En contra: -Las pésimas carreteras (las están mejorando). -El transporte, siempre abarrotado e incómodo y los muchos conductores agresivos e inconscientes que hay. -La inseguridad (eso dicen, porque yo no la sentí) México: -El patrimonio del país. Es que tienen de todo: Increíbles ciudades coloniales, ruinas, paisajes, playas, desiertos… -La excelente gestión del estado de ese patrimonio (bien cuidado y con unos precios de las visitas muy razonables). -La amabilidad y el cariño que muestra la gente -La comida mexicana. -Los precios y la relación calidad/precio de casi todo (excepto de lo que se indica más abajo) En contra: -La tasa que, a modo de visado encubierto o impuesto turístico, cobran por entrar al país y que lo convierten en el único de la Hispanoamérica continental en hacerlo -Los precios de los autobuses y muchas veces también, su escasa calidad. Mina de Santa Rita, en Potosí (Bolivia)Por supuesto, muchas de estas afirmaciones tienen componentes de subjetividad. En el apartado de precios, téngase en cuenta que las divisas fluctúan. Nosotros tuvimos la suerte de realizar este viaje en la época gloriosa del euro, cuando cotizaba en el entorno de 1,60 dólares (está a 1,25 en el momento de escribir este relato).
UNA DOCENA DE RECOMENDACIONES BÁSICAS PARA VIAJAR A SUDAMÉRICA, CENTROAMÉRICA Y MÉXICO.
Si no deseas leer el relato entero, con esta sinopsis es posible que te puedas hacer una idea de lo que te encontrarás en esta zona del planeta. No obstante, cada punto será ampliado en el apartado correspondiente: 1.- No es necesario visado para ninguno de los 16 países que hemos recorrido, si bien en México –como ya se ha dicho- se paga una tasa de entrada de 237 pesos (digamos, un impuesto turístico), lo que es un visado en toda regla, aunque encubierto. El tiempo de estancia en cada país varía ente los 30 y 90 días. En Nicaragua se abonan 8 dólares por el ingreso y 1 por la salida, mientras en honduras se pagan 2 por la entrada al país (o al menos eso pagamos nosotros, que no lo tengo yo tan claro). En Bolivia también hay una pequeña tasa de entrada y en Guatemala pagamos 10 Quetzales al salir por la frontera de La Mesilla, aunque me temo que esos fueron para el bolsillo del funcionario de turno. El C4 está formado por Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. Para el viajero esto supone que solo sella a la entrada y a la salida de este grupo de países y no en todos ellos (por ejemplo, si vas de sur a norte, sellas en Nicaragua al netrar y Guatemala al salir).En las fronteras chilenas son bastante rigurosos con la entrada de productos como el queso, la carne, la miel o la fruta fresca. Los registros son a fondo y pueden multar si ven mala fe. Si se viene del sur, en Costa Rica son bastante meticulosos con el tema de la fiebre amarilla y exigirán el Certificado de Vacunación, aunque hayas estado en el último país de riesgo hace tres meses. San Cristóbal de las Casas (México)2.- Si el presupuesto es limitado, la forma más adecuada de viajar es el colectivo (autobús). Son mucho más confortables que en España. Generalmente disponen de baño y los asientos se reclinan hasta formar una semicama. Los precios son baratos o razonables en la mayoría del continente, con la excepción de México, Argentina y principalmente Brasil. La mayoría de los lugares son de fácil acceso en transporte público y donde no llega, suele haber servicios especiales (generalmente bastante más caros) que brindan el acceso. Para otros sitios, si no se dispone del vehículo adecuado (generalmente 4x4), puede ser conveniente contratar un tour. Es el caso, pro ejemplo, del Salar de Uyuni o el Cañón del Colca, en Perú. Para ir a la selva también es aconsejable optar por un circuito organizado y conocer muy claramente de antemano en las condiciones que se va a viajar. Si se va a cruzar el Tapón del Darien, entre Colombia y Panamá, no es mala idea organizarlo con tiempo, pues de lo contrario se pueden perder demasiados días (más si hay días de fiesta por medio, sobre todo en la muy festiva Cartagena de Indias). 3.- La seguridad en el continente americano es buena, mucho mejor de lo que la gente piensa. Las ciudades por el día son de una seguridad similar a cualquiera de Europa (al menos en los lugares de interés para los viajeros), si bien por la noche en las más grandes (especialmente en Río de Janeiro, Sao Paolo, Lima, Quito, Bogotá, Managua y Ciudad de Guatemala) es muy conveniente tomar taxis. Cuatro: son las normas básicas que harán que nuestra seguridad se incremente notablemente: -Informarse en la Oficina de Turismo sobre los lugares donde puede haber problemas e indagar especialmente sobre si la subida al cerro de turno es segura (en casi todas las ciudades hay uno al menos). -No meterse donde a uno no le llaman (favelas en Río, Villa Miseria en Buenos Aires, alejarse del centro en Lima…). -No hacer ostentación de cámaras, joyería u objetos de valor. Si la cámara es una reflex valiosa, en las grandes ciudades es mejor portarla en una bolsa de plástico, como si se tratara de un objeto de escaso valor. La mayoría de los objetos de uso cotidiano caben en los bolsillos, por lo que evitando llevar bolsos se evitan los tirones. Estrella de mar, en Cayo Chichimé (Panamá)-Elegir bien el cajero automático de donde se quiere sacar dinero y la hora del día (los centros comerciales suelen ser muy adecuados). Hay que tapar siempre el teclado con la otra mano cuando se ingresa la clave secreta. Al contrario que en Europa, en algunos cajeros –principalmente en Brasil- hay que retirar la tarjeta para poder seguir el proceso de obtención de dinero. Las mujeres pueden viajar solas sin problemas por la mayoría de los países de la zona, sin más precauciones adicionales. 4.- No es necesario llevar dólares para un viaje por Hispanoamérica, dado que por una parte, el euro es comúnmente aceptado (y en la actualidad en algunos países hasta lo prefieren) y por otra, en muchos países los cajeros dispensan de dólares, además de la moneda local. El euro tiene un cambio excepcional en México (nos llegaron a pagar en una ocasión incluso por encima de la tasa de cambio oficial) y bastante bueno en países como Bolivia, Perú, Chile o Argentina. En los territorios más dolarizados (Ecuador, El Salvador, Panamá y en general, todo Centroamérica, menos Guatemala y Mésico) el euro está algo más penalizado. Los países más baratos del continente son Bolivia y Perú. Los más caros, por este orden, Brasil, Argentina, Chile y México. A mitad de camino se encuentran todos los demás. Aunque el transporte o el alojamiento son baratos, en los supermercados de Colombia, Costa Rica, Nicaragua y Guatemala los precios de muchos productos tienen un precio más alto que en España. Es un fastidio, pero la cerveza es bastante cara en todo el continente (con la honrosa excepción de Argentina). 5.- Las entradas que hay que abonar por visitas turísticas son muy elevadas en países como Perú o Chile, mientras que tienen unos precios muy moderados en México, que para nosotros, no solamente es el país más lindo de todo Sudamérica, sino el que mejor sabe tratar al turista. En Perú, solo les falta que según entras por la frontera de pongan boca abajo y te sacudan hasta que caiga el último céntimo de tu bolsillo y en Chile no le andan a la zaga.Todo lo relacionado con Machu Pichu y su entorno (Valle Sagrado y Cuzco) es sencillamente una vergüenza: Desde el precio de la entrada (que pretenden subir hasta los 100 dólares, según leí) hasta el obligarte a comprar caros pases globales para visitar todos los monumentos, no permitiéndote ir solo a algunos. Y el colmo de la desfachatez lo supone el mayor abuso económico que he sufrido en mi vida: El billete de tren a Aguas Calientes, cuyo precio es al menos 20 veces mayor al que supondría un recorrido similar en cualquier otra parte. Oso perezoso, en el Parque Nacional Poás, (Costa Rica)En este sentido mi recomendación es clara: Hay que bajarle los humos al insaciable estado peruano y no hay otra forma de hacerlo que ABSTENERSE DE IR A MACHU PICHU. Si cuando planifiqué el viaje conociera la situación como ahora, con total seguridad y por principios más que por economía, eliminaría este lugar de mi recorrido. No tiene sentido gastar allí en un par de días, lo que en el resto de Perú te da para diez. 6.- Los alojamientos en la zona son bastante adecuados en términos generales y la relación calidad-precio es muy buena. Optar a habitaciones dobles con baño y televisión por cable suele costar en muchos países menos de 10€ y en la mayoría –excepción de Brasil y Argentina- menos de 15€. Hasta los alojamientos más económicos suelen incluir toallas, papel higiénico y jabón (menos frecuente en Bolivia). En algunos lugares el precio de la habitación matrimonial es inferior a la de dos camas, así que conviene consultar este dato. En la mayoría de los alojamientos hay que abonar el coste de la habitación por anticipado y en casi todos ellos hay que inscribirse en un libro de registro. Buscad y buscad, porque hasta en las ciudades más turísticas hay buenos alojamientos a precios muy razonables. Las ciudades más caras para alojarse con relación al resto de su mismo país son: Río de Janeiro, El Calafate (Argentina) Potosí (Bolivia), Trujillo (Perú), Cartagena de Indias (Colombia) y la costa caribeña mexicana, especialmente Playa del Carmen. Se puede dormir en Aguas Calientes (Perú) o Cuzco por apenas 6€ la doble o en San Pedro de Atacama por unos 8€, por poner tres ejemplos. 7.- La comida es muy buena en Argentina, México y Brasil. En este último país son recomendables los restaurantes de todo a kilo, mientras en los otros dos se come divinamente tanto en los asequibles restaurantes como a través de la comida preparada de los supermercados, establecimientos que apenas existen en Bolivia o Perú. En estos dos últimos países (especialmente de Lima hacia abajo) la comida es algo repetitiva, aunque bastante aceptable (pudiendo incluso comer el riquísimo ceviche en los almuerzos). Los países donde peor hemos comido son Ecuador, Colombia, Costa Rica, Nicaragua y Guatemala. En todos los países se come antes que en España y en algunos, como Bolivia o Perú, puede resultar difícil que te sirvan los almuerzos a partir de las dos en días de diario, especialmente los almuerzos, que es la forma más adecuada y barata de comer en la mayoría del continente. Aunque no haya ningún cartel a la puerta, entrad y preguntar cuales son los platos del día. 8.- Salvo en Chile y Argentina, donde el agua es potable en casi todo su territorio, en el resto de países el agua no no se puede beber o al menos, fuera de sus principales ciudades. A pesar de tener una población de 38 millones de personas, en México DF no se puede ingerir el agua del grifo (algo que parece inexplicable). Playa de Copacabana, en Río de Janeiro (Brasil)Para colmo, el precio del agua mineral o a veces, simplemente purificada, es en la mayoría de los países más elevado que en España. Hay estupendas cervezas en todo el continente. Recomiendo encarecidamente las nicaragüenses (especialmente Toña) y las mexicanas (especialmente casi todas). El café es bueno en prácticamente todo el territorio americano (me gustó por encima del resto el de Colombia y Costa Rica) y en Argentina y Uruguay el mate esta hasta en la sopa. Nuestras amigas argentinas Flor y Flopa nos enseñaron de forma minuciosa su preparación, pero lo hemos olvidado. A ver si me acuerdo de preguntárselo de nuevo. A pesar de que la fama de los rones se la llevan Cuba, Venezuela u otros países caribeños, los hay excelentes en otros muchos países del continente, como Nicaragua, Colombia, Panamá y Perú. Y en esta ocasión estamos de enhorabuena, porque están tirados de precio. 9.- Si se pretende hacer un recorrido similar al nuestro, resulta indistinto empezar por el norte o hacerlo por el sur. El único condicionante es hacer coincidir las visitas en la Patagonia Chilena y Argentina con su verano austral, dado que las temperaturas y las escasas horas de luz solar hacen desaconsejable la visita en invierno. Desde nuestro punto de vista, el tiempo empleado para la realización del viaje ha sido el adecuado. Es cierto que no hemos ido despacio, pero tampoco nos ha parecido que hayamos viajado deprisa. Quizás se podrían dedicar un par de semanas más, si es que se quiere profundizar un poco, a Centroamérica, donde nosotros nos dejamos algunas cosillas pendientes.Sin embargo, en cuanto a la duración de los viajes cada persona es un mundo. En el velero que nos llevó por las islas panameñas del Caribe coincidimos con Catherine (ya he hablado de ella) y una pareja de japonenses. La inglesa, que había visitado los mismos países que nosotros, salvo Brasil y Uruguay, había empleado 9 meses para lo que nosotros habíamos hecho en tres. ¿Y los japoneses?. ¡¡¡Llevaban cinco años y medio de gira por el continente!!!!. Machu Pichu (Perú)Y lo bueno, es que todos estábamos tan contentos con nuestra forma de hacer las cosas y tampoco se nos ocurrió criticar a los otros por viajar de forma diferente. La extensión temporal del disfrute de un destino es, simplemente, el tiempo en que uno está a gusto en ese sitio. |





