Iniciamos el recorrido y visitamos el Parque Central, El Palacio de los Capitanes, la Catedral de Santiago, el Palacio del Ayuntamiento, la Universidad de San Carlos, las iglesias de la Merced, San francisco, de las Capuchinas, de la Recolección – que tiene también un convento y está en ruinas-, la de San Jerónimo –también en ruinas-, la del Hermano Pedro, el Arco de Santa Catalina, el Merado Central… Y así, durante más de tres horas Comemos y nos acercamos nuevamente a la sede de la policía turística. Parece de película. Están en el cambio de turno y se saludan a la americana. Solo estamos nosotros para subir al cerro y nos asignan a Miguel, policía experto en artes marciales, que es muy simpático y no nos deja de dar conversación a lo largo de todo el camino, aunque cada una de sus afirmaciones, las encabeza con la palabra “básicamente”. Antigua (Guatemala)Nos dice que la situación de Guatemala es muy difícil y que los alimentos están carísimos, pero que la ciudad de Antigua, ha mejorado muchísimo en seguridad en los últimos tiempos (la vende bien, pero la mayoría de las cosas que afirma, son ciertas y las hemos constatado nosotros mismos por la mañana). Desde la sede de la policía, se tarda un buen rato en llegar al inicio del cerro. Luego la subida es corta y aparentemente, no parece peligrosa. Incluso hay una pareja de enamorados comiéndose a lametazos en mitad de la misma. ¿Serán los asaltantes, que se han aburrido de esperar y se han terminado enamorando?. Menos risas, que estas cosas son muy serias. Arriba hay otra pareja, que ha subido con una mujer policía. ¡Como tenga esta que practicar artes marciales con ese culo…!. También hay otro grupo, que ha contratado la visita guiada. Las vistas son excepcionales, con el preciosísimo volcán Agua de frente, pero más se intuyen, que verse, porque la neblina lo enturbia todo. Hay también aparcado, un coche de la policía nacional. Parece que cuando se empezaron a coordinar esta y la turística, fue cuando la seguridad en Antigua mejoró notablemente. Bajamos y enseguida nos despedimos de Miguel y el resto del camino de vuelta al centro, lo hacemos solos. No nos ha sugerido siquiera, le idea de que le demos una propina. Paseamos por el cuidado mercado de artesanía y luego por el de frutas y verduras, que es un poco más sucio y pasamos el resto de la tarde, volviendo a deambular por las mismas calles que por la mañana, empapándonos del patrimonio cultural de esta ciudad y de su ambiente. Vemos oscurecer desde la plaza, donde las parejitas se aman desmesuradamente en cualquier parte. ¡Qué país más cariñoso!. Y nosotros preocupados por los asaltos. En el cíber y en relación a los boletos de vuelta, no hay mejores noticias que en días precedentes. Antigua (Guatemala)CHICHICASTENANGO (CHICHI) Madrugamos. El cielo está
completamente azul y el volcán Agua se muestra resplandeciente y sin una gota
de neblina. Nos hubiera gusta pasar al menos un par de días en la zona del Lago
Atitlán, pero llegar y volver desde allí, nos haría perder un tiempo que ya no
tenemos. Primero debemos tomar un bus hasta Chimaltenango (5,50 GTQ$) y luego otro a Chichicastenango (25 GTQ$). Este segundo viaje, como siempre en el chicken bus, es una auténtica locura: Curvas, frenazos y el conductor, que cuando ve los túmulos o tachuelas por la carretera, en vez de frenar acelera, lo que hace que te tengas que levantar del asiento, para evitarte dañar el culo. Pero entonces si no tienes cuidado, te das con la cabeza en el techo. La Panamericana está aquí llena de baches y de obras y cuanto mayores son las dificultades, más acelera nuestro suicida de psiquiátrico. ¡Y a los de aquí, les parece tan normal!. El paisaje eso sí, es espectacular. Hay quien dice que los chicken bus, es la forma más segura de viajar en Guatemala y yo estoy de acuerdo, porque no son el mayor atractivo para los asaltantes, que no esperan que vayan muchos turistas en ellos y donde moverse por dentro –aunque sea para asaltar-, es una auténtica odisea. Los autobuses turísticos y Shuttle bus, son más llamativos y apetitosos, aunque en el caso de las agencias, desconozco si llevan algún tipo de seguridad. De todas formas lo que aquí digo, es una sensación, más que una certeza. Llegamos con vida, aunque con alguna que otra contusión y en la misma parada del bus, nos ofrecen alojamiento. A pesar de la comisión que se llevará el chaval, no nos parece caro y tras verlo, la habitación con baño es luminosa, amplia y bastante nueva. Tiene también televisión por cable, así que nos lo pensamos más y nos quedamos en este hotel, de nombre El Salvador –en la Quinta avenida, cuesta 75 quetzals). Lástima que el propietario, que es maya, solo habla unas pocas palabras de español. Chichi tiene una bonita plaza, con dos iglesias –una enfrente de la otra-, destacando más la de Santo Tomás. También esta el edificio del Ayuntamiento, con un bonito mural indígena, en una de sus paredes. Y es que es aquí, uno de los sitios de Guatemala, donde hay más muestras del indigenismo maya: Desde las costumbres, a los ritos religiosos y ofrendas. Se celebra un Mercado los jueves y domingos –dicen que es el mercado nativo más colorido de Centroamérica-, pero no hemos tenido suerte (es martes) y el centro de la plaza, que es donde se ubica, hoy está lleno de puestos normales, generalmente de papas fritas y pollo. La localidad también cuenta, con algunas calles con casas de colores, bastante bonitasAquí la gente sabe español –sobre todo los más jóvenes-, pero entre ellos hablan en maya. Las mujeres visten su atuendo típico, que incluso se traslada al uniforme escolar de las adolescentes. Pero aquí no hay hostilidad hacia los españoles, como si existe en algunas zonas de Bolivia. Nos sentamos en la plaza y en vez de disfrutar, somos acosados por unos cuantos pedigüeños. Algunos de ellos, parecen estar drogados. Chichicastenango (Guatemala)Los ritos en las iglesias, son parecidos a los incas; Ponen velas en el suelo y les tiran alcohol por encima. También hacen sacrificios de gallinas, en la roca del Sacrificio y luego esparcen su sangre. Nos hemos encontrado con el que nos ofreció el alojamiento, que nos asegura que mañana hay uno a las diez, pero al preguntar en la oficina de Turismo –donde por cierto, el plano vale 5 quetzzlas-, nos dicen que no tienen noticias al respecto, así que no nos llegaremos hasta allí. Comemos y luego dormimos la siesta. Queremos subir al cerro Pascual Abaj, pero cuando llevamos cinco minutos –se tarda 25- y vemos que de camino no hay nadie, nos damos la vuelta, dado que en la guía advierten de que en él se han producido asaltos y en Turismo, que es mejor subir en grupo. También los ha habido en el bonito Cementerio, pero con ese si que nos atrevemos, porque esta al lado del núcleo urbano y hay familiares, visitando a los muertos. Matamos eL resto de la tarde en el cíber. Tenemos claro, que pasaremos por España, aunque solo sea para saludar y a descargar peso, así que no iremos directamente al sudeste de Asia. Varias agencias, hacen tours desde aquí a Copán Ruinas (10 US$, solo transporte) y de tres días a ese mismo destino más Tikal, por 200-225 US$ (todo incluido).
QUETZALTENANGO (XELA) Al final decidimos darnos un respito y no madrugar tanto, como en días anteriores. Pretendemos llegar hasta Xela y creemos, que lo que hay que ver allí, no nos llevará más de medio día. Nos aprovisionamos de viandas en el supermercado de la Despensa Familiar, donde nunca hay nadie. Ni siquiera está la cajera, a la que tienen que dar un timbrazo, cada vez que llega un cliente. UY es que los precios de la comida en Guatemala, como bien nos dijo anteayer Miguel, son caros.Nos toca esperar tres cuartos de hora, a que pase un chicken bus (25 GTQ). El de un microbús y para completar su pasaje antes, nos intenta convencer de que lo hagamos vía Los Encuentros. Va a ser que no. A ciudad de Guatemala, hay servicios cada diez minutos. Chichicastenango (Guatemala)El chicken de hoy es más pequeño, va menos gente y el conductor es más prudente. El paisaje es bonito y hasta llegar a Los Encuentros, las curvas son tremendas. Este es el punto por el que volvemos a salir a la Panamericana, porque hasta ahora lo que hemos hecho, es desandar parte del camino de ayer. Luego hay un cacho de carretera que están arreglando y más adelante, un buen trozo de autovía. Seguimos sin noticia de los asaltantes. Suben mujeres con los niños envueltos a cuestas y con enormes bultos. Son jóvenes, pero se ve que tienen el rostro muy castigado, de llevar una vida, que en occidente ni nos la imaginaríamos. Los niños se van volteando de un lado al otro, con los movimientos de sus madres. Casi mejor, porque así se van acostumbrando para cuando sean mayores, a la inestabilidad y brusquedad de los chicken bus y a los frijoles volteados, barata especialidad mexicana de frijoles, que se comen untados y que ya abundan bastante por aquí, como algunos otros platos de la cocina del vecino del norte. Optamos por un hotel al lado de la terminal Minerva, a la que acabamos de llegar, porque así mañana estamos al lado, para salir rumbo a México. Tomamos alojamiento en el hotel Nevada y por 80 quetzals, nos dan una habitación pequeña, oscura y sin baño –es compartido-, aunque totalmente nueva y con televisión por cable, con TVE Internacional. ¡Nos encanta poder seguir la actualidad, de los líos del PP!. Comemos comida mexicana en un restaurante cercano y nos vamos hasta el centro. El paseo es bastante largo, pero muy entretenido, ya que se atraviesan dos coloridos mercados. Es uno de ellos hay loros de un intenso verdor en la piel, que se pasean por encima de los cocos. Y las avispas campan a sus anchas, introduciendo la cabeza en las rajas de sandía, puestas para la venta o para probar. ¡Cualquiera mete la mano ahí!. Esperábamos algo más de Xela, pero para media jornada, es un lugar bastante agradable, con su plaza principal, un precioso y cercano pasaje y algunas calles de bonitas casas, tipo colonial, aunque son escasas. Vemos el Parque Centroamérica, la Catedral, la Municipalidad, el Pasaje Enriquez, la Casa de la Cultura, el templo de Minerva, el Teatro Municipal y el Mercado de la Democracia. Vemos a más guiris que en Chichi y eso que este último, es un lugar más acogedor. Cometemos el error de otros días, de hacer el retorno en su última fase, parcialmente de noche y nos toca atravesar un corto, pero muy oscuro y solitario parque. Afortunadamente, no hay consecuencias que lamentar. Si todo sigue como hasta ahora, mañana por la tarde habremos abandonado este país, sin ningún tipo de contratiempos importante. Aunque no hemos ido a la zona más peligrosa, que dicen es, la de las caminatas en torno al lago Atitlán. Quetzaltenango (Guatemala)CAMINO DE SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS Tomamos un autobús para La Mesilla, lugar donde se encuentra la frontera con México, nada más llegar a la terminal. ¡Qué suerte!. Ha sido la última vez que la tengamos hoy. Sube un predicador que habla y no calla, así que lo miro con desprecio y me pongo los auriculares del MP4, para huir de su perorata. Me bendice (o me crucifica). No creo en el mal de ojo o en los maleficios, pero lo cierto es, que a partir de que se baja, comienza una jornada, que sin ser dramática, si que se hace algo sufrida. Ayer en la terminal, nos habían dicho que el precio del bus a La Mesilla es de 28 quetzals. Hoy el ayudante, nos quiere cobrar 40. Nos negamos a pagarlo. Primero, porque no nos gusta que nos engañen y segundo, porque hemos ajustado tanto los gastos, que solo tenemos 65, con lo que nos faltarían 15. Se forma un follón impresionante. Viene el conductor, que tiene pinta de mafioso –me da la sensación de que, aunque funcionan como transporte público, los vehículos son privados y pertenecen a quien conduce-, pero no nos amilanamos. Nos dice que nos bajemos y le respondemos que no. Amenaza con llamar a la policía y le comentamos, que de acuerdo. Y de nuevo pasa como el día de El Progreso: Los agentes se lavan las manos –lo que debe gastar en jabón, la policía de aquí- y quieren evitarse problemas. El resto de la gente en el autobús, no dicen nada. Renunciando a la dignidad, tratamos de que nos lleven por el dinero que nos queda, pero el hijo de puta no acepta, así que viendo como está la situación, optamos por bajarnos del vehículo. Pero antes, sacamos todo nuestro carácter –un poco más, todavía- y llamamos de todo al conductor y al ayudante Pensamos en denunciar, pero se impone la lógica: No podemos perder tiempo, para que no resuelvan nada y si acaso lo arreglan –cosa que dudamos-, ya no estaremos aquí para celebrarlo Una vez que el chicken se ha ido, un policía nos dice en privado, que llevamos toda la razón. Apuntamos la matrícula y la dirección de la empresa: C787BCH, de Transportes Unión Fronteriza, avenida Jesús Castillo, callejón 042 (Quetzaltenango). Quetzaltenango (Guatemala)El resultado es, que al final ya no podemos viajar hasta La Mesilla, de forma directa. Primero tenemos que coger un chicken a Huehuetenango (15 GTQ$) y luego otro a La Mesilla (otros 15). En el primer autobús vamos hasta la bandera, de tal forma que llevo encima de mi pierna derecha, a una chica que apesta y en la izquierda, a un corpulento señor con e pelo rapado, que me la está machacando. Me tengo que revolver y al menos consigo, quitarme medio señor. Empieza a salir humo del bus y cuando ya empezamos a pensar que nos vamos a quedar tirados, pasa un camión cisterna, que le da agua al conductor y consiguen refrescar el motor y poder continuar. Los paisajes y como siempre, son incomparables, aunque no tenemos todo el tiempo que nos hubiera gustado para verlos. Luego en Huehuetenango, tenemos que cambiar dinero, porque aunque para los autobuses tenemos, se ha hecho demasiado tarde para esperar a comer a la llegada a México. Afortunadamente, no resulta nada difícil encontrar un buscavidas –minusválido-, que nos lleva a una tienda cercana, donde cambiamos 10 dólares, a una tasa no demasiado abusiva, dadas las circunstancias. Al fin, llegamos a La Mesilla –su terminal parece un vertedero- y recorremos su alargada calle, que es un eterno mercadillo, hasta la oficina de inmigración. Sellamos el pasaporte y nos cobran 10 quetzals de tasas de salida (menos mal que habíamos cambiado), sin darnos justificante alguno. Ya no tenemos ganas ni fuerzas para discutir, pero seguro que con esos casi dos euros, se queda el funcionario. Nos enteramos de que la oficina de inmigración mexicana, está a cuatro kilómetros, en Ciudad de Quatemoc. Nos dicen que no hay transporte público (aunque luego, vemos pasar camionetas con gente. Como no tenemos ni quetzals suficientes, ni pesos mexicanos, decidimos ir andando, a un ritmo de vértigo, con las mochilas a cuestas. Menos mal, que tampoco hay asaltantes y que vamos cuesta abajo. Al fin estamos en ¡México lindo!, pero no hay un cajero automático hasta dentro de 80 kilómetros, así que nos toca trapichear con los de inmigración, para que nos cambien pesos por dólares -los suficientes, para poder llegar a San Cristóbal de las Casas-, a una tasa solo, algo desfavorable. Y eso después de haber sellado los pasaportes y enterarnos, de que tenemos que pagar una tasa, a lo largo de nuestra estancia en el país, de 237 pesos, porque nos van a pedir el recibo antes de salir. Tomamos un microbús a Comitán, por 30 pesos. Es confortable y tiene aire acondicionado. ¡No nos lo podemos creer!. Uno de los pasajeros coloca unos enormes bultos en el portaequipajes. Nos paran en un control del ejército y por su culpa y hasta que consigue justificar la mercancía –que aún cuando hoy escribo, no sabemos que es-, estamos parados más de media hora. En Comitán, compramos el boleto para San Cristóbal de las Casas (35 pesos). Nos extraña que haya tarifas puestas de modo impreso y que te den billete físico, cosa a la que no estábamos muy acostumbrados en Guatemala y nadie nos dice que defendamos nuestros derechos en España, como nos sugirieron esta mañana. Quetzaltenango (Guatemala) |






