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Sudeste Asiático/14


            Nosotros fuimos a mediodía y la comida resulta deliciosa. La lasaña es riquísima y la pasta con salsa de tomate y vegetales (algo picante), carbonara o boloñesa no desmerecen a la anterior. El bufe también incluye algún plato de arroz, vegetales a la plancha  al dente y fruta.

 

  

          En la tranquila y acogedora Mui Ne, hay bastantes chiringuitos a lo largo de la playa, algunos algo caros. Hay uno de precios más bajos y con una excelente terraza que da a la playa, donde se come excelente. Pescado rebozado o a la plancha, con una potente guarnición de vegetales a la también a la plancha (y como no, como es tradición en la zona, al dente) por tan solo un euro. Todo ello, mientras se contemplan las palmeras y el mar

 

            En Dalat no descubrimos ningún sitio en especial, pero en Nha Trang y casi en frente de un restaurante español bastante conocido en la zona, hay un barato garito regentado por dos chicas de origen sajón, que sirven unos noodles y arroz con mariscos para chuparse los dedos.

 Hue (Vietnam)

            Pero sin duda, el sitio donde mejor comimos en todo el país lo encontramos en Hoi An. Lástima no recordar su nombre –porque a diferencia de los de los hoteles no solemos apuntarlos-, pero no tiene mucha pérdida. Esta casi al lado del río, en la rivera derecha (no hace falta cruzar si se viene de la estación de autobuses, por ejemplo) y tiene el mejor menú degustación que probamos en el sudeste asiático, donde incluyen el exquisito plato de la zona llamado White Rose y un preparado de calamares envueltos en hoja de plátano digno de beatificación. Muy ricos también los rollitos de primavera de este establecimiento.

 

            En Hue y también cerca de la zona de alojamientos, hay un par de calles que amontonan una veintena –sino más- de restaurantes. Casi todos tienen lo mismo, aunque los precios varían. Elegid, como ya os recomendé arriba, los que ofrezcan menús degustación (si estos incluyen especialidades del lugar, mejor que mejor, porque suelen estar muy ricas)

 

            Lo que más choca tanto en Nha Trang, Hoi An como en Hue –y más en este último- es que la mayoría de los restaurantes están siempre vacíos, pero siguen abriendo un día tras otro. ¿Serán tapaderas de algo más turbio o son negocios

familiares que, teniendo en cuenta el salario medio de Vietnam, ya salen rentables con cinco o seis clientes al día?.

 

            Ni en Ninh Binh –donde no tuvimos demasiado tiempo para buscar, porque alquilamos una bici y nos fuimos de excursión por los alrededores- ni en Hanoi –una ciudad a mi modo de ver mucho más provinciana que Ho Chi Minh-, encontramos una gran oferta gastronómica. Pero seguro que si se busca con más énfasis que nosotros, se acaba encontrando

                                                      Templos de Angkor (Camboya)

            Hasta el día que fuimos de forma organizada a la Pagoda del Perfume, comimos bastante bien y eso que el menú que nos ofrecieron era el más básico, el que come cualquier vietnamita todos los días. Incluyeron un buen ramillejo de una especie de arbustos, que parecían algas del cercano río (pero el caso es que estaban bastante buenas). El tofu, sin embargo, no tuvo ninguna aceptación entre los comensales y las bandejas volvieron a la cocina tal como salieron de ella.

 

 

            Malasia: 

 

            Arroz, Noodles, pollo, cerdo… Muchos son los restaurantes económicos que se encuentran en las calles, con la comida ya cocinada y a la vista. Básicamente la oferta gastronómica es la expuesta. La comida tiene mejor presencia e higiene aparente que en Tailandia y Camboya, aunque la forma de cocinarla es bien insulsa.

 

            En casi todas las ciudades de Malasia hay un little India, conde no es difícil encontrar un restaurante de esta nacionalidad o puestos callejeros, con ricos tentempiés en los que el curry es ingrediente fundamental (destaca por encima de todos el ya mencionado -en otra parte del relato- puesto de empanadillas de pollo o bonito al curry de Georgetown).

 

            En esta misma ciudad y en su principal centro comercial, hay un supermercado que prepara comida barata y bastante decente: Arroces variados con pescado, pollo, salchichas, noodles con calamares, pollos asados…. Aquí se pueden comprar ricas bandejas de fruta ya cortada (fruta del dragón, pomelo, durian, etc.)

           

            Sin embargo, los supermercados no son tan frecuentes como en otros países, especialmente en Kuala Lumpur. En Melaka si que hay un Carrefour bastante céntrico, que los fines de semana abre hasta la madrugada y donde se puede llenar el estómago a base de comida preparada, algo insulsa, aunque por lo menos hay panadería con pan normal.

 

            También en Melaka, esta vez al lado de la estación de autobuses, hay un Tesco, donde la comida preparada es más rica que la del Carrefour y además, también venden pan al estilo europeo (lo que allí llaman francés)

 Noi Soi (Tailandia)

            En los puestos de la calle, sobre todo en Kuala Lumpur, venden ricos crujientes de pescado –a modo de aperitivo- con salsa picante, por tan solo un ringgit.

 

 

            Singapur:

 

            No estuvimos el suficiente tiempo para investigar a fondo la oferta gastronómica de este pequeño país, aunque nos pareció bastante similar a la de su vecino del norte, si bien los restaurantes son más selectos.

 

            Hay un Carrefour no demasiado alejado del centro (viene en los planos y en la Lonely), donde los pollos asados a la pimienta están excelentes y no son caros. Si se va en domingo es posible comer gratis. Al menos el que nos coincidió a nosotros, había a mediodía más de quince degustaciones de casi todo. Como nosotros ya habíamos comido, pues recomimos.

 

           

            Indonesia:   

 

            Indonesia es uno de los países de la zona que más no gusta, pero no especialmente por su gastronomía, que nos pareció igual de anodina que la de los países anteriores. Así que optamos por combinar los restaurantes económicos, los supermercados, los locales de tentempiés de los centros comerciales (empanadillas, papas rellenas, rebozados, minipizzas o baguettes) y las cadenas –bien locales o internacionales de comida rápida.

 

            En este sentido, especialmente meritorios son los espaguetis con pollo (y excelente salsa) del Kentucky Fried Chicken. La barata sopa de estos establecimientos –cuando la tienen, que no es siempre-, también está muy rica.

 

            Al principio, los precios en algunas cadenas de comida rápida os resultarán desconcertantes y es, porque no incluyen los impuestos. Es posible que unos espaguetis con pollo cuesten 11.256 rupias indonesias. Pero no os preocupéis, porque al añadirle los impuestos, serán 12.000 redondos

 

            Los supermercados son bastante abundantes en Jakarta, Yogakarta, Surabaya (donde hay un Carrefour bastante céntrico, que vende pollos asados algo pequeños y bastante caros) y las zonas turísticas de la isla de Bali, como Kuta. Entre esta y Dempasar (a la derecha de la carretera, según se va desde este segundo sitio) hay también un Carrefour, que o estaba de reestructuración o es algo extraño, porque la especie de nave industrial donde se ubica es algo tétrica y la mitad de las cosas no tenían precio.

                                                                  Kuta, en Bali (Indonesia)

            En Indonesia se produce un hecho curioso y es que no siempre los supermercados grandes son los más baratos. Más bien es al revés, sobre todo en Jakarta. El supermercado más grande, que ese encuentra en el centro comercial Plaza Indonesia es más caro, que el mediano que está en el centro, que a su vez es más caro que la pequeña tienda tipo Seven Eleven ubicada en Jalan Jaksa, al lado de los alojamientos económicos. Y es que en casi todos los países del sudeste asiático, los alojamientos económicos siempre están juntos, en una zona concreta.

 

 

            Filipinas:

           

            Una agradable sorpresa en casi todos los aspectos y también en el gastronómico. Este archipiélago es, junto con Vietnam, el país donde mejor comimos en nuestro largo periplo por el sudeste asiático.

 

            Por fin pudimos dar casi carpetazo definitivo al arroz blanco y sumergirnos en un mundo de ricos sabores y olores, con clara influencia española. Y digo olores, porque en Filipinas todo lo que se cocina huele bien. Que la comida tiene que oler siempre bien, resulta algo indiscutible para quien no haya salido de España, pero no para quien haya frecuentado destinos centroeuropeos o se haya pasado tres o cuatro meses en el sudeste asiático (especialmente en Tailandia, donde casi todo huele tirando a mal o, al menos, raro).

 

            Da igual lo que se coma en Filipinas. Todo está bueno. Hasta la comida de los puestos de la calle, de los fast food nacionales o las sopas de sobre que se calientan con agua caliente. Y no digamos los snacks. Después de haber pasado semanas comiendo simulaciones de patatas fritas echas a base de almidón de patata y pasta de arroz, llegar a Manila y probar las ricas papas fritas de una marca cuyo nombre no recuerdo (pero que lo tengo apuntado en alguna parte y en el relato lo pondré), supuso todo un acontecimiento. Muy recomendables.

 

             Una de las cosas que más nos gusto fue el lechón –así llamado, en español-, especialmente en su modalidad Kawali, muy crujientito y sabroso. Aunque tampoco es fácil de encontrar y en algunos restaurantes hay que encargarlo. Pero es un plato exquisito. Lástima que no sea fácil encontrar buen pan francés para acompañarlo, pero los vegetales son una buena guarnición.

 

            El adobo es otra de las especialidades nacionales, que también arranca –y no solo en su nombre-, de la tradición de la cocina española. Se trata de un sabroso y rico guiso de toque avinagrado, con cerdo, pollo, cebollas, ajo, jengibre, soja y aceite, que se mezcla –si se quiere, claro- con arroz blanco. Todavía está mejor cuando el arroz se envuelve con un rico guiso de cordero que hacen en una de las cadenas nacionales de comida rápida (siento no recordar el nombre, pero es la que encontraréis en casi todas partes).

                                      Manila (Filipinas)

            Otro de los platos que recuerda bastante a España es la longanisa o longaniza. Efectivamente, es una especie de chorizo –algo sui géneris-, que combina el sabor tradicional de este alimento con un toque dulce. 

 

            El pescado es también excelente, servido a la plancha o rebozado, con ricas salsas, mezcla de las recetas asiáticas tradicionales y de la cocina española. Realmente deliciosas. Especialmente una que suelen poner con las gambas, que resulta una combinación de sabores dulce suave y picante intenso, pero fino.

 

            Pero nuestra auténtica debilidad son los calamares, también así llamados. Los hay por todas partes -en los restaurantes selectos, en los económicos, en los puestos de la calle- y siempre están buenos. Pueden ser rebozados o a la plancha y están deliciosos con esa salsa picante de ajos con la que muchas veces los sirven. A veces no son calamares, sino cualquier otro tipo de pequeño cefalópodo, como minúsculos pulpitos. Están igual de ricos.

 

            Hasta en las ciudades más pequeñas operan las cadenas nacionales de comida rápida y hay supermercados, aunque casi nunca tienen comida preparada. Una excepción es el que se encuentra en el gran centro comercial de Manila –cerca de los alojamientos económicos de la avenida Mar Adriático-, pero es caro para lo que ofrece y no demasiado bueno. Solo el arroz caldo (también así llamado) merece una oportunidad..

 

            De todas formas, dado lo bien que se come en los restaurantes, cadenas de comida rápida y puestos de la calle, es muy recomendable prescindir de la comida de los supermercados. 

 

            Los Seven Eleven –que no son tan frecuentes como en Tailandia- también ofertan comida congelada que se recalienta en el momento, pero esta es peor y mas cara que la de los restaurantes.

 

 

            Como conclusión  general en tema de precios, podemos decir que en casi cualquier lugar del sudeste asiático, es posible comer a base de comida preparada en los supermercados por más o menos un euro por persona. Hacerlo a base de tentempiés en los puestos de la calle, no debería costar más de uno y medio y en restaurantes económicos, en torno a los dos. Por tres, ya se puede almorzar de maravilla.

 

            Me refiero, en todos los casos, sin incluir bebida. Porque en casi ningún restaurante del sudeste asiático te van a poner mala cara porque no pidas bebida a la hora de comer y te traigas de la calle tu propia botella de agua. A veces en los puestos callejeros, te ofrecen menús que si incluyen alguna bebida carbonatada, que nunca suele ser cerveza.

 

            En general y como ocurre en otras muchas partes del mundo, en el sudeste asiático los restaurantes elegantes se diferencian de los económicos, más en los servicios o extras que ofrecen, que en la comida en sí. 

                                                                   Georgetown (Malasia)      

 

BEBIDAS

 

            No es recomendable beber agua del grifo en ninguno de los países del sudeste asiático. Técnicamente, el agua puede ser potable en algunas grandes ciudades, pero no merece la pena arriesgarse, dado que el precio del agua mineral –o al menos purificada, que de todo hay-, es barato en casi todos los países (no en Indonesia, por ejemplo). No beber nunca agua del grifo es una de las principales razones de que en los 101 días, no tuviéramos ningún desarreglo intestinal ni diarreas.

 

            Las bebidas carbonatadas tienen también un precio, por lo general, bajo. Es preferible pagar un poco más por las internacionales, mejores normalmente que las locales.

 

            La cerveza –salvo aquellas que contienen arroz, especialmente en Tailandia- es de buena calidad en casi todo los países, siendo realmente excelente la Lao, que se fabrica en el país del mismo nombre y la Light, que fabrica en Filipinas la empresa San Miguel y que a pesar de tener 5 grados de alcohol es, efectivamente, light y no engorda. Esta marca también comercializa Red Horse (bastante fuerte) y la San Miguel, que está bastante más rica que su homónima en España. Más adelante haremos referencia a la curiosa historia de esta marca de cerveza.

 

            La Tiger de Singapur no desentona con las anteriores. En Malasia toda la cerveza que encontramos fue de importación. El precio de la cerveza es razonable –casi nunca, salvo en el caso de Vietnam, más barato que en España-, menos en los países musulmanes, que la tienen frita a impuestos. Una lata en un supermercado cuesta un euro en Malasia o Indonesia y sobrepasa ampliamente este precio en Singapur.

 

             Los pocos vinos que vimos eran de precio tan elevado, que nunca encontramos la oportunidad para probarlos, así que no podemos daros nuestra opinión sobre ellos

 

            La mayoría de las bebidas alcohólicas que se fabrican en la zona –y de nuevo con la excepción de los países musulmanes- son tan baratas como asquerosas. Casi todas están basadas en el arroz y como tiene pinta de que no debe haber una regulación clara, pueden llamar a algo güisqui, vodka o ron sin que lo sea.


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