Cuando salimos, la que se ha preparado, es peor que la de ayer, con más de quince centímetros de agua sobre la calzada, que hacen de las calles canales. La pintura amarilla que bordea las aceras o que tiñe por completo los banzos, se muestra más asesina que nunca y pensamos, que no pasará mucho tiempo, antes de que caigamos de espaldas. Afortunadamente, eso no sucede. Justo a la hora que le toca meterse, sale el sol.Desde Mérida, hay excursiones organizadas a las ruinas, que salen bastante caras. A las de Uxmal cuesta 275 pesos y si se quieren hacer estas, más Chichen Itza y llegar hasta Cancún, la cosa sube hasta los 450. Mérida (México)CHICHEN ITZA Tomamos el autobús para Chichen Itza (55 pesos) y las dos horas que nos han dicho que dura el viaje, se convierten en tres. Y es que tardamos una para salir de la ciudad. Parece que estuviéramos haciendo un tour llamado “Mérida y sus charcos” (los hay de todos los tamaños y colores). Luego pasamos por pueblos de nombre impronunciable y con casas de tejados de paja. Las ruinas (98 pesos) están abarrotadas de grupos, con guías pesadísimos. La pirámide de Kukulcán es impresionante y ensombrece al resto de las ruinas, que tampoco son muchas, ni están muy bien conservadas. Aunque destacan el Templo de los Guerreros, el Observatorio, el Cenote Sagrado y el Juego de Pelota (es el más grande de América, donde se enfrentaban dos equipos de siete). Si las ruinas de Palenque destacan por el conjunto y el entrono y la Pirámide del Sol de Teotihuacan, por lo que impresiona, esta resalta por su excelente estado de conservación. Hay un montón de españoles. Como siempre, se nos distingue a la legua y mucho más a esas parejitas que están de luna de miel, haciendo la ribera maya y que hasta ahora, no habían salido nunca de casa. De repente empieza a diluviar, pero hoy solo han pasado cinco minutos, desde el espléndido sol al nublado. Nos refugiamos en los servicios y alguien cuenta, que ayer aquí estuvo lloviendo cinco horas seguidas. Esperemos que hoy sea distinto. Los que hacen su agosto, son los vendedores de impermeables (5 dólares, mientras que afuera cuestan 3 y en la ciudad 1,5). Resulta patético ver a todos los miembros de cada grupo, con el impermeable del mismo color. Unos rosas, otros azules, otros verde… Parece que fueran a concursar en el programa veraniego de los pueblos, de Ramón García o que vinieran del colegio. Si normalmente tienen ya pinta de borregos, ahora parecen completamente gilipollas. Pero ver las ruinas encharcadas, resulta bien bonito. Y más todavía, fotografiarlas. Chichen Itza (México)
VALLADOLID
La lluvia para un momento y lo aprovechamos para salir y tomar un bus para Valladolid (20 pesos, una hora), que pasa en diez minutos. La ciudad, nada tiene que ver con su homónima española, pero nos hace gracia visitarla. Es mucho más pequeña –unos 30.000 habitantes- y su único atractivo, consiste en una bonita iglesia, situada en la plaza principal- Todas las calles son de casas bajas y están llenas de gruesos cables, lo que las afea bastante. Aunque lo de los cables eléctricos y algunos otros, ocurre hasta en Antigua. Y es que en la mayor parte de Sudamérica y Centroamérica, no hay dinero para soterrarlos. Solo tenemos una hora para la visita, dado que hemos comprado para las tres y media, el boleto a Playa del Carmen (88 pesos) y así hemos podido dejar la mochila en la oficina de la compañía. Aprovechamos la existencia de un supermercado, para comprar comida y nuestro queridísimo pan de bolillo. Comemos en la plaza principal. El conductor del bus a playa del Carmen nos mata de frío, tal como había hecho también, el que nos llevó a Chichen Itza por la mañana. Ahora el aire acondicionado cae en barrena sobre determinados asientos, que por supuesto se han quedado vacíos. Vuelve a llover y así sigue, hasta la llegada a nuestro destino (tres horas y veinte), momento en que para. Valladolid (México)
PLAYA DEL CARMEN
La terminal vieja –donde hemos parado- está en el centro, muy cerca de la calle peatonal, que es donde están los restaurantes y algunos alojamientos y que discurre paralela a la playa. Nada más salir me siento indígena. Esto está todo lleno de guiris, la mayoría alemanes. Parece que hubiéramos cambiado de continente Desde luego, los precios de los hoteles ahí son muy elevados, así que decidimos, alejarnos por lo menos tres cuadras y así conseguimos encontrar el hotel Colorado –calle 4 norte-. Nos piden 300 pesos y al negociar tres noches, nos lo dejan en 275. El propietario es muy agradable y la habitación es perfecta, de las mejores del viaje. Tiene superbaño, nevera y televisión por cable, además de buen mobiliario y se nota, que está recién reformada. Es más cara que lo que hemos venido pagando, pero bastante más barata, que las de características similares, que hemos visto antes. ¡Además, un poco más de comodidad nos merecemos, ahora que ya estamos casi a punto, de terminar este viaje. Nos vamos a internet, porque llevamos todo el día preocupados, por el tema de los vuelos. Están confirmados y los billetes emitidos. ¡Menos mal!. Playa del Carmen es turística, pero acogedora y coqueta. La playa es envidiable. Hemos hecho bien en decantarnos por este lugar y haber dejado al margen Cancún. Me siento algo rara aquí, pero orgullosa, porque hemos conseguido un bonito objetivo, no exento de dificultades y que hace tan solo unos meses, parecía un sueño. Los restaurantes son bien caros aquí, aunque los alemanes que vienen una semana, pagan encantados todo lo que les pidan. Empieza la hora del balance. Concluimos que definitivamente, este es el país que más nos ha gustado, de los 16 que hemos visitado. Es posible que el broche final del viaje, lo pongamos el sábado por la mañana, viendo como España gana a Suecia en la Euro.
Como habíamos decidido que hoy pasaremos todo el día aquí, no madrugamos. Nos vamos a la playa de arena blanca y aguas verde esmeralda. No hay casi olas y han desaparecido las nubes. Una pareja mexicana se sienta a nuestro lado. Elle tiene el bikini rojo y cuando vuelve de bañarse, le dice a su novio: “Sí. El agua está mejor que la de la ducha de Cancún”. Nos quedamos durante un par de horas y además de bañarnos, paseamos por la playa. Pasamos al lado de unos peces muy grandes, que acaban de ser soltados de la caña y que todavía coletean. Luego por un bonito hotel, con casetillas de paja sobre la arena y con una gorda centroeuropea haciendo aeróbic, junto a un negrito, que se encarga de adoctrinarla y no sé, si de algo más. Luego volvemos al hotel. Pasamos por bares, donde los alemanes están viendo el fútbol en tropel. Aunque tiene mala cara y es que Croacia, les está metiendo un baño. Antes de comer, recorremos la calle peatonal. Los bancos del paseo tienen escritos curiosas historias mayas. Luego vamos a preguntar por el precio del ferry a Cozumel. Los 240 pesos que piden por la ida y la vuelta, son un auténtico robo. Así que descartamos la visita y tal como habíamos pensado de inicio, mañana iremos a las ruinas y a la bella playa de Tulum. Comemos comida preparada de un supermercado, que no está nada buena y para colmo, se les ha estropeado la máquina del pan, así que nos quedamos sin los ovalados bolillos.
Luego damos otro paseo por la calle peatonal y al charlar con el empleado de una agencia, donde nos hemos parado para ver fotos de Chichen Itza, nos explica la razón, de que no se pueda subir a la Pirámide, cosa que ayer, nos había sentado bastante mal. “Una gringa gorda se cayó allá no hace mucho y lo cerraron”, nos dice. Playa del Carmen (México)Como hace un calor espantoso, nos metemos en un internet con aire acondicionado, donde nos quieren dar la vuelta en dólares. Está será la última vez que nos comuniquemos con España desde América, si no pasa nada grave. Luego volvemos a la playa, hasta que cae el atardecer. No hay mucha gente y un guiri está tratando de hacer con la arena, cosas parecidas a leones.
TULUM
¡Ay que pereza da moverse de aquí!. Nos dan ganas de quedarnos en playa del Carmen, viendo el Italia Rumanía y el Francia Holanda, tomando cervezas con papas fritas, más que de ir a Tulum. ¡Cuánto menos haces, menos quieres hacer!. Pero nada, somos gente seria, así que tendremos que cumplir con lo planeado, porque si no, nos vamos a arrepentir. Tomamos el bus de la empresa ADO (44 pesos), que va lleno de extranjeros. Bajamos a la altura de las ruinas y de la playa, 3 kilómetros antes del pueblo. Hace un calor insoportable y la zona está abarrotada de turistas. Hay más aquí, que en casi el resto del continente entero. Aún tenemos que andar un kilómetro hasta las ruinas –las hordas van en un pequeño tren, tirado por un tractor- y otro más, hasta la increíble playa, a la que ya no llegan los grupos organizados. Las ruinas de Tulum (48 pesos), no son de las más bonitas de México, pero el marco donde están, junto al mar, es incomparable. El sitio arqueológico es muy compacto, sobre todo comparado con otros sitios mayas. Está situado sobre un promontorio a la orilla del Mar Caribe y es uno de los lugares mayas, mejor conservados El edificio más importante de estas ruinas es el Castillo. Otros a tener en cuenta son, el Templo del Dios Descendente, el Templo de las Siete Iniciales, la Casa de las Columnas y Casa del Halach Uinic
Luego nos acercamos hasta la fantástica y enorme playa, casi desierta, donde hay unas cuantas cabañas, la mayoría de ellas ocupadas por extranjeros tipo hosteliniano, como los hippies que hacen collares para el anuncio de canal Plus. Como tienen que ser, para encontrar aquí a un italiano, al que no le gusta el fútbol. Pero todo lo que se diga de esta playa, es poco. Las ruinas casi no se ven desde la arena, pero si al revés. “Necesito un hombre”, nos dice un mexicano que se nos acaba de acercar, refiriéndose a mi chico. Y poco a poco va reclutando más macnos, a lo largo de la playa. Se trata de conseguir mover de la arena, una enorme barcaza, que está varada a unos veinte metros del mar. Ponen trocos debajo y aún empujando unos quince hombres, les cuesta arrastrarla. Es divertido. Sobre todo para mi, que estoy tomando fotos del acontecimiento.Habíamos pensado en darnos un baño, pero nos da pereza y decidimos dejarlo, para la vuelta en playa del Carmen, así que tomamos la carretera hacia delante, para acercarnos hasta el pueblo. De camino encontramos un BBVA, donde pagamos los 237 pesos de tasas por persona, de estancia en México –un impuesto bastante feo- y damos con un supermercado, donde aprovechamos para comprar comida preparada, muy rica. El pueblo no tiene atractivo turístico ninguno, pero nada más llegar, todos celebramos el segundo de Holanda con pasión. Y es que parece ser, que tampoco los franceses, caen muy bien por aquí. Playa de Tulum (México) ÚLTIMAS HORAS EN PLAYA DEL CARMEN Volvemos con otra compañía llamada Mayab y el billete nos sale casi por la mitad (24 pesos). Pasamos una muy agradable tarde de playa y después nos vamos a ver la mejor forma de llegar hasta el aeropuerto de Cancún, hacía donde iremos mañana, una vez finalice el partido de España con Suecia, dado que hemos descartado definitivamente, ir a dar una vuelta por la ciudad de Cancún. Solo hay una forma de llegar y es cogiendo un autobús de la empresa ADO, que sale más o menos cada hora, desde la terminal vieja. Damos los últimos paseos por la agradable calle peatonal, muy coquetamente cuidada. Nos levantamos. Antes de ir a darnos el último baño, le preguntamos al dueño del hotel, si es posible que nos quedemos en la habitación hasta la una, hora en que finaliza el partido de España. Como es tan amable, no nos pone ninguna pega. Una vez que nos hemos bañado, vemos una enorme medusa en la orilla. Si la llegamos a contemplar antes, nos habíamos ahorrado el baño. Vamos al supermercado y compramos embutidos, salsas y rico pan de bolillo, además de bastantes cervezas para ver el fútbol. Tienen para probar trozos de manzanas con chile. Tomo un cacho, aunque soy muy escéptica ante esta mezcla de sabores, pero descubrimos que está delicioso, así que casi, vaciamos la bandeja. Empieza el partido y España no tarda en marcar. Pero Suecia empata y los nuestros comienzan el segundo tiempo algo espesos. La transmisión la estamos siguiendo, a través del canal deportivo de televisión ESPN, donde los comentarios los hace, el legendario Mario Alberto Kempes, que habla de los pibes españoles, a lo que el locutor le responde: “No diga usted pibe, diga macho o tío, que es español” Cuando ya vamos por la quinta cerveza y estamos poniéndonos las mochilas a la espalda, la gran galopada de Villa, pone en ventaja a la roja, cuando ya estamos en el descuento. Gran estallido de felicidad. ¡¡Un viaje como este, no podía tener un broche final más bonito!!. Playa del Carmen (México)ADIÓS, DE MOMENTO, AL CONTIENNTE MÁS LINDO DEL MUNDO Sin tiempo para más, vamos a la terminal de autobuses, pagamos el carísimo boleto hasta el aeropuerto de Cancún y comemos en el camino. Tardamos en torno a una hora y luego nos pasamos otra hora y media, en la cola para facturar. Nuestro equipaje irá directo a Milán, pero la tarjeta de embarque del segundo vuelo, la tendremos que obtener en Frankfurt En este aeropuerto al menos hoy –y a pesar de los problemas que tuvo aquella española, que luego se desnudó en el Interviú-, la vigilancia policial es escasa. Tanto, que ni nos ponen sello de salida en el pasaporte, ni nadie nos quiere coger el justificante de que hemos pagado las tasas de estancia. Al final terminamos entregando el papel, a personal de Cóndor, antes de subir al avión. ¿Qué habría pasado si no hubiéramos pagado las malditas tasas?. Eso nunca lo sabremos, pero probablemente, nos las habríamos ahorrado y estamos hablando de casi 30 euros, entre los dos. En este aeropuerto tampoco son paranoicos y se pueden meter líquidos a los aviones, cosa que es de agradecer. Para gastar nuestros últimos pesos, compramos una botella de Bacardí de litro, en la tienda libre de impuestos y poco después de haberlo hecho, nos damos cuenta que en Frankfurt, no nos la van a dejar pasar por los controles de seguridad y la vamos a perder. Salimos con 25 minutos de retraso, pero llegamos en hora. El vuelo transcurre sin ninguna incidencia. Como es habitual volviendo de América, la noche se hace cortísima. Una pareja de alemanes aprovecha para escribir un montón de postales. A ver como arreglan el tema del matasellos, porque las van a tener que echar al buzón, ya en Alemania. La mayoría de los pasajeros son de germanos y no parece que hayan venido a México, a hacer mucho turismo cultural. La última película que han puesto, termina justo unos minutos antes de aterrizar. Se nota que son alemanes. Para eso en los autobuses de Sudamérica y Centroamérica, donde te las cortan a medias, al llegar al punto de destino. Nos llevamos las mantas de la aerolínea, que son bastante buenas y suaves. Nos dan de comer y de desayunar bastante bien –aunque la cerveza y el vino se pagan- y nos pimplamos media botella del ron en el vuelo. ¡Antes de que se lo queden los gendarmes alemanes, nos lo metemos para el cuerpo!. |





