visto, recomiendo llevar tanto dinero en efectivo como se pueda, puesto que el cambio del euro suele ser bueno (a veces igual a la tasa oficial que se encuentra en los conversores de internet o incluso por encima) y se evitan las comisiones del cajero, que suelen oscilar entre el 2% y el 4%.

 

            Por supuesto, no está demás llevar tarjetas de débito y crédito. Para viajes cortos, basta con llevarlas de dos bancos diferente. Yo pensaba que para los largos también era suficiente, pero la mala experiencia vivida, me anima a sugerir que se obtengan de tres entidades.

 

            En nuestro caso llevábamos tarjetas de crédito de  Caja Madrid y Caja Duero. Con las de Caja Madrid, tuvimos el problema que ya he relatado varias veces y quedaron inútiles durante la segunda quincena de agosto para determinadas reservas por internet, en las que se pedía redireccionamiento a la web del banco e introducir el pin personal.

 

            Con la de Caja Duero –Visa Oro, que además nos ofrece el seguro de viaje que llevamos-, al ir a comprar boletos aéreos, nos dimos cuenta de que habían cambiado los datos de acceso y nos pedía unos parámetros que no teníamos y que no nos dieron por teléfono. Ni a nosotros, ni a nuestros familiares en España.

 

            Así que por lo que pueda pasar, tres tarjetas de tres bancos diferentes, que también en caso de pérdida o robo, minimizan un posible desfalco. A 15.000 kilómetros de casa, cualquier precaución es poca y las consecuencias de todo se magnifican. Lo digo por experiencia.

 

            No es necesario llevar dólares en grandes cantidades, debido a que el euro se acepta en todas partes y en último caso pueden ser obtenidos en los cajeros de Camboya, muy probablemente a mejor precio que en cualquier banco de España. Unos pocos, no vienen mal para algunos visados.

  Templos de Angkor (Camboya)      

            Como digo, el único pago que se puede exigir en esta moneda son los visados a la llegada (on arrival), pero si no los tenéis, siempre –aunque suela ser bastante desventajoso- os harán un cambio de euros a moneda local para abonarlo.

 

            No voy a detallar la tasa de cambio de cada divisa, dado que fluctúa y siempre puede ser obtenida sin problemas en internet, a través de cualquier conversor de moneda, pero si voy a detallar algunas características monetarias de cada país.

 

 

            Tailandia:


            La divisa es el bath. No hay ningún problema en cambiar euros a una tasa bastante aceptable. El baht se cambia en todos lo países del sudeste asiático, así que no hay que preocuparse si sobran.

 

            Hay muchos cajeros automáticos, las redes no se suelen caer y casi todos aceptan Visa y Mastercard (buscad siempre estas pegatinas o las equivalentes Plus y Cirrus).



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