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Sudamérica y Centroamérica/51


               Todo va tranquilo hasta la frontera, donde los trámites son muy densos y tardamos más de dos horas en cruzarla. Primero, debemos permanecer un buen rato en una eterna cola, para conseguir el sello de salida de Costa Rica. Luego el conductor nos requisa los pasaportes y nos pide 8 dólares por cabeza, como tasa de entrada (siete para el gobierno y uno, como impuesto, para la municipalidad). El hará los trámites de todos los viajeros.

 

Como se nos han acabado los dólares y no tenemos córdobas, vamos al cercano cajero, pero solo acepta Visa y nosotros llevamos Mastercard. Menos mal que podemos cambiar en el banco, 100 euros en efectivo, a una tasa nada desfavorable. Nos da tiempo incluso a comer, mientras nos devuelven los pasaportes

 

El camino hasta Managua no se hace largo. Los otros tres guiris se bajan en una localidad cercana a la isla de Ometope, en el lago de Nicaragua y es en ese momento, cuando nos entra una especie de arrepentimiento y remordimiento, por no habernos detenido aquí. Pero ayer habíamos decidido, que limitaríamos nuestras visitas a Managua, León, Masaya y Granada. Debimos parar en Ometope, al menos un par de días, que luego perdimos en San Salvador (El Salvador) y Villahermosa (México).

 Managua (Nicaragua)

 

 

MANAGUA

 

La terminal de Transnica, en Managua es algo rudimentaria y los taxistas de la puerta son como tiburones. Desde este garaje, hay autobuses a Tegucigalpa, en Honduras (28,75 US$), pero no a San Salvador, así que tendremos que informarnos en otra parte, si finalmente optamos por este último destino. Asesorados por una amable chica –aunque ya íbamos a hacerlo-, nos alejamos un poco por la carretera, dado que los taxistas de la terminal, cobran tres veces más de lo que vale el trayecto. Tomamos un taxi, junto a ella y una pareja, por el que pagamos 30 córdobas cada uno. En Managua, los taxis se comparten y la tarifa es por persona, no por vehículo. El conductor es muy amable y el resto de los pasajeros también. Aquí vienen pocos turistas, así que sienten bastante curiosidad por nosotros, por lo  que nos preguntan de todo.

 

Nuestro objetivo es llegar al barrio de Marta Quezada, que aunque no es el centro, es donde según la guía, se encuentran los alojamientos económicos. El barrio, que dicen es residencial, es en realidad casi un barrio de chabolas, debido al número de casas prefabricadas que hay en chapa y uralita, aunque existen otras algo mejor dotadas. Hay asfalto tanto en aceras como en la calzada, pero las enormes alcantarillas, que no tienen rejilla alguna, son verdaderas trampas para cazar elefantes.

 

            La estación no estaba muy lejos de aquí, pero hemos venido en taxi, porque nos han advertido nada más bajar, de que la zona colindante a la terminal es muy insegura y que hay constantes asaltos. También Marta Quezada lo es por la noche y aún por el día, hay que tener mil ojos en los alrededores de la Plaza Inter., donde hay un centro comercial.

 

            Hace un calor asfixiante y nos cuesta mucho tiempo encontrar alojamiento y al final, caminamos ya nerviosos cuando ha entrado

la noche. Si este barrio tiene peligro normalmente, ¡si encima te ven con las mochilas…!. Pero es que la mayoría de hospedajes que hemos visto son muy precarios y los pocos que se salvan, denasiado caros. Al final y cuando ya estamos desesperados, recalamos en el hotel El Molinito, donde obtenemos una minúscula habitación doble (228 córdobas), con baño y televisión por cable. Más que el reducido espacio, nos inquieta que el ventilador se regula muy mal y hace demasiado ruido para dejarlo encendido toda la noche. Pero no hay otra opción, porque ya es noche absolutamente cerrada.

 

            Además, estamos ya hartos de enfrentarnos a los buscavidas –algunos muy agresivos-, que pululan por este barrio y que se pegan a ti como lapas, para entrar antes que tú a los alojamientos y hacer como que te han llevado ellos, para sacarse una comisión. Te “saludan” con un inquietante: “¿Qué buscas?”. Y es que este barrio, es más marginal que residencial. Llevaos pocas horas, pero ya nos hemos dado cuenta, de que estamos en un país de contrastes, con todo lo que esa intencionada expresión conlleva.                                  Managua (Nicaragua)

 

            Ha dado la casualidad, de que estamos hospedados junto a la terminal de la empresa Tica Bus, que si tiene servicios a San Salvador (11 horas, 29 US$), aunque no hay autobuses nocturnos, que era el que nosotros pretendíamos tomar, porque tantas horas por el día, se hace un tostón. En los alrededores no hay un supermercado y no nos atrevemos a andar a estas horas, los quince minutos que nos han dicho, hay hasta llegar a uno, así que nos abastecemos en las pulperías –que son pequeños colmados, que nada tienen que ver con el pulpo- y nos tomamos varias jarras de cerveza en una terraza cercana, donde ponen muy buena música y sirven rica cerveza Toña –realmente excelente, la mejor de toda América- y Victoria –tampoco está mal-.

 

Mientras, tenemos que decirle amablemente que no siga, a un joven que se ha sentado en la mesa de enfrente y ha empezado a hacernos una caricatura, para luego vendérnosla.



LEÓN

 

Madrugamos para ir a León. Hemos pasado bastante calor en la habitación y a las cuatro de la madrugada, alguien del hotel ha ido golpeando las puertas de todas las habitaciones, a ver si teníamos que coger un supuesto autobús a esas horas. Nos levantamos a las ocho y media y pesar de que el sol ya está bastante alto, Marta Quezada impone respeto, porque no hay nadie por la calle. Tenemos que atravesar el barrio, hasta llegar a la calle del supermercado, que nos habían indicado ayer y tomar el autobús 119, que nos lleve hasta la UCA (Universidad de Managua), donde se toman los microbuses a León (40 córdobas). Pasamos por la plaza España, que es cutre y está muy descuidada, como todo aquí.

 

Salimos inmediatamente y nos ponemos en León en poco más de hora y cuarto, tras haber visto al lado derecho de la carretera, un impresionante volcán y a tramos, las aguas del lago Managua. La mayoría de los pasajeros son mujeres, con sus hijos de corta edad.

 

Paramos, justo en frente de un enorme mercado, de puestos bastante descuidados y viejos, en el que se venden decenas de cosas inservibles y donde toman bastante protagonismo, los tenderetes de comida, de los que salen gigantescas columnas de humo oscuro. También nos cruzamos con algún colmado miserable, a lo que han dado en llamar supermercado.

 León (Nicaragua)

Caminamos hasta el centro y según nos acercamos, el panorama va mejorando significativamente, apareciendo viviendas más nuevas y mejor dotadas, aunque ninguna parte de la ciudad se salva de ser, como mínimo, algo decadente. Y esa decadencia, es la que le da un toque de magia, al bonito casco histórico (a falta de una buena mano de pintura y otras reformas varias).

 

Entre las construcciones destacadas, tanto de índole religiosa como civil, se encuentran la Catedral, el Colegio la Asunción, el Palacio Episcopal y Colegio de San Ramón, las iglesias de la Recolección, el Calvario, la Merced, San Juan y San Juan Bautista de Subtiava, la Fundación Ortiz y el Mausoleo de los Héroes y Mártires. Pero lo realmente encantador, es pasear sin rumbo por las destartaladas, pero encantadoras calles, con casas bajas y de colores -aunque sin balcones de madera-, en las que la historia y el tiempo, parecieran haberse detenido.

 

Hace mucho calor, hay bastante gente y el centro está invadido por puestos de perritos calientes y hamburguesas. Nos sentamos en la terraza de un conocido Hostel, a dar cuenta de varias Toñas, mientras a la derecha, un enorme mapamundi nos observa. Trazamos con la mirada el camino que hemos hecho, el que nos queda por hacer y el que partir de los últimos días de junio, comenzando en Bangkok, nos llevará a lo largo de todo el sudeste asiático. A esas horas, se juega en España la última jornada de la primera división. Estamos nerviosos, porque aunque no son muchas, el Valladolid tiene todavía algunas posibilidades de bajar a segunda.

 

Pasamos de las cocinas del mercado y de los puestos callejeros y compramos comida en un supermercado, este bastante moderno, aunque no muy surtido. Hay cosas como el pan, que son más caras que España y en términos generales, la comida tiene aquí, unos precios más elevados que en Panamá y Costa Rica. Nos sentamos a almorzar en una plaza, donde los perros nos rodean. No hay palomas, como ocurre en otras muchas plazas de Sudamérica o Centroamérica. ¿Habrán sido víctimas de la cadena de depredación y terminado entre los dientes de los perros?. Lo ludo, porque estos, tienen tanta ansia que hasta se comen las migas que se nos caen y chupan y frotan con la lengua, una mancha de aceite que ha caído, de una de las latas de conservas.

 

Visitamos las últimas iglesias que nos quedan, damos una última vuelta por el meollo del casco histórico y vamos volviendo

lentamente hasta la estación de microbuses. Ahora hay menos ambiente, porque es domingo por la tarde y los puestos recogidos, parecen amasijos de miseria, olores podridos y mierda. Los extrarradios de Varsovia –creo que nunca los vimos peores-, parecen el limeño barrio de Miraflores, comparado con las afueras de León o el mismísimo centro de Managua. En el micro de vuelta, solo viajan hombres, a diferencia de por la mañana.

                                                               León (Nicaragua)

 

OTRA VEZ EN MANAGUA

 

Llegamos a la UCA y para volver hasta el supermercado, tomamos el autobús 102 (2,5 córdobas, como el resto de autobuses urbanos). Está casi anocheciendo y se nos hace eterno el camino, hasta nuestro alojamiento. Vamos muertos de miedo, pero el sentimiento se transforma en alegría, cuando al entrar en el cíber, constatamos que es el Zaragoza el que se ha ido a segunda y el Valladolid, permanecerá un año más en primera.

 

Es lunes y por el camino a la parada del 119, hay bastante más gente que ayer. Hoy nos vamos a quedar todo el día en Managua y pretendemos llegar en primer lugar y en esa línea de autobús, al alejado Mercado Central, que de central no tiene mucho, dado que se encuentra en una de las últimas paradas (25 minutos de viaje). Managua es la ciudad del mundo, que tiene la estructura urbanística más increíble.

 

El centro lo constituyen un par de iglesias en ruinas, algunos parques, los alrededores del lago Managua y decenas de anchas carreteras y rotondas. Se podría decir que Managua es el paraíso de la rotonda. Luego está el barrio Marta Quesada, que es el supuestamente residencial y más para allá, al menos por el gran trozo de la ciudad por el que circulamos en el bus, vuelven las rotondas y las carreteras que se entrelazan. De vez en cuando, aparecen algunos bloques de casas o pequeñas zonas de tiendas, un centro comercial, Mcdonalds o bancos, que están en medio de la nada. ¿Es ahí donde vive el 1.700.000 personas, que la pueblan o el 80% de esa población, vive debajo de la tierra?.

 

El Mercado es aún más decrépito, que el de ayer de León. Se trata de una enorme nave antigua, bastante oscura, debido a que solo está iluminada por algunos fluorescentes poco potentes, en la que se venden cosas, que no sirven absolutamente para nada. En el exterior, los puestos de frutas y verduras, situados al aire libre, aunque con toldos, dulcifican un poco la escena y posibilitan, que el Mercado Dentral no tenga una pinta absolutamente tenebrosa. Aquí los comerciantes, no dicen “a la orden”, como en Colombia, sino que te abordan con un, “¿Qué está buscando?”, para generalmente acabar añadiendo, “mi amor”.

 

Además de lúgubre, el Mercado es caótico en su composición: Hay un puesto de zapatos  y al lado se ubica uno de quesos, mientras el de más allá es de ropa y el siguiente de champús, para continuar con uno de comida preparada y otro de artículos de paja. ¡Una locura!. Los clientes no abundan y el olor a rancio llega, hasta los que tienen sinusitis.

 

Solo hay una pequeña zona, que es más presentable. Está bien asfaltada e iluminada y se venden fundamentalmente, objetos de artesanía, alguna joya y relojes. En plena calle y sentado en un sillón, a mi chico le corta el pelo una voluptuosa caribeña, entrada en más carnes que años. Por unos sesenta céntimos de euro, hace un trabajo perfecto.

 

Volvemos a la zona de Marta Quezada y preguntamos en las otras compañías de autobuses, lo que vale el billete a San Salvador y la más barata es King Quality (28 dólares). Hemos visto que Tegucigalpa no tiene muchos atractivos y que Copán Ruinas, nos queda lejos, así que atravesaremos Honduras, pero sin detenernos en ningún sitio, para llegar el miércoles a El Salvador.

 Managua (Nicaragua)

Vamos al centro comercial de la plaza Inter, una isla paradisíaca, en el medio de la nada. Y luego nos acercamos al desértico centro, cruzando rotonda tras rotonda, para llegar a la extraña y misteriosa –es de película de miedo-, plaza de la República, con la Catedral Vieja –más bien, es la Catedral Ruinosa y Roñosa-.

 

En los aledaños, también están el Museo Nacional, la Casa Presidencial, el Teatro Rubén Darío y la plaza de la Fe Juan pablo II, hasta llegar, al increíblemente decadente y sucio Malecón y al lago Managua, en cuya orilla hay montadas numerosas terrazas y unas cuantas marisquerías, alguna con pretensiones. Nos sentamos y nos damos a la Toña. La propietaria está encantada y nos quiere colocar también varios platos de comida. No me extraña: Somos los únicos, que estamos sentados en todas ellas. Luego queremos subir a la Loma de Tiscapa, pero cierra los lunes. El vigilante nos dice que no es peligroso, ¡pero vete a saber!

 

El asfalto es penoso y con el calor que hace, casi esta deshecho. Los parques apenas están cuidados y cuentan con toneladas de desperdicios. En uno del otro lado de la carretera, los trabajadores de una empresa protestan con una acampada, con tiendas de campaña hechas con palos y bolsas negras de basura.

 

             Volvemos a Marta Quezada, sacamos los billetes para San Salvador para pasado mañana, en la agencia King Quality y comemos, junto al supermercado, al que llegamos por la famosa rotonda Guegüense, que tiene varias esculturas.

 

            Luego volvemos al centro comercial y el anochecer, nos sorprende paseando por el desolado centro. Otra vez, nos la hemos jugado innecesariamente y más cuando volvemos, una vez ya es noche cerrada, por la calle que une la plaza Inter, con el barrio de Marta Quezada. Habíamos leído el capítulo general de seguridad de Nicaragua, pero no el de Managua y ahora al consultarlo, nos entran escalofríos. Pone que la zona centro en muy peligrosa y a ella se debe ir en taxi, incluso de día. Lo mismo para la calle por la que acabamos de volver.

 

            Y los escalofríos se transforman en pánico, cuando en el ciber conocemos a Félix, un lugareño que ayer tarde paseaba con una amiga danesa, por la calle que une la plaza Inter y el barrio de Marta Quezada y les asaltaron a punta de cuchillo. A él no le quitaron nada, pero a la nórdica la dejaron sin 250 US$ y sin tarjetas. Nos dice, que todo Managua es muy peligroso, que hemos tenido mucha suerte al ir tan alegremente y que mañana tengamos cuidado, en la zona del lago Nicaragua, en Granada. Volvemos al hotel muertos de miedo y a paso de galgo.

 

           

MASAYA

 

            Nuevamente, toquecitos en la puerta de la habitación a las cuatro de la madrugada, por los mismos motivos que ayer. ¡Deben

estar deseando que nos vayamos!. Entre eso y el agobiante calor, hemos dormido fatal esta noche

 

Tras levantarnos, hacemos el mismo recorrido hasta la UCA, que los días anteriores, aunque con bastante miedo, el trozo a lo largo del que hay que caminar. En esta ocasión, el vehículo que nos conduce a Masaya (12 córdobas) es un autobús normal y nos pone en el destino en 50 minutos.

                                                    Masaya (Nicaragua)



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