COMIDA
Pues vaya, como tantas veces se ha reseñado en otros capítulos de este relato, la calidad de la comida es bastante variable. No tanto los precios, que también oscilan entre unos países y otros, aunque no de forma muy significativa (ni siquiera en Singapur). El sudeste asiático no es un paraíso gastronómico, pero se pueden pasar tres meses y medio -como fue nuestro caso- sin añora r demasiado la cocina de mamá o los pucheros de la abuelita.La mayoría de los viajeros que se acercan hasta la zona –y nosotros no fuimos una excepción- se alimentan a base de platos de arroz o noodles (tallarines) fritos con vegetales, huevo, cerdo, ternera o pollo. Solo los más osados se atreven con las especialidades locales y se sumergen en los enormes potes de calduverios, de espesas salsas y contenido indescifrable (ni para el aroma, ni para la vista, ni para el gusto, aunque normalmente picante y especiado), que tan frecuentes son en Tailandia, Camboya y algunos lugares de Laos. Aún son menos quienes se introducen en el paraíso de los insectos y bichejos fritos, que en Camboya y en algunas zonas de Tailandia sirven a los lugareños como aperitivo, antes de lanzarse de cabeza al cazuelón del calduverio elegido. Los pollos asados, la comida preparada de los supermercados o la rápida, también son buenas soluciones a las que se recurrirá habitualmente y la fruta –baratísima en casi todas partes- es ese bote salvavidas al que podernos agarrar a cualquier hora del día. Igual ocurre con los snacks, los dulces o las sopas preparadas, que solo necesitan el añadido del agua hirviendo. Dalat (Vietnam)Un problema importante –salvo en algunos lugares de Camboya, como Phnom Penh- es la ausencia de pan, dado que los que hacen son diferentes modalidades de pan dulce, no muy agradables al paladar (al menos para comer un bocadillo de sardinas, salchichas o queso). Por lo que hay que recurrir más de la cuenta al –por lo general- malísimo pan de molde o a los mejores, pero cansinos, de hamburguesa o perrito. En cuanto a la socorrida fruta, es algo menos variada y más insípida que en Sudamérica o Centroamérica, pero se pueden degustar ricas piñas, mangos, fruta del dragón, durian (bastante caro), bananas (generalmente de tamaño pequeño), pomelos amarillos y naranjas, rambutanes, la llamada fruta de Jack (Jack fruti)… El arroz blanco a secas está presente en casi todo los establecimientos –incluso en los elegantes- y en todas las cocinas de la zona. Su compañera más habitual –aunque no única- a modo de matrimonio indisoluble, suele ser la salsa de chiles en bote (de mayor o menor picor). Aunque también hay otras, de sabor fuerte o agridulce, más difíciles para el paladar occidental. Si algo nos indignaba e indigna todavía hoy, no es que haya que comer casi todos los días arroz. Es lo que se produce en la zona –que además es tirando a pobre en términos generales- y no hay otra. Pero ya que hay que comerlo, podían haber inventado formas más creativas de cocinarlo y más atractivas para el paladar. No hace falta que sean caras. ¡¡Si es que echándole cuatro verdurajos y pasándolo por la sartén ya cambia como de la noche a la mañana!!. Es increíble que el sudeste asiático sea el paraíso del arroz y no se haya inventado allí ni la paella, ni el risotto, ni el arroz a la cubana, ni le arroz con leche, ni nada. Allí solo han inventado el arroz con arroz, que ya es triste. ¿Verdad?. No obstante y como ya se ha comentado en otros capítulos de este relato, tampoco aquí se puede hablar de una cocina global y uniforme de todo el sudeste asiático. Varía mucho de unos países a otros y en algún caso, como ocurre en Filipinas no tiene nada que ver con el resto. Por cierto, ¿alguien sabe respondernos a la pregunta que nos hicimos una y mil veces en nuestra estancia en este país?: -¿Por qué Sudamérica y Centroamérica, que estuvieron más de tres siglos bajo dominación española, no guardan apenas influencia culinaria de quien fue su metrópoli y Filipinas, que está bastante más lejos, tiene tantos retazos e influencias de nuestra cocina? En general y atendiendo –como no puede ser de otra manera- a lo que también son nuestros gustos, opinamos que se come de manera excelentemente en Filipinas y Vietnam, de forma correcta en Laos (en las zonas urbanas, porque en las rurales apenas hay sitios donde hacerlo), Singapur y Malasia (aunque en este último, la comida es algo insulsa) y no demasiado bien en Indonesia., Tailandia y Camboya. Aunque como en casi todas partes hay supermercados, al final es casi siempre posible comer de forma correcta se este donde se esté. Templos de Angkor (Camboya)A continuación se hace un resumen, más que de la gastronomía de cada país -cuestión que podéis encontrar en cualquier guía mejor que aquí-, de lo que nosotros comimos y de a lo que recurrimos en los sitios donde la comida de los lugareños nos resultaba poco apetitosa. Tailandia: El plato nacional es el calduverio. Seguro que en Thai tiene nombres diversos, pero para un occidental parecen todos lo mismo, especialmente cuando los miras desde lo alto, así que mejor, simplificar. Se trata de una enorme cazuela rebosante de salsa –pocos no la tienen- espesa y especiada, con tendencia al predominio de tonalidades anaranjadas y rojizas. Para los no instruidos, es bastante complicado saber que es exactamente lo que se está comiendo y si la carne es de cerdo, vaca, pollo o por el contrario de perro, gato, o rata. ¡¡¡No digamos ya del pescado!!!. Personalmente, no puedo con estos potajes –y como de todo-, pero hay que reconocer que los lugareños los devoran con más ansia que nosotros un cocido o una fabada asturiana.También hay diversos rebozados, disfrazados (no encuentro otra palabra para definirlos), pintados al estilo chino (pollos, patos…), insectos fritos (que aunque no probé, me parecieron más apetitosos que todo lo anterior)…. Chiang Mai (Tailandia)Parece ser que el lema de la cocina thai fuera: “Comerás, pero ni verás, ni sabrás, ni olerás lo que es”. Salvo en Bangkok –y tampoco vimos tanta- no encontramos mucha más oferta que la descrita anteriormente. ¿Qué comimos, entonces?. -Como fue el primer destino, llevábamos algo de comida de casa. -En Bangkok una buena solución es el enorme supermercado Tesco que se encuentra cerca de la estación de trenes de Hua Lanphong, donde preparan comida de tipo thai, pero algo más suave o pollos asados. Hay otro supermercado camino del mercado de los fines de semana (Chatuchack), cuya comida preparada es todavía mejor, pero está bastante lejos de cualquier parte. El Tesco es además un lugar muy adecuado para los que pretendan ahorrar dinero. Si por ejemplo vas a pasar una mañana en Bangkok y no sabes donde dejar la mochila (la consigna de la estación es bien cara), puedes dejarla allí, como si fueras a comprar. La recoges a las cuatro o cinco horas y no hay mayor problema. Además, constantemente están con promociones de zumos, embutidos, frutas o pasteles para probar, por lo que se puede llenar el estómago por la patilla. También ofrecen agua fría gratis en el interior del super y baños sin coste (los urinarios, me dice mi chico, están numerados), en la planta de abajo -Los Seven Eleven son fáciles de encontrar en cualquier lugar del país, por pequeño que sea. Ofrecen hamburguesas, perritos calientes, helados, granizados, dulces, sándwiches, sancks y sopas a preparar con agua hirviendo. También constituyen otra forma de ahorrar, porque la ensalada con la hamburguesa y el perrito te la sirves tú, por lo que puedes ponerte medio kilo y generalmente, nada te dirán. ¡¡¡Así es la dura vida del viajero en excedencia y sin ingresos!!!. Nos llamó la atención que la hamburguesa “spicy” (picante), con beicon y queso molidos, que estaba en todos los Seven Eleven en nuestra primera visita en junio, hubiera desaparecido por completo en nuestra siguiente incursión en el país. Pero, por si acaso y ya que la habíamos comido bastantes veces, al ser la más barata, no preguntamos por qué. Templos de Prambanan (Indonesia)Laos:
En Laos comimos bastante decentemente, sobre todo en las zonas urbanas (dado que en las rurales apenas hay donde hacerlo). Luang Prabang –el centro turístico por excelencia del país- está muy acondicionado también en materia de restaurantes, que cobran precios muy dispares –hasta de tres veces más de unos a otros- y ofrecen lo mismo, por lo que se recomienda mirar unas cuantas cartas antes de sentarse. Son sitios muy adecuados –también los hay aunque en menor medida en Luang Nam Tha, Vang Vieng y Vientiane- para degustar un arroz frito al curry con vegetales, con pollo y huevo; unos noodles con ternera o cerdo y segundos platos a base de estas mismas carnes, con vegetales a la plancha y al dente. Hay que decir, que los segundos platos a veces son caros y no tienen toda la carne que se podría esperar, así que suele ser más barato y nutritivo ingerir dos primeros. En general y siguiendo esta fórmula, dos personas se llenarán con un primer plato cada uno y otro a medias. También en Luang Prabang, hay un mercado nocturno de comidas –junto al del resto de cosas-. Los alimentos no tienen demasiada mala pinta aquí –especialmente el pescado frito-, pero las condiciones higiénicas dejan bastante que desear y los perros y gatos merodean por debajo de las mesas sin control y se suben a los puestos a morder lo que pillan, cuando los camareros se despistan. Hay tanta comida allí, que resulta imposible imaginar que se venda y se renueve la oferta cada día. De hecho, un mismo pollo de los “embellecidos a la china”, que tomamos como referencia en un puesto, estuvo a la venta las dos noches que pasamos allí.Aunque los recorridos por el país en número de kilómetros son cortos, en la práctica, la sinuosidad de Laos y las malas carreteras, los hacen largos. A ello se une que en el país hay muy pocos supermercados, por lo que algunos días tocará pararse en cualquier zona rural y comer lo que sea. Y un “lo que sea” aquí, puede ser algo duro: Desde un insustancial plato, a bolsas de papas fritas caducadas hace dos años (esto último nos tocó comer camino de Luang Nam Tha, cuando nos quedamos tirados en la carretera y no nos hemos muerto). Vigan (Filipinas) En Vientiane hay un establecimiento tipo Seven Eleven. Es una copia mala del mismo, donde las hamburguesas están asquerosas y se ponen muy agresivos si te sirves más ensalada de lo que ellos consideran oportuno. Eso sí, no tienen ningún remordimiento ante la dureza del pan de los perritos o el tamaño minúsculo de las salchichas. Camboya: El panorama no es muy distinto al de Tailandia y el calduverio es el rey de la mesa, aunque la higiene –que en su vecino del norte tampoco es para tirar cohetes- es significativamente peor que allí. Aquí los insectos y bichos fritos (arañas, topos, grillos, saltamontes, gusanos blancos, gusanos del bambú y creo que hasta cucarachas), se encuentran en casi todas partes, especialmente en los ¿restaurantes? de carretera, donde paran los autobuses. La verdad que da gusto verles comer con tanta ansia todas estas cosas, pero ni aún así nos decantamos por probar estos calduverios, salvo un par de veces en que no nos quedó más remedio, si es que queríamos comer. Llegado este caso, lo mejor es engullir mucho arroz blanco con salsa de chiles y elegir del calduverio que tenga el color más transparente, donde generalmente habrá pollo cocido sin muchos aderezos o componentes sospechosos. En el centro de la capita de Camboya,l hay un enorme centro comercial, que cuenta con un supermercado, donde hacen el mejor pan normal y rústico de todo el sudeste asiático: En su interior se pueden colocar diversas viandas, aunque yo os recomiendo la mortadela con chiles (buenísima). No está nada mal la oferta de dulces de este establecimiento. Luang Prabang (Laos)Vietnam: Pues no, no es lo mismo comer un rollito de primavera en un restaurante chino de Madrid o Barcelona que en otro de Hoi An o Hanoi. Y por eso yo siempre dije que a mi no me gustaba la comida estilo chino, hasta que llegamos a Vietnam. Y como a mi no me duele en prenda cambiar de opinión, pues debo decir que la comida vietnamita me parece excelente, a pesar de que la carne aparezca en las cartas con cuenta gotas y en los platos menos. Tampoco es lo mismo comer las duras salsas de soja o agridulce en un chino de Burgos, que las mismas, elaboradas y suavizadas en otro de Hue Sin ser una experta, diría que hay dos tipos de cocina en Vietnam. Una, la que comen los vietnamitas todos los días, basada fundamentalmente en el pho, el arroz blanco y calduverios mucho más refinados –y con bastante menos caldo- que en Camboya y Tailandia. Y la otra, la más elaborada, que se sirve en los numerosos (y casi siempre vacíos, no sé de que viven) restaurantes preparados para el turismos Algo que debéis hacer siempre en los restaurantes de Vietnam es iros hasta el final de la carta, porque muchos sitios suelen tener deliciosos menús degustación de varios platos, que son exquisitos y resultan más sustanciosos y baratos que un primer y un segundo plato. A veces y de esta forma, por un poco más de dos euros por persona se come de cine. El pho es el plato nacional, aunque a nosotros no nos gustó nada. Pero vamos a matizar. Como a casi todo el mundo que va a Vietnam le gusta, debe ser que no lo comimos en los sitios adecuados, es decir, en los preparados para el turismo, donde es más caro y se hace con la sabrosa receta original de especias, vegetales, carnes y noodles (nos dijeron que está bastante bueno en el Pho24 de Ho Chi Minh).En los restaurantes para lugareños –al menos en los que nosotros lo probamos-, se trata de un caldo insulso con hierbajos para mojar, servidos en una bandeja, cuatro raspas de pollo y un puñado de insípidos noodles. Si quieres que sepa a algo tienes que echarle medio bote de salsa de chile. Y encima no sale barato. En las ciudades grandes y medianas del país, hay bastantes supermercados, muy bien surtidos y tirados de precio, donde abastecerse de lo que uno quiera, porque hay de casi todo. Melaka (Malasia)La verdad es que ni uno solo de los días que pasamos en Vietnam comimos mal. En la zona de Pham Ngu Lao, en Ho Chi Minh, donde se encuentran los principales alojamientos económicos y agencias de autobuses y tours para turistas, no tardaréis en encontrar un restaurante que por la tarde sirve bufé de pizza y a mediodía de pastas, donde se puede comer lo que se quiera por un euro y medio en el segundo caso y un poco más en el primero. Un sitio realmente recomendable. |