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Sudamérica y Centroamérica/53


Tomamos el autobús 80, primero hasta la playa del Tunco (0,30 US$) y luego vamos andando hasta la de Sunzal. Las dos son muy bonitas, aunque  si tengo que elegir, me quedo con la primera. Me encantan esas extrañas formaciones rocosas que en una de sus partes, hay cerca de la orilla. Estas playas son salvajes y de preciosa arena negra y cantos rodados. “Somos novios y estamos de luna de miel”, grita una salvadoreña, cuando se mete con su muevo maridito en el agua.

 

El océano Pacífico sigue sin hacer honor a su nombre y está más bien, bastante enojado. Muestra su furia y su fuerza con un

brusco oleaje, en forma de remolinos circulares. Me meto alegremente y me pega tal revolcón, que me hiere levemente en hasta cinco sitios diferentes, debido al choque con los pedruscos del suelo. Buscamos una zona menos pedregosa y así podemos darnos un baño, algo más placentero.

 

Para volver, tomamos el 187, que es el primero que pasa y que nos devuelve a La Libertad. El último autobús desde las playas hasta aquí, es a las seis y a San Salvador, a las siete. Cuando llegamos a la capital, es ya noche cerrada y el omnipresente mercadillo, tiene la mayoría de sus puestos cerrados.

                                                  La Libertad (El Salvador)

 



SANTA ANA

 

 Más temprano incluso que ayer, tomamos el autobús 34 (0,25 US$) hasta la terminal de Occidente –hay otras dos- y en tan solo 4 minutos, suben siete vendedores (de billeteras, cremas, pastillas para el hígado y cuatro de chucherías) y dos pedigüeños. Tenemos la suerte de llegar, justo cuando el autobús a Santa Ana (1,50 US$), está a punto de partir. En hora y cuarto, nos ponemos en nuestro destino.

 

En Santa Ana no hay terminal. Los buses parten y llegan, justo al lado de un enorme y animado mercadillo, que está sin asfaltar. Hasta el centro son bastantes cuadras, que nos toca hacer con la mochila a la espalda y esquivando coches, gente, bicis, hoyos, alcantarillas abiertas, cables, cáscaras de plátano y sandía (casi me mato al pisar una)…

 

La plaza central, llamada Parque Libertad, es sencillamente magistral, aunque algo descuidada. En ella se encuentran los principales atractivos del lugar, que son la Catedral, el Teatro de Santa Ana y el Ayuntamiento. Paseamos por los alrededores y como no encontramos a quien encasquetar los bultos, compramos cerveza en un supermercado de la misma plaza y nos sentamos, a ver la vida pasar.

 

Tres tiernas adolescentes se acercan, con la intención de vendernos miel en botellas de vodka. Nos da pena. Hoy es sábado y estas chavalas, tendrían que estar disfrutando con el novio o los amigos, en vez de estar vendiendo. A unos 10 metros de nosotros, hay también un desanimado limpiabotas, que en la hora y media que llevamos aquí, no ha tenido un solo cliente.

 

Deshacemos el camino y en un bar de la calle principal, damos cuenta de un pollo asado de kilo y medio, el mejor de máquina, que hayamos comido jamás y por solo cuatro dólares. Estamos ya llenos y todavía nos queda la pechuga, pero la engullimos, hasta que se nos sale por las orejas.

 Santa Ana (El Salvador)

 



CAMINO DE CIUDAD DE GUATEMALA, PASANDO POR EL PROGRESO

 

Tomamos el habitual bus escolar americano (0,60 US$), que nos debe conducir A San Cristóbal, en la frontera con Guatemala. Va abarrotado y es muy colorido. La gente entra y sale por la parte trasera y para que el conductor se entere de cuando tiene que parar o arrancar, su ayudante da un par de fuertes golpes en el vehículo.

 

Este se interesa por nosotros. Nos comenta, que la situación en el país está muy mal –mucha inseguridad- y que con los seis dólares que se ganan al día de media, no se puede casi vivir. Él aspira dentro de no mucho, a emigrar a México, donde se ganan 20 US$ por jornada, aunque los pisos a renta son caros. Allí vive ya su mujer. Nos advierte de que tengamos cuidado con el cambio en San Cristóbal, porque te suelen engañar. Mientras otro predicador, nos ameniza el viaje con sus mensajes, que como los del resto de su gremio, siempre tienen algo de catastrofistas.

 

San Cristóbal es pequeño y feo, pero andando y en un plis plas, estamos ya al otro lado de la frontera, en la mismísima Guatemala, donde hay cajero automático. Así que pasamos de los pesados cambistas y obtenemos efectivo de la máquina. Este país nos da bastante respeto en materia de seguridad, porque hemos oído y leído de todo, pero lo mejor, será no obsesionarse, a pesar de que nada más cruzar, ehmos visto a dos personas con pistola.

 

No hay autobús directo a Ciudad de Guatemala, al menos a estas horas, así que tendremos que tomar un microbús a El Progreso (50 minutos). El conductor nos cobra lo que le da la gana. Cuando le preguntamos cuanto es, nos responde que cuanto nos pidieron cuando hicimos este camino en sentido contrario. Como le decimos que no lo hemos hecho, se lo piensa y nos acaba pidiendo 20 quetzals.

 

Es curioso: No hace ni 24 horas, estábamos en La Libertad y ahora estamos en El Progreso, que es un lugar pequeño, pero en el que hay más de 10 hoteles. Nos hospedamos en uno de ellos, La Bella Acnuapa y por 90 quetzals, nos dan una pequeña habitación con baño y televisión por cable, bastante correcta.

 

Empezamos ya a tener claro nuestro recorrido por México: Después de visitar Ciudad de Guatemala, Antigua, Chichicastenango y Quetzaltenango en este país, arribaremos  a San Cristóbal de las Casas, en Chiapas y luego tiraremos a Yucatán o a México D.F, dependiendo desde donde tomemos el vuelo de vuelta. Viendo los precios a día de hoy, lo más normal es que nos decantemos por la segunda opción y luego iremos bajando poco a poco, para hacer una semicircunferencia, que nos lleve hasta Cancún. El recorrido es largo, pero lo haremos todo en autobús.

 

Es domingo y nuestros problemas comienzan bien temprano. A las dos de la madrugada nos despiertan unos agresivos mosquitos, que nos obligan a darnos repelente, casi por litros. Y a las siete el dueño del hotel, que nos dice que el se va, que allí no queda nadie y que tenemos que recoger e irnos. ¿No lo podía haber dicho ayer antes de pagar?. Entablamos una fuerte discusión. Aunque nosotros habíamos pensado irnos a las ocho, para llegar pronto a Guate, estas no son formas de hacer las cosas, así que le amenazamos con ir a la policía, amenaza que finalmente cumplimos, a ver si así conseguimos, que nos devuelva la mitad de lo pagado.

                                                                                     El Progreso (Guatemala)

Ya en comisaría, nos damos cuenta de que tenemos poco que hacer allí y el único policía, que debe estar de guardia, no tiene muchas ganas de complicaciones y nos pide comprensión para el hostelero, porque según dice, hacer esto aquí, es muy habitual los domingos. Como vemos que no va a cambiar de opinión, tomamos el “chicken bus” a Ciudad de Guatemala (25 GTQ$), que no es otro medio de transporte, que el de las escuelas americanas, pero aquí generalmente, están pintados de amarillo. Los pollos de Guatemala son de un amarillo muy intenso, más de lo normal y tal vez de ahí, les venga el nombre, pero no lo tenemos confirmado.

 

Nos ha dado rabia perder y la indiferencia de la policía. Y seguimos con los ojos bien abiertos, porque hace cinco minutos, el conductor de un microbús, nos ha querido engañar, diciendo que no hay autobuses directos a Guate, para llevarnos a Jutiapa

 

En unas tres horas, nos ponemos en la capital, después de ir en este colorido transporte, donde viajamos todos amontonados (se sientan 3, donde solo deberían ir 2) y con la música a todo volumen. Desde luego, si sube aquí una de las temidas bandas de asaltantes, lo va a tener muy complicado para desplazarse por el interior del vehículo. A mitad de camino, la policía hace bajar a los caballeros y luego los vuelve a mandar subir, sin pedir siquiera la documentación. Estamos paranoicos. ¿A ver si van a ser falsos policías, que nos quieren asaltar?. El paisaje es realmente bonito, montañoso y muy verde.

 

 

CIUDAD DE GUATEMALA (GUATE)

 

            Junto a la terminal y para variar, hay un enorme mercadillo, en una zona sin asfaltar y en cuya mayoría de puestos, venden porquería. La mayor parte de la mercancía está en el suelo, bajo sombrillas. Hay algunos hoteles y nos entra la tentación, de dormir por aquí, para no ir con las mochilas al centro, pero en todos los que preguntamos, nos dicen que no podemos tomar la habitación hasta las cinco de la tarde, así que nos vamos a la zona 1, en el autobús 36 (1,25 GTQ$).

 

            Nos bajamos en la calle 3 y buscamos alojamiento a lo largo de ella. No lo estamos haciendo bien, porque en la guía pone que

fuera de los márgenes entre la calle 5 y la 8, la ciudad es bastante insegura, pero a esas horas, todavía no lo habíamos leído. Encima hoy domingo, apenas hay nadie. En los cinco o seis hoteles que entramos, todas las habitaciones son por horas. Vemos entrar y salir a algunas parejas. Las segundas, con más cara de felicidad que las primeras. Son muy reacios a alquilarnos una habitación por un día, como en cualquier hotel del mundo y si sumamos lo que vale cada hora, el precio se eleva bastante.

 Ciudad de Guatemala (Guatemala)

            Nos vamos hacia el Parque Central, donde hay más gente y tras diversos intentos fallidos, dado que los únicos hoteles que alquilan por días completos son carísimos, terminamos en el hotel Ontario –avenida Siete-, donde aceptan alquilárnosla por una noche (60 GTQ$), pero no podemos ocuparla hasta las cinco. Visto lo visto, aceptamos y dejamos allí el equipaje. Es curioso: De un sitio nos echan a las siete y al otro, no podemos entrar hasta las cinco, después de haber pagado en los dos, la jornada completa. ¡Porca miseria!. Echamos cuentas: A veinte la hora y cinco condones por diez quetzals –los venden en el supermercado-, ¡echar aquí un buen polvo, sale realmente barato!.

 

            Nos vamos a ver la ciudad, pero empieza a llover y ya no para –salvo a ratos cortos-, en todo el día. Vemos como podemos, el Parque Central y el casco antiguo de la capital, que esta declarado Patrimonio Nacional. Esta comúnmente dominado por casas viejas y edificios de poca altura, que en ocasiones corren riesgos de caer. En esta zona se encuentran el Palacio Nacional, la Casa Presidencial, el Congreso, el Portal del Comercio, las Cien puertas , la Catedral Metropolitana, la oficina de Correos, el Mercado Central, el Mercado de Artesanías, entre un sin fin de edificios históricos. Descartamos ir a las zonas comerciales y a la financiera, por encontrarse lejos y por estar vacías, al ser domingo.

              

            Guatemala es más bonita y limpia que San Salvador, aunque es igual de decadente. Como en está, las calles son de cuatro líneas comerciales: Las  tiendas de las dos aceras y los puestos desmontables, que ponen en frente de estas. En el centro apenas hay mucha gente y están todos concentrados, en torno a las calles Seis, Siete y Ocho, en torno a la actividad comercial. Aunque más que comerciando, están viendo el fútbol, en pequeñas  televisiones. Por lo que cuentan, hoy se decide el campeonato nacional, entre los dos principales aspirantes y se está viviendo con bastante pasión.

 

La oficina de Turismo está lejos y hay que ir por calles desiertas, así que no nos atrevemos, Además, probablemente esté cerrada. El problema, es que no sabemos como iremos a Antigua. Comemos en la plaza, debajo de los soportales, comida del supermercado. Un agresivo niño, que lleva un buen rato esnifando pegamento y que no deja de pedirnos dinero, nos hace poner en guardia.

 

Pasamos la tarde dando vueltas por las calles más concurridas y buscando –sin éxito- vuelos por internet. Justo antes de anochecer, nos vamos al hotel. No queremos jugárnosla, en una de las ciudades con más fama de inseguras del mundo. Al menos en la zona centro (zona 1) y por el día, a nosotros no nos ha parecido para tanto.

 

La habitación tiene un cierto aire de putiferio y el baño está algo descuidado, pero es aceptable y además hay televisión por cable, con la TVE internacional, que nos permite seguir haciendo el seguimiento, de cómo le hacen la cama a Rajoy en el PP 

                                                                       Antigua (Guatemala)

 

ANTIGUA

 

            A las 7 de la mañana estamos ya arriba. Al final, no nos resulta tan difícil conocer el autobús que nos lleva a la termina de Trébol, donde se cogen los vehículos para Antigua. Se lo hemos preguntado a un policía en la plaza y nos dice, que tomemos el 35, en la cercana calle 4. El conductor nos quiere cobrar por las mochilas un quetzal adicional, pero dos chicas que viajan detrás de nosotros, protestan y le dicen que no trate de engañarnos, así que al final, pagamos un solo quetzal, lo que nos hace deducir que ayer, nos estafaron la ridícula cantidad de un cuarto de quetzal, al venir al centro.

 

            El lugar donde nos han mandado bajar, tras media hora por la ciudad es un caos, pero vamos de unos brazos a otros y en menos de cinco minutos, estamos en el bus que va hasta Antigua (9 GTQ$). Sale casi vació, pero por el camino se va llenando, hasta reventar. Hay gente de todo tipo, hasta un turista, que va con la riñonera por fuera y muy suelta –luego que pasan cosas-, al que le colocan un niño encima de sus brazos. Llegamos en una hora, tras una conducción bastante temeraria.

 

Nada más bajar, nos sale un hombre de la oficina de información  turística (son muy amables y parecen jubilados, que trabajan gratis). Nos hace una breve descripción de lo que podemos encontrar en Antigua y en los alrededores y nos recomienda algún alojamiento, del que no sé, si se llevará comisión. Pero en esto último, no le hacemos caso y no tardamos en encontrar algo por nuestra cuenta: El hotel El Pasaje –en la calle Santa Catalina-, que por 75 quetzals, nos entrega una habitación doble pequeña, con baño y sin televisión (hacía mucho, que no la teníamos). Es modesta, pero aceptable. Las vistas desde la terraza, son estupendas. Nos llama la atención, que en este país por el momento, no tengamos que registrarnos en los alojamientos, como en el resto del continente. Aquí les pagas y con eso ya les vale.

 

La mayoría de los alojamientos en este país –entre ellos, los dos que llevamos-, tienen gruesas puertas de barrotes, que los asilan de la calle. Suelen permanecer siempre cerradas y solo se abren, cuando entran los huéspedes, los cuales no solemos tener llave exteior. En Guatemala, la inseguridad no se palpa, pero las medidas contra ella existen y no son pocas. Son las nueve y cuarto y tenemos todo el día por delante, para ver esta bella ciudad. Contemplar el volcán Agua, me vuelve loca y el volcán Fuego, esta loco él. Hoy está echando algo de fumarola, pero nos han dicho, que los días de atrás ha estado quieto.

 

Antigua es preciosa. Es tal vez, junto a San Cristóbal de las Casas, Granada, Popayán, Cuzco y Quito, los cascos históricos

coloniales más bonitos del continente. Tiene bellas iglesias –algunas están en estado semi ruinoso, lo que no deja de darles, un cierto halo mágico. Hay muchas casas de colores, predominando el rojo, el azul, el amarillo y el blanco. Creo además, que está prohibido construir en otros. Casi todas las calles tienen un asfaltado perfecto y no hay cosas por el medio, entorpeciendo la visita.

 

Es una ciudad segura por el día, tranquila, limpia y sin venta ambulante –a los que pillan, les requisan la mercancía y les multan-. También han multado –nos cuentan- a dos ingleses, que ayer andaban borrachos, haciendo exhibicionismo en plena calle

 Antigua (Guatemala)                                                                                                       

No parece  que estemos en Guatemala y me atrevería a decir, que es la ciudad turística de toda América Latina, mejor gestionada por sus autoridades: Todo está hecho para satisfacer al turista (menos los precios de algunas ruinas). Como la subida al cerro de la Cruz es peligrosa, ponen a disposición de los grupos de viajeros, a expertos policías, que te acompañan hasta lo más alto. Basta con que haya una persona, para que se haga la visita escoltada. Hay un turno a las diez y otro a las tres de la tarde y es necesario apuntarse en la oficina de la policía turística. Lo hemos hecho para este último horario y nos hemos equivocado, porque por la tarde, el volcán siempre se suele ver con neblina.

                              


                                            

Aprovechamos para comprar comida en el súper –no los hay en el centro- y así nos despreocupamos, para hacer la larga y entretenida ruta, que proponen en el plano. También entramos en una agencia, a ver si nos consigue una buena tarifa para  volar de Cancún a Madrid, pero los boletos que nos ofrecen, son más caros que los que hemos visto por internet.



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