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Sudamérica y Centroamérica/52


             Nos dejan en la misma carretera, lejos del centro y el camino hasta allí, es tan cutre como de costumbre, apenas asfaltado y

lleno de infraviviendas. Hay también, enormes agujeros en algunas partes del suelo. Eso me lleva a ratificar aún más, la idea ya expresada, de que esta gente vive debajo de la tierra.

 

            Se produce un hecho curioso y es que el Mercado Nuevo, parece el Viejo y viceversa (el nuevo, llamado de Ernesto Fernández, es precioso). Son las 11, pero hace tanto calor, que reposamos en un bar, dentro de la propia Fortaleza del Coyotepe, de principios del siglo XX y declarada Monumento Nacional en 1967, donde nos tomamos varias Toñas fresquitas.

                                                                        Masaya (Nicaragua)

Luego visitamos la extraordinaria villa, viendo las iglesias de Nuestra Señora de la Asunción -es la principal de la llamada “Ciudad de las Flores”-, San Jerónimo, San Miguel, San Juan, Magdalena, el Calvario y San Sebastián, además de la estación del ferrocarril, el Club Social y el Hospital San Antonio. Las casas de las calles –a veces de colores- son bonitas y también nos acercamos a una laguna, donde un lugareño se emociona, al saber que somos españoles, porque es fan incondicional de Camilo Sexto. El centro de Masaya, coqueto y limpio, si que parece una cuidad y no Managua. Por haber, hay hasta dos profesiones desconocidas en la capital: Policías y barrenderos.   

                       

En los alrededores, se haya El Parque Nacional Volcán Masaya. Es un interesante lugar, que aúna la mayor laguna de origen volcánico de Nicaragua, la laguna Masaya, con un volcán, el Popogatepe,  que significa "montaña que arde". Posee 5 cráteres, uno de ellos humeante y con lava. Pero no hay más tiempo  para hacer esta visita, porque debemos irnos a Granada.

 

La estación de Masaya, algo a las afueras, está hecha un asco, con kilos y kilos de basura por los suelos, campando a sus anchas por una explanada sin asfaltar y entre los vetustos e incómodos autobuses de las escuelas norteamericanas, que los gringos han colocado como transporte colectivo, en casi todo Centroamérica.

 

 

GRANADA.

 

 

           Montamos en uno, camino de Granada (9 córdobas/50 minutos). Va muy despacio, porque no dejan de subir y bajar lugareños, pero es muy pintoresco. De camino hay muchas palmeras. Llegamos a nuestro destino y nos paran al lado del mercado, que es como cualquier otro, aunque menos descuidado y más animado. Pero al empezar a recorrer sus calles, nos damos cuenta de que estamos ante la joya de Nicaragua y, sin o fuera por Antigua, en Guatemala, ante la de todo Centroamérica.

 

            Las calles están exquisitamente asfaltadas y llenas de cuidadas casas de colores, con tejados salientes y a veces triangulares. Todo está inmaculado y parece que no estuviéramos en Nicaragua. El Parque Central, que es la plaza principal, es precioso y con una armonía perfecta entre sus coquetos edificios y la enorme Catedral que lo preside. Los vendedores de perritos calientes y los que ofrecen los coches de caballos, se disputan a los escasos turistas que por allí andamos. Nosotros nos hacemos clientes de los primeros y gracias a eso, comemos.

 Granada (Nicaragua)

            Luego recorremos el resto de la magnífica ciudad colonial y vemos la plaza de la Independiencia, el convento y la iglesia de San Francisco, las de la Merced, Xalteva, Guadalupe, el Mercado Municipal, la Fortaleza la Pólvora y la Casa de Los Leones, entre otros. Ponemos final a la visita, en los alrededores del lago Nicaragua, desde cuya orilla hay buenas vistas. No nos parece que el lugar sea peligroso, a pesar de lo que nos dijeron anoche. Uno por uno, los edificios de esta ciudad son magníficos, pero el conjunto, es sobresaliente.

 

Granada, también es conocida como: “La Gran Sultana”, por su apariencia morisca y andaluza, a diferencia de León su ciudad hermana y rival histórica, la cual tiene tendencias más castellanas. A diferencia de las ciudades coloniales de Sudamérica, aquí no hay pesados vendiendo cosas o tratando de sacar los dineros al turista. Tan solo nos tenemos que librar enérgicamente, de un niño pesado y violento, que se nos ha subido a las barbas.

 

El parque nacional Volcán Mombacho está ubicado al sur de la ciudad. Es un sitio encantador, santuario de belleza y de impresionantes paisajes. Lo visitaremos la próxima vez.

 

            Compramos provisiones en un enorme supermercado al por mayor, que parece el Lidl, donde todo está descolocado y hay

enormes ventiladores en el techo. Luego buscamos la terminal, para tomar un minibús a Managua (20 córdobas/50 minutos). Ya es de noche. Tenemos que investigar si hay algún autobús que desde la UCA, nos deje más cerca de Marta Quezada, porque nos da pánico, solo pensar que tengamos que ir andando, desde la parada del 119. Resulta que el 102, el que tomamos el domingo al volver de León, nos deja a cuadra y media del hotel. Destinamos el dinero que nos hemos ahorrado del taxi, a cerveza Toña, en la terraza de costumbre.

                                                          Granada (Nicaragua)

 

A SAN SALVADOR, A TRAVÉS DE HONDURAS


            Hoy la del hotel no nos ha despertado a las cuatro, aunque nos hemos hartado igual de calor, que en  las noches anteriores. Toca madrugar, porque el autobús a San Salvador, parte a las seis de la mañana. Así que todavía tenemos que superar el último escollo, que supone caminar hasta casi la plaza Inter., por el barrio de Marta Quezada, a esas horas. Tal vez y aunque cuesta un dólar más, debimos haber tomado el bus de la empresa Tica, que está al lado de nuestro alojamiento. Pero ahora ya, no hay remedio. Miramos a ver si hay algún taxi por los alrededores y como no vemos ninguno –y con más miedo que vergüenza-, vamos caminando hasta la terminal, donde hasta el propio vigilante de seguridad, está dentro cerrado con llave.

 

            Hoy es el día de abandonar Nicaragua, uno de los países más auténticos, de los que hasta ahora hemos visitado y con bellas ciudades coloniales y magníficos volcanes. Pero el ir camino de San Salvador, también nos quita de encima la pesada losa de la inseguridad, que ya nos estaba costando bastante transportar.

 

 

           Tomamos un par de cafés, a los que invita la empresa y partimos en hora. Solo vamos cinco viajeros: Dos chicas y un niño y nosotros. El autobús es algo viejo, pero cómodo. Me duermo tres horas y me despierto como los langostinos Pescanova (congelada). Abro la ventana y sobre mi se concentran, una extraña mezcla de aires friós y calientes, que resulta bien desagradable. Me duermo otra vez hasta la frontera de Honduras.

 Granada (Nicaragua)

            No hay que poner sello al salir de Nicaragua, dado que el acuerdo entre este país, Honduras, El Salvador y Guatemala, llamado C4, permite circular por los cuatro países, sin tener que poner más sello que a la entrada al primero de los cuatro y a la salida del último. Pero si nos cobran 2 dólares de tasas  de salida, que me temo, son para el funcionario de turno. Y tres nos solicitan por entrar en Honduras, dándonos un extraño papel, en el que no pone concepto, ni fecha, que tienen pinta de seguir el mismo camino. Peleamos ferozmente por no pagar ni una tasa, ni la otra, pero infructuosamente, porque en la lucha, estamos en bastante desventaja. No hemos visto que las dos chicas y el niño paguen nada.

 

            Los paisajes en Honduras son preciosos y me recuerdan bastante a los de Ecuador, mucho más que a los de Nicaragua, dominados por los volcanes,  aunque me duermo por tercera vez. Para entrar en El Salvador, no tenemos ni que bajar del autobús. A ambos lado de la frontera, sube una funcionaria, que comprueba los pasaportes y nos da el visto bueno. No hay que pagar nada en ninguna de las dos fronteras, a pesar de que en la guía pone, que las tasas de entrada en El Salvador, son de 10 US$. En este país, pretendemos visitar San Salvador, La Libertad, playas cercanas como la del Tunco y por último Santa Ana, ya camino de Guatemala.

 

            Comemos y como si una marmota fuera, me duermo nuevamente, hasta que llegamos a San salvador, momento en el que

empieza a llover con fuerza, así que tenemos que esperar un rato en la terminal, antes de buscar alojamiento, lo cual nos cuesta bastante, por cierto.

 

 

SAN SALVADOR

 

              Al final por 15 dólares, decidimos quedarnos en el hotel Panamericano -8ª avenida Sur-, en una habitación amplia, pero poco luminosa, con un baño algo destartalado, con televisión por cable y un ancestral aparato de aire acondicionado. El dueño nos ha confundido con suizos. ¡Vaya tino!. ¿Tan mal hablamos el español?. Estamos en una zona de bares, donde también hay algunos locales de señoritas, pero no hay demasiado alboroto, ni siquiera por la noche.

                                                    San Salvador (El Salvador)

            Salimos sin plano, a tomarle el pulso a la ciudad. San Salvador es una  urbe fea, ruidosa y con mucha polución, además de toneladas de basura, procedente del mercado –que ocupa todas las calles del centro-, a la que la gente mira con indiferencia. No hay nada más desalentador, que haberte acostumbrado a vivir entre la mierda. Pero al menos, es una ciudad normal y no como Managua.

 

Y es muy animada por cierto, porque los vendedores vocean su mercancía aquí, como en ninguna otra parte de Centroamérica. Hay muchos productos a “dolarito” y otros a “cuora” (una cuarta parte de dólar). Por supuesto, el género es mejor que el de los mercados de Nicaragua, aunque tampoco es para tirar cohetes. La verdad es que casi más que por vender, aquí compiten por ver quien grita más o pone la música más alta, mientras por el medio de las calles, pasan coches pitando, a los despistados clientes de los puestos. En cualquier parque de atracciones o fiesta de nochevieja, hay menos escándalo que aquí. Solo se oye: “Chunda, Chunda”, “Dólar, Dolarito”…

 

También hay alcantarillas sin tapar como en Managua, pero son menos profundas. Este país resulta del mismo nivel de precios que Costa Rica y más caro que Nicaragua y Panamá y eso que el dólar está por los suelos, que si no… La comida típica de los puestos son las pupusas y la fritada de pescado, con cebolla y pimiento. ¡Bien rica!

 

En el hotel, preparo el itinerario por Guatemala, mientras de fondo en la televisión, suena la familia Mata, en Antena 3 Internacional.


Nos levantamos a las 9,30 de la mañana, lo que resulta todo un lujo. Hoy pasaremos el día entero en San Salvador, viendo sus escasos atractivos, que en realidad, ya contemplamos ayer, aunque hoy nos vamos guiando por el plano. Así, recorremos el Parque Libertad, las plazas Barrios y Hucahuca, la Catedral Metropolitana, las iglesias del Rosario y del Sagrado Corazón y el Palacio y la Biblioteca Nacionales. La mañana está bastante nublada y termina lloviendo, así que mientras escampa, encontramos un buen bareto, donde engullir cervezas a medio dólar.

 

Luego nos vamos a la oficina de Turismo. Nos negamos en rotundo a pagar los tres dólares que nos piden por un plano, dado que tenemos el de la guía. Pero al menos si nos informan, de cómo llegar a La Libertad, la costa del Bálsamo y Santa Ana, que serán nuestros destinos en los próximos días.

 

A pesar de la lluvia, en el mercado hay el mismo ambiente que ayer, aunque hoy la gente se desenvuelve más, por las algo más vistosas calles cubiertas, donde se asientan la mayoría de los puestos de ropa y que se cruzan perpendicularmente, con las que no están techadas, donde si descontamos la fruta, poco más se puede comprar. Es imposible saber el porcentaje de ciudadanos que vende en esta ciudad, pero si se puede decir, que es bastante elevado.

 San Salvador (El Salvador)

No sé como a un gobierno no se le cae la cara de vergüenza, por haber tanta gente teniéndose que buscar la vida, vendiendo las cosas más insólitas. Precisamente un manifestación del gremio panadero, está justamente ahora en la plaza, pidiendo la dimisión de la ministra del ramo y del Presidente, a los que acusan de mentirosos. Pero a pesar de esto, esperábamos encontrar mucha más conflictividad social en Sudamérica y Centroamérica, de la que hemos visto.

 

 Al igual que en Panamá y Costa Rica y a diferencia de Nicaragua y Guatemala, en El Salvador idolatran lo americano. La tienda de ropa llamada “El imperio USA”, está abarrotada y no es raro ver, algunos autobuses urbanos roñosos por fuera –y en los que se pueden leer emblemas como “Jesús, tú eres mi guerrero”-, pero cuyos asientos van forrados por la bandera norteamericana. Pasamos por una tienda, donde anuncian la “venta de ropa estadounidense usada, por fardos”. Sin embargo, algunas personas con las que hablamos, nos dicen que desde que se adoptó el dólar como moneda, la situación en El Salvador, ha empeorado.

 

Comemos estupendamente y por poco dinero, en un restaurante popular, donde sale más a cuenta pedir platos sueltos, que los  típicosmenús. Pedimos un primero y un segundo y como la lasaña está tan rica, volvemos a repetir y la engullimos como postre.

 

Queremos ir hasta la estatua del El Salvador y al Bulevar los Héroes, pero como están a 18 cuadras de distancia y al pasar la tercera ya no hay apenas gente, decidimos cambiar de idea y dividimos la tarde en nuevos paseos por el centro y la visita al cíber. Estamos bastante preocupados. Encontramos buenas ofertas para volar a Bangkok desde Madrid, pero sigue sin haber nada barato para ir desde Cancún o Ciudad de México, a la capital de España. Nos estamos incluso planteando la posibilidad, de volar al sudeste asiático, sin pasar por casa y completar así la vuelta al mundo, pero la mayoría de vuelos relativamente asequibles, hacen escala en ciudades chinas, con cambio de compañía, por lo que suponemos, que al tener que salir a facturar, necesitaríamos visado.

 

 

LA LIBERTAD Y LAS COSTA DEL BÁLSAMO (PLAYAS EL TUNCO Y SUNZAL)

           

            Hoy nos levantamos a las 8,30 y al bajar a la calle, nos damos cuenta de que la ciudad, aún no se ha desperezado. Y es que se nos hace muy raro, ver San Salvador, casi silenciosa. Tomamos el autobús 102 (0,66 US$), que en una hora nos conduce a la Libertad, desde el Parque Bolívar. Un iluminado predicador, nos va dando la lata a lo largo de todo el camino.

 

            La Libertad es un lugar bien animado, con un  trepidante mercado, rodeado también de otros tenderetes exteriores. Luego está

la zona del puerto, con una playa sucia, un agradable paseo y un saliente espigón. Hay bastantes mostradores, donde se vende fresquísimo pescado y algo de marisco y a estas horas, algunas pequeñas embarcaciones descargan la pesca del día, que se subasta allí mismo. Vemos unos peces, que si no son tiburones martillo, se le parecen bastante. Hay también corvinas y otros muy rojos, que no llegamos a distinguir.

 

            En otros puntos del paseo y sobre el suelo o sobre curtidas embarcaciones, están secando pescado al sol, que supongo luego, se venderá en salazón, para su posterior deshidratación. Hay muchos vendedores ambulantes en esta zona, especialmente chicas jóvenes. Algunas tienen carita de pena. No así las mujeres más mayores, con el rostro bastante curtido. No son excesivamente pesados y le dan bastante colorido y animación al lugar, sobre todo a mediodía.

                                                           La libertad (El Salvador)

Hacia el otro lado, hay bastantes alojamientos y restaurantes, algunos muy bien montados, pero el entorno no está cuidado y algunas zonas permanecen sin asfaltar y llenas de charcos. ¡Siempre falla la parte pública!. Como en otras tantas ocasiones, la oferta supera ampliamente a la demanda, aunque hay algunos guiris surferos.

 

Como tomar en ellos una cerveza sale caro, nos vamos al supermercado. Hemos tenido suerte, porque hay una marca que está rebajada al 50%. Compramos un paquete de seis latas y cuando degustamos las dos últimas unidades, nos damos cuenta de que están caducadas desde hace quince días. Y menos mal que el personal del supermercado es honrado, dado que uno de sus empleados había venido corriendo, a devolvernos dos dólares, que se nos habían caído. Como castigo por lo de las cervezas, la comida la compramos en la competencia.


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