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Sudamériica y Centroamérica/2


            La decisión de tomar la dichosa pastillita es algo muy personal y yo no voy a tratar de convencer o nadie en uno o en otro sentido. Simplemente voy a intentar exponer algunos argumentos, que son los que tras muchas indagaciones en la red o conversaciones con personas con conocimientos sobre el tema, nos ayudaron a nosotros a tomar la decisión de prescindir de dichoso medicamento.

 

            -La malaria no tiene vacuna. Esta afirmación, que es tan evidente para muchos, no lo es para todos los viajeros –especialmente para los menos expertos-, que se piensan que la pastilla les da una protección total contra las consecuencias de la picadura del mosquito anofeles hembra infectado (los machos son vegetarianos).

 

 

           -Dado que la pastilla solo reduce el riesgo, pero no lo elimina, el factor más importante para evitar la enfermedad es la prevención y en eso fallamos tanto los viajeros, como los centros de vacunación.

 

            Estos últimos, porque no son realistas al editar sus folletos y tratan de cubrirse las espaldas con medidas irrealizables. Están condenados al fracaso cuando recomiendan taparse el cuerpo hasta los orejas al atardecer, fundamentalmente, con ropas claras de cierto grosor. Casi nadie va a hacer eso en una zona tropical, a 39 grados y con un 90% de humedad. Y es precisamente en las zonas tropicales donde prolifera con más fuerza esta enfermedad.

 Medusa en la playa de Miraflores, de Lima (Perú)

            Y fallamos los viajeros, porque lo de la prevención nos lo tomamos muy poquito en serio. Es el caso extremo, pero aún recuerdo en una zona de riesgo –aunque no muy elevado- a una madre francesa con su hijo de unos pocos meses casi desnudo al atardecer.

 

            -La posibilidad de contraer malaria no es la misma, dependiendo de la zona del planeta o que el área sea  de selva, rural o urbana. Esto que también parece tan evidente, tampoco lo suelen explicar muy bien en los centros de vacunación.

 

            El riesgo de contraer malaria en la zona central de África es elevadísimo y suicida sería el que no tomara prevenciones y alguna medicación anti malaria. Sin embargo en América latina –incluida Centroamérica- y el sudeste asiático, que son las que nosotros hemos visitado, el riesgo se limita bastante a las zonas muy poco civilizadas y se reduce notoriamente en las ciudades.

 

            Quiero decir con ello, que uno debería plantearse tomar o no pastillas, dependiendo del tipo de viaje que piensa hacer. No es lo mismo programar un circuito de los más tradicionales por Tailandia, que irse a la selva amazónica una semana y tener el hospital más próximo a cinco días en canoa.

 

            -También es aconsejable conocer de antemano la altitud de las zonas a visitar, porque a partir de unos determinados metros –que pueden variar según la zona-, el mosquito causante de la malaria ya no tiene presencia. No es lo mismo viajar a 4.000 metros de altura al altiplano de Bolivia, que a a la provincia de Santa Cruz. Hablamos del mismo país, pero en el primer caso no existe riesgo y en el segundo sí, aunque sea mínimo. 

 

            -En países como Brasil, donde la malaria es un riesgo en muchas zonas, no se comercializa medicación contra la enfermedad.

Cuando uno la contrae, se va al hospital y allí recibe tratamiento. Las consecuencias de la malaria suelen ser mucho menores cuando se trata a tiempo en su fase inicial  Por lo que como se ha descrito, el mayor peligro es encontrarse lejos de una zona donde se pueda recibir atención hospitalaria.

 

            -La medicación anti paludismo puede provocar bastantes efectos secundarios, tanto inmediatos como en el medio plazo. No todo el mundo sufre las mismas reacciones ante su administración.

 Glaciar Perito Moreno (Argentina)

            -No es recomendable tomarla durante periodos muy largos y en caso de viajes de una duración importante, habría que ir estudiando de forma concreta cuando se corre un riesgo real y cuando no, para tomarla. Y esto es una auténtica lata –casi imposible-, dado que esta medicación hay que empezarla a tomar con una cierta antelación y seguirla tomando durante un tiempo después de haber abandonado la zona de riesgo.

 

            -Es triste que el único interés de muchos médicos sin escrúpulos con los viajeros incautos, sea mejorar sus ingresos a consta de los caros tratamientos que proponen. Ahora no recuerdo nombres, pero seguro que alguien os puede asesorar sobre pastillas que son bien baratas y que sirven tanto o más como prevención que las más conocidas y caras. Lo grave es que en muchos casos, Sanidad Exterior ni siquiera las menciona    

 

            Creo que todos estos parámetros pueden ayudar, como sucedió en nuestro caso, a tomar decisiones sobre que hacer, dependiendo fundamentalmente del tipo de viaje, la duración y las zonas que se van a visitar. El hecho de que nosotros esta vez hayamos prescindido del Lariam, Malarone o sus versiones más baratas e  igual de efectivas, no significa que lo hagamos en ocasiones futuras, si así lo creemos necesario.

 

            Hemos interrogado sobre el tema a bastantes viajeros y hemos constatado que mayoritariamente, los que tomaban dicha medicación eran los menos expertos y más desinformados y tampoco sabían por lo general explicar muy bien el por qué de su decisión. A medida que el viajero es más experto, suele estar más informado y toma las decisiones de acuerdo a los parámetros anteriores.

 

            En los viajes por Sudamérica, Centroamérica y sudeste asiático, no son demasiados los viajeros expertos que toman la pastilla de la malaria, salvo que estén realizando viajes muy alternativos, muy imprevisibles y/o muy alejados de la civilización. En las zonas centrales de África, la toma prácticamente todo el mundo. Pero se trata de simples valoraciones recogidas al azar entre viajeros y no de una encuesta científica con base alguna.

 

            En cualquier enciclopedia, incluida wikipedia ( www.wikipeida.org ) podéis encontrar información sobre esta y otras enfermedades que le pueden sobrevenir al viajero lejos de casa. Es bueno conocer los síntomas de las más habituales, pero tampoco hay que obsesionarse, porque podríamos amargarnos el viaje.

 

 

           De nada sirve que ante el más mínimo vómito, diarrea o síntoma de fiebre se os despierten las alarmas de que podéis haber contraído malaria. Tampoco tiene sentido estar contando todas las tardes las picaduras de mosquito que tenéis en el cuerpo, porque para contraer la enfermedad basta con una sola.

 

            Lo importante es acudir al médico lo más pronto posible, en cuanto se pueda tener la mínima sospecha de que se padece algo grave. A un amigo mío en Borneo le pico un mosquito en la playa y por esperar cinco días, en los que su pie se fue poniendo paulatinamente peor, estuvo a punto de perderlo, sino llega a ser por la excelente actuación de un médico en Singapur (que encima no le cobró nada, porque no llevaba ni seguro). Había sido víctima de una leishmaniosis, provocada por la asquerosa mosca de la arena. 

 Laguna Colorada, en el Parque Nacional Eduardo Avaroa (Bolivia).

 

            Seguro de viaje:

 

            Resulta muy recomendable contratar un seguro Médico, de Asistencia y/o de Accidentes: Conviene estudiar pormenorizadamente las diferentes opciones, porque hay variaciones importantes en cuanto a la cobertura y el precio de unas a otras. También es recomendable saber si alguno de los seguros que ya tenemos o la tarjeta de crédito, nos puede cubrir alguno de los riesgos.

 

            Nosotros decidimos acogernos al que nos ofrece nuestra tarjeta VISA Oro, que es gratuito y cubre las mismas contingencias que los seguros habituales.

 

            Afortunadamente, no os puedo ofrecer información sobre si tomamos una buena decisión acogiéndoos a esta póliza sin ningún tipo de gastos, porque no tuvimos necesidad de usar el seguro ni una sola vez. Nuestra suerte fue enorme y salvo alguna diarrea no demasiado importante, no padecimos ningún tipo de enfermedad o contratiempo de salud, salvó el lógico malestar tras un día de fiesta nocturna –sobre todo en Manila- o dolores musculares debidos al esfuerzo, Mayormente durante las primeras semanas en América. 

 

 

            Dinero y bancos

 

            La primera incógnita que se plantea es como llevar el dinero y la lógica nos dice que no debemos poner todos los huevos en la misma cesta. Por lo que cuantos más medios de pago llevemos, mejor que mejor.

 

            En nuestro caso y descartados –ya desde hace bastantes años- los engorrosos cheques de viajes, decidimos llevar unos 1.200 euros en efectivo para cada viaje (y nos arrepentimos de no haber llevado más, sobre todo en el sudeste asiático, donde la seguridad es mayor, porque el cambio es muy bueno en casi todas partes). El efectivo se debe llevar siempre en un cinturón interior escondido entre la ropa y repartido por varias partes del cuerpo.

 

            Llevamos también dos tarjetas de débito y tres de crédito (correspondientes a dos bancos distintos). Y la experiencia nos

demostró, que incluso mejor, llevar de tres bancos diferentes. Mi chico llevaba tres y yo dos, con lo que garantizábamos tener el sistema redoblado ante fallos de la banda magnética, pérdida o robo.  

 

            Antes de partir, hablamos con el Director de nuestra sucursal bancaria para informarle de nuestro proyecto y acordamos la forma de contacto durante nuestra ausencia (correo electrónico, fundamentalmente) y las comisiones por el uso de tarjeta en el extranjero (que conseguimos reducir hasta el 1%).

 

            Es conveniente y sobre todo si no se tienen ingresos durante el viaje –como era nuestro caso, dejar los ahorros en productos financieros de escaso riesgo e interés fijo y una cantidad de dinero significativa en depósitos de un plazo no muy largo –que se pueden ir renovando-, porque cualquier complicación a miles de kilómetros de casa puede resultar muy cara.

                                                                                                                                             Valle de la Muerrte, en el Desierto de Atacama (Chile)

 

            Visados:

 

            Hay que gestionarlos especialmente si los primeros destinos lo requieren y  aquellos que no se pueden conseguir en las fronteras, aeropuertos o países limítrofes. En los viajes largos, donde el tiempo no es una constante amenaza, la mayor parte de los visados se pueden obtener a través de las tres fórmulas expuestas anteriormente y muchas veces más baratos que en España

     


           Material fotográfico:

            

           Si se va a realizar un viaje largo, me parece imprescindible hacer algo que nosotros no hicimos: Comprar un equipo fotográfico inmediatamente antes de partir. No es necesario siquiera adquierir una cámara reflex –aunque ahora las hay bastante buenas a un precio razonable y pagándolas a plazos-. Basta con una buena compacta. En el entorno de los 300€ hay muy buenas propuestas.

 

            No merece la pena ahorrar en este capítulo. La tecnología avanza y los precios bajan, de forma que muchas veces podemos tener acceso a algo que es el doble de bueno y de barato que lo que compramos hace un año.

 

            Las fotos son las imágenes y los recuerdos de un viaje y no merece la pena andar con estrecheces en este capítulo.

     

 

            Que comprar y que llevar en el equipaje:

 

   

         Comprar las cosas que se vayan a usar más habitualmente o aquellas que sean difíciles de encontrar en los lugares de destino. No hay que volverse loco. La experiencia nos demuestra que se puede viajar con los mismos kilos de equipaje (no más de diez o doce) para veinte días o para un año.

 

            .Además, hay que tener en cuenta que muchas cosas se pueden comprar en los lugares de destino, donde generalmente, son más baratas que en Europa.  

 

            A continuación, copio un pos publicado a finales de noviembre en unos de mis blogs, donde proponía una lista de equipaje. En cursiva se señalará de esa relación, lo que no hace falta llevar

 

            “Hemos comenzado el estudio de los elementos que van a componer nuestro equipaje y para ello hemos leído experiencias de lo que han llevado otros viajeros, expertos en viajes de larga duración. Nuestro objetivo es transportar el menor peso posible y comprar la mayoría de las cosas que podamos necesitar en destino, dado que además casi todas, serán más baratas allí.

 

A pesar de que algunos viajeros recomiendan mochilas híbridas para este tipo de periplos largos, nosotros vamos a llevar la tradicional de toda la vida (la otra nos parece demasiado armatoste para las ventajas que ofrece) y en su interior introduciremos más o menos lo siguiente.

 

1.- Botiquín. Muy básico. Creo que no es necesario ir cargado con toda una farmacia a cuestas. Algún analgésico, antibióticos y antidiarreicos, al margen de alguna medicación específica.                                                         Chichicastenango (Guatemala)

 

2.- Pastillas potabilizadoras de agua.

 

3.- Repelente de mosquitos.

 

4.- Protector solar de factor de protección alto, dado que ciertos lugares donde iremos tienen bastante debilitada la capa de ozono

 

5.- Papel higiénico

 

6.- Gafas de sol

 

7.- Lentillas y gafas de repuesto

 

8.- Dos forros polares ligeros para cada uno (al menos uno de ellos claro, por el tema de la malaria)..

 

9.- Malla térmica y pantalón malla térmica

 

10.- Chubasquero (de los que tapan además del cuerpo, también la mochila).

 

11.- Gorra

 

12.- Linterna frontal (tenemos que valorar si nos va a compensar su elevado coste, en relación a las normales de pilas)

 

13.- Sábana cosida a modo de saco (creemos que para este viaje no nos viene a cuento llevar saco).

 

14.- Sandalias de gomas para las duchas compartidas y las playas pedregosas.

 

15.- Adaptador de enchufes.

 

16.- Equipo básico de Trekking

 

Elementos en estudio

                                                                          Machu Pichu (Perú)

17.- Pareo. Nos ha parecido una muy buena sugerencia, dado que ocupa poco espacio y sirve para muchas cosas: Útil como toalla, como manta si refresca, para taparse en algún bus sin ventanas o para apoyar la cabeza en ellos, para cubrir alguna que otra almohada cutre de algún alojamiento e incluso para su propia función: La de pareo, si se está en una playa.

 

18.- Mosquitera (probablemente no)

 

19.- Fundas para los pies, de las cuales no tenía noticia. Parece ser que las venden en tiendas como Dacathlon y sirven para ponérselas cubriendo el calzado cuando llueve, por lo que no te manchas los bajos de los pantalones y estos te aguantan más tiempo limpios. Y digo yo: ¿No sirve con atarse dos bolsas del súper?


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